Contexto rápido en 4 líneas:
Un odiador me odió en público el otro día en Instagram.
Lo explicaba unos artículos atrás, aquí en el blog.
Y, entre otras cosas, se reía y pretendía herirme por mis “pocos” seguidores, alcance e interacción en la red social.
No pasa nada.
De hecho, es algo que hace unos cuatro años me acomplejaba, por mi pura ignorancia.
Como con el cuerpo y el movimiento (algo que vamos a resolver ahora mismo, por cierto), hay muchísimo desconocimiento.
Verás.
No fue hasta que hice una serie de formaciones con Isra Bravo, el tipo que sabe más de marketing online y copywriting en habla hispana con diferencia, que no comprendí una cosa fundamental.
Fue una especie de revelación vital, de epifanía.
Fíjate qué curioso.
Porque, además, es que puede llegar a ser muy triste y engañoso lo de las redes sociales.
Te vuela la cabeza.
Nos puso encima de la mesa casos de gente conocida y reconocida, con cientos de miles de followers, incluso personas con más de un millón.
De estos que están todo el día enganchados al móvil.
Y que contratan fotógrafos y videógrafos hasta para las “íntimas” puestas de sol, para sus sesiones de “meditación”, para captar una “espontánea” sonrisa, para cazar un pedo al vuelo.
Entonces…
Publican dos o tres posts al día.
Y en las stories toda su vida.
Cosa que es un currazo, por cierto –tiene mucho mérito, en serio.
Y todos los días posan.
Aunque no tengan ganas.
Incluso a pesar de pasar un mal día y estar pudriéndose por dentro, tener que poner buena cara.
Y tal vez aportando algo, nadie dice lo contrario.
Pero vaya.
Que te puedes imaginar la vida de estas personas.
¡Aunque!
Lo que nadie te cuenta y no te imaginas es esto:
Te siguen y te halagan y te aplauden miles y miles y miles de personas.
Les iluminas, les inspiras, les “cambias la vida” y les ayudas a alcanzar su mejor versión.
Todos los días.
Y te llaman marcas y periódicos y la tele y todo.
Y…
Y no llegas a fin de mes, no te comes un rosco y todos tus emprendimientos online acaban fracasando.
Pues eso es lo que le pasa a la gran mayoría de los influencers.
En serio.
Y encima ahí siguen, dale que te pego, dale que te pego, al estilo burpees, tratando de llegar a más y más gente y contar con más y más seguidores y likes y tal.
Para ni poder ir al cine el día del espectador.
Muy triste todo.
¿Pero por qué?
¡¿Por qué?!
Mira.
Con lo de los seguidores hay una gran confusión, de la que se destila una grandísima lección.
Una que también aplica al movimiento.
Seguramente de las más importantes:
En Internet y en las redes sociales, no importa tanto el número de seguidores que tengas.
Lo más importante, lo fundamental, lo primordial es hacer lo adecuado para que te sigan los adecuados.
Y para hacer lo adecuado y que te sigan los adecuados, hay dos habilidades básicas:
El autoconocimiento y la autorregulación.
Que se manifiestan en saber qué hacer.
Y saber en qué medida hacerlo, cuánto necesitas, debes y quieres hacerlo, cuándo hacerlo.
En términos de movimiento, estas son las dos grandes empresas “internas” de Movilidad Natural.
Puedes aprender en este curso:
Rober
PD: hay una guía precisa y meticulosa durante 13 semanas, paso a paso, detalle a detalle. Pero a la larga, ni tan solo yo, el “experto”, te digo exactamente qué hacer, cómo hacerlo, cuánto y cada cuánto, cuándo. Porque no lo sé. No lo sabe ni lo sabrá nadie jamás. Solo tú, en última instancia, puedes saber en lo cotidiano qué es lo adecuado para ti. Eso, realmente, es lo que aprendes en el enlace.