Ni tienes que moverte ni tienes que hacer ejercicio

Todos esos mensajes son, simplemente, mentira.

No “tienes que” estirar. No “tienes que” entrenar la fuerza. No “tienes que” hacer cardio.

No “deberías” hacer deporte, halterofilia, yoga, escalada, fitness, verticales, parkour, Pilates, malabares, carreras, imitar movimientos animales con flow.

Mi abuela no lo ha hecho nunca y ahí está.

No tienes que moverte.

No tienes que hacer ejercicio.

La obligatoriedad, el deber, la imposición, incluso la supuesta necesidad, teniendo en cuenta la paradoja de la necesidad innecesaria de moverte, a largo plazo se convierten en el peor de los enemigos, siempre.

Es más, chocan de frente con la autonomía, la independencia, la libertad que puede ofrecerte una práctica de movimiento diversa. Si “tienes que” o “debes” moverte, no disfrutas de cierta libertad de movimiento, sino que terminas siendo un esclavo.

Vamos a plantearlo de otra manera.

· No tienes opción. Si estás vivo, te mueves… aunque tu movimiento solo sea respirar y deslizar el pulgar sobre una pantalla. Si no te mueves, estás muerto. Entonces, mientras vives la diferencia reside en cómo te mueves.

· Cambia el “tener que” o el “deber” por “poder”. Lo aprendí de Frank Forencich. Después se sumaron al carro Ido Portal, Jon Yuen y otros muchos. PUEDES MOVERTE, sin más. ¿No es motivación suficiente? Ya lo echarás de menos cuando te duela la espalda o te rompas la cadera, y realmente no puedas hacerlo.

Así, si puedes moverte:

1. Celébralo moviéndote. Poder hacerlo es un regalo. Habla un rato con alguien que no puede de verdad.

2. Todos los supuestos tienes que, debes o necesitas se convierten en posibilidades. Explóralas. Si no lo haces, cada vez podrás menos. Hasta que no puedas ni agacharte, ni levantar los brazos por encima de la cabeza, ni respirar.

3. Si vas a explorar posibilidades y, por tanto, no vas a especializarte, asume tu mediocridad. Nunca vas a ser excelente en nada. Un buen momento para preguntarte un par de cosas. ¿Qué tiene de malo no ser excelente? ¿Quién te ha inculcado que “tienes que” o “debes” serlo, y con qué propósito?

Y al final, como ya sabes que puedes moverte, la cuestión no es si puedes hacerlo.

La pregunta es: ¿quieres?


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