Menopausia y la eterna confusión con el entrenamiento

Hace unos días recibía un email de una suscriptora y lectora.

Te lo cuento, incluyendo mi respuesta, porque dentro de toda esta maraña “movimiento versus entrenamiento” este diálogo electrónico saca a la luz una de las lecciones más importantes para hacer las cosas con cabeza y lo mismo te interesa.

Entre otras cosas, me decía:

«Estoy acabando tu libro.

Y estas vacaciones nos hemos propuesto hacer el pino y andar con las manos. Siguiendo un vídeo de tu canal.

Luego ya decidimos cómo seguir.

Estoy menopáusica, duermo mal…y lo de los ejercicios de fuerza me mata…sabía que tenía que haber algo más… ».

Antes de mi respuesta, atención:

¡Pues claro que hay algo más!

Siempre hay algo más.

Más posibilidades, más riqueza, más diversidad, más disfrute, expresión, diversión y sentido.

Eso siempre.

Eso es moverse –y no solo “hacer ejercicio”.

Pero no nos confundamos.

Mi respuesta:

«Hay más cosas que la fuerza, por supuesto.

Sobre todo que la fuerza por la fuerza –sopor máximo.

Ahora, otra cosa es que, por ejemplo, para caminar con las manos necesitas cierta fuerza.

Entonces, si notaras que te falta, dedicarle parte de tu atención tendría sentido.

Es algo muy personal.

Disfruta del camino».

Dicho de otra manera:

Yo entiendo que haya quien lo de “hacer ejercicio” y entrenar la fuerza (por entrenarla o incluso “por salud”) se le haga bola, le chirríe.

¿Por qué?

Porque soy el primero al que le pasa…

…ojo…

…cuando se mira desde la óptica convencional –auh, auh, auh.

Peeeeero…

No olvidemos que entrenar la fuerza, o mejor dicho practicar la fuerza, puede tener un sentido.

De hecho, lo tiene.

Tiene el sentido de capacitarte, darte un servicio, serte útil para traducirla, después, en movimiento.

Es más:

  • Si no lo haces, tus opciones de movimiento se minimizan y más temprano que tarde las debilidades saldrán a la superficie. Y te frustrarás y llegarás a pensar que lo de moverte tampoco va contigo. Cuando sí. Pero lo que pasa es que te falta fuerza. Y se pasa mal.
  • Si lo haces, tus posibilidades de movimiento se amplían y más temprano que tarde tus fortalezas podrás aplicarlas, transferirlas, transformarlas en más tareas, más habilidades, más recursos, más diversidad, más riqueza de movimiento. Y se pasa (muy) bien.

Otra cosa es que ese entrenamiento se pueda enfocar de una manera diametralmente distinta a cómo se acostumbra a hacer.

A “hacer ejercicio”, quiero decir.

Porque no es eso.

De hecho, no es ni “entrenar”, sino practicar, insisto.

Practicar ciertos patrones de fuerza, que no ejercicios.

Y tiene sentido.

Y no te mata.

Y puede ser muuuuuuuuy mínimo –un par de cositas y muy poco tiempo.

Lo justo y necesario para adecuarlo personalmente a tu práctica de movimiento.

Y que la fuerza no sea una limitación.

Te enseño a desarrollarlo en este curso: Calistenia Minimalista.

Y si quieres comprender y darle un verdadero sentido, puedes “entrenar” también a tu cabeza: Camina, salta, baila: Muévete más y vive mejor.

Rober

PD: si mueves paralelamente cuerpo y mente (porque en realidad son lo mismo), entonces es la leche. En los enlaces.