Test 9. Equilibrarte 1.0

El equilibrio es otro de los grandes olvidados de la incultura del movimiento.

Pregunto.

Cuando seas mayor, ¿qué crees que valorarás más? ¿Tener un bíceps enorme, poder correr 10km o mantener la capacidad de equilibrarte si te tropiezas cuando te tropieces?

Para comprobar qué tal andas de equilibrio, realizarás un test muy sencillo, siguiendo las tres progresiones que te detallo enseguida.

No hay normas ni trampas, más allá de que para cada progresión te esfuerces al máximo por mantener el equilibrio durante 15 segundos.

Si en alguna progresión no alcanzas los 15 segundos, no es necesario que avances, aunque siempre es divertido experimentar.

Intenta estar lo más atento posible, consciente de todo lo que ocurre, y no olvides respirar con normalidad. Si estás muy tenso, mantener el equilibrio será más difícil.

Las progresiones son:

1. Equilibrarte sobre una pierna con el pie plano y los ojos abiertos.

2. Equilibrarte sobre una pierna con el pie plano y los ojos cerrados.

3. Equilibrarte sobre una pierna con el pie en punta, levantando el talón, y los ojos abiertos.

Valorar el equilibrio implica varias sub-valoraciones.

Una es directa: el propio equilibrio en sí, que el cuerpo gestiona en el oído interno.

También hay indirectas.

Una de ellas es la eficacia de tu cuerpo a la hora de ir haciendo correcciones sobre la marcha, especialmente en el tobillo y la cadera. Dificultades a la hora de realizar este test, sobre todo en las dos primeras progresiones, pueden significar algunas carencias en la activación de los músculos estabilizadores que envuelven la cadera, los cuales nos interesa mantener en forma durante toda la vida.

Otra de ellas, vinculada a la anterior, es la capacidad de respuesta y reacción del cuerpo dependiendo de sus propias sensaciones en cuanto a su disposición en el espacio. De hecho, incluso cuando estamos de pie sobre las dos piernas no estamos completamente quietos, sino en continuo movimiento, mientras el cuerpo se las apaña para re-equilibrarse constantemente –algo que pasa totalmente desapercibido para nosotros.

Entrenar el equilibrio puede hacerse directamente –con estos ejercicios y otros más complejos, sobre listones o raíles–, y también indirectamente –con juegos diversos, actividades como el baile o deportes que impliquen el equilibrio de manera notable, como el patinaje o el surf.

Las posibilidades son infinitas.

 

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