¿Todavía haces planchas abdominales?

Mucho cuidado con esto, que no quiero que te enfades conmigo.

Y aunque te enfades, no te voy a pedir perdón.

Explicaciones las que quieras.

Solo por estar en esta lista te las mereces.

Perdón por esto, jamás.

Imagínate que somos muy buenos amigos desde hace muchísimo tiempo.

Porque esto me ha pasado con algunos buenos amigos.

Tal como te lo contaré y al revés también.

Y nadie se ha molestado porque, al ser buenos amigos, pasan dos cosas:

  1. Nos gusta el cachondeo y nos picamos y nos reímos los unos de los otros constantemente.
  2. Sabemos que lo hacemos con cariño.

Si encima uno de tus amigos sabe no vamos a decir mucho, pero sí bastante sobre movimiento…

…pues una gran lección que te llevas.

Entonces, como buenos amigos, estamos tomando un café.

Y hablando sobre el core y los abominables y tal.

Y te pregunto:

¿Todavía haces planchas abdominales?

Y no te dejo contestar.

Y sigo:

Jajajajajajaja.

¿En serio?

Jojojojojojojo.

¿De verdad que sigues con eso?

Juasjuasjuasjuas.

Va, venga, fuera coñas. ¿Aún continúas con las planchas?

Jaaaaaaaaaaaaaaajaaaaaaaaajaaaaaaaaa.

Para, para, para ya, que me meo.

Muévete, anda.

Locomociones – Muévete con inteligencia y disfrutar de un cuerpo hábil

Rober

PD: encantado de compartir una risas cariñosas contigo. Para dejar de perder el tiempo, aburrirte y creer que lo del abdomen va de eso, en el enlace.

Una lección sobre motivación (y más cosas) con mi barbero

​De casualidad, me encuentro por la calle con mi barbero.

Se llama Mustafa, aunque para los amigos es Musta.

Y, bueno, después de nueve años cortándome el pelo cada tres o cuatro semanas, podríamos decir que nos une cierta amistad.

Así que para mí también es Musta.

Musta es de Pakistán, aunque para los amigos es paki.

De hecho, yo no sabía que entre ellos mismos también se llaman pakis.

Ignorante de mí, pensaba que era algo así como despectivo, pero por lo visto no.

También hay otros ignorantes que piensan que por cortar el pelo por 6€ y ser pakis y medio moros y esas cosas son idiotas.

Pero nada de eso.

Musta, aparte de tener un nivel de cultura y conocimiento más que notable, es una de las personas más inteligentes que conozco.

Intuyo que, en parte, es por la educación que recibió en su país, diría que high level, igual que su amabilidad, hospitalidad y respeto.

Y la otra parte se la debe a sí mismo, a su curiosidad, su inquietud, su hambre de saber y comprender –que no es lo mismo, como suele recordarme.

Podría decirse que es un poco friki.

Tanto que cuando se junta con otro raruno como yo, pues como que se nos va la olla un poco.

Solo a veces, no siempre.

Pero se nos va.

Y espontáneamente, sin buscarlo, nos sale hablar como en clave.

En plan típico koan entre maestros y discípulos y samuráis y otros personajes de cuentos zen.

Total, que me lo encuentro por casualidad.

Él baja hacia su barbería.

Yo subo de dejar a Abril en la guardería.

Nos saludamos y me pregunta:

–Pero Rober, ¿tú no vives en XXX? ¿Por qué no subes por YYY? ¿No tardas más por aquí?

–Sí, Musta. Doy algo más de vuelta por aquí. Pero es que pasa una cosa. Tengo un “secreto” –le digo como a escondidas tras una sonrisa guasona.

Y sigo:

–¿Te imaginas lo que le pasaría a mi cabeza si siempre fuera por el mismo camino todos los días? Uff, no quiero que se acostumbre, ya sabes.

Y le guiño un ojo.

Hay quien entiende estas cosas.

Y hay quien no.

Especialmente con el cuerpo.

Sobre todo con el cuerpo.

Ya sabes.

😉

Si lo entiendes, para moverte así tengo este curso:

Locomociones – Muévete con inteligencia y disfruta de un cuerpo hábil

Rober

PD: un día por aquí, otro día por allí, el otro por acá, el siguiente por allá. Ya sabes. En el enlace.

Me entrevista una periodista y me lo pone a huevo

Cuando a un “experto” en movimiento le preguntan cómo podrían cambiar estas cosas desde la política, la verdad, la cosa no suele acabar bien.

Ya veremos…

El otro día me entrevistó una periodista para La Voz de Galicia.

Cuando salga la entrevista ya la compartiré, supongo que un día de estos.

La entrevista fue muuuuy chula, de las mejores que me han hecho.

Laura, la periodista, se notaba que se había leído mi libro con detenimiento.

La entrevista estaba muy bien planteada y había un interés genuino.

Y no simplemente la intención de llenar una página más, que también lo hay.

Por eso luego no sé lo que saldrá, ojo.

Que los medios son los medios y sorpresas te llevas unas cuantas.

Pero ella estuvo bordada y nos lo pasamos muy bien.

Que, otro ojo, en realidad y al final de todo, es de lo que se trata, collons.

De sufrir y tener que y repetir y repetir y ser disciplinado y aparentar y tal no.

De pasarlo bien.

Eso.

En un momento de la conversación, justo cuando hablábamos sobre la cuestión de la diversidad y la complejidad y el papel que puede (o no) jugar el celebro durante el “ejercicio físico”, me contó que ella iba a nadar un par de días a la semana.

O sea, iba a la piscina y nadaba.

Hacía largos.

Uno para allá, otro para acá.

Así media hora o tres cuartos.

Igual que el que sale a correr media hora o tres cuartos, un paso detrás del otro.

O el que sale con la bici media hora o tres cuartos, una pedalada tras otra.

O un hámster en su jaula, rodando y rodando, dale que te pego.

Pero bueno, ella un poquito “mejor”, porque al menos cada pocos largos cambia de estilo.

Y va y me pregunta por eso de la diversidad y la complejidad y el celebro.

Y me lo acaba de poner a huevo.

Mira, Laura.

Te podría hablar en plan técnico, pero con lo que me acabas de contar lo vas a entender perfectamente.

Tú vas a nadar.

Y haces largos.

Uno para allá, otro para acá.

Así media hora o tres cuartos.

Como quien sale a correr, con la bici o en su jaula, dale que te pego.

(Ojo, que no hay moral detrás de esto. Se trata de entender qué le pasa a tu cuerpo y tu celebro cuando haces esto).

Al menos cambias de estilo.

Eso mola.

Pero, ya que preguntas, te pregunto.

Porque en realidad no creo que haga falta que te responda.

Tú ya conoces la respuesta.

Observa al cuerpo.

Observa a tu cuerpo mientras nadas, mientras se mueve.

¿Lo tienes?

Bien.

Fíjate bien.

No dejes de observarlo.

En lugar de ir a nadar y hacer largos para allá para acá media hora o tres cuartos,

imagínate que vas a jugar un partido de waterpolo.

¡Fíjate bien!

Observa de nuevo.

Nadar vas a nadar igual.

Bueno, le vamos a poner unas comillas.

Porque vas a nadar “igual” pero no vas a nadar igual.

Mientras nadas:

  • Vas a tener que cambiar de dirección constantemente.
  • Mirar dónde está la pelota.
  • Adivinar por dónde irá la pelota y tus contrincantes.
  • Tener presente cómo está distribuido tu equipo en la piscina, y el rival.
  • Coger la pelota, lanzar la pelota, robar la pelota, interceptar la pelota, ir tras la pelota.
  • Pelearte y darte patadas por lo bajini con el contrincante que marcas, o bajarle el bañador.

Y un laaaaaaargo etcétera tan diverso, tan complejo, tan variable, tan incierto, que jamás podría parar de escribir.

¿Has observado al cuerpo (y al celebro)?

¿Hace falta que hablemos de complejidad, diversidad, variabilidad, incertidumbre?

Bien.

Fuera del agua, sin material y en tu casa, un estímulo parecido pero con otros matices:

Locomociones – Muévete con inteligencia y disfruta de un cuerpo hábil

Rober

PD: ya que hablamos de agua, ¡un matiz fundamental! La gravedad, my friend. La gravedad. ¿Sabías que los nadadores profesionales sufren más osteoporosis que la población media? Ahí lo dejo, porque no es mi campo y porque es muy largo. Pero investiga, si quieres. Y piensa en la gravedad y lo que hace por ti.

PD2: para mover el cuerpo (y el celebro) lo más diverso, complejo, incluso incierto posible, arriba.

Movilidad articular, límites de suficiencia y despistes egóticos del especialista. Cuestión clave

Con lo de la movilidad articular, especialmente cuando uno va progresando y consolidando cierto “nivel” vamos a decir que alto, vale la pena prestar atención a una cuestión clave.

Al menos si pretendes que tu práctica y acondicionamiento de la movilidad sea coherente con el resto de los aspectos y atributos de tu fisicalidad y, consecuentemente, con tu práctica GLOBAL de movimiento.

Esta cuestión, esta pregunta fundamental, y comprender profundamente lo que implica a nivel práctico, puede ahorrarte muchísimos dolores de cabeza, sobre todo aquellos relacionados con el tiempo que le dedicas a dicha movilidad –cuando alcanzado cierto punto, es más que probable que no lo necesites.

Pero no solo eso.

DESPISTES EGÓTICOS DEL ESPECIALISTA

Tener bien clara la respuesta a dicha pregunta te salvará de lo que llamo “el ego del especialista que no sabía que se había especializado”.

Esto es, una trampa que ya hemos visto en otras ocasiones:

Creer que por contar con un “buen” nivel de movilidad te vas a mover mejor automáticamente, al confundir una parte con el todo.

Subírsete los humos de “oh, mira qué nivel de movilidad más chachipiruli que tengo”.

Y, nublado por tu propio halago mental, que no es más que autonarcisismo, olvidar el PROPÓSITO DE MOVIMIENTO que te llevó a dedicar tanto tiempo y energía a mejorar tu movilidad.

Y convertirte en un especialista de la movilidad.

Y continuar dale que te pego con ella, por miedo a no perderla, o por el apego que le tienes –cuando no es nada necesario, si la has trabajado bien y tienes claro cómo mantenerla sin apenas esfuerzo.

Vamos, en definitiva:

Volverte un esclavo y fiel sirviente de la práctica de la movilidad articular.

Cuando, en teoría y en principio, era la movilidad la que debía servirte a ti para moverte mejor y con mayor libertad, ¿no?

Curiosas paradojas de la vida…

LÍMITES DE SUFICIENCIA

He aquí cuando uno, tarde o temprano, tiene que plantearse ciertos techos, ciertos límites a conciencia.

Comprender (a partir de la pregunta) y decidir cuándo y cuánto es SUFICIENTE.

Y hacerlo, obviamente, sin perder de vista aquello que revisábamos en el tercer error del entrenamiento de la movilidad articular.

La especificidad de cada patrón, de cada gesto en sí.

Porque, dependiendo del contexto personal, los límites y las decisiones variarán.

No hay fórmulas “para todo el mundo” en este sentido.

Bueno, de hecho en ninguno.

Bien claro entonces:

Llega un momento en el que tienes que, sí, debes decir basta.

Hasta aquí hemos llegado.

No quiero más.

No necesito más.

Es suficiente.

Y, a partir de ahí, tener el coraje, porque vas a experimentar cierta resistencia y miedo, de ir soltando el entrenamiento de la movilidad.

LA CUESTIÓN CLAVE

La cuestión clave, la pregunta fundamental es, en realidad, la de siempre.

La que, si usas la cabeza, determina todos los qués, los cómos, los cuántos, los cuándos…

Y, en este caso, el hasta cuándo.

O hasta dónde –si piensas en términos de recorrido, de rango articular.

Para qué.

PARA QUÉ.

Para qué quieres tú personalmente desarrollar tal o cual nivel de movilidad articular ESPECÍFICAMENTE en un patrón, gesto, función determinados.

Hazte esta pregunta en todos los sentidos y para todos los movimientos, hitos, objetivos que se te ocurran.

Para qué los quieres –en términos de movimiento.

Es decir, cómo los vas a usar después, para qué te sirven, de qué manera los vas a transferir y expresar en tu propia práctica de movimiento.

Solo con esta cuestión, y con tus respuestas, podrás definir mucho mejor hasta cuándo y hasta dónde desarrollar tu movilidad específica para esto o lo otro.

Y, sobre todo, como decía, para no caer en la trampa de seguir apretando, de seguir empujando, de seguir “entrenando” cuando continuar persiguiendo más movilidad, en el fondo, ya no tiene ningún sentido.

(Y cuando una vez has consolidado tu nivel, mantenerlo no requiere ni la décima parte del esfuerzo y dedicación que llevas a cuestas – aunque esto es una historia para otro día…).

Espero que esta reflexión te sea de ayuda en tu camino de movimiento.

Publico entradas como esta, y consejos, tutoriales, ideas, propuestas regularmente aquí en mi blog.

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(Te recomiendo empezar por CORE y JOINTS).

Que tengas un gran día,

Rober Sánchez

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Secso y movilidad articular

​Hablemos de secso y de mejorar la movilidad y disfrutar de un cuerpo suelto, lubricado, disponible, fresco y calentito al mismo tiempo, que se mueve bien en el día a día.

Ostras.

Escribo esto en viernes.

Eso quiere decir que mañana es sábado.

Lo que a su vez significa que para la mayoría de los que tenemos peques es el día en que mojas sí o sí.

Lo dice el dicho, ¿no?

Sábado sabadete, camisa nueva y polvete.

Luego, si entre semana cae algo más, pues ya depende de si cuadran los horarios de los peques con las apetencias, la fatiga, el ciclo menstrual, los dolores de cabeza y otros tantos condicionantes de unas y otros y otras y unos y viceversas.

Qué le vamos a hacer.

La vida secsual de una persona en la media, mediocre, normal.

Hablando de secso y de dichos…

Leía un retuit del bueno de Pau Oller que, además de hacerme reír, me ha provocado cierta reacción en plan:

Joder, siempre estamos con lo mismo.

Y no nos damos cuenta.

Y caemos una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez en el mismo error.

Y no es repetir hasta el hartazgo burpees y más burpees o ejercicios abominables.

Ay. Abdominales, quiero decir.

Eso creo (o espero, por Dios) que cualquiera que lea estos correos ya lo haya superado.

Lo dejaremos para quien no haya dejado atrás su adolescencia, a pesar de sumar más de 30 y algo.

Lee.

Lo que leí:

«​Leer acerca del acto secsual no tiene nada que ver con un buen revolcón»​.

Una forma más de ejemplificar aquello que siempre reitero de que la información y la transpiración no son lo mismo.

Y que, en realidad, la primera no sirve de nada sin la segunda.

Entonces…

En el caso de que lleves tiempo leyendo y leyendo y leyendo…

¿Seguir leyendo y continuar tan tieso como el 99% de la gente?

¿O pegarte un buen revolcón y, bueno, ya sabes…

Mmmmm… Oooooohhhhh… Síííííí… Oh my God!?

Para lo segundo: Movilidad Natural

Rober

PD: 8 semanas transpirando. Menudo follón de los buenos (no de información) se puede liar. En el enlace.