Anexo 5.1 del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).
Después de cinco capítulos, cinco de nueve (fíjate en la proporción), ya puedes imaginarte el peso que tiene en mi práctica de movimiento el planteamiento de base de no-meditar, correr, movilizarme y vigorizarme de buena mañana, compatibilizándolo perfectamente con la vida familiar matutina (dejando a un lado lo de integrar movimiento durante el resto del día, que todavía suma más exposición, riqueza y complejidad).
Claro, cuidado, este planteamiento matinal tiene un fallo.
Un fallo que, precisamente, soluciona la ALTA FRECUENCIA, la intención (palabra clave en la práctica de movimiento) de completar esta primera práctica TODOS LOS DÍAS.
Antes de nada, fíjate en esta curiosidad…:
Sé y reconozco que desde un punto de vista puramente mecánico, «físico» vamos a decir, incluso por y para los motivos racionales expuestos hasta ahora, la PRÁCTICA DIARIA de todas estas historias no es necesaria.
O sea, podría plantearlo… yo qué sé… tres o cuatro días a la semana, y para lo «fisiológico» serviría igual, prácticamente no cambiaría nada.
Entonces…
¿Por qué?
¿Por qué tanta dedicación y «obsesión»? (Ojo al anexo 6.1 del capítulo 6, próximamente).
¿Por qué es algo que tengo en mente a practicar TODOS LOS DÍAS a ser posible nada más me levanto?
Por dos motivos, el primero más conceptual/profundo y el segundo más práctico/sencillote:
LA PRÁCTICA MÁS ALLÁ DE LA PRÁCTICA
Si insisto en esto, y recalco que no tiene nada de «espiritual», y que en el fondo es algo muy de estar por casa y terrenal, dadas las circunstancias sociales y culturales del momento, será por algo…
No es la salud del «cuerpo» —ni tampoco la «mental».
No es lo «físico».
No son los músculos, las articulaciones, las calorías, las hormonas.
Evolutivamente ya toca dar un «salto consciente» sapiens en estas cuestiones…
Hay dos hechos descritos con todo lujo de detalle en el Capítulo 1 que se resumen así:
Vives y experimentas a través de un vehículo, un instrumento.
Su principal vía, estrategia, manera de vivir y experimentar es el movimiento.
Lo tienes a tu disposición siempre y es gratuito.
Pero tú, como yo todavía en algunas ocasiones, te pierdes en el encabezonamiento (cabeza con corazón, pulmones y extremidades) del día a día.
Cosa que no solo tiene consecuencias «corporales» personales, sino sociales, culturales, comunitarias. No sé si esto se ve lo suficiente…
Así que… ¿Por qué no moverse a conciencia y con conciencia TODOS LOS DÍAS y con la mayor frecuencia posible?
A partir de ahí, no como «cuerpos que se mueven», sino como personas… pasan cosas.
Y es algo que sí considero NECESARIO, MUY NECESARIO.
Pues eso.
NO LO CONSIGO CADA DÍA
Este es el segundo motivo y, a su vez, el FALLO de la práctica diaria.
Fallo que, paradójicamente, acaba haciendo de la práctica diaria una gran ventaja…
¿Paradoja?
En la cotidianidad de una persona normal con un bebé a su cargo (o una vida laboral, académica, familiar de alta demanda), cumplir TODOS LOS DÍAS con una disciplina férrea es un imposible.
No va a pasar.
Van a ocurrir imprevistos.
Y no lo voy a conseguir.
Esto… O lo ves y bailas con ello, o no lo ves y te fustigas y te frustras y te culpas y lo luchas y vete a saber qué otros sufrimientos.
Recuerdo como un amigo, Víctor Reyes (quizá lo conozcas), en un acto de sinceridad explicaba en público cómo llego a desear (por un breve instante) que su hija recién nacida no estuviera en su vida porque le entorpecía en todas las cosas que «tenía que» hacer.
Y cómo al darse cuenta, al ser consciente, tuvo que encerrarse un buen rato en una habitación de su casa a llorar desconsoladamente.
Intención, compromiso, responsabilidad sí.
Consecución, «éxito» 100% no.
¡Ahora!
Fíjate en esto de la intención de ALTA FRECUENCIA.
La magia (que te saca del «todo o nada» enfermizo imperante):
Tú planteas la historia para practicarla TODOS LOS DÍAS.
De forma coherente, viable, sostenible, tolerable y conciliable.
Oh, vaya… Hoy no ha podido ser, ya sea total o parcialmente.
(Cuidado, que lo siguiente es simbólico… Llévatelo a tu terreno)
El bebé de 2 meses no para de berrear y no hay manera de que se calme, la peque de 5 años se ha despertado antes de lo habitual y de mal humor, tu mujer está destrozada y necesita más cama, tu cuerpo está poco predispuesto porque ayer te pasaste un pelín, está lloviendo a cántaros, etc.
Vale. Bien por hoy. No ha podido ser. No pasa nada. Mañana otra vez: intención de ALTA FRECUENCIA.
Pasa un año.
365 días.
Y has completado la práctica DIARIA, no sé, 337 días.
Ahora multiplícalo por 5, 10, 20 años así.
Ostras…
Yo diría que podemos decir tranquilamente que te has movido CADA DÍA.
Cada día has sido consciente de que eres consciente y has corrido y te has movilizado y te has vigorizado.
En tu casa y viable y sostenible y tolerable y con tu familia y/o tu vida de alta demanda.
Uff.
Y si lo comparas con «frecuencia esporádica» (lunes, miércoles y viernes, por ejemplo), pues más uff.
Sobre todo si el lunes y el miércoles, por decir algo, surge algún imprevisto que no te permite «cumplir». Muy uff y oh oh y ayyyy y uyyyy, una semana sin moverte…
Demasiado riesgo. Demasiado inmovilismo. Demasiada culpa, fricción, re-motivación, vuelta a empezar.
Y ya está.
Rober Sánchez