Cómo moverte con desgaste articular crónico

Dudas recurrentes.

Las de los desgastes (sea lo que sea esto…).

O incluso las “lesiones crónicas”.

En las rodillas y en los hombros.

En la C5 y en la L3 y en la S1.

Y también con itis y osis y hernias y todas las etiquetas que quieras ponerle.

Que, ojo, son bien válidas, ¿eh?

Yo, cuando me las han puesto, las tengo en cuenta.

Pero vaya, que son nombres y adjetivos.

La gran pregunta la respondo al final.

(Cuidado también con la posdata para cuando estás muy chungo).

Las cuatro minidudas más repetidas:

1

¿Puedo hacer el curso si tengo X desgaste, lesión, condición semejante, edad “avanzada”?

Sí.

De hecho, si el movimiento no es protagonista de tu vida y andas con estas historias, yo diría que tienes todavía más motivos para consolidar las bases, conocer tus articulaciones en movimiento al detalle y nutrirlas a diario, en tu día a día.

O, por vía negativa, si no haces nada con ello y sigues igual, eso irá a peor seguro.

2

¿Podré hacer todo lo que propones en el curso?

No lo sé.

Futurólogo no soy.

Pero como estamos en contacto vía Telegram y nos vemos en directo en las reuniones, todo se puede ir adaptando.

Y atención al punto 3.

3

Pero si no puedo hacerlo todo, ¿no lo estaré desperdiciando?

No.

Porque, por un lado, la idea es adaptar la cosa a tu situación actual y conocer el camino progresivo para poder hacerlo en el futuro.

Y, por otro lado, aprender sobre cómo se mueve TU cuerpo (no el cuerpo) en un momento dado, sea el que sea, y saber cómo responder de manera autónoma.

Ahora mismo estar “fastidiado” puede ser hasta una ventaja.

Si aprendes a encajar el movimiento sin estar al 100% (cosa que, por cierto, ocurrirá más veces a lo largo de tu vida), imagínate cuando lo estés.

4

¿Mi condición X mejorará? ¿Me servirá para recuperarme/rehabilitarme?

Tampoco lo sé.

No es el objetivo del curso.

Especialmente lo de recuperar o rehabilitar (no es mi trabajo y no estamos aquí para eso; búscate un fisio).

El propósito es que:

  • Desarrolles tu conciencia articular.
  • Puedas y sepas mover hábilmente tus articulaciones, con libertad y confianza.
  • Traslades dicho movimiento articular a tareas de movimiento básicas para el ser humano, aplicadas especialmente en el día a día.
  • Te liberes de la obligación de “hacer ejercicio”, sobre todo “estiramientos”.

En definitiva, es un curso de movimiento, no de “mejora de condición X”.

*Ojo, cuando implementas lo de arriba, esas cosas suelen mejorar espontáneamente como consecuencia natural del propio movimiento consciente y frecuente.

Y LA GRAN PREGUNTA

¿Cómo moverte cuando arrastras un “desgaste” o “lesión crónica”?

Conyo…

Pues exactamente igual que como te moverías sin tenerla.

Con conciencia.

Con conocimiento.

Con coherencia a lo que te diga el cuerpo en el momento presente según su estado actual.

Siempre es justo esto.

Hoy, mañana, dentro de cinco años.

Estés al 100% o no.

Claro…

Solo lo puedes hacer si sabes hacerlo.

Cosa que la basura de educación física que hemos recibido no nos ha enseñado.

Justo por eso, este es un curso para aprender, para ahora y para el futuro.

Para cualquier cuerpo y para un mismo cuerpo en distintos estados y momentos.

Movilidad Natural

Rober

PD: no sé si esto lo has pensado….

Pero el cuerpo siempre cambia, se transforma, se mueve conforme pasa el tiempo.

Como pretendas ceñirte a una fórmula, una receta, una pauta “para toda la vida”… la vas a cagar bien gorda.

Mejor aprende y desarrolla sistemas, estrategias, recursos que puedes adaptar a cualquier situación y condición, digo yo.

PD2: si estás muy pero que muy chungo, es decir, incapacitado, mejor recupérate y espera a otro grupo. Pero vaya, que estamos hablando de «desgastes» y esas otras cosas. Con la tibia rota o un hombro destrozado, mejor que no. En el enlace.

No entiende lo del amanecer y la antidisciplina

«Rober, no entiendo lo de tu vídeo del amanecer y tu pregunta, y menos lo de #antidisciplina»​.

Esto me enviaba Juan por privado al ver una de mis infrecuentes stories de Instagram de este verano.

Eran algo antes de las 7.

Ya lo he hecho otras veces este año.

Un par, diría.

Ver el amanecer no –esto muchas más, afortunadamente.

Grabarlo y publicarlo, digo.

Prueba de que soy tremendamente indisciplinado con las redes sociales y por eso me va tan mal en la vida y tal –¡juas!

Lo de verlo lo hago en verano (casi) cada día, porque no me ocupo de Abril por las mañanas, que es cosa de Meli.

El resto del año mi mujer sale de casa a las 7:30 y solo puedo verlo los fines de semana.

Y no me cuesta.

Nada.

De ahí la pregunta que emergía espontáneamente:

¿Te imaginas una vida en la que esto requiriese esfuerzo, sacrificio, disciplina?

Esto es:

Levantarte sobre las 6 y subirte a la bici.

Pedalear tranquilamente hasta la playa.

Y ver cómo sale el Sol, primero bien rojo, luego naranja.

Mientras el mar está como un plato y solo se escuchan las diminutas olas de la orilla.

Otra forma de pregunta:

¿Cómo es posible que actuar así y presenciar algo así requiera esfuerzo o disciplina?

No es una pregunta para sentirse culpable por no ver el amanecer o hacerlo a base de sacrificio.

Es una pregunta para investigar(se).

Para indagar(se) y explorar(se) y conocer(se).

Insisto con más detalle:

¿Por qué el ser humano puede haber alcanzado un punto en el que para “madrugar” y disfrutar del amanecer en la playa tranquilamente “tiene que” hacerlo a base de sacrificio, disciplina, esfuerzo en un momento dado?

Bien.

Puede parecer una chorrada como un templo.

Pero cosas así, si te las tomas mínimamente en serio, tienen taaaaanta chicha.

Respecto a lo que nos movemos a diario también se puede investigar muchísimo.

Da, como mínimo, para 13 semanas.

Y para el resto de la vida, porque no sé si te habías dado cuenta de que vivir y moverse son la misma cosa.

Cuando esto lo ves con claridad y lo comprendes corporalmente, lo que necesitas y QUIERES moverte cae por su propio peso, sin disciplina de por medio.

Las 13 primeras semanas exploras propuestas para saber cómo hacerlo a tu manera.

Luego lo sigues desarrollando durante toda la vida.

En Movilidad Natural, digo.

Rober

PD: no es misticismo, sino todo lo contrario. Que vives en un cuerpo en movimiento es la verdad más terrenal a afrontar a diario. ¡Qué vida poder vivirla con curiosidad, confianza y vitalidad! En el enlace.

Qué hice los primeros 13 años de mi carrera laboral

Te cuento esta historia personal no por egocentrismo, sino para que extraigas seguramente una de las mejores lecciones de movimiento.

Quizás la más importante.

La que puede darle sentido a tu práctica de actividad física cuando va a la deriva.

Porque me pasé 13 años haciendo prácticamente esto mismo cada día, cada semana, cada mes.

Machaconamente.

Estoicamente.

Más o menos como lo de hacer burpees uno detrás de otro.

O acumular segundos y minutos y horas haciendo planchas abominables.

*Madre mía a qué punto ha llegado la humanidad…

Verás.

En 2002 empecé a trabajar en gimnasios como técnico de sala de fitness y profesor de Pilates.

En 2004 pasé a ser entrenador personal y seguí con las clases de Pilates “premium”, para grupos reducidos.

Trabajaba al mismo tiempo en un gimnasio gordote de Barcelona, para una empresa farmacéutica todavía más gorda y para particulares.

En 2007 abrí mi propio centro de entrenamiento personal.

En 2017 el negocio iba muy pero que muy bien, pero le regalé mi parte a mi socio.

Llevaba 13 años haciendo lo mismo con mis clientes.

La cosa iba así:

Ellos venían con sus cosas, sus relatos, sus historias.

Y sus deseos y sus expectativas y sus “deberes”.

Quiero esto.

Espero lo otro.

Tengo que no sé qué y no sé cuántos.

Lo de los tengo que era lo más deprimente.

No por ellos, sino por cómo habían llegado a ello –es desastroso el nivel de obligación y “sacrificio” que hemos alcanzado en pro de (aparentemente) salud y tal.

Pero esto es algo que dejamos para otro día.

Centrémonos en los deseos.

Fíjate.

Que no bromeo.

La gran mayoría de esos deseos, aunque tuvieran poco “de movimiento”, eran 100% lícitos y factibles.

Jamás me atrevería a juzgarlos.

Quiero bajar unos kilos.

Quiero ponerme fuerte.

Quiero tonificar.

Quiero aprobar unas oposiciones.

Quiero rallar queso en mi estómago.

Quiero completar una carrera de montaña.

Vete a saber.

100% lícitos –cada uno desea lo que le da la gana.

100% factibles –el cuerpo funciona como funciona y si lo entiendes pues solo necesitas moverte con determinación y consistencia en la dirección deseada, adaptando la cosa a cada cuerpo. Chupao.

¡Peeeeero…..!

¿Qué pasaba en realidad?

Que yo, como “profesional”, debía ser honesto, sensato, sincero, transparente.

Y compartir la verdad.

Una verdad que, ojo, no era “mi verdad”.

Era una verdad que se evidenciaba desde la primera sesión.

Al intentar aprender un ejercicio y moverse.

Esta:

Una cosa pueden ser tus deseos que

  1. Están muy bien.
  2. Podemos abordar en un momento dado.

¡Peeeerooo…!

Otra cosa es que tú, cliente, como ser humano normal, ciudadano de a pie, no tienes ni idea.

Ni idea de cómo se siente, de cómo se percibe, de qué te dice tu cuerpo.

No hay conciencia “de entrada”.

Y, como consecuencia, tampoco control, saber dar órdenes precisas, comunicación “de salida”, moverte de una determinada manera, la que tú quieras.

Especialmente a nivel articular.

Ni puedes (capacidad) ni sabes (habilidad) mover tus articulaciones.

Que, te recuerdo, es dónde ocurre el movimiento –desde un punto de vista mecánico.

En los músculos no.

En las articulaciones, digo.

Entonces…

Tú puedes querer lo que quieras y está bien.

Pero dadas las circunstancias, y más si piensas en el futuro, lo que ahora mismo NECESITAS es otra cosa.

Y justo por eso, y justo así, me pasé 13 años haciendo lo mismo con la enorme mayoría de mis clientes.

Dedicando al menos (¡al menos!) sus tres primeros meses de entrenamiento conmigo a que aprendieran a mover sus articulaciones con conciencia, control e intención, desde lo más analítico a lo más global.

Para, además, mejorar sus patrones y movimientos naturales más básicos, fundamentales gracias al incremento tanto CUANTITATIVO como CUALITATIVO de su movilidad.

Y a partir de ahí, entonces sí, moverse como desearan.

Bueno.

Pues lo cierto es que sigo haciendo lo mismo, porque el panorama es que el que es y las necesidades de la gran mayoría son las que son (por mucho que se deseen otras cosas).

Ahora, de una forma mucho más eficiente y eficaz, y también económica.

Gracias a Internet y sus maravillas.

Aquí: Movilidad Natural.

Rober

PD: no es que los deseos se “deban” posponer. Pero si uno hace primero lo que necesita, luego lo que se desea es mucho más accesible. En el enlace.

(9) Final triste… o alegre

Este es el noveno capítulo del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Tienes toda la información del proyecto en su página de presentación e índice.

Puedes participar activamente en los comentarios. Consulta las bases del enlace de arriba.


Al final de este último y breve capítulo voy a pedir tu colaboración.

Sobre todo si eres una de las personas que ha pasado por Movilidad Natural en los últimos siete años, concepto y práctica que cimienta y da sustento al resto de la práctica que he descrito en los anteriores 8 capítulos.

Si no me fallan las cuentas, este verano se han cumplido veintiún años de la primera vez que pisé una sala de fitness como monitor.

Fue en un gimnasio municipal de Barcelona, con una sala muy chiquitita. Solo había dos monitores, el de mañanas y el de tardes, Dani y Óscar. Turnaron sus vacaciones, y yo cubrí cada uno de sus turnos.

Cosas de la vida, ahora vivo a escasos cuarenta metros de este centro y soy un usuario más.

Cuenta con una sala bastante más grande, y los monitores y entrenadores, de veintipocos, me miran curiosos y se acercan a preguntarme que qué hago.

A menudo no sé ni por dónde empezar…

Como puedes imaginarte, algo más de dos décadas trabajando con cantidad de cuerpos, y las personas que los acompañan, dan para mucho, especialmente si, vete a saber por qué (no lo tengo muy claro, la verdad, y me da que fue bastante casualidad, que no soy tan listo), cuando un día dejas de mirar y ver al ser humano desde el encabezonamiento instalado a partir de Descartes (Capítulo 1).

Es decir, como «un cerebro con patas, pulmones y corazón», auto-percepción que te decapita y separa al cuerpo de tu ser, reducido a la mente («Pienso, luego existo»), condenándote a tener que «hacer ejercicio» e incluirlo en la lista de deberes pendientes de tu vida.

Miro atrás y siento tristeza.

Las cosas no han cambiado demasiado. Es más, «dentro», en el mundillo profesional, ha ido a peor.

Seguimos atrapados por las redes de la superficialidad.

Y no hablo solamente de esa idea maquinista del cuerpo y sus bisagras y poleas, y las tres motivaciones inventadas por nosotros mismos, el rendimiento, la estética, la salud.

Me refiero a no ir un poco más allá y quedarnos con «lo simple» y «lo que funciona», cuando podríamos indagar más en ciertas cuestiones, escarbar profundo en la naturaleza del movimiento humano.

Al contrario, en general todo se sigue planteando desde la necesidad y la búsqueda del Santo Grial de las ciencias de la actividad física actualmente: la «dosis mínima necesaria de ejercicio físico».

Es como si, en busca de «simplicidad», el movimiento del cuerpo se hubiera visto reducido a un problema que resolver y quitarnos de encima lo más rápido posible.

«Dame la fórmula de básicos para estar en forma y tener buena salud, que tengo muchas otras cosas que hacer».

Tristeza, decía.

Esto, los seres humanos, los que todavía conservan cierto grado de sensibilidad (tomo prestado este término de mi buen amigo Álex), lo pueden intuir.

Saben que lo más simple y sensato sería asumir que esta historia es compleja.

Para nada algo tan sencillo como «camina 10.000 pasos al día, entrena la fuerza tres días a la semana, acumula dos horas y media de cardio en zona 2, y haz estiramientos antes de ir a dormir», y ya está.

Y que puede haber una estrategia más coherente, respetuosa, interesante, nutritiva.

Dejar de verlo como una triste necesidad.

Y disfrutarlo como una alegre posibilidad.

Lo que he descrito durante estos capítulos es justo eso:

Una mirada diferente y una serie de estrategias adaptadas a la alta demanda de «mi» vida, a mi contexto personal.

No se trata ni tan solo de los movimientos, y mucho menos ejercicios.

A mí me coges y me pones a prueba y me comparas con cualquier persona que haga Crossfit o que vaya al gimnasio «en serio» y, en cuestiones de fitness, me da mil patadas.

Pero es que no es eso. No es eso.

¿Qué es el cuerpo? ¿Qué es el movimiento? ¿Qué los relaciona y une?

¿Cómo vivimos? ¿Cómo nos movemos (por la vida)?

¿Cómo nos pueden ayudar, servir, conectar los movimientos del cuerpo con el movimiento vital?

¿Y cuál es la única manera de responder realmente a estas preguntas?

Hay quien piensa que esto son idas de olla espirituales o japiflagüers, cuando no hay nada más terrenal, material, corporal.

Lo místico, lo surrealista, lo esotérico, de hecho, es pensar que «hacer ejercicio» es necesario y que el cuerpo funciona como una máquina fría, sin alma, que espera instrucciones.

Más cuando puedes moverte como un humano sensible, orgánico, inteligente.

Moverte y dar un salto, dejar atrás la robotización y pobreza motriz que inventamos como parche (y con buenas intenciones, claro), para tratar al cuerpo, tratarNOS de forma más consciente, amable, enérgica, alegre, viva…

¿Movernos mejor?

Así termina este proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Estaría encantado de leer qué te viene a la cabeza y al cuerpo en los comentarios.

Muchas gracias.

Rober

(8) Lo más bonito de esta práctica

Advertencia: si tienes una vida de alta demanda sin hijos, este capítulo seguramente no te interesa tanto…

Este es el octavo capítulo del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Tienes toda la información del proyecto en su página de presentación e índice.

Puedes participar activamente en los comentarios. Consulta las bases del enlace de arriba.


Nada nuevo bajo el Sol…

En padres y madres, entre otras cosas, en términos de movimiento sobresalen dos preocupaciones:

  1. Cómo narices nos lo montamos para movernos más y mejor, con todo lo que conlleva ser papi o mami (cosa resuelta en los primeros capítulos de este proyecto).
  2. Cómo narices nos lo montamos para que los peques se muevan más y mejor, con todo lo que «cargamos» ya en nuestra vida cotidiana.

Este planteamiento «separado», como todo lo que se separa, como lo de separar el movimiento del resto de nuestra vida (error garrafal derivado del encabezonamiento descrito en el Capítulo 1), ya forma parte del propio problema, de la preocupación no resuelta.

Pero no adelantemos acontecimientos…

PRE-RESPUESTA RÁPIDA

Antes de atacar el tema y hablar de esta parte de mi práctica, la más bonita sin duda alguna, no puedo dejar pasar la oportunidad de comentar algo que he observado desde siempre.

De hecho, es una manera de abordarlo que puedes extrapolar a todos los ámbitos de tu vida, gracias a la implementación de la «vía negativa» popularizada por el ensayista Nassim Taleb.

Y cuanto antes lo hagas y cuanto más peques los pilles, mejor.

Tus criaturas no necesitan ni promoción ni intervención ni instrucción.

Afortunadamente (y evolutivamente) se pueden apañar solitos.

Siempre y cuando apliques esta vía negativa, claro.

El principal problema en el desarrollo de la fisicalidad de los más pequeños hoy en día no es la falta o necesidad de pauta.

Es lo que sobra.

Obstáculos tanto materiales (un entorno hostil para el movimiento, que no lo facilita) como atencionales (todos sabemos de que estamos hablando…) y conductuales (creencias, miedos, proteccionismo).

Si evitas los obstáculos, si los quitas de en medio para que no entorpezcan el movimiento, el 90% de la cosa va sola.

Detéctalos y fuera.

**Y, de hecho, muy a menudo el intervencionismo, el «estímulo» es un obstáculo más, a pesar de que sea con la mejor de las intenciones. Ojo con esto.

DAR EJEMPLO… O NO

Luego, cómo no, están las contradicciones.

Es como lo de gritarle a tu peque «¡No me grites!».

No dejarle el móvil mientras tú te pasas todo el día enganchado.

O soltarle un guantazo mientras le dices «Que sea la última vez que pegas a tu hermana».

Dar ejemplo, ser un ejemplo de movimiento, en movimiento es primordial.

Obvio.

Pero fíjate en una cosa.

Algo en lo que llevo insistiendo desde el primer capítulo.

Estamos hablando de una práctica de movimiento o, si lo quieres llevar un poco más allá, una práctica de vida, que en realidad es lo mismo.

Moverse y vivir, digo.

Si tú no te mueves, a la larga, tus peques tampoco lo van a hacer.

¡Ahora!

Hablamos de contradicciones, paradojas, dar ejemplo…

Dar ejemplo en modo «ejercicio» (no pienses en los ejercicios, quiero decir en la forma convencional de enfocarlo…) conlleva un GRAN problema.

La expectativa.

Ya lo sabemos. Moverse y vivir es lo mismo. Si como movimiento solo te ejercitas, pues así vives. Y «hacer ejercicio» suele apoyarse en expectativas, objetivos, metas, para ques. Para el rendimiento, para la estética, para la salud.

Entonces… Si no das ejemplo por el simple hecho de dar ejemplo (moverse por y para moverse, sin más), es decir, si metes de por medio la expectativa y das ejemplo para intervenir en su movimiento, si das ejemplo para que ellos se muevan más, si das ejemplo centrándote en un deseo futuro ya no «tuyo» (para tu cuerpo, en plan «objetivo»), sino para el cuerpo de otro…

…uff.

Cuánto puedes estar cagándola y cuánto puedes llegar a sufrir.

Cagándola porque no le estarás dando ejemplo de movimiento, sino de ejercicio. El peque no es idiota y, aunque no sea adulto, sabe que hay un para orientado al futuro, cuando su cuerpo (todavía y por suerte) no entiende de movimiento en estos términos temporales. ¿Estás seguro de querer domesticarle en este sentido «cerebral» y que se mueva alejándose cada vez más del ahora corporal?

Y sufrir porque… bueno… es que esto se suele hacer evidente sobre todo en la adolescencia… Esforzarte, intervenir, dar ejemplo concienzudamente, disciplinadamente… y que te salga el tiro por la culata y tus hijos cada vez se muevan menos y luchar y forzar más la situación y pelearte con tus hijos y con la vida y que te salga peor todavía y sufrir más y más y más.

Como en tantos otros ámbitos de la vida, olvidaste que tu criatura (ya no tan criatura) se está convirtiendo en una persona adulta independiente (si le dejas, claro) que tiene todo el derecho de hacer con su vida lo que le dé la p*ta gana.

A menudo me escriben padres y madres preocupados por sus hijos adolescentes en este sentido…

…y se sorprenden de mi respuesta:

No pasa nada. Tú a lo tuyo. Obsérvalo, acéptalo, compréndelo y sigue con tu práctica de movimiento.

¿No se mueven? Está todo bien. No hace falta intervenir. «A partir de mañana vienes conmigo al gimnasio». «Tendrías que moverte más, hacer algo de deporte». «¿Por qué no te apuntas con Pepito a pádel? Te lo pago yo». Los dos lo vais a pasar muy mal.

Puede doler, puede preocupar, puede fastidiar. Esto también está bien. Aceptar no es resignarse ni negar la intuición de un problema a futuro. A la vez, empieza a no ser «tu» problema. Si para ellos algún día resulta en un conflicto, ya se apañarán.

Cuanto más ejemplo les hayas dado sin intención de darles ejemplo, más posibilidades y recursos tendrán en su caja vital de herramientas en el momento de volver a moverse… si un día deciden por sí mismos hacerlo.

Tú a lo tuyo…

LO MÁS BONITO DE ESTA PRÁCTICA

No cambia mucho, en realidad, de lo que hemos visto entre los capítulos 1 y 7.

Siempre es lo mismo… y nunca es lo mismo.

Parar, observar, ver.

Ser consciente en movimiento.

Darse cuenta e incluso aprender de ellos, de cómo se desarrollan (sin «hacer ejercicio», por cierto).

Y DEJAR DE SEPARAR tu movimiento de su movimiento.

(¿Integrar?).

Detectar, por ejemplo, esa «necesidad» de tener tiempo para entrenar y moverte en solitario, cuando puedes hacerlo junto a ellos perfectamente.

Claro, tu cabeza es presa de los objetivos, los resultados, las expectativas, lo que quieres conseguir.

Los peques te molestan, te distraen, te entorpecen, no te dejan «progresar»…

Y no te das cuenta de las barbaridades que llega a elucubrar la mente al respecto.

Y no te das cuenta de que moviéndote, moviéndote sin más, quiero decir, aunque no sea en «perfectas» condiciones, ya estimulas, ya avanzas, ya progresas, ya consigues lo único que realmente necesitas hoy, que es seguir en movimiento.

Y no te das cuenta de que el tiempo pasa, ellos también se mueven (no solo en el sentido «mecánico»), y te lo estás perdiendo.

En definitiva, ejercitarte de forma separada y orientada hacia el futuro sin la presencia de tus hijos no tiene nada que ver con moverte de manera integrada y centrada en el presente con ellos.

Y es, permítanme el romanticismo, algo precioso.

Lo más bonito de esta práctica, la de ahora.

—Ya, Rober, muy Mr.Wonderful. Pero tú mismo dices que te gusta y te va bien y es interesante practicar intencionadamente en solitud.

Por supuesto, y lo hago tanto como puedo. Una cosa no quita la otra. Son maneras absolutamente compatibles.

Lo que estoy diciendo es…:

  1. Que en el 99% de los casos, lo único que necesita un crío es que el movimiento se integre familiarmente en su vida.
  2. Que el movimiento integrado con críos es otra gran práctica de movimiento, una más, que te puede nutrir, de la que se puede aprender, y que se puede disfrutar de la leche.

…siempre y cuando se practique desde la conciencia, la coherencia, el movimiento presente.

Son todo posibilidades.

Pronto termina este proyecto, con el Capítulo 9.

Si tienes cualquier duda que quieras que responda, déjala en los comentarios (según las bases del proyecto, ya sabes).

Notificaré mis respuestas en público y por correo —si quieres estar al tanto, suscríbete a mi lista de correo aquí.

Rober Sánchez