Los músculos invisibles en la cultura del movimiento

Y con invisibles no me refiero a una de las frases típicas que mis alumnos sueltan después de una clase y sus agujetas correspondientes:“Rober. He descubierto que tengo músculos que jamás había notado”.

Más bien apunto a otro de los grandes descubrimientos resultantes de la práctica del movimiento generalista, así como de la locomoción natural.

Que si este ejercicio trabaja los músculos del pecho o de las piernas. Que si quiero que crezcan mis bíceps. Que si debo sentir analíticamente mi oblicuo menor derecho, justo ahí, como si quemara. Que cuántas repeticiones tengo que hacer para endurecer mis glúteos.

Esas son las frases típicas referidas a los músculos en la mayoría de propagandas, gimnasios, webs, salas de musculación, revistas, etc.

Pero cuando se trata de moverse… no.

Por supuesto, podemos pararnos a analizar “muscularmente” algún movimiento al detalle, claro que sí. Y para el conocimiento profundo de cada movimiento o patrón es algo fundamental, necesario, aunque tal vez solo para aquel que trabaja en el sector de la salud.

Pero en la práctica diaria, cotidiana, los músculos no se tienen en cuenta, no se mencionan o, como mínimo, no son el centro de atención.

El foco del movimiento sólo es uno: el movimiento.

Y es evidente que una parte muy importante de ese movimiento son los músculos.

Centrémonos en los patrones. Dejemos que los músculos hagan lo que tengan que hacer.

En la cultura del movimiento, sobre todo durante la práctica, los músculos son invisibles.

El resto, como siempre, son consecuencias, y muy chulas.

(Mis musculitos durante un entrenamiento para la parada de manos. Me meo encima de lo cachas que estoy… Lo curioso es que durante una serie de unas cuantas docenas de segundos en esa posición, de lo que menos te acuerdas es de lo guapo y fuerte que estás. Y mejor así. Si lo haces, te partes la cara)

 

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