Te cuento esta historia personal no por egocentrismo, sino para que extraigas seguramente una de las mejores lecciones de movimiento.
Quizás la más importante.
La que puede darle sentido a tu práctica de actividad física cuando va a la deriva.
Porque me pasé 13 años haciendo prácticamente esto mismo cada día, cada semana, cada mes.
Machaconamente.
Estoicamente.
Más o menos como lo de hacer burpees uno detrás de otro.
O acumular segundos y minutos y horas haciendo planchas abominables.
*Madre mía a qué punto ha llegado la humanidad…
Verás.
En 2002 empecé a trabajar en gimnasios como técnico de sala de fitness y profesor de Pilates.
En 2004 pasé a ser entrenador personal y seguí con las clases de Pilates “premium”, para grupos reducidos.
Trabajaba al mismo tiempo en un gimnasio gordote de Barcelona, para una empresa farmacéutica todavía más gorda y para particulares.
En 2007 abrí mi propio centro de entrenamiento personal.
En 2017 el negocio iba muy pero que muy bien, pero le regalé mi parte a mi socio.
Llevaba 13 años haciendo lo mismo con mis clientes.
La cosa iba así:
Ellos venían con sus cosas, sus relatos, sus historias.
Y sus deseos y sus expectativas y sus “deberes”.
Quiero esto.
Espero lo otro.
Tengo que no sé qué y no sé cuántos.
Lo de los tengo que era lo más deprimente.
No por ellos, sino por cómo habían llegado a ello –es desastroso el nivel de obligación y “sacrificio” que hemos alcanzado en pro de (aparentemente) salud y tal.
Pero esto es algo que dejamos para otro día.
Centrémonos en los deseos.
Fíjate.
Que no bromeo.
La gran mayoría de esos deseos, aunque tuvieran poco “de movimiento”, eran 100% lícitos y factibles.
Jamás me atrevería a juzgarlos.
Quiero bajar unos kilos.
Quiero ponerme fuerte.
Quiero tonificar.
Quiero aprobar unas oposiciones.
Quiero rallar queso en mi estómago.
Quiero completar una carrera de montaña.
Vete a saber.
100% lícitos –cada uno desea lo que le da la gana.
100% factibles –el cuerpo funciona como funciona y si lo entiendes pues solo necesitas moverte con determinación y consistencia en la dirección deseada, adaptando la cosa a cada cuerpo. Chupao.
¡Peeeeero…..!
¿Qué pasaba en realidad?
Que yo, como “profesional”, debía ser honesto, sensato, sincero, transparente.
Y compartir la verdad.
Una verdad que, ojo, no era “mi verdad”.
Era una verdad que se evidenciaba desde la primera sesión.
Al intentar aprender un ejercicio y moverse.
Esta:
Una cosa pueden ser tus deseos que
- Están muy bien.
- Podemos abordar en un momento dado.
¡Peeeerooo…!
Otra cosa es que tú, cliente, como ser humano normal, ciudadano de a pie, no tienes ni idea.
Ni idea de cómo se siente, de cómo se percibe, de qué te dice tu cuerpo.
No hay conciencia “de entrada”.
Y, como consecuencia, tampoco control, saber dar órdenes precisas, comunicación “de salida”, moverte de una determinada manera, la que tú quieras.
Especialmente a nivel articular.
Ni puedes (capacidad) ni sabes (habilidad) mover tus articulaciones.
Que, te recuerdo, es dónde ocurre el movimiento –desde un punto de vista mecánico.
En los músculos no.
En las articulaciones, digo.
Entonces…
Tú puedes querer lo que quieras y está bien.
Pero dadas las circunstancias, y más si piensas en el futuro, lo que ahora mismo NECESITAS es otra cosa.
Y justo por eso, y justo así, me pasé 13 años haciendo lo mismo con la enorme mayoría de mis clientes.
Dedicando al menos (¡al menos!) sus tres primeros meses de entrenamiento conmigo a que aprendieran a mover sus articulaciones con conciencia, control e intención, desde lo más analítico a lo más global.
Para, además, mejorar sus patrones y movimientos naturales más básicos, fundamentales gracias al incremento tanto CUANTITATIVO como CUALITATIVO de su movilidad.
Y a partir de ahí, entonces sí, moverse como desearan.
Bueno.
Pues lo cierto es que sigo haciendo lo mismo, porque el panorama es que el que es y las necesidades de la gran mayoría son las que son (por mucho que se deseen otras cosas).
Ahora, de una forma mucho más eficiente y eficaz, y también económica.
Gracias a Internet y sus maravillas.
Aquí: Movilidad Natural.
Rober
PD: no es que los deseos se “deban” posponer. Pero si uno hace primero lo que necesita, luego lo que se desea es mucho más accesible. En el enlace.