Calisténico me reta en el parque

Ojo.

Que puede sonar a algo así en plan “me duele la cara de ser tan guapo” y tú concluir con que “mira, este, el mediocre, qué sobrado, va de listo”.

Cuando el fin, como siempre, es que veas lo que a lo mejor no ves y lo apliques en tu movimiento.

Especialmente en torno a dos métricas, dos números.

Quédate con esto:

DOS NÚMEROS.

En el parque de street workout que suelo frecuentar en verano (aquí ya rozamos los 30 grados), te acabas conociendo con (casi) todo el mundo.

El roce hace el cariño.

El cariño se deriva en confianza.

Y la confianza te empuja a cometer errores.

Como el que cometió Brandon al retarme.

Brandon es un chavalillo que le da a la calistenia.

Y desde esa óptica, la calisténica, podría decirse lo que dicen ellos, que “está fuerte”.

Y de verdad que lo está.

Y otra verdad es que no lo aparenta, que en mi opinión mola más.

Estar fuerte (calisténicamente) sin aparentarlo.

Luego te llevas sorpresas.

Como la que se llevó conmigo.

Y más con él mismo.

¡Ojo con esto!

Especialmente consigo mismo.

Estos días Brandon le está rondando a una muchacha, Mar, que también viene por ahí de vez en cuando.

La chica, que podría ser mi hija, baila y hace yoga y contact y no sé qué más.

Y Brandon está hablando con ella, intuyo que sobre esas cosas.

Y veo que me mira de reojo.

Yo estoy con Álex, mi bro, de mi quinta, que podría ser el padre de los dos, de Brandon y de Mar.

Estamos con nuestras cosas.

Brandon, repentinamente, se levanta y se me acerca.

Se sienta a mi lado, que estoy descansando mientras Álex le da.

Me mira con cara guasona, de buen rollo, con curiosidad sincera, pero un tanto desafiante, que siempre estamos con la coña de quién es el alfa…

Y me dice:

–Oye, Rober. ¿Tú puedes levantarte del suelo sin usar las manos?

Aaaaayyyyy, hijo mío…

Si vas a desafiarme…

Pobrecico.

Si vas a retarme, no lo hagas en mi terreno, ¡jaja!

Le pongo cara de interesante, que dice mi hija.

Y le digo:

–Ostras, no sé… ¿Quieres decir así?

Y le marco una salida del suelo sin usar las manos.

Intenta imitarme… y nada.

–¡Jaja! Qué cabrón –me suelta.

–También puedes probar así.

Y le marco otra.

–O así. Y así. Y de esta manera también –le voy mostrando y demostrando, cada vez con patrones más exigentes, con todo el cariño del mundo, mientras Álex se descojona.

–Pero… ¿Cómo lo haces tan fácil? –pregunta Brando sorprendido.

–Jeje. Estos puretas del parque, ya sabes… –le contesto, mirando a Álex de reojo, que él también cuenta con dichas habilidades.

–No puedo, tío, no puedo. No me da el cuerpo, ¡las caderas!, ¡¡la espalda!! –confiesa, entre risas, mientras sigue intentándolo.

–Prueba con este, que es más sencillito. Empieza por aquí y consolídalo. Y luego sigue –le enseño otro patrón.

Y seguimos un rato con el cachondeo, pero poniéndonos un poco más “serios”.

Hasta el punto en que su curiosidad se despierta del todo y entiende algunas cositas…

Como la más importante…

Los dos números.

42 y 23.

Yo tengo 42 años.

Brandon 23.

Y hace como sin querer ese ejercicio tan saludable y esclarecedor de ponerse las gafas de lejos (metáfora de mi amiga Marina de Psicosupervivencia).

Y concluye, él solito, con que no puede ser.

Si con 23 estamos así, cómo estaremos con 35, 47, 52, 65…

Y me dice cinco minutos después, como a escondidas:

–Oye, Rober. Voy a darle un poco a la movilidad. Lo he decidido.

–Guay, Brandon. Lo vamos viendo estos días.

Y le guiño el ojo y seguimos.

Bien.

No tengo ni idea de la edad que tienes.

Y en el fondo da igual.

En cualquier momento en el que te encuentres puedes ponerte las gafas de lejos y comprender que hay ciertas bases, cualidades, atributos, patrones… que vale la pena explorar, desarrollar, consolidar.

Luego, además, si lo integras en tu día a día ya no hace falta que le dediques tiempo extra para conservarlas.

Todo eso, y más cosas, te las enseño y las aplicas aquí:

Movilidad Natural

Rober

PD: para reparar tu «miopía articular», en el enlace.