Fuerza. Práctica versus entrenamiento

Anexo 4.1 del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Soy consciente de que lo expuesto en el Capítulo 4 parece un «entrenamiento» de fuerza.

Lo parece, de apariencia, de lo que se ve en la superficie.

Pero no lo es.

¿Qué es, pues?

Fíjate en el punto de partida y las maneras, el “estilo”.

No es un entrenamiento de fuerza, aunque lo parezca.

Es una expresión de la posibilidad del vigor, dentro de la nebulosa del movimiento.

Y un estímulo simple, factible, esporádico, sutil, muy comedido de dicha posibilidad en un contexto determinado:

“Necesito” (fisiológicamente) encajarlo en una vida de alta demanda para cubrir lo justo y, al mismo tiempo, tengo fuerza de sobra como para perderme en la madriguera del “conejo”, la obsesión en ganar, exprimir, forzar, cuando «no necesito» más fuerza de la que ya poseo para moverme como quiero moverme.

Por eso, además…

Mira las repeticiones cómo son.

La forma y la intención.

La calidad y la cualidad.

No la cantidad.

(Probablemente llevas demasiado tiempo fijándote en la cantidad, los números, el “rendimiento”. Basura de enfoque que no es culpa tuya… Yo tardé más de diez años en darme cuenta, y dedicándome profesionalmente a ello).

Y, por otro lado, algo que no puedes ver.

Pero lo he descrito desde las primeras líneas de este proyecto.

Date cuenta de la dinámica corporal CONSTANTE que hay de trasfondo, de la meta-conciencia, del movimiento interno, que no tiene nada de “iluminado” o sofisticado, pero sí mucho de ser consciente en el momento presente.

Por no hablar de la GRAN premisa, del mandamiento que lo autorregula todo:

Mantenerse lejos, muy lejos del cansancio y de los máximos.

Es que podría pasar como un entrenamiento de fuerza más.

Y no tiene nada que ver.

No es “hacer ejercicio”.

Forma parte de una práctica de movimiento.

Rober Sánchez