Entro en la portería.
Están Ángel, el conserje, y Nil, el vecino del 1º5ª.
Hablan sobre Crossfit, cómo no.
Siempre están hablando de lo mismo. Los dos son unos fanáticos.
No les culpo. Yo hago igual con el movimiento.
Nos saludamos.
Y escucho cómo siguen:
—Pues tío, del entreno de ayer tengo unas agujetas en las piernas —se queja Ángel, llevándose las manos a los muslos.
Y me meto, con el cachondeo:
—Ya estamos. Esta juventud. Siempre estáis con los gemidos. Cuando tengas mi edad, ya verás.
Nos reímos todos.
—»Esta juventud», dice. Pero, ¿tú cuántos años tienes, Rober? —me pregunta Ángel.
—A ver, chavalín, que a la gente mayor no se le pregunta eso —le guiño el ojo—. ¿Tú cuántos tienes?
—Diría que somos de la misma quinta, ¿no? Yo tengo 34 —me responde.
No puedo evitar reírme (más).
—De la misma quinta… Hijo mío. Ojalá. Pero estoy rozando los 43 —confieso, en plan pater.
Ángel, con cara de incrédulo, exclama:
—¿Qué dices? No me lo creo. Me la estás intentando colar.
Y Nil, que no llega a los 30, interviene:
—¿En serio? Pues si es verdad, jo der, yo quiero llegar a tu edad como tú. Que el otro día te vi en el gimnasio y no veas cómo te doblas.
—¡Pues mira! —le suelto—. A lo mejor este es el secreto para aparentar menos años, mantener las articulaciones jóvenes —vuelvo a guiñarles el ojo entre más risas, de nuevo.
Y Ángel concluye:
—Pues va a ser eso, porque yo estoy como un palo y con 34 ya me duele todo.
—Pues fíjate en que yo a tu edad estaba como una piedra y no me puse en serio con lo de la movilidad hasta los 35, así que todavía estáis a tiempo —apunto.
Y no puedo evitar explicarles que tengo este curso:
Rober
PD: esto no se lo he explicado, pero también es importante. Si supieran cuánto, pero cuánto cuánto disfrutarían más del Crossfit (o de lo que les diera la gana) si tuvieran su movilidad de piernas en condiciones… Yo creo que lo de la edad hasta les daría igual.
PD2: para, como dice Nil, doblarte y moverte sin restricciones y a tu antojo, es en el enlace.