Advertencia: si tienes una vida de alta demanda sin hijos, este capítulo seguramente no te interesa tanto…
Este es el octavo capítulo del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).
Tienes toda la información del proyecto en su página de presentación e índice.
Puedes participar activamente en los comentarios. Consulta las bases del enlace de arriba.
Nada nuevo bajo el Sol…
En padres y madres, entre otras cosas, en términos de movimiento sobresalen dos preocupaciones:
- Cómo narices nos lo montamos para movernos más y mejor, con todo lo que conlleva ser papi o mami (cosa resuelta en los primeros capítulos de este proyecto).
- Cómo narices nos lo montamos para que los peques se muevan más y mejor, con todo lo que «cargamos» ya en nuestra vida cotidiana.
Este planteamiento «separado», como todo lo que se separa, como lo de separar el movimiento del resto de nuestra vida (error garrafal derivado del encabezonamiento descrito en el Capítulo 1), ya forma parte del propio problema, de la preocupación no resuelta.
Pero no adelantemos acontecimientos…
PRE-RESPUESTA RÁPIDA
Antes de atacar el tema y hablar de esta parte de mi práctica, la más bonita sin duda alguna, no puedo dejar pasar la oportunidad de comentar algo que he observado desde siempre.
De hecho, es una manera de abordarlo que puedes extrapolar a todos los ámbitos de tu vida, gracias a la implementación de la «vía negativa» popularizada por el ensayista Nassim Taleb.
Y cuanto antes lo hagas y cuanto más peques los pilles, mejor.
Tus criaturas no necesitan ni promoción ni intervención ni instrucción.
Afortunadamente (y evolutivamente) se pueden apañar solitos.
Siempre y cuando apliques esta vía negativa, claro.
El principal problema en el desarrollo de la fisicalidad de los más pequeños hoy en día no es la falta o necesidad de pauta.
Es lo que sobra.
Obstáculos tanto materiales (un entorno hostil para el movimiento, que no lo facilita) como atencionales (todos sabemos de que estamos hablando…) y conductuales (creencias, miedos, proteccionismo).
Si evitas los obstáculos, si los quitas de en medio para que no entorpezcan el movimiento, el 90% de la cosa va sola.
Detéctalos y fuera.
**Y, de hecho, muy a menudo el intervencionismo, el «estímulo» es un obstáculo más, a pesar de que sea con la mejor de las intenciones. Ojo con esto.
DAR EJEMPLO… O NO
Luego, cómo no, están las contradicciones.
Es como lo de gritarle a tu peque «¡No me grites!».
No dejarle el móvil mientras tú te pasas todo el día enganchado.
O soltarle un guantazo mientras le dices «Que sea la última vez que pegas a tu hermana».
Dar ejemplo, ser un ejemplo de movimiento, en movimiento es primordial.
Obvio.
Pero fíjate en una cosa.
Algo en lo que llevo insistiendo desde el primer capítulo.
Estamos hablando de una práctica de movimiento o, si lo quieres llevar un poco más allá, una práctica de vida, que en realidad es lo mismo.
Moverse y vivir, digo.
Si tú no te mueves, a la larga, tus peques tampoco lo van a hacer.
¡Ahora!
Hablamos de contradicciones, paradojas, dar ejemplo…
Dar ejemplo en modo «ejercicio» (no pienses en los ejercicios, quiero decir en la forma convencional de enfocarlo…) conlleva un GRAN problema.
La expectativa.
Ya lo sabemos. Moverse y vivir es lo mismo. Si como movimiento solo te ejercitas, pues así vives. Y «hacer ejercicio» suele apoyarse en expectativas, objetivos, metas, para ques. Para el rendimiento, para la estética, para la salud.
Entonces… Si no das ejemplo por el simple hecho de dar ejemplo (moverse por y para moverse, sin más), es decir, si metes de por medio la expectativa y das ejemplo para intervenir en su movimiento, si das ejemplo para que ellos se muevan más, si das ejemplo centrándote en un deseo futuro ya no «tuyo» (para tu cuerpo, en plan «objetivo»), sino para el cuerpo de otro…
…uff.
Cuánto puedes estar cagándola y cuánto puedes llegar a sufrir.
Cagándola porque no le estarás dando ejemplo de movimiento, sino de ejercicio. El peque no es idiota y, aunque no sea adulto, sabe que hay un para orientado al futuro, cuando su cuerpo (todavía y por suerte) no entiende de movimiento en estos términos temporales. ¿Estás seguro de querer domesticarle en este sentido «cerebral» y que se mueva alejándose cada vez más del ahora corporal?
Y sufrir porque… bueno… es que esto se suele hacer evidente sobre todo en la adolescencia… Esforzarte, intervenir, dar ejemplo concienzudamente, disciplinadamente… y que te salga el tiro por la culata y tus hijos cada vez se muevan menos y luchar y forzar más la situación y pelearte con tus hijos y con la vida y que te salga peor todavía y sufrir más y más y más.
Como en tantos otros ámbitos de la vida, olvidaste que tu criatura (ya no tan criatura) se está convirtiendo en una persona adulta independiente (si le dejas, claro) que tiene todo el derecho de hacer con su vida lo que le dé la p*ta gana.
A menudo me escriben padres y madres preocupados por sus hijos adolescentes en este sentido…
…y se sorprenden de mi respuesta:
No pasa nada. Tú a lo tuyo. Obsérvalo, acéptalo, compréndelo y sigue con tu práctica de movimiento.
¿No se mueven? Está todo bien. No hace falta intervenir. «A partir de mañana vienes conmigo al gimnasio». «Tendrías que moverte más, hacer algo de deporte». «¿Por qué no te apuntas con Pepito a pádel? Te lo pago yo». Los dos lo vais a pasar muy mal.
Puede doler, puede preocupar, puede fastidiar. Esto también está bien. Aceptar no es resignarse ni negar la intuición de un problema a futuro. A la vez, empieza a no ser «tu» problema. Si para ellos algún día resulta en un conflicto, ya se apañarán.
Cuanto más ejemplo les hayas dado sin intención de darles ejemplo, más posibilidades y recursos tendrán en su caja vital de herramientas en el momento de volver a moverse… si un día deciden por sí mismos hacerlo.
Tú a lo tuyo…
LO MÁS BONITO DE ESTA PRÁCTICA
No cambia mucho, en realidad, de lo que hemos visto entre los capítulos 1 y 7.
Siempre es lo mismo… y nunca es lo mismo.
Parar, observar, ver.
Ser consciente en movimiento.
Darse cuenta e incluso aprender de ellos, de cómo se desarrollan (sin «hacer ejercicio», por cierto).
Y DEJAR DE SEPARAR tu movimiento de su movimiento.
(¿Integrar?).
Detectar, por ejemplo, esa «necesidad» de tener tiempo para entrenar y moverte en solitario, cuando puedes hacerlo junto a ellos perfectamente.
Claro, tu cabeza es presa de los objetivos, los resultados, las expectativas, lo que quieres conseguir.
Los peques te molestan, te distraen, te entorpecen, no te dejan «progresar»…
Y no te das cuenta de las barbaridades que llega a elucubrar la mente al respecto.
Y no te das cuenta de que moviéndote, moviéndote sin más, quiero decir, aunque no sea en «perfectas» condiciones, ya estimulas, ya avanzas, ya progresas, ya consigues lo único que realmente necesitas hoy, que es seguir en movimiento.
Y no te das cuenta de que el tiempo pasa, ellos también se mueven (no solo en el sentido «mecánico»), y te lo estás perdiendo.
En definitiva, ejercitarte de forma separada y orientada hacia el futuro sin la presencia de tus hijos no tiene nada que ver con moverte de manera integrada y centrada en el presente con ellos.
Y es, permítanme el romanticismo, algo precioso.
Lo más bonito de esta práctica, la de ahora.
—Ya, Rober, muy Mr.Wonderful. Pero tú mismo dices que te gusta y te va bien y es interesante practicar intencionadamente en solitud.
Por supuesto, y lo hago tanto como puedo. Una cosa no quita la otra. Son maneras absolutamente compatibles.
Lo que estoy diciendo es…:
- Que en el 99% de los casos, lo único que necesita un crío es que el movimiento se integre familiarmente en su vida.
- Que el movimiento integrado con críos es otra gran práctica de movimiento, una más, que te puede nutrir, de la que se puede aprender, y que se puede disfrutar de la leche.
…siempre y cuando se practique desde la conciencia, la coherencia, el movimiento presente.
Son todo posibilidades.
Pronto termina este proyecto, con el Capítulo 9.
Si tienes cualquier duda que quieras que responda, déjala en los comentarios (según las bases del proyecto, ya sabes).
Notificaré mis respuestas en público y por correo —si quieres estar al tanto, suscríbete a mi lista de correo aquí.
Rober Sánchez
Carlos tiene 7 años y hace una sentadilla profunda de 10. Llamo a Fernando de 13 y le digo: «Mira Fernando lo que hace tu hermano» el trata de imitarle pero levanta uno de los talones. Les digo: «Veis hijos, lo que hace estar sentado todo el día?»
Fernando lo pilla, Carlos aún no … Es muy pequeño
Me pongo a hacer dominadas cuando ellos están en casa… Cinco, ni una más ni una menos. Carlos: «Buah, yo no llego a esa barra» Fernando, el de 13, «Alaaaa papá.. Cuantas haces?» Ya se por donde va, a visto a chicos en la calle haciendo dominadas como si no hubiera un mañana. Yo le digo, en casa y cuando pasamos por una estación de calistenia en plan «Pequeño saltamontes» ,»mira Fer, no consiste en hacer muchas dominadas, consiste en hacer pocas pero bien, Rober, mi profe de Barna me enseñó que la verdadera fuerza escapular y dorsal que es la que te hace que la barbilla supere la barra debe hacerse aguantando un segundo arriba del todo y un segundo abajo del todo. Si yo hiciera lo mismo que esos chicos lo más seguro es que al final abandonaría porque sería alimentar mi ego. Y lo malo de alimentar tu ego es que siempre llegará alguien que haga más que tú y terminarás mentalmente machacado diciéndote a ti mismo que no te esfuerzas lo suficiente. Y no se trata de eso. Papá hizo su primera dominada a los 51 años cuando tú solo tenías 11 añitos. Dos años después sigo haciéndolas, a mi ritmo, sin marcas, por qué a Papá lo que le interesa es seguir haciéndolo sin que nadie le desmoralize, incluso cuando tú hayas tenido tu primer hijo a Papá le gustaría todavía poder hacerlas»
Esto de predicar con el ejemplo espero sea lo mejor … Lo veré dentro de 10 años. Pero una cosa está clara, todavía no se me han olvidado los mejores consejos que me dió mi Padre. Espero que sea así te en mis hijos
Julio, qué decir. Siempre me repito contigo: tú partes con ventaja; eres un alumno «avanzado» 😉
Estoy convencido de que sin que tú «pretendas» nada, tus hijos están absorbiendo cantidad de sabiduría para la vida, cada cual a su manera, por supuesto.
Un abrazo!