David, un nuevo alumno con el que trabajo presencialmente cositas alrededor de la calistenia y la gimnasia para el desarrollo de la fuerza de brazos, se quedaba sorprendido.
A ver.
Lo entiendo.
Con él, como herramienta para esas cositas estamos usando unas anillas.
Son versátiles, baratas, portátiles.
Y puedes desarrollarlo todo, absolutamente todo con ellas.
Incluso otras historias de piernas también.
Y se quedó parado.
Porque estábamos hablando entre series y se lo confesé.
Yo… Es que… Desde hace unos tres o cuatro años ya no entreno con anillas.
¡Ostras!
¿Ya no entrenas con anillas?
¿Y me propones a mí entrenar con anillas?
¿Cómo se come esto?
Bueno.
Es sencillo cuando entiendes la idea de practicar movimiento.
Y ojo.
También cuando haces las cosas de una determinada manera, vamos a decir “bien hechas”.
Porque, fíjate en una cosa:
Yo hace como tres años que ná de ná con las anillas.
Y ahí estaba tan pancho enseñándole a David a hacer el muscle up y algunos otros trucos.
O sea: lo que aprendes guay, pues es como lo de ir en bicicleta.
Por lo tanto, ese miedo a perder lo “ganado”, si ha sido “aprendido” y no solo repetido al tuntún, no tiene fundamento.
Y puedes dejarlo y revisitarlo muuuuuy de vez en cuando, que seguirá ahí.
Pero vaya, que esto no es lo más chulo.
Verás.
Lección no solicitada:
El cuerpo, en términos de movimiento, tiene una serie de necesidades.
Necesidades que no se reducen a lo “cardio” y lo “fuerza”.
Esto lo entiendes o no lo entiendes.
Mi hija, con cuatro años, tal como veo que juega de mil maneras diferentes y todo el santo día que no para, lo entiende.
Imagínate.
Bueno, pues tiene unas necesidades.
Entonces, lo peor que puedes hacer con diferencia es encerrarlo en una jaula y pasarte 5, 10 o 38 años haciendo lo mismo.
A más te encierres, más jaula.
Y más cosas que te dejas fuera de la jaula.
Y más chungo lo vas a tener para salir de la jaula por todo lo que arrastras.
Por eso un día, cuando lo consideré oportuno, dije:
Co ño.
Las anillas ya me han enseñado suficiente.
¿Qué otras necesidades tengo que no estoy atendiendo?
¡Ah! ¡¡Estas!!
Vale.
Gracias, anillas.
Adiós.
Y no pasa nada.
Bueno… ¡Sí pasa!
Que sigo aprendiendo y desarrollando y conociendo y enriqueciendo mi movimiento.
Porque, entre otras cosas, sé ver y reconocer mis necesidades y soltar y generar espacio para explorarlas y cubrirlas.
Esto es como cualquier vicio.
Estás enganchado.
Eres una adicto.
Porque “me sienta bien”, “me gusta”, “se me da guay” o vete a saber.
Y para nada digo que esas cosas se deban dejar, abandonar del todo, ni mucho menos.
Pero el cuerpo tiene unas necesidades que si no se alimentan, se acaban perdiendo del todo.
Luego le pides peras al olmo.
Todo este panorama es muuuuy habitual con una parte del cuerpo que, a su vez, cumple una serie de funciones que son primordiales para el buen movimiento del cuerpo como un todo.
Por eso vale tanto la pena ser consciente y conocer y reconocer y aprender y desarrollar moverla.
Hablo, cómo no, de la columna.
Si lo necesitas:
Curso de Movilidad de Columna. Liberación – Control – Fluidez
Rober
PD: algún día explicaré por qué creo que lo de “el mejor ejercicio que puedes hacer es el que te guste hacer” es un error de concepto taaaan bestia.
Pero vaya… Que al alcohólico le encanta la cerveza, pero seguramente lo que necesita al menos durante un buen tiempo es beber agua.
Lo necesario, en el enlace.