La intrigante habilidad que más envidio de los niños

Hay una habilidad que tienen los más peques que se ha convertido en mi obsesión de investigación personal.

Llevo como un año con ello, más o menos.

Al caminar, al correr, al invertirme, al girar, al rodar, al bailar.

Al deslizarme y equilibrarme y pivotar y saltar también.

Y ahí seguimos, “batallando”, muy mediocres.

Desde luego, los límites que nos vamos imponiendo conforme crecemos nos hacen pagar un caro peaje ya de adultos, cuando queremos recuperar una habilidad que adquirimos de pequeños -y que perdemos por falta de exposición.

Al mismo tiempo, como siempre, lo más difícil, aquello en lo que somos más malos, marca la X en el mapa del tesoro.

Es donde está la chicha, el estímulo, el margen de mejora, incluso la motivación infinita.

Al fin y al cabo, cuando utilizas la curiosidad como motor primario de tu movimiento, justo igual que hacen los niños, de lo de la motivación te puedes despreocupar. Viene sola.

Y, afortunadamente, hay una manera de aproximarse a esta habilidad tremendamente factible para un adulto que quiere recuperarla.

Cómo no, mi principal maestra es Abril, mi hija.

Si no tienes peques en casa, puedes aprender observando a otros.

Bueno, corrijo.

La primera lección la puedes aprender observándote a ti mismo.

Primero hazlo en lo cotidiano.

Especialmente cuando caminas por la calle.

También cuando te agachas y te incorporas, sea por el motivo que sea.

O incluso cuando te sientas y te levantas de un asiento.

Después hazlo al practicar cualquier tipo de actividad física, disciplina, deporte.

Puedes hacerlo al correr.

También al saltar, en cualquier momento en que transites hacia el suelo, al practicar yoga o Pilates.

O cuando “haces ejercicio” simplemente, ya sean algunos estiramientos, una sentadillas, levantar algunas pesas.

La pregunta clave al realizar cualquiera de estas tareas es:

¿Dónde miras? ¿En qué punto fijas tu mirada?

Si prestas atención, verás que la mayor parte del tiempo tu mirada va hacia el suelo.

De este hecho deriva otra pregunta que enseguida te planteo.

Luego observa a los peques.

Yo observo a Abril.

Y desde que empezó a caminar hace eso que me intrigó tanto en su momento.

A menudo hasta me da un poco de yuyu.

Parece la niña del exorcista.

La tía, como el resto de peques, tiene una habilidad espectacular:

Es capaz de moverse por el espacio libremente, con soltura, sin tensiones ni fricciones, como relajada, esquivando todos los obstáculos.

Esta no es la habilidad.

La habilidad es que lo hace sin mirar.

Maticemos: sin utilizar el suelo como referencia visual.

Si lo hace, es solo por un nanosegundo.

Lo suficiente para mapear el entorno, resituarse en el escenario y continuar.

Confiando intuitivamente en su memoria espacial, su propiocepción y su visión periférica, se mueve “sin mirar”.

Con tal habilidad que hasta es capaz de caminar alejándose de mí, con paso firme hacia el frente, mientras retuerce la cabeza como Chucky para seguir mirándome fijamente.

Puedo asegurarte que el 99% de los adultos perderíamos la orientación, la trayectoria y tal vez el equilibrio a los pocos segundos.

Ella, que todavía no ha cumplido los dos años, puede caminar así cincuenta metros en línea recta, tranquilamente.

Yo, mientras tanto, sufro más que ella. Mi cabeza no para de bombardearme “se va a meter una hostia; se comerá ese árbol; se tropezará y se partirá los dientes; se va a matar”.

Curioso.

Desde un punto de vista evolutivo me pregunto, por ejemplo, el papel que jugó esta habilidad siendo adultos en episodios de caza o persecución por terrenos irregulares, plagados de obstáculos y desniveles.

Ahora mismo mis inquietudes giran en torno a cuánto afecta la pérdida de esta habilidad en esa tendencia que tenemos prácticamente todos de anteriorizar el cuello, la cabeza y los hombros, chepar la espalda y llevar el cuerpo inclinado hacia delante.

Con todo lo que implican estos vicios.

El consejo/reto que no me has pedido:

En todas esas acciones y tareas que observes y te des cuenta que estás fijando la mirada en el suelo sin tener la necesidad, trata de no hacerlo y llevar la vista al frente.

Al mismo tiempo, presta atención a cómo se está moviendo tu cuerpo con este ligero cambio.

Lo normal es que al principio se muestre despistado.

Cuando le pilles el truco percibirás que se mueve, que te mueves mejor.

Si quieres empezar a recuperar esta habilidad de forma más intencionada, hay una práctica que también funciona muy bien en este sentido.

 “Te obliga” a observar tu entorno, tu escenario de manera diferente. Del revés.

Algo que cambia completamente las reglas del juego de cómo utilizas tu mirada y, sobre todo, de cómo te mueves.

Es este: Invertidas – El arte de moverte bocabajo

Rober

PD: la segunda pregunta es… ¿Podrías hacer lo mismo sin mirar hacia el suelo? Hazlo.

PD2: una bonita manera de practicar lo de “no mirar” y ser mucho más hábil al moverte, en el enlace.