Por qué no logras tus objetivos y 6 pasos para conseguirlo

Entiendo que si los lograras, no habrías hecho clic para abrir este correo.

Así que voy a plantearte otra pregunta.

¿Y si el problema fueran los objetivos?

No digo que los plantees mal, en plan gurú y “lo que tienes que hacer es fijarte unos objetivos smart” y otras pamplinadas Mr. Wonderful.

Me refiero a que quizás el “problema” de base quizá es plantearte objetivos.

Me explico…

Estaba hablando con un amigo que digamos que desde fuera lleva una “vida ejemplar” en el ámbito de la salud y tal.

Y su familia y amigos y compañeros de trabajo le preguntan a menudo que qué hace y cómo lo hace.

Y ellos lo intentan imitar…

Y de fracaso en fracaso y tiro porque me toca.

¿Por qué?

Pues según él, y según lo que le cuentan ellos, porque antes de alcanzar los objetivos…

…cosa que generalmente representa un tiempo considerable de perseverancia porque, ya sabes, para estas cosas los milagros no existen…

…se desaniman y pierden fuelle y acaban dejando aquello que tuvieran entre manos porque, claro, sus objetivos no se cumplen (de un día para otro).

Esto, que es tan recurrente y habitual, es un claro síntoma de que no necesitas ni un maldito objetivo, en realidad.

—​Vale, Rober. ¿Y cómo logramos el cambio que queremos conseguir?

Buena pregunta.

Te propongo otro método.

El Método Rober Sánchez copyright que si te quieres certificar vale 5000€.

Consta de seis pasos (y medio):

*El medio lo dejamos para la posdata.

1 Déjate estar de objetivos.

2 Establece una dirección, un principio, un valor.

3 Céntrate cada día, hoy, ahora en seguir esa dirección, principio, valor. Con lo que haya, con lo que tengas, sin más.

4 No te vayas a dormir tranquilo hasta no haber “cumplido” con unos mínimos que hayas establecido. Si puedes y quieres hacer más, adelante. Pero los mínimos son innegociables.

5 Vete a dormir tranquilo de haber cumplido con esos mínimos, porque has sido consciente y coherente con tu compromiso, estás satisfecho de haber hecho lo que sabías que necesitas o debes hacer, y te sientes contento y orgulloso de haberte MOVIDO en la dirección que quieres.

6 Disfruta de las consecuencias, inevitables, si has seguido los pasos anteriores.

En resumen:

Que el único “objetivo” sea MOVERTE hacia donde sabes, en el fondo, que debes, necesitas y/o quieres moverte.

Los “resultados” serán un irremediable efecto colateral de ser responsable con tu compromiso y actuar en consecuencia todos los días.

Bien.

Hay quien me pregunta por los “resultados” de Movilidad Natural.

Por los “hitos” y hasta otras cosas chachipirulis que podrían conseguir.

Y lo entiendo y también he pasado por ahí y lo respeto.

Incluso, si “forzamos” un poco la situación, podría nombrarte algunos y garantizarte que tienes un 99% de posibilidades de alcanzarlos.

Pero paso.

Prefiero responder esto:

Aunque estén ahí (ojo a la posdata), no vas a fijar ningún objetivo en concreto. Ninguno.

Y te vas a mover cada día con mayor conciencia y frecuencia y diversidad y soltura, sabiendo lo que haces, lo que necesitas, lo que debes hacer, con cabeza, y no al tuntún.

Lo vas a adoptar como una manera de hacer más, integrada en tu estilo de vida de por vida.

¡Y!

Y te sentirás contento y satisfecho y orgulloso de ti mismo.

Porque te moverás en la dirección que quieres moverte todos los días.

¿Qué mayor satisfacción personal puede haber que esta?

Y el resto será disfrutar de las consecuencias.

Todo aquí:

Movilidad Natural

Rober

PD: hablar hablamos de hitos y “objetivos”, cómo no, porque soy consciente y comprendo que estén en la cabeza de la gente. A mí también me pasa. Pero precisamente hablamos de ellos no para fijarlos o determinarlos y mucho menos conseguirlos. Sino para usarlos en momentos muy concretos como herramientas. Y sobre todo aprendiendo a que dichos objetivos (y resultados) no nos utilicen a nosotros como esclavos.

PD2: conciencia a tutiplén, acción y satisfacción diarias, y consecuencias de por vida. En el enlace.

Calisténico me reta en el parque

Ojo.

Que puede sonar a algo así en plan “me duele la cara de ser tan guapo” y tú concluir con que “mira, este, el mediocre, qué sobrado, va de listo”.

Cuando el fin, como siempre, es que veas lo que a lo mejor no ves y lo apliques en tu movimiento.

Especialmente en torno a dos métricas, dos números.

Quédate con esto:

DOS NÚMEROS.

En el parque de street workout que suelo frecuentar en verano (aquí ya rozamos los 30 grados), te acabas conociendo con (casi) todo el mundo.

El roce hace el cariño.

El cariño se deriva en confianza.

Y la confianza te empuja a cometer errores.

Como el que cometió Brandon al retarme.

Brandon es un chavalillo que le da a la calistenia.

Y desde esa óptica, la calisténica, podría decirse lo que dicen ellos, que “está fuerte”.

Y de verdad que lo está.

Y otra verdad es que no lo aparenta, que en mi opinión mola más.

Estar fuerte (calisténicamente) sin aparentarlo.

Luego te llevas sorpresas.

Como la que se llevó conmigo.

Y más con él mismo.

¡Ojo con esto!

Especialmente consigo mismo.

Estos días Brandon le está rondando a una muchacha, Mar, que también viene por ahí de vez en cuando.

La chica, que podría ser mi hija, baila y hace yoga y contact y no sé qué más.

Y Brandon está hablando con ella, intuyo que sobre esas cosas.

Y veo que me mira de reojo.

Yo estoy con Álex, mi bro, de mi quinta, que podría ser el padre de los dos, de Brandon y de Mar.

Estamos con nuestras cosas.

Brandon, repentinamente, se levanta y se me acerca.

Se sienta a mi lado, que estoy descansando mientras Álex le da.

Me mira con cara guasona, de buen rollo, con curiosidad sincera, pero un tanto desafiante, que siempre estamos con la coña de quién es el alfa…

Y me dice:

–Oye, Rober. ¿Tú puedes levantarte del suelo sin usar las manos?

Aaaaayyyyy, hijo mío…

Si vas a desafiarme…

Pobrecico.

Si vas a retarme, no lo hagas en mi terreno, ¡jaja!

Le pongo cara de interesante, que dice mi hija.

Y le digo:

–Ostras, no sé… ¿Quieres decir así?

Y le marco una salida del suelo sin usar las manos.

Intenta imitarme… y nada.

–¡Jaja! Qué cabrón –me suelta.

–También puedes probar así.

Y le marco otra.

–O así. Y así. Y de esta manera también –le voy mostrando y demostrando, cada vez con patrones más exigentes, con todo el cariño del mundo, mientras Álex se descojona.

–Pero… ¿Cómo lo haces tan fácil? –pregunta Brando sorprendido.

–Jeje. Estos puretas del parque, ya sabes… –le contesto, mirando a Álex de reojo, que él también cuenta con dichas habilidades.

–No puedo, tío, no puedo. No me da el cuerpo, ¡las caderas!, ¡¡la espalda!! –confiesa, entre risas, mientras sigue intentándolo.

–Prueba con este, que es más sencillito. Empieza por aquí y consolídalo. Y luego sigue –le enseño otro patrón.

Y seguimos un rato con el cachondeo, pero poniéndonos un poco más “serios”.

Hasta el punto en que su curiosidad se despierta del todo y entiende algunas cositas…

Como la más importante…

Los dos números.

42 y 23.

Yo tengo 42 años.

Brandon 23.

Y hace como sin querer ese ejercicio tan saludable y esclarecedor de ponerse las gafas de lejos (metáfora de mi amiga Marina de Psicosupervivencia).

Y concluye, él solito, con que no puede ser.

Si con 23 estamos así, cómo estaremos con 35, 47, 52, 65…

Y me dice cinco minutos después, como a escondidas:

–Oye, Rober. Voy a darle un poco a la movilidad. Lo he decidido.

–Guay, Brandon. Lo vamos viendo estos días.

Y le guiño el ojo y seguimos.

Bien.

No tengo ni idea de la edad que tienes.

Y en el fondo da igual.

En cualquier momento en el que te encuentres puedes ponerte las gafas de lejos y comprender que hay ciertas bases, cualidades, atributos, patrones… que vale la pena explorar, desarrollar, consolidar.

Luego, además, si lo integras en tu día a día ya no hace falta que le dediques tiempo extra para conservarlas.

Todo eso, y más cosas, te las enseño y las aplicas aquí:

Movilidad Natural

Rober

PD: para reparar tu «miopía articular», en el enlace.

Me fijo en la chica de la farola. Tortazo

Pobre perra.

Gran lección de movimiento.

Primera hora de la mañana.

Voy caminando con la mía, mi chihuahua, Lula.

Y me fijo en ella.

Una chica que pasea a la suya.

Una bulldog francesa.

Caminan tranquilas.

La perra se para a cagar.

La chica espera.

La perra termina.

La chica se agacha para recoger la caca.

Se incorpora, se gira (intuyo que buscando una papelera) y…

¡¡¡PUUUUUUM!!!!

Hostión en toda la cara.

Se pega un tortazo de campeonato con una farola que, claramente, no había situado y mapeado previamente en su espacio corporal y alrededores.

Pobre perra –enseguida entiendes por qué.

¿Qué podemos aprender de esto?

Tres cosas.

Me escribe Ricardo en su reporte de la Semana 3 de Movilidad Natural:

«​No sé cuánto habrá de real o sugestión, pero la sensación de conciencia corporal durante el día ha estado más presente.

No todo el rato, claro, pero más presente de lo habitual, que me puedo pasar horas sin darme cuenta de cómo está mi cuerpo, y parece que estos días estoy algo más atento»​.

Las tres cosas:

1. Lo de sugestión o realidad, por lo que leo por ahí sobre neurociencias, es más o menos lo mismo. Así que no es tan importante. ¿Qué experiencia, qué vida tienes, sientes?

2. Secuencia -> Más conciencia corporal, más presencia, más atención, más conexión con el cuerpo, el espacio y la vida. Es lo que hay.

3. Más de lo habitual, porque ANTES habitualmente podían pasar horas sin darse cuenta.

Sin atender.

Justo como la chica de la farola.

Y, de seguir así, en un momento inesperado…

¡TORTAZO!

No hay garantías.

De no pegarte ningún “tortazo”.

Eso sería insultarte en la cara.

Pero sí hay probabilidades.

Menos. Muchas menos.

Cuánto más hábito de atención, menos tortazos habitualmente.

Para reconectar, atender, ser consciente habitualmente (entre otras muchísimas cosas), atiende aquí:

Movilidad Natural

Rober

PD: ¡No me olvido de la perra…! La perra se llevó una bronca, pobrecica… Porque “obviamente” la culpa era suya, de la perra, por haberse parado a cagar. En fin…

PD2: ojo, que atender no tiene nada que ver con vigilar. Vigilar suele complicar las cosasLo explico en la Semana 0, en la lección sobre DOLOR. No hace falta vigilar las farolas mientras paseas. Simplemente atender.

Una lesión en el pie

Lesionarse siempre siempre siempre es una putada.

Lo puedes maquillar como quieras con ese positivismo cutre de ver el lado bueno de las cosas.

Eso, ojo, puede llegar a tener sentido.

De una lesión se pueden aprender muchísimas cosas.

De hecho, en este correo vamos a extraer dos lecciones fundamentales (como mínimo).

Pero ese sentido siempre lo ves a posteriori y se lo tienes que dar tú.

O sea, no lo tiene per se, se lo tienes que dar.

Así que, de primeras, lesionarte es una mierda.

Claro que, insisto, si aplicas estas dos lecciones, pues puede que fastidie un poco menos.

Y que se te pase la jodienda bastante rápido.

El otro día hablaba con un amigo que le da a la carrera, al running.

Y le da fuerte, muy fuerte.

Le dedica unas cuantas horas a la semana desde hace años.

Tiene un nivelón, la verdad.

Compite y esas cosas.

Y ha conseguido buenos puestos.

¡Pero!

Y ojo con esto…

Solo corre.

No hace nada más.

Podemos decir que es una especialista de la carrera.

De hecho, esa es la única forma de tener ese nivelón.

Dedicarte solo a una cosa, esa cosa, una cosa.

Ojo con esto también.

¡Ah!

Y con otra cosa.

Mucho más ojo con esto:

En realidad mi colega es una persona normal.

Quiero decir… que tiene su curro y tal.

Que no se gana la vida corriendo.

Esto es importante.

Total que, hablando, mi colega me confiesa que está jodido.

Está jodido por dos cosas.

1 Porque se ha lesionado un pie y no puede correr.

2 Porque, como no puede correr, está sufriendo una ansiedad de la hostia.

Es más.

Rascando un poco pero sin arañar, que sabe de mi estilo, yo le pregunto cositas.

Y esa ansiedad, más allá de que no moverte la genera de por sí (pura psicofisiología), le viene de un motivo muy concreto.

Está cagado de miedo y tremendamente puteado, porque por la lesión va a perder el nivelón que tiene.

Bien.

Menuda situación.

Dos lecciones (como mínimo).

La primera es más psicológica, motivacional, por así decirlo.

Va sobre la especialización desde un punto de vista mental, como puedes intuir.

Cuando te centras en ser muy bueno en algo y solo practicas ese algo para ser muy bueno en algo…

…pues puede que por cualquier motivo, por ejemplo una lesión, no puedas practicar ese algo.

Y, claro, si no lo practicas, lo pierdes.

La habilidad no, pero el nivelón sí, seguro.

Y si tu motivación es tener un nivelón de una especialización, pues prepárate para estar jodido.

Porque mira.

En esta vida hay pocas certezas.

Pero hay una que se cumple al 100%:

Te vas a lesionar.

Te puede gustar más o menos.

Pero algún día te vas a lesionar.

En este sentido, como persona normal, tal vez podrías empezar por aceptar tu mediocridad.

Y entender que ser mediocre no tiene nada de malo.

En el trabajo, en el amor, en el dinero, en el sexo.

Estadísticamente es lo más probable.

Y, bueno, en el movimiento igual.

A esto, en realidad, le puedes sacar una ventaja.

Una ventaja de suficiencia, de bienestar, de paz.

Aspirar deliberadamente a como mucho un 7, como dice Víctor Amat.

A partir de ahí, puedes quitarte la necesidad de ser chachipiruli en nada.

Y, claro, también toda esa ansiedad y miedo al fracaso y a la pérdida de tu nivel, en caso de enfocar las cosas como un especialista.

La segunda es más práctica.

Tiene que ver con lo anterior.

Y con lo de enfocar el movimiento desde la especialización.

Y con ser una persona normal.

Y con lesionarte.

Sobre todo si la lesión te impide practicar tu especialización.

Aquí entran en juego las famosas “posibilidades de movimiento”.

Esto es, si solo practicas una cosa y solo una cosa…

…y por una lesión no puedes practicar esa cosa…

…pues estás jodido.

¡Pero!

Pero si practicas varias, ojo, siempre desde un punto de vista generalista…

…pues lesionarte te jode, siempre,…

…pero no tanto.

¿Por qué?

Porque tienes alternativas.

Siempre.

Ejemplos hay millones y no me caben.

No vamos a entrar en listar qué hacer en caso de lesionarte un hombro, una muñeca, una ceja o la quinta costilla.

¡Pero!

Ya que estamos hablando de ello…

Si te lesionas un pie,

(o una rodilla o incluso una cadera dependiendo de algunos matices),

va de lujo tener la opción de moverte bocabajo.

Puedes desprenderte de los riesgos de cualquier especialidad pernil y siempre tener alternativas con este curso:

Invertidas

Rober

PD: aunque no seas un especialista pernil, más que probablemente te has especializado en moverte «derecho». Para multiplicar tus posibilidades, puedes empezar a moverte mejor en general y bocabajo. En el enlace.

Una yogui me llama cabrón

No es una novedad.

De vez en cuando me meto con el yoga.

Igual que con el Crossfit o el fitness o la halterofilia o cualquier otra cosa.

¿Tengo algo en contra del yoga?

Pues no.

Pero como me meto con el yoga, pues entiendo que alguien se lo pueda tomar como algo personal.

Y ofenderse.

Y llegar a insultarme.

Es una posibilidad que asumo.

El caso, con el yoga y con todo lo demás, en realidad tiene poco que ver con el yoga y con todo lo demás.

Quiero decir, como casi siempre, lo que digo no tiene tanta relación con el qué.

Más bien con el cómo.

Y ahí es cuando cada cual podría empezar a separar las cosas y comprender realmente qué está pasando.

Por ejemplo y para no liarnos, siguiendo con el yoga…

Yo no me meto con el yoga en sí.

Sino más bien con cómo se imparten el 99% de las clases de yoga y la naturaleza de las mismas.

En este sentido, el yoga mayoritario no se escapa de lo que pasa con todo lo demás que se practica de manera mayoritaria.

Esa dinámica en plan «actividad dirigida de gimnasio cutresalchichero vamos a movernos todos juntos que si no me dicen lo que tengo que hacer y lo hago en grupo pues como que no hago nada y además esto es muy zen y muy cool y queda muy bien decir que hago yoga».

Esto es: el tuntún.

Luego pasa lo que pasa.

Insultos incluidos.

¡Ojo!

Hay una cosa que me mola del yoga chupiflowers.

El positivismo Mr. Wonderful.

Porque, mira, en algunos aspectos hasta tienen razón.

Que las cosas “malas” también tienen su lado positivo y tal.

Me lo explica Cris, que va a clases de yoga un par de días a la semana, en un correo:

«​Buenas, Rober.

¿Cómo estás? Espero que bien.

Yo, como ves, no tengo vergüenza.

Te dije que te escribiría en cuanto terminara tu curso de Invertidas pero al final he tardado más de lo que pensaba, porque he querido asimilarlo, practicar tu “programa” (me encanta eso que haces de jugar con las comillas) y dar un poco de tiempo para ver resultados.

Y como tenemos confi desde Movilidad Natural y Calistenia, voy a permitirme algo…

Qué cabrón.

Ese es mi resumen después de terminar el curso y seguir la metodología que propones durante un par de meses.

En este tiempo he progresado más que en seis años de clases.

Y podría hasta sorprenderme, pero no.

Porque es lo que dices siempre de comprender las cosas y que una vez las entiendes y las haces con cabeza todo resulta mucho más fácil y disfrutas más.

En fin, espero que no te haya molestado mi “insulto”, jeje.

Pero es que estaba estancada con cualquier postura que implicara invertirse o equilibrarse sobre las manos.

Y ahora en unas pocas semanas soy de las pros de clase, jaja.

Te estoy infinitamente agradecida»​.

Ahora mismo no tengo nada más que añadir.

Coge el yoga como “símbolo” y extrapólalo a cualquier cosa que practiques.

Se puede “hacer yoga” o “aprender yoga”.

Para aprender y comprender y dominar y progresar más rápido y disfrutar mucho más del arte de moverte bocabajo, tengo este curso:

Invertidas

Rober

PD: ir a clases borreguiles no tiene nada de malo… si comprendes lo que implica en cuanto a aprendizaje, desarrollo real de tu conciencia corporal, individualización del proceso, etc. Mi recomendación es que lo hagas en «modo entretenimiento». De vez en cuando, mola moverse en grupo, sin más, y compartir cosas y moverse y divertirse con más gente, por qué no.

PD2: el arte de practicar con cabeza, y no repetir como un loro a ver si pillas algo por mucho ommmmm que haya en el ambiente, en este caso para aprender a moverte bocabajo, es en el enlace.