Ostras.
A veces es tan sencillo motivarse.
Solo hace falta mirar.
Mirar lo que pasa, lo que tienes alrededor.
Y listos.
Verás.
Hay un primer paso.
Cuando alguien se apunta a uno de mis cursos, le pido una primera tarea.
Una presentación.
Porque, bueno, esto no funciona como los típicos cursos que ves por ahí en plan tú te lo guisas tú te lo comes mientras el (intento de) gurú de turno se toma una piña colada en una playa de Bali.
Tampoco hay asistentes virtuales que suenan como loros.
Esto es entre tú y yo, directamente, sin trucos ni intermediarios.
Y Lidia, que es enfermera en un hospital, en su presentación me contaba:
«El motivo de estar aquí es lo que veo dia a dia en el hospital.
Veo diariamente personas dependientes, que necesitan ayuda para comer, vestirse, asearse, caminar.
Y no todas son tan mayores.
Son cosas que se saben, pero no es lo mismo que verlo».
A ver.
Estas dependencias no hace falta llevarlas tan al extremo.
Las hay y las habrá, por supuesto.
Y llegarán más pronto que tarde cuanto más tardes en cuidarte por ti mismo.
Aaaaahhhh.
Por ti mismo.
En cursiva.
Esa es la otra gran dependencia.
La de las aplicaciones, los entrenadores, las visitas de sobra al fisio, las rutinas.
Y el tiempo.
Esa idea de tener que dedicar tiempo extra a reservar en la agenda.
Tiempo que pesa de lo lindo cuando tu vida cotidiana ya no da más de sí.
La gran dependencia.
(Cuando solventarla es tan sencillo como integrar más movimiento en tu vida).
Bueno.
Para todo tipo de independencia y para que el momento de ser dependiente llegue lo más tarde posible,
o tal vez nunca,
tengo este curso:
Rober
PD: la vida puede traer muchas sorpresas imprevisibles. Pero puedes afrontarlas lo mejor preparado posible o, en caso de “drama inafrontable», al menos no te arrepentirás de no haber puesto toda la carne en el asador por tu parte. En el enlace.