Estoy sentado, tranquilo, escribiendo en la cafetería.
Es uno de esos momentos de flow en los que lo que menos te apetece es que te toquen lo que no suena.
Una mujer de mi quinta se pone delante de mí.
Me interrumpe.
Va hecha un asco, con la ropa sucia.
Lleva media melena, el pelo todo grasiento.
Ojos claros y piel curtida por el sol.
Y echa un pestuzo a alcohol que tumbaría a un elefante.
–Perdona, ¿me podrías dar algo de dinero?
Al abrir la boca, aparte de casi desmayarme, veo que le faltan seis i siete dientes.
–¿Para qué lo quieres? –le pregunto, serio.
Señala fuera, hacia la ventana.
–Para ir a comprarme algo. Es que verás… Vivo en la calle y…
Le levanto la mano.
Ahora la interrumpo yo.
Le pongo cara de “pero qué me estás contando”.
Y le digo literalmente:
–Vas apañada.
Me lanza una mirada encendida.
Y lo paramos aquí un instante para terminar luego.
Porque esto me lo pone en bandeja.
Verás.
Opinión no solicitada.
Creo que es algo en lo que coincidiremos.
Cuando eres una persona adulta hay una cosa fundamental para vivir una buena vida.
Y es muy sencilla.
Bueno, no es una.
Son dos:
- Saber lo que necesitas hacer, en un momento dado.
- Hacerlo, en ese preciso momento dado.
Porque, sin juicio alguno, no nos engañemos, yo intuyo que en frío incluso los alcohólicos, los cocainómanos, los ludópatas saben lo que necesitan hacer.
Pero no lo hacen.
Exactamente igual que yo.
Y que tú.
Quiero decir…
Tú, vamos a suponer, vas por la vida arrastrando siempre las mismas quejas y molestias y restricciones y limitaciones y sensaciones chungas en la espalda y, por extensión, en el cuerpo.
O quizá no estás tan mal, pero el «modo tocho», descoordinado, poco hábil salta a la vista.
Eso saberlo lo sabes por pura experiencia; no puedes librarte de vivir en un cuerpo.
Luego, buscas cosas por ahí, o incluso no sé si pides.
Para lo que se me escapa de mi alcance no lo sé.
Pero si me pides a mí, solo puedo ofrecerte lo que tú y yo sabemos que realmente necesitas hacer ahora mismo.
No lo que te apetece o lo que quieres.
- Que ya puede ser quedarte tirado en el sofá y sumar más horas de sedentarismo
- o seguir dale que te pego con el “hacer ejercicio” repetitivo y monótono con columna neutra que te está machacando por malnutrición y ya veremos qué tal tu columna a los 60.
Lo que necesitas, digo.
Todo lo demás, incluido lo que te gusta, no tiene por qué desaparecer.
Pero una persona adulta sabe lo que necesita hacer en un momento dado.
Y lo hace.
Hablando de movimiento y columna vertebral sería esto:
Curso de Movilidad de Columna. Liberación – Control – Fluidez
Rober
PD:
–Vas apañada.
Mirada encendida.
–Mira. Yo para alcohol no te voy a dar un duro. Pero si tienes hambre, te invito a un bocata –le digo con una ligera sonrisa.
Ella también cambia la cara.
–Jo der. Gracias.
Me levanto y vamos al mostrador.
–¿Cuál quieres?
–Ese de ahí.
–No sabes nada… –nos reímos juntos. –Tenía que ser el de jamón ibérico, ¿no?
–Y un Bitter Kas, porfa.
–Vale.
PD2: no te pienses que es un correo para que sepas lo buena persona que soy y que voy de buen samaritano con un final tan guay.
Es para que te apuntes a mi curso si sabes que lo necesitas hacer y quieres hacerlo.
El trabajo lo cobro. En el enlace.