Obreros de la calle me ayudan inesperadamente

Son algo antes de las 6 de la mañana.

Camino hacia una de mis “cafeterías para escribir”.

Hago el camino largo, para disfrutar de unos 20 minutos de paseo.

Pero hoy podría haber sido un suplicio.

Ha estado lloviendo toda la noche, copioso e intenso.

Está todo plagado de charcos.

Y la calle por la que suelo pasear, que es peatonal, está hecha caldo y pendiente de reforma.

Baldosas reventadas, hundidas, fuera de sitio.

Un campo de minas de agua cuando llueve tanto.

Y encima voy sin las gafas y no veo del todo bien.

Bromas pesadas aseguradas.

Ya sabes…

Pisas una de esas y, por un misterioso efecto de la física, el agua sale disparada por las grietas de los lados y cae hacia dentro, justo encima de tu pie.

Y si fuera una.

Pero es que son muchas, demasiadas.

Por suerte, como las obras están a punto de empezar, a lo largo de los 300 metros de calle los obreros han marcado el suelo con cruces y círculos de color amarillo fosforito.

Me advierten de qué baldosas evitar.

No tengo de qué preocuparme.

Me ayudan a ahorrarme pasos en falso y unos cuantos chof y chaf y me cago en todo.

Y yo me siento agradecido.

Hay quien no tiene claro por qué hacer un curso cuando uno mismo puede ir haciendo a su aire.

Y mira que yo soy mucho de ir cada uno a lo suyo (autonomía, responsabilidad, blablabla).

Pero es que cuando hay alguien con más experiencia que tú y que ha recorrido el camino doscientas mil veces, sabe con extrema precisión dónde están las baldosas chungas y puede ahorrarte unos cuantos disgustos por el camino.

Sobre todo en forma de energía y tiempo.

Para aprovecharte de algo así en lo referente a la movilidad de tu columna

(y el resto del cuerpo porque todo entra, sale y pasa por ella)

puede interesarte esto:

Curso de Movilidad de Columna. Liberación – Control – Fluidez

Rober

PD: otro cable interesante es el orden. Como debes suponer, hay mucho desorden. Y el desorden es una gran fuente de conflicto e incoherencia. El curso, cómo no, está muy ordenado, rigurosamente, meticulosamente. Qué te va a decir alguien con TOC del orden…

PD2: como lo del TOC viene de lejos, uno también ha hecho su trabajo personal en desordenar(se). ¿Por qué? Porque la vida de una persona normal a veces es ordenada y otras no. Vale la pena moverse en las dos vertientes. Así que en el curso también te enseño a desordenarte. Para cuando la vida se te desordene y quieras ordenarte o desordenarte, según tus circunstancias. En el enlace.

El saludo más bonito del mundo

En casa Abril sigue chiflada con “la peli de los señores azules”.

Avatar, digo.

Y, con diferencia, los Na’vi tienen el saludo más bonito del mundo.

Un saludo de gran utilidad para moverte mejor.

¿Hola?

¿Cómo vas?

¿Qué tal?

¿Todo bien?

¿Prósperos días, al estilo Demolition Man?

Nada de eso.

Mira:

Contacto visual.

La mano por delante de la frente.

Una ligera reverencia.

Y…

TE VEO.

Que implica:

Veo tu alma.

Tu verdadera esencia.

Veo quien realmente eres.

Te respeto, te saludo, te honro.

Te reconozco, te recibo.

Conecto contigo.

Me parece la mejor manera de saludar(te).

También en movimiento.

Es un buen resumen de lo que creo que se merece el cuerpo –y la columna.

Y la síntesis de lo que desarrollas y consigues en el Curso de Movilidad de Columna.

Rober

PD: lo habitual «es paso de ti, como mucho te dejo neutra, ni te veo ni te respeto ni te honro ni conecto contigo ni nada». Luego pasa lo que pasa. El curso es para saludarse bien. En el enlace.

Las vértebras de un enano, un herniado, un cojo y un viejo

*Sé que parece un chiste, pero no. De hecho, este correo contiene una lección de movimiento muy seria.

Pregunta habitual estos días:

–Rober… Si tengo una hernia / lesión / patología o soy cojo / manco / feo / viejo, ¿qué hago?

Jordi.

El enano.

Es lo primero que me viene a la cabeza.

Jordi iba conmigo a clase en primero de carrera y era enano.

Enano de enanismo.

No bajito.

Enano de esos que mi abuelo me ponía en la tele de pequeño y que saltaban a la plaza a hacer el payaso y clavarles banderillas a los toros.

En la universidad nos reíamos un montón.

¿De Jordi?

No.

Con Jordi.

Porque Jordi era un cachondo.

Sobre todo por la mañana al llegar a clase.

Entraba como cabreado, refunfuñando.

Y decía:

–Mierda de metro. ¡Mierda de metro! Cada día es lo mismo.

La peña ya se podría duchar antes de salir de casa, jo der.

Todos los sobacos y todos los culos que me como cada mañana.

Y yo ahí, en medio, con la cabeza apretujada entre culos y sobacos.

Nos tronchábamos.

Lo dicho: Jordi era pura guasa y te partías con él.

Y a Jordi le pasó una cosa muy curiosa.

Enseguida te cuento.

Cuando alguien me pregunta si con X condición puede completar el Curso de Movilidad de Columna, siempre le respondo lo mismo:

¡Por supuesto!

Sea lo que sea.

A ver…

A no ser que sea una cosa muy bestia y mientras ahora no te pille en un momento especialmente incapacitante.

Pero mira.

Aun así puedes apuntarte.

Porque como el curso lo tendrás para siempre y es flexible y avanzas a tu ritmo, siempre que te encuentres bien vas a poder progresar.

En fin. Que sí.

¿Por qué?

Porque es un curso de movimiento.

Un curso de movimiento para que:

  • Conozcas y reconozcas tu (y solo tu) columna en movimiento. TU columna. No la columna.
  • La liberes de las restricciones y limitaciones que pueda estar sufriendo y que no te dejan moverte con soltura y frescura.
  • Refines tu control sobre ella, con precisión y rigor, tanto analíticamente (por cachitos) como globalmente.
  • La muevas con fluidez y, por extensión, todo tu cuerpo. Es decir, lo contrario a moverse como Robocop, un tocho, un bloque de cemento, una alcayata oxidada. Desde el centro, desde la columna.

En resumen, para que aprendas sobre movimiento y lo apliques en tu día a día y en el ejercicio o deporte que hagas, específicamente alrededor de la columna.

Y eso lo puedes hacer sea cual sea tu condición.

*Ojo con la segunda posdata.

Para apuntarte al curso es aquí:

Curso de Movilidad de Columna. Liberación – Control – Fluidez

Rober

PD: Jordi, como no podía ser de otra manera, se sacó la ingeniería.

Era enano. No era tonto.

Tenía las mismas capacidades, habilidades y posibilidades de aprendizaje que el resto.

Y también sus condicionantes, como TODO el resto por muy «sano» que estuviera.

Se adaptó, sobre todo al metro y a que le colgaran las piernas en las sillas de clase.

Y se sacó la carrera.

Pues lo mismo pero aplicado a “condicionante columnil X” y movilidad de columna.

Porque los principios de movimiento son los mismos para todo el mundo y luego cada cual los puede adaptar a su condición física actual y personal.

Arriba.

PD2: si hay algo que te duele y/o te incapacita, no me preguntes para “rehabilitarte”.

No tengo ni idea y no es mi trabajo.

Ve al médico o al fisio.

Y si te encuentran una lesión, sobre todo que determinen si es la causa de tus síntomas… o no.

Porque puede que no lo sea.

Daño y dolor no tienen por qué venir del mismo sitio, aunque lo parezca.

Pero vaya, que no es aquí.

Que esto va de aprender movimiento y nada más.

Con y sin dolor, con y sin daño, con y sin lesión o patología o edad o condición.

Aprender movimiento, digo.

PD3: ¿El curso te hará mejorar tu lesión / patología?

¿Te ayudará con tu rehabilitación?

Mmm… Ni idea.

No soy adivino.

Tampoco es mi trabajo.

Para eso ve a un fisio FUERA de Internet.

El curso solo te ayudará a lo que te he explicado arriba porque es un curso de movimiento, sin más.

Si tienes dudas, consulta con tu profesional sanitario de referencia (esto va muy en serio).

Cuando ya no tengas dudas… En el enlace.

Por qué ya no entreno con anillas

David, un nuevo alumno con el que trabajo presencialmente cositas alrededor de la calistenia y la gimnasia para el desarrollo de la fuerza de brazos, se quedaba sorprendido.

A ver.

Lo entiendo.

Con él, como herramienta para esas cositas estamos usando unas anillas.

Son versátiles, baratas, portátiles.

Y puedes desarrollarlo todo, absolutamente todo con ellas.

Incluso otras historias de piernas también.

Y se quedó parado.

Porque estábamos hablando entre series y se lo confesé.

Yo… Es que… Desde hace unos tres o cuatro años ya no entreno con anillas.

¡Ostras!

¿Ya no entrenas con anillas?

¿Y me propones a mí entrenar con anillas?

¿Cómo se come esto?

Bueno.

Es sencillo cuando entiendes la idea de practicar movimiento.

Y ojo.

También cuando haces las cosas de una determinada manera, vamos a decir “bien hechas”.

Porque, fíjate en una cosa:

Yo hace como tres años que  de  con las anillas.

Y ahí estaba tan pancho enseñándole a David a hacer el muscle up y algunos otros trucos.

O sea: lo que aprendes guay, pues es como lo de ir en bicicleta.

Por lo tanto, ese miedo a perder lo “ganado”, si ha sido “aprendido” y no solo repetido al tuntún, no tiene fundamento.

Y puedes dejarlo y revisitarlo muuuuuy de vez en cuando, que seguirá ahí.

Pero vaya, que esto no es lo más chulo.

Verás.

Lección no solicitada:

El cuerpo, en términos de movimiento, tiene una serie de necesidades.

Necesidades que no se reducen a lo “cardio” y lo “fuerza”.

Esto lo entiendes o no lo entiendes.

Mi hija, con cuatro años, tal como veo que juega de mil maneras diferentes y todo el santo día que no para, lo entiende.

Imagínate.

Bueno, pues tiene unas necesidades.

Entonces, lo peor que puedes hacer con diferencia es encerrarlo en una jaula y pasarte 5, 10 o 38 años haciendo lo mismo.

A más te encierres, más jaula.

Y más cosas que te dejas fuera de la jaula.

Y más chungo lo vas a tener para salir de la jaula por todo lo que arrastras.

Por eso un día, cuando lo consideré oportuno, dije:

Co ño.

Las anillas ya me han enseñado suficiente.

¿Qué otras necesidades tengo que no estoy atendiendo?

¡Ah! ¡¡Estas!!

Vale.

Gracias, anillas.

Adiós.

Y no pasa nada.

Bueno… ¡Sí pasa!

Que sigo aprendiendo y desarrollando y conociendo y enriqueciendo mi movimiento.

Porque, entre otras cosas, sé ver y reconocer mis necesidades y soltar y generar espacio para explorarlas y cubrirlas.

Esto es como cualquier vicio.

Estás enganchado.

Eres una adicto.

Porque “me sienta bien”, “me gusta”, “se me da guay” o vete a saber.

Y para nada digo que esas cosas se deban dejar, abandonar del todo, ni mucho menos.

Pero el cuerpo tiene unas necesidades que si no se alimentan, se acaban perdiendo del todo.

Luego le pides peras al olmo.

Todo este panorama es muuuuy habitual con una parte del cuerpo que, a su vez, cumple una serie de funciones que son primordiales para el buen movimiento del cuerpo como un todo.

Por eso vale tanto la pena ser consciente y conocer y reconocer y aprender y desarrollar moverla.

Hablo, cómo no, de la columna.

Si lo necesitas:

Curso de Movilidad de Columna. Liberación – Control – Fluidez

Rober

PD: algún día explicaré por qué creo que lo de “el mejor ejercicio que puedes hacer es el que te guste hacer” es un error de concepto taaaan bestia.

Pero vaya… Que al alcohólico le encanta la cerveza, pero seguramente lo que necesita al menos durante un buen tiempo es beber agua.

Lo necesario, en el enlace.

Diferencia entre poder y saber moverse

Gran lección.

Porque hay quien puede moverse porque diremos que está liberado, no tiene limitaciones ni restricciones evidentes, cosa que está muy bien.

Peeeero…

Saber hacerlo es otra cosa.

Y esto marca una gran diferencia en lo más importante.

Que no es el qué, sino el cómo.

El cómo nos movemos, digo.

Me explico:

Como tantas otras veces, nos lo mostrará mi hija de cuatro años.

Con la colaboración de un Google Nest, uno de esos altavoces que hace lo que le dices que haga (si sabes decírselo…).

Abril está a tope con la peli Avatar –pronto explico por qué.

Le mola la banda sonora y quiere escucharla.

–Ei, Google. Pon la canción del señor azul.

–De acuerdo. Reproduzco Azul de Cristian Castro en Spotify.

–Noooo, para Google…

Google ni caso, porque siempre le tienes que decir primero “Ei, Google”.

Se lo recuerdo a Abril desde la cocina.

Lo intenta de nuevo:

–Ei, Google. Para la música y pon la canción del señor azul.

–Vale. Te pongo Azul de Cristian Castro en Spotify.

Abril resopla.

–Ei, Google. Que no me estás entendiendo… Pon-la-can-ción-del-se-ñor-a-zul.

–No te he entendido bien. ¿Quieres que ponga Azul de Cristian Castro?

Abril ya se cabrea y entra en “modo vieja” a pesar de su corta edad:

–Ei, Google. ¡Se me está agotando la paciencia!

Yo me descojono y el cacharro responde:

–Y a mí.

Me meo encima directamente.

No solo por lo gracioso de la escena y la respuesta de Google, que no me esperaba.

También porque es algo que veo continuamente.

Verás.

Lo que decía:

Hay quien tiene la capacidad (poder).

Pero no la habilidad (saber).

Y moverse consiste en la combinación de ambas.

Que además requiere de algo fundamental:

Una comunicación eficaz y eficiente.

Cosa que está claro que mi hija y Google todavía no tienen.

Y que probablemente, aunque tú no sientas la espalda tiesa u oxidada, tampoco disfrutes.

De ahí que, más allá de la cuestión de la capacidad (que atacamos desde el Módulo 1 y el Protocolo de Movilidad),

en el Curso de Movilidad de Columna el resto de los módulos giren en torno a dicha habilidad.

Para SABER mover la columna desde lo más simple a lo más complejo y por orden:

  • Segmento a segmento en lo más básico: flexionar, extender, rotar, lateralizar.
  • Globalmente en la misma línea.
  • Introduciendo por segmentos las ondulaciones, los deslizamientos y las espirales.
  • Ampliándolos globalmente.
  • De una manera mucho más rica, si cabe, pero que no puedo desvelar. Ya es en el Módulo 8.

Bien.

Si quieres saber, además de poder, (desarrollamos las dos cosas)

siguiendo el flujo de la diversidad y complejidad de movimiento para nutrirte en el día a día y que todo funcione mejor,

esto puede interesarte:

Curso de Movilidad de Columna. Liberación – Control – Fluidez

Rober

PD: para saber comunicarte con tu columna (y tu cuerpo) y que suene la canción que tú realmente quieras, y no la que pongan al tuntún en la radio. En el enlace.