Qué es el movimiento en la sombra

En marzo de 2023 Rosalía subía al escenario para recoger su premio Billboard como Mejor Productora del Año.

Porque, te guste más o menos su música, de esta muchacha hay que reconocer una cosa.

La chica no solo canta bien.

Es que compone sus canciones.

Y las produce, las “fabrica”.

Esto es de admirar.

Y de aprender lo que significa, lo que implica en términos de movimiento.

La lección de hoy va más en la dirección de la “fabricación”, precisamente.

En su discurso de agradecimiento decía:

¿Sabéis una cosa?

El trabajo de producción es un trabajo en la sombra.

No es agradable.

No es divertido.

Quien os diga lo contrario os miente.

Requiere tiempo a solas, pulir cada detalle, un puntito de obsesión y muchísima dedicación.

Y luego, pues mira: las canciones suenan mucho mejor.

Esto me ha dado que pensar.

Vivimos demasiado (de)pendientes de la dicotomía aburrido/divertido.

A veces creo que, al menos para lo que yo promuevo, que es que mucha más diversión y menos “hacer ejercicio” monótono y tostón, hay quien suele caer en una confusión.

Como si lo importante fuera solamente la parte divertida de la historia.

Cuando no.

Proporcionalmente sí, sin ninguna duda.

Pero no todo es divertirse.

¿O sí?

A ver… Espera.

En la sombra, detrás, en algunos momentos puede haber un “trabajo”, un movimiento tedioso, meticuloso, ¿aburrido?

Fíjate en esto que ha pasado espontáneamente.

¿Por qué me ha salido escribir aburrido entre interrogantes?

Con los años me he dado cuenta de otra cosa…

Como en realidad eso de aburrido y divertido es otro juego verborreico de nuestro cerebro, creo que vale la pena entender algo:

  • No existe tal separación. No hay una línea clara que lo separe si te estás moviendo de manera generalista, diverso, complejo, integrativamente.
  • Lo que aparentemente puedes catalogar como aburrido, puede que lo sea y puede que no.
    • Lo es cuando lo separas, cuando haces ejercicio y se acabó, cuando no hay nada más, no hay “discos” ni “conciertos” para pasártelo bien.
    • Deja de ser aburrido cuando no lo separas, cuando tiene un sentido, cuando da un servicio a algo más grande, la parte divertida.

En definitiva, cuando tienes proyectos que te acercan a la idea de moverte de verdad, es el único momento en que el “hacer ejercicio” aburrido tiene sentido.

Y lo que desde fuera puede parecer un peñazo, desde dentro es un trabajo de producción en la sombra que…

…ufff…

…qué diversión, qué lujo, qué momentazos.

¿Lo finiquitamos?

Sé que mucha gente que me lee se siente atraída por lo divertido.

Luego, cuando les explico que cuidadín, que también “hay que” aburrirse, se desaniman.

Más cuando el estado corporal es el que es (no es culpa de nadie) y toca recuperar capacidades y habilidades básicas como la Movilidad Natural.

*Teniendo en cuenta que luego, desde dentro, de aburrido no tiene nada.

Después, cuando los cimientos del movimiento están consolidados…

¡Fiestuqui!

Es hora de pasártelo bien de verdad.

Por ejemplo, incorporando una de las formas que más posibilidades te van a brindar en el futuro:

Invertidas – El arte de moverte bocabajo

Rober Sánchez

Cómo perderse la mitad de las posibilidades de movimiento

​*Esto lo escribí al día siguiente de hacer mi primera clase de XXX.

Ayer hice mi primera clase de XXX.

Digo XXX porque si algún día lo desvelo será en el futuro, no hoy.

Y porque, en términos de movimiento, lo que puedes aprender con esta entrada es independiente de XXX.

El caso es que ayer fue mi primer día de XXX.

XXX es tremendamente complejo, y físicamente puede llegar a ser espectacularmente exigente.

Yo ya lo encaraba con una actitud de mediocridad absoluta.

Que es dónde está la chicha, en hacer lo que no sabes hacer.

Lo de repetir y repetir y repetir lo que ya sabes hacer te funde el cuerpo y te fríe el cerebro y viceversa, si es que hay diferencia.

Por eso me he lanzado a aprender.

Es decir, no «hacer XXX» como quien hace yoga o hace Crossfit (y mucho menos «hacer ejercicio»).

Que cuando te pones a aprender algo, lo de los beneficios del ejercicio ya vienen solos, leches.

Y, mira tú por dónde, pasaron dos cosas:

La primera no es el tema del día, pero quiero mencionarla porque te llevarás una lección de gra tis.

Resulta que el profesor se sorprendió.

Y me dijo algo así:

—​Co ño, Rober, para no haber practicado nunca XXX no se te da tan mal. De hecho, en 1 clase te he enseñado lo que suelo enseñar en 6 o 7.

—​Oh… A ver —​le respondí —Es que ya te dije que moverme me he movido mucho últimamente. Complejo, diverso, tocando diferentes palos. Y, claro, los puntos se conectan. Supongo que lo que ha pasado hoy ha sido por eso.

Porque… Lo confieso:

Hasta yo mismo me sorprendí.

¿Medallita para mí?

No.

Enseñanza: si te mueves de manera generalista luego puedes pillar rápidamente cualquier especialización.

Qué cuerpo. Qué vida.

Oh.

La segunda es más importante.

Mira.

Ayer me lo pasé muy bien.

Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien, que no me divertía tanto.

Y mira que era algo que no había practicado nunca como tal, como XXX.

Y mira también que fue realmente intenso, tanto física como mentalmente.

Que absorbí en una clase lo de 6 o 7.

Fíjate en esto:

Gran parte de lo que practiqué fue moviéndome bocabajo.

No en estático, no verticales.

Moviéndome con el culo por encima de la cabeza, para que nos entendamos.

Y no se me dio nada mal, aunque no tuviera ni papa de XXX.

Y me lo pasé pipa, como nunca en mucho tiempo.

Aquí acabas de leer una gran lección.

Pero te cuento una cosa más.

Ojo.

Si miras tu cuerpo en vertical, pueden pasar dos cosas:

1. Que tu cabeza esté por encima de tu culo y tus pies.

2. Que tu culo e incluso tus pies estén por encima de tu cabeza.

¿Has explorado y eres hábil en ambas posibilidades?

Pues tienes a tu alcance todo el resto.

¿No sabes moverte bocabajo?

Pues te estás perdiendo la mitad.

De posibilidades, digo.

Y de diversión, por supuesto.

Para empezar con cabeza y consolidar los cimientos tengo este curso:

Invertidas —​ El arte de moverte bocabajo

Rober

PD: si quieres aprender y acceder a la otra mitad de posibilidades y divertirte en esa otra mitad, o sea, divertirte el doble. Arriba.

Dudas en torno al sobrepeso y el movimiento

No sé por qué, últimamente me han llegado varias cuestiones relacionadas con practicar movimiento contando con cierto sobrepeso, cada uno el suyo.

Y me gustaría decir algo claro al respecto.

Antes, cuidado.

Ante las insinuaciones o sospechas de gordofobia.

Que uno por aquí tiene su marca personal a los 20 años de 106.5 kilos concentrados en la zona media en forma de grasa y agua.

O sea que… he estado ahí.

Y sé lo que implica, al menos en mi caso a nivel de complejos, falta de confianza, estigma social, lucha emocional, ansiedad, no saber qué hacer para dejar de comer basura compulsivamente, etc.

*Esta es mi experiencia y no tiene por qué ser la misma para todo el mundo, pero en general los “gordos” pasamos por lo mismo, que ninguno de nosotros somos tan especiales.

Así que de lo del odio y el juicio y tal por aquí no hay nada.

Todo lo contrario.

Solo conciencia.

Darse cuenta.

En estrictísimos términos de movimiento –que no me puedo meter en otras cosas.

Bien.

Lo que quiero decir al respecto:

Puedes moverte exactamente igual que cualquier otra persona aunque tengas sobrepeso.

Y me da igual cuánto sobrepeso tengas.

Mucho, poco, regulín, yo qué sé.

Es que da igual.

Puedes moverte.

Ahora bien.

Cuando tienes X sobrepeso, sumado a otras condiciones de tu contexto personal, vale la pena darse cuenta de algo.

Ese sobrepeso probablemente, y solo probablemente, te limita en algunos sentidos.

O sea, puedes moverte exactamente igual que cualquier otra persona, siguiendo exactamente (redundo a propósito) los principios que comparto insistentemente.

Los mismos principios se pueden aplicar a todo el mundo, esta vez sí, con y sin sobrepeso.

*Puedes profundizar en mi libro Camina, salta, baila: Muévete más y vive mejor.

Te puedes mover exactamente igual.

Pero…

Probablamente y solo probablemente, en términos de movimiento te vas a sentir limitado o restringido.

El sobrepeso te va a “molestar” al moverte, para moverte.

Esa es la diferencia.

Pero poder, puedes moverte.

Exactamente igual.

A partir de ahí, haz lo que quieras.

Ojo.

Que el sobrepeso no es la limitación más grave

Hablando de obstáculos y restricciones, ya estés “gordaco” o “mazado” o “fibrado” o lo mierdas superficiales que quieras lo mires por dónde lo mires, hay algo que nos limita mucho más.

Lo hablaba con una de las chicas más fit del gimnasio al que voy ahora durante el invierno.

Que me vio con mis cosas y me preguntó:

–Pero tú has trabajado en el circo o eres bailarín o algo de eso, ¿no?

No, cariño.

Soy una persona normal que dejó de “hacer ejercicio” y empezó a moverse.

A los 30ytantos, por cierto.

La limitación grave, chunga:

Puedes llegar a creer (y no es culpa tuya) que por estar en forma y muy fuerte y con mucha resistencia e incluso una movilidad que lo flipas, te mueves bien.

Pero luego nada de nada.

Cuentas con la capacidad, y eso está muy bien.

Pero después no sabes usarla, aplicarla, expresarla.

Y la cosa sigue torpe, descoordinada, cortocircuitada.

Es como el síndrome de Tío Gilito.

Tener la cuenta llena de pasta y centrarte en seguir acumulando más y más y más.

Y no disfrutar de la vida.

Para hacerlo, gosarlo digo y dejar atrás al modo Robocop, en términos de movimiento, siempre recomiendo empezar casi casi como los bebés.

Más de uno, por no decir todos, al tercer «entrenamiento» están muertos y piden clemencia.

En este curso:

Locomociones – Muévete con inteligencia y disfruta de un cuerpo hábil

Rober

Machos alfa. Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan

(Esto lo escribí el 13 de enero de 2023, justo después de que Shakira destrozara a Piqué)

Como lo que pasa antes de que los peques vuelvan al cole después de las vacaciones no cuenta para casi nadie, podríamos decir que esta semana ha sido oficialmente la primera semana del año.

Y vaya cómo ha empezado.

Shakira liándola parda.

Y cuánto nos gustan el cotilleo y los chanchullos de la intimidad.

Y más cuando implica una especie de batalla entre mujeres y hombres y viceversa.

Así que me subo al carro.

Hablemos de luchar en el gimnasio y ganar fuerza y tal.

En mujeres, sobre todo.

Y en hombres también, por qué no.

Porque aunque no pase exactamente el mismo desastre, pasa exactamente el mismo desastre.

¿Podría ser un desastre de género… pero sin género?

Veamos, veamos.

Estos días me están pasando dos cosas:

  1. Como cada invierno, voy al gimnasio para “hacer ejercicio” más que moverme, y rellenar algunos huecos y debilidades que he detectado durante el resto del año o que intuyo que pueden llegar a serlo en el futuro, según lo que tenga en mente que quiero abordar a partir de la primavera.
  2. En casa estamos viendo Machos alfa en Netflix, y mi mujer y yo nos estamos descojonando.

Empecemos por la serie.

En el tercer capítulo, una de las protas, que está atravesando una doble crisis (los cuarenta + la falta de sexo con su marido), se obsesiona con perder peso.

Hasta tal punto que recurre a las anfetaminas que le han recetado a su hijo hiperactivo, porque reducen drásticamente el apetito.

Como ve que adelgaza, va al gimnasio a darse de baja.

Pero en recepción, un PT (personal trainer) la pilla por banda.

Ella, que va colocada de pastillas, se lo confiesa todo.

Y él le dice:

–Mira, yo con lo de las pastillas no me voy a meter. Pero ten en cuenta una cosa. Si adelgazas pero no haces ejercicio, sobre todo de fuerza, se te va a quedar todo colgando. Y conforme más tiempo pase, más te va a colgar y más te va a costar ponerlo todo en su sitio.

Ostras.

Me parece, como todo lo fit, muy superficial.

Pero, aunque sea desde esa óptica, es una verdad como un templo.

Buena lección gratuita.

Entonces, estas semanas yo voy al gimnasio bastante a menudo.

Allí soy como siempre soy.

Discreto.

Voy a hacer lo que voy a hacer.

Entrenar.

Pero como eso implica descansar un montón entre series, también aprovecho para hacer otra cosa.

Mirar.

Total, que hago dos cosas:

Entrenar y mirar.

Mirar, como siempre, intento hacerlo de la forma lo más objetiva posible.

Lo que me permite:

  1. Ver.
  2. Valorar.
  3. No juzgar.

Así que veo, valoro lo que veo y no juzgo lo que veo.

Por lo que no juzgo a las personas que veo, aunque sí puedo valorar lo que les pasa.

Y pasa el desastre del que hablaba.

Sobre todo en mujeres.

También en hombres.

En el centro de la sala hay una especie de jaula con un montón de cachivaches.

  • Unas monkey bars.
  • Unos sacos de boxeo.
  • Unas sogas con las que la gente dibuja ondas en el aire.
  • Kettlebells, sacos de arena, balones medicinales, bandas elásticas.
  • Y todo iluminado con unos focos en plan discoteca, con luces de colores, que se mueven y todo.

Lo juro, de verdad.

La llaman Queenax –o algo así.

A ciertas horas despejan la zona, encienden las luces y la música, y empieza la fiesta.

Hacen una actividad dirigida en la sala de fitness.

Y entre diez y quince personas, la mayoría mujeres, y unos pocos hombres, se distribuyen por la jaula.

Y usan todos los artilugios en modo de circuito, según las indicaciones del monitor.

Las llaman, ojo, strength and conditioning.

Es decir, fuerza y acondicionamiento.

Y aquí empieza el desastre, ya engañando al personal.

Porque, cuidado, en cierto sentido la cosa podemos decir que está bien.

Desde el ángulo del ejercicio, allí hay conditioning.

Tal vez no de la mejor manera, pero lo hay.

Ahora…

¿Strength?

¿Fuerza?

Pero vayamos a por esas muchas mujeres y esos pocos hombres, que son lo importante.

Solo basta mirar.

Mirar para ver como describía arriba.

Y no me refiero a mirar lo que hacen.

Sino los cuerpos.

Qué les pasa a los cuerpos.

Basta con mirarse y ver qué le pasa al propio cuerpo.

Si te parases a mirarte, para valorarlo sin juzgarlo, verías esto:

No está funcionando.

No funciona.

Así no.

Puede haber incluso cierta conciencia en torno a la fuerza, gracias a lo que insisten los expertos.

Pero eso no es fuerza.

No están practicando fuerza.

No están ganando fuerza.

Allí ni hay ni habrá cuerpos fuertes.

Más bien un buen puñado de mujeres y algunos hombres moviéndose al son de alguien externo, obedeciendo instrucciones, sin estimular específicamente la fuerza y de manera adecuada y adaptada a la condición y contexto individual de cada persona.

Esto, en mi opinión, vale mucho la pena mirarlo.

Para valorarlo, sin juzgarlo.

Para verlo.

El desastre. digo.

Y cómo y cuánto se va a alargar si no se ve, se comprende y se cambia el enfoque.

*Con un asterisco que me dejo para la posdata, por aquello del género.

Bien.

Yo tengo el curso Calistenia Minimalista – Antiprograma de Fuerza de Brazos y Piernas.

Te pones fuerte de verdad.

En el gimnasio, en casa, en el parque, donde quieras.

Adecuado individualmente a ti y solo a ti.

Sin obedecer, porque aprendes a hacerlo tú misma.

En el enlace.

Rober

PD: el asterisco.

Esto es lo que se ve cuando miras a la jaula esa, y a las clases dirigidas, incluidas las de “fuerza”, donde las estadísticas dicen que suelen haber más mujeres.

¡Pero!

Pero si miras a la sala de fitness, más allá de la jaula, que está plagada de hombres y hay unas pocas mujeres, ves que pasa exactamente lo mismo.

Cuerpos que, incluso aunque lo aparenten… ¿Fuertes?

Allí ni un 10% de los tíos pueden hacer una sola flexión de brazos o dominada en condiciones.

En general y traspasando géneros, mires donde mires, hay muy pocas personas que comprendan esencialmente en qué consiste un acondicionamiento orientado hacia el estímulo y la ganancia de fuerza.

Y, entre otras cosas, lo simple que es.

Y lo poco que se necesita.

Y lo mucho que se pierde el tiempo.

Se puede aprender y hacer de otra manera mucho más factible y efectiva.

Arriba.

Un complejo que tenía en redes sociales

Contexto rápido en 4 líneas:

Un odiador me odió en público el otro día en Instagram.

Lo explicaba unos artículos atrás, aquí en el blog.

Y, entre otras cosas, se reía y pretendía herirme por mis “pocos” seguidores, alcance e interacción en la red social.

No pasa nada.

De hecho, es algo que hace unos cuatro años me acomplejaba, por mi pura ignorancia.

Como con el cuerpo y el movimiento (algo que vamos a resolver ahora mismo, por cierto), hay muchísimo desconocimiento.

Verás.

No fue hasta que hice una serie de formaciones con Isra Bravo, el tipo que sabe más de marketing online y copywriting en habla hispana con diferencia, que no comprendí una cosa fundamental.

Fue una especie de revelación vital, de epifanía.

Fíjate qué curioso.

Porque, además, es que puede llegar a ser muy triste y engañoso lo de las redes sociales.

Te vuela la cabeza.

Nos puso encima de la mesa casos de gente conocida y reconocida, con cientos de miles de followers, incluso personas con más de un millón.

De estos que están todo el día enganchados al móvil.

Y que contratan fotógrafos y videógrafos hasta para las “íntimas” puestas de sol, para sus sesiones de “meditación”, para captar una “espontánea” sonrisa, para cazar un pedo al vuelo.

Entonces…

Publican dos o tres posts al día.

Y en las stories toda su vida.

Cosa que es un currazo, por cierto –tiene mucho mérito, en serio.

Y todos los días posan.

Aunque no tengan ganas.

Incluso a pesar de pasar un mal día y estar pudriéndose por dentro, tener que poner buena cara.

Y tal vez aportando algo, nadie dice lo contrario.

Pero vaya.

Que te puedes imaginar la vida de estas personas.

¡Aunque!

Lo que nadie te cuenta y no te imaginas es esto:

Te siguen y te halagan y te aplauden miles y miles y miles de personas.

Les iluminas, les inspiras, les “cambias la vida” y les ayudas a alcanzar su mejor versión.

Todos los días.

Y te llaman marcas y periódicos y la tele y todo.

Y…

Y no llegas a fin de mes, no te comes un rosco y todos tus emprendimientos online acaban fracasando.

Pues eso es lo que le pasa a la gran mayoría de los influencers.

En serio.

Y encima ahí siguen, dale que te pego, dale que te pego, al estilo burpees, tratando de llegar a más y más gente y contar con más y más seguidores y likes y tal.

Para ni poder ir al cine el día del espectador.

Muy triste todo.

¿Pero por qué?

¡¿Por qué?!

Mira.

Con lo de los seguidores hay una gran confusión, de la que se destila una grandísima lección.

Una que también aplica al movimiento.

Seguramente de las más importantes:

En Internet y en las redes sociales, no importa tanto el número de seguidores que tengas.

Lo más importante, lo fundamental, lo primordial es hacer lo adecuado para que te sigan los adecuados.

Y para hacer lo adecuado y que te sigan los adecuados, hay dos habilidades básicas:

El autoconocimiento y la autorregulación.

Que se manifiestan en saber qué hacer.

Y saber en qué medida hacerlo, cuánto necesitas, debes y quieres hacerlo, cuándo hacerlo.

En términos de movimiento, estas son las dos grandes empresas “internas” de Movilidad Natural.

Puedes aprender en este curso:

Movilidad Natural

Rober

PD: hay una guía precisa y meticulosa durante 13 semanas, paso a paso, detalle a detalle. Pero a la larga, ni tan solo yo, el “experto”, te digo exactamente qué hacer, cómo hacerlo, cuánto y cada cuánto, cuándo. Porque no lo sé. No lo sabe ni lo sabrá nadie jamás. Solo tú, en última instancia, puedes saber en lo cotidiano qué es lo adecuado para ti. Eso, realmente, es lo que aprendes en el enlace.