​La verdadera razón por la que entreno la fuerza, y no es por salud

Es una cuestión sobre la que he hablado varias veces.

Pero nunca, jamás de forma tan clara.

Lo del “entrenamiento” de fuerza sé que puede sorprender.

Tanto que me meto con lo del “ejercicio”, y mira… entrenando.

No será la primera ni la última vez en la que insistiré que el entrenamiento de fuerza es el único entrenamiento que contemplo como tal, pura y duramente, en forma de herramienta.

Herramienta para moverme mejor, claro.

Si no, tontería.

¿Y por qué como “ejercicio”?

Porque es extremadamente complicado para una persona normal alcanzar ese tan necesario estímulo de vigor de ninguna otra manera.

Te guste o no, es algo indiscutible:

Exponerte a episodios y esfuerzos “de fuerza” es fundamental.

¿Por salud?

En parte, sí.

Pero para mí no es lo más importante, ni de lejos.

Ahora vamos.

Otra cosa, cuidado, son las formas, el cómo.

Ahí es cuando hay varias confusiones convencionales que provocan que:

  1. Mucha gente se tire para atrás cuando escucha hablar de entrenamiento de fuerza (porque lo visualizan rollo machacas o Crossfit o halterofilia o yo qué sé).
  2. Mucha gente que tira para adelante, porque es consciente de su importancia, se compliquen demasiado la vida y pierdan un montón de tiempo (por no hablar de conseguir nulos progresos en fuerza, realmente).

Total…

Si estás en el primer grupo, no le estás dando a tu cuerpo un nutriente esencial de movimiento.

Eso se paga más pronto que tarde.

Y si estás en el segundo, probablemente tienes un lío de narices, con lo simple que es lo de la fuerza y lo poquito que se necesita invertir.

Bien.

Sobre todo esto de la motivación para entrenar la fuerza (que no es por salud primordialmente)

y sobre la simplicidad en logística, infraestructura, tiempo y energía (que llamaremos minimalismo),

por no hablar del grave error de tratar de seguir un programa al uso siendo una persona normal,

hablo en la página de información de este curso para PONERTE FUERTE DE BRAZOS Y PIERNAS de la manera más simple (y flexible) posible:

Calistenia Minimalista – Antiprograma de Fuerza de Brazos y Piernas

Rober Sánchez

Cómo, cuálo, cardio qué

Mira.

He sido el primer pecador.

Quiero decir, yo, cuando estaba en lo del fitness, pues enfocaba mi “entrenamiento” en el fitness y trabajaba para el fitness y ganaba dinero con lo del fitness.

En la parte de mi entrenamiento corría unos 60 kilómetros a la semana.

Porque creía que debía hacerlo.

Lo del cardio, digo.

Y por la parte del curro cobraba por, en parte, programar cardio.

Vergüenza es lo que más siento.

De hacer cardio.

Y de pautarlo en mi trabajo –más todavía.

Las dos cosas durante años.

Tela marinera.

Bien.

De tanto en tanto me sigue llegando la pregunta de cómo cubrir la “parte cardiovascular” con todo esto del movimiento.

Y a mí, que entiendo y respeto la cuestión porque fui el primer pecador y soy consciente de la (in)cultura de movimiento prevalente de la que ninguna persona normal tiene la culpa de ser víctima…

…pues me sale esa cara de póker seguida de algo así como…

¿Cardio qué? ¿El cuálo? ¿Cómo?

Venga.

La respondo.

Tres comprensiones previas en este sentido:

1 Jamás en la historia de la humanidad hasta hace “5 minutos históricos” y jamás en la historia de cualquier bicho viviente que cuente con un “sistema cardiovascular”, ningún organismo ha tenido que hacer cardio.

¿Por qué?

Mmm…

2 Esa división entre cardio y fuerza, o aeróbico y anaeróbico, es la clasificación más absurda e ilusoria que te puedas tirar a la cara.

Piensa en ello.

¿Hay una tendencia hacia cómo el cuerpo obtiene la energía? Sí.

¿Se pueden dividir claramente las actividades que solemos hacer entre uno y lo otro?

Mmm…

(Puedo asegurarte que puedes “hacer cardio” sentado en una máquina de extensiones de cuádriceps o “hacer fuerza” simplemente corriendo…).

3 Si te mueves, haces cardio.

Es inevitable.

¿O acaso puedes parar tu corazón?

Mmm…

¡Ahora!

¡¡Principios de la práctica de movimiento!!

1 Diversidad.

2 Complejidad.

3 Frecuencia.

Aplícalo también a la carga, el volumen y la intensidad de lo que hagas.

¡Boom!

Tienes el cardio cubierto sin pensar en ello.

Maneras no es que haya miles.

Es que las posibilidades son infinitas.

Y hablando de posibilidades, la que más te brinda en este sentido y con la que “cubro” lo del cardio mucho más que suficiente es esta:

Locomociones

​Esta olla nos ha salvado la vida (Receta incluida)

Tal cual.

La compramos hace cosa de un año.

No dejaba de recomendármela mi bro de fatigas cotidianas, Álex, que para estas cosas es un geek de la leche, y más si van de la mano de su pasión por la cocina.

«Píllatela, bro, que no te arrepentirás», insistía.

Yo me resistía un poco, porque pica un pelín.

Pero sin duda alguna, después de un año dándole caña, es una de las mejores inversiones que hemos hecho en la vida.

¿Por qué?

Bueno, ya sabes, que soy un tipo de lo más normal.

Así que estadísticamente lo más probable es que mi vida se parezca bastante a la tuya.

La agenda diaria cargadita.

Mil cosas por hacer.

La casa, la perra, la cría, la compra, el curro, el “entreno”, las relaciones, otros recados…

…y, cómo no, cocinar lo que comemos (por cierto, hábito número 1 para las cosas vayan bien en el “sentido dietético”).

Bienvenido a los malabarismos del circo de la mediocridad.

Total, que esta olla nos ha dado una vidilla brutal, en medio de tanto Tetris a toda pastilla.

La función que más uso es la de olla a presión.

Es una pasada.

Los domingos, a última hora, meto 1.5kg de carilleras de cerdo ibérico (o cualquier otra carne rica), caldo de huesos (que tengo congelado), las verduras que tenga por ahí y la programo 40 minutitos.

Pim, pam, pum.

En un momentito tengo el estofado listo, tan o más delicioso que cuando lo hacía con la CrockPot, pero programándola 6 horas…

Y mi mujer y yo tenemos el tupper de los mediodías de lunes, martes y miércoles.

Hala.

Liberación temporal y logística de campeonato.

Pero espera, espera.

Que no termina ahí.

El trasto tiene no sé cuántas funciones más.

Con esta misma olla puedes saltear, hornear, preparar cosas al vapor, cocer a fuego lento, hervir arroz en plan sushi, hacer yogur, deshidratar verduras y frutas, y hasta usarla como air fryer para hacer patatas o boniatos “fritos” sin apenas utilizar aceite.

De verdad que no te puedes ni imaginar el uso que le llegas a dar, cuando le coges el tranquillo.

Ni tampoco lo bueno que queda todo.

Los primeros meses hasta nos costaba creerlo.

Y yo le mandaba wasaps a Álex…

«Bro, he hecho el pollo rustido / el salmón con calabacín / el pastel de limón, y no veas… ¡Espectacular!».

Y todo con un solo cacharro.

Ojo al dato.

Solo con una herramienta.

No puedo evitar que se me vaya la olla… (yeeeeeseee chistecillo).

Y pienso en las Locomociones.

Cómo practicando solo una “disciplina” puedes sacarle jugo a tu movilidad, resistencia, fuerza (sobre todo de piernas), coordinación, equilibrio, memoria y un largo etcétera.

Y sin necesidad de más “cacharro” que tu propio cuerpo y un cachito de suelo.

Otro salvavidas temporal y logístico, vaya.

Por no hablar de lo rico que se queda el cuerpo.

Rober

PD: la olla es la InstantPot.

PD2: moverte liberándote de tiempo y logística con una sola herramienta multifunción. En el enlace.

Guía. Cómo resolver el problema de conciliación para moverte mejor

Este es, con diferencia, más allá de cuestiones específicas sobre movilidad, el problema sobre el que más preguntas me llegan.

Y mira que la solución es sencillísima.

Y mira que, aunque lo sea, es de lo que más cuesta aplicar.

De tanta basura que nos han metido en la cabeza.

Es tan habitual que seguramente tú también te lo preguntas a veces.

El problema sobre el que más me preguntan ronda lo que me pregunta Rosa, que (todavía) no ha hecho ninguno de mis cursos:

«Hola Rober,

Lo primero decirte que me encantan tus correos y tu libro y todo lo que explicas.

Cambiar mi mentalidad para aceptar y aprovechar mi “mediocridad” (es que esto me flipa) me ha ayudado mucho a no ser tan exigente conmigo misma, soltarme y querer jugar, que yo venía de mucho “hacer ejercicio” y ser muy cuadriculada y repetir siempre lo mismo.

El problema que me encuentro es que con tantas cosas por hacer y las posibilidades que explicas no sé cómo encajarlo en mi vida.

Con las niñas, el trabajo y más cosas es muy difícil sacar tiempo».

Bien.

Ahora que lo releo, aquí hay dos problemas, no uno.

El primero, al que me refería arriba, es una cuestión de conciliación.

Cómo explorar tanto, cómo moverte hacia la diversidad y la complejidad y la frecuencia con lo cargadas que están nuestras vidas.

Enseguida lo vemos.

El segundo, el que acabo de ver, es un lío del que tal vez yo mismo sea algo culpable.

¿Culpable por qué?

Por insistir tanto en lo del movimiento integrado.

Y como por cultura somos polares, binarios, pues creemos que “todo” tiene que ser movimiento integrado en el día a día.

Cuando yo nunca he dicho eso.

Ni tampoco hago eso.

Mira.

Hay una costumbre que pongo en el top de mis prioridades.

Algo que aconsejo sí o sí, si todavía no lo haces.

Reservar varios momentos de la semana para “hacer ejercicio” (pero sin hacer ejercicio).

Para practicar deliberadamente, para moverte intencionadamente hacia una dirección determinada, para aprender y desarrollar algo nuevo.

Hacer esto, guardar dos o tres o cuatro momentos “largos” e innegociables para ti y tu cuerpo es uno de los hábitos más importantes que deberías consolidar.

Fíjate que hasta he dicho deberías, que no lo digo nunca.

Y fíjate también que he dicho “practicar y aprender y desarrollar algo nuevo y moverte intencionadamente”.

Es justo en este tiempo cuando puedes dedicarte a completar uno de mis cursos, que es parte de la duda.

Sin este tiempo RESERVADO, es muy complicado aprender más sobre movimiento.

Ahora el primer problema.

Lo de la conciliación es más fácil de resolver.

MÁS ABAJO LO EXPONGO COMO UNA GUÍA,

pero puede llegar a ser algo como lo que me explicaba Jordi:

«Menudo cambio…

Después de muchos años sufriendo por cuadrarlo todo y como tú dices pelearme con la vida, estoy disfrutando de moverme.

Por las mañanas antes de llevar a mi hijo al cole hago algunas movilizaciones.

Después, antes de recogerlo paro en el parque un rato y practico unas cuantas Locomociones.

Y algunas tardes, si me sale algún hueco, aprovecho para meter cositas de Invertidas y la parte de verticales de La Práctica.

No me lo pasaba tan bien desde que era niño.

No sabes lo agradecido que me siento. Mil gracias».

La guía, entonces, son dos pasos:

1. Aprender nuevas habilidades, direcciones, temáticas, disciplinas…

Si no hay habilidad, no hay posibilidad, no hay movimiento, solo ejercicio.

(Para esto sí necesitas tiempo “extra” reservado para ti, como comentábamos, insisto).

2. Integrarlo en el día a día, aquí y allá. Cuanto mayor y más diverso sea tu repertorio, más vas a disfrutarlo.

Claro, para el segundo punto “hacer ejercicio” programado y tal no sirve, porque no es suficientemente flexible y suele requerir de logística, material, un “programa”, etc.

Por no hablar de la repetición exhaustiva.

Es mucho más factible y viable contar con el mayor número de herramientas y recursos posible que te permita explorar y jugar y moverte de manera diversa y compleja.

Pues eso.

Cuando aprendes cosas puedes usarlas a tu antojo.

Y entonces conciliar el movimiento en tu vida, incluso lo más “chachipiruli” (e igualmente mediocre), es mucho más sencillo.

Y ni te peleas ni necesitas «programas»,  y te sientes mejor y de lo que te pasa en el cuerpo mejor ni hablamos porque es brutal.

¿Por dónde empezar?

Por lo que te va a dar más posibilidades y representa un mayor cambio para tu movimiento (y movilidad y resistencia y coordinación y…), sin duda:

Locomociones

Rober

PD: Primero aprendes intencionadamente durante 12 semanas, con 2 sesiones a la semana. Luego lo usas integradamente o cómo te dé la gana el resto de tu vida. Arriba.

​Una fisio critica mi curso

Podría habérmelo tomado mal.

Ella se llama María.

Forma parte del Goigroup.

Ese equipo de fisios y neuros y más cosas que siempre recomiendo cuando aparecen cuestiones de dolor.

Hace un tiempo completó uno de mis cursos.

No lo hizo solo para ella misma, sino para aplicar cositas que aprendió allí con sus padecientes y alumnos.

Que lo que hay dentro tiene tantísimas aplicaciones…

Cuando terminó, hablamos un rato.

Y en plena conversación, me suelta con actitud algo gruñona (pero con cariño):

–Verás, Rober. Es que yo el curso lo he hecho, pero no tal cuál lo propones tú. He ido un poco a mi bola. ¿Para qué tanta pauta? Es que a mí lo de la estructura me agobia un poco…

Luego yo le contesté.

Y después ella a mí.

Ahora lo vemos.

Bien.

Antes de nada, contextualicemos.

La gran “gracia” de cómo trabaja esta goigente con el dolor es que te lo destrozan todo.

Todas las creencias, todos los mitos, todos los relatos.

Y también todas las pautas.

Especialmente las que proponen todos esos expertos que fragilizan al ser humano y promueven que el dolor tiene como causa… no sé… una compensación, el chocolate, una inflamación, una “mala” postura, el estrés, que el sacro está “bloqueado”…

En fin, que muy amigos de las pautas no son.

¿Por qué?

Porque al final, en realidad, detrás de cada pauta hay dependencia, obediencia, necesidad de permiso y supervisión, miedo a “saltarse las normas” y tal.

Así que María y pautas… pues como que no.

Sigamos…

¿Qué hice yo?

Primero, reconocerlo.

Locomociones no es que esté lleno de pautas.

El curso es una gran pauta en sí mismo.

12 semanas.

24 sesiones.

Y alguna extra.

Cada una programada al detalle.

Tutoriales de 5 minutos hipermeticulosos.

Ahora haz esto, luego esto otro y después esto otro.

Tantas veces, tantos pasos, tantas series.

Así, siguiendo un plan, una pauta, una rutina, un programa, una estructura, te pasas 3 meses.

No quiero que pienses.

Solo que actúes, que te muevas.

Todo pautado.

Lo reconozco.

¡Ahora!

Dentro de tanta pauta, hay otras dos pautas que “no se ven”.

La primera es el propio proceso de aprendizaje.

Seguir tanta pauta no es un capricho para que sigas “mis” pautas.

La pauta la usamos como herramienta no para que luego repitas la pauta puatadamente, sino para que adquieras conocimiento y el cuerpo se adapte al estímulo que le estás dando, poquito a poquito, sin prisas.

Incluido también el desarrollo de la fuerza, la movilidad, la coordinación, el equilibrio, la memoria, la habilidad de secuenciar.

La segunda es que dentro de esas pautas sesión a sesión, hay una que se diferencia claramente de las demás.

Es una invitación, un empujoncito, cierta “presión”…

…para que día a día te sueltes, te dejes ir, te animes a improvisar.

Vaya.

Un “entrenamiento pautado” para que no sigas ninguna pauta.

Paradójico, ¿no?

Bienvenido a la realidad que se esconde tras la Matrix del movimiento.

–María, mira. Es que soy especialmente consciente de que la gente lo hacemos casi todo pautado. Los horarios, el trabajo, las comidas… No puedo aparecer directamente y cargarme todas las pautas. Por eso pauto tanto. Y, al mismo tiempo, también pauto saltarse la pauta, jeje.

–Sí, sí. Si estoy totalmente de acuerdo y lo entiendo. Y el curso me ha encantado. Solo era una confesión personal, que me he saltado tus pautas.

–¡Pero si eso es lo que quiero! Que todo el mundo se las salte, ¡jaja!

Y fueron felices y comieron perdices.

El curso pautado durante 3 meses para que sigas las pautas o para que no las sigas y sobre todo para que al final hagas lo que te dé la gana con tu cuerpo de tantas cosas que has aprendido y cualidades y habilidades que has desarrollado es este:

Locomociones – Muévete con inteligencia y disfruta de un cuerpo hábil

Rober

PD: con una “pauta” extra, mi soporte directo si lo necesitas, en texto y en vídeo. En el enlace.