La causa número 1 de la falta de progreso en la práctica de movimiento

Hace unas tres semanas, en mi día de descanso y aprovechando la última semana de verano en Barcelona (aquí suele ser a finales de octubre), mientras jugaba en la playa con mi perra intercalando algunas pruebas aleatorias con mis verticales, se me acercó un tipo, por su acento creo que griego o de por ahí, y me preguntó sobre el handstand y cómo conseguir equilibrarte fuera de la pared.

Mientras yo le daba una beach express masterclass (esto tengo que patentarlo), mezclando un poquito de teoría con unos cuantos ejercicios prácticos, el hombre, de 51 aunque aparentaba bastantes menos, me explicaba que llevaba seis años practicando yoga, calistenia y verticales.

Según él, sus avances en yoga y calistenia habían sido muy buenos. En cambio, las verticales no había conseguido sacarlas de la pared, ya que ni sabía montarlas bien ni era capaz de sostenerlas cuando alguna vez las metía de pura chiripa.

Después de verle hacer un par de cositas, era evidente que aclarar algunos conceptos técnicos se hacía necesario, algo que comprendió enseguida, sobre todo al diferenciar lo que es una banana de una vertical vertical, o sea, una vertical.

Sin embargo, no ser consciente de esos matices no era lo que frenaba su progreso. Al fin y al cabo, hay quien puede montar y sostener bananas tranquilamente y por mucho tiempo (aunque sean un poquito menos eficientes que las verticales verticales).

Casi al final de la conversación, me dijo:

–Vale, bien, ya lo entiendo todo. Codos bloqueados, hombros arriba, costillas adentro, culito activo… Todo lo más alineado posible.

Y siguió:

–Solo una duda más. ¿Cuánto tengo que practicar? ¿Cuántas veces a la semana hago estos ejercicios?

Yo, con toda la cara de buena persona que pude poner, le respondí:

–Cada día.

Levantó las cejas.

–Bueno, cada día no. Seis días a la semana.

Nos reímos los dos.

–En serio. Practica tan a menudo como te sea posible y toleres mientras no estés muy cansado. La constancia es la clave. Vale mucho más la pena y te dará más resultados practicar todos los días 20 minutos que hacerlo un par de veces a la semana durante una hora.

La causa número 1 de la falta de progreso en la práctica de movimiento

Es algo que llevo observando desde hace unos quince años.

Al grano…

Si piensas que vas a progresar moviéndote, entrenando, haciendo ejercicio o como lo quieras llamar, en fin, practicando un par de días a la semana lo que sea, olvídate.

Y esto no se reduce a algo tan técnico como las verticales de la fábula.

Está claro que, dependiendo de un montón de aspectos, como tu propio contexto (estado de forma, edad, biografía, antecedentes, lesiones) o la disciplina o cualidad que quieras desarrollar específicamente, la frecuencia de entrenamiento/movimiento va a variar ligeramente para que sea óptima, no tanto porque deba ser algo fijo (las recetas exactas no existen), sino porque va a tener mucho que ver con tu capacidad de recuperación, que a su vez determinará tu ritmo de asimilación y adaptación.

Pero, por lo general, ya sea que quieras mejorar tus capacidades (fuerza, movilidad, resistencia), tus habilidades (cualquier gesto, patrón, ejercicio o elemento específico de una disciplina) o tu movimiento integrado (cuánto te mueves desde que te levantas hasta que te acuestas), la constancia, la persistencia, la consistencia, la perseverancia y cualquiera de los sinónimos que se te ocurran e impliquen una frecuencia de moderada a alta de práctica son la clave de tu progreso.

¿Acabas de salir de la jaula del sedentarismo y quieres mejorar tu estado de forma general? Un par de días a la semana de gimnasio te funcionarán al principio, tal vez, porque vienes de la nada y tu cuerpo solo puede hacer que progresar, pero a la larga vas a tener que hacer ejercicio más a menudo.

¿Quieres más movilidad? Vas a tener que movilizarte a diario, además de trabajar tu movilidad intensamente al menos dos o tres días a la semana.

¿Quieres ganar fuerza? Tal vez te basten un par de días a la semana, pero vas a tener que ser muy constante durante meses y cumplir estrictamente con tu planificación y programa, por no hablar del trabajo accesorio que necesitarás intercalado entre sesiones específicas.

¿Quieres aprender a hacer la vertical, o malabares, o locomociones y flows por el suelo? Vas a tener que practicar, ni que sea por un ratito, casi todos los días de la semana durante semanas.

De hecho, aún eliminando toda la información, la teoría, la técnica, la verborrea, ser constante y practicar con mucha frecuencia algo, lo que sea, te garantiza más progreso que lo contrario, atiborrarte a información y transpirar poco.

Fíjate en un/a niño/a.

¿Cómo lo hace para, por ejemplo, aprender a caminar?

¿Estudia la biomecánica de la marcha, la física del equilibrio, los principios de la eficiencia postural?

¿Pasa horas planificando y programando su “rutina para caminar”, o informándose sobre la evidencia científica de los mejores métodos para conseguirlo?

¿O experimenta, prueba, practica constantemente durante horas, a diario?

Está claro que tú no tienes 11 meses y que no puedes enfocar las cosas igual.

Además, toda esa información y cómo plantees sobre el papel tu entrenamiento es útil, puede servirte de mucha ayuda para allanar el camino y no tropezar una y otra vez con la misma piedra (en el cuento de más arriba, por ejemplo, la banana).

Así que, como persona adulta, la combinación coherente entre teoría y práctica es ideal.

Eso sí, siempre que la práctica pese mucho más en la balanza. Y mucho es mucho.

¿No progresas en tu práctica o tu entrenamiento?

El primer factor, el eslabón más débil de la cadena a tener en cuenta fundamental y habitualmente siempre es el mismo.

¿Cuánto entrenas, practicas, te mueves?

¿Eres constante, perseverante, consistente?