Resulta que fui un día al roco donde trabaja una amiga, para compartir un ratito de colgarme.
Pero antes de entrar en pista, le dije de hacer alguna cosita de movilidad, para engrasar un poco las articulaciones.
Total, que ya me ves a mí moviéndome a mi rollo, sin orden, simplemente despertando el cuerpo, y me dice mi amiga:
—Oye, esta «rutina» de calentamiento que sigues, ¿de dónde la has sacado? ¿Es de algún curso de estos que haces tu?
—Pues no sé que decirte; sí y no. Aunque los movimiento son aprendidos de algún curso o sesiones de yoga o videos de Instagram, no sigo ninguna rutina, simplemente me muevo como me lo pide el cuerpo.
—Buah, ¡pues te mueves muy bien, fluyes, estás fuerte y ágil!
Y caí en que justo hace 2 años de que hice el curso de Movilidad Natural.
Y que ha sido una de las mejores decisiones e inversión que he hecho respecto a todo esto del movimiento.
A veces pienso que sí, que podría estar todo incluso más integrado (maldito sedentarismo laboral).
Pero con el tiempo veo que ha habido una transferencia global en mi vida.
Y ya ves… SUUUUUPER contenta y agradecida.
Bien.
Esto me lo explicaba Clara en un correo.
Fíjate en una cosa, solo en una cosa.
Aunque completó mi curso, NO hace MIS ejercicios o rutinas.
Ya está en un estadio superior, por así decirlo.
Ojo, dos años después eh?
Poca broma.
Pero llegar a eso…
¡Buah!
Como para no estar super contenta y agradecida.
Contar con tanta CONCIENCIA, LIBERTAD y AUTONOMÍA de movimiento que hasta puedes pasarte por el forro las instrucciones de tus gurús, profesores, guías, entrenadores…
Ese, en realidad, es el GRAN beneficio de Movilidad Natural.
Rober
PD: tenerlo tan mamado que eres 100% dueño (y responsable) de tu movimiento. Arriba.