No necesitas mi curso, va en serio

Esto te puede ahorrar disgustos y malgastar bastante pasta.

Leía a Luis Monge Malo y, jopetas, pensamos igual pero él con el dinero y yo con el movimiento.

A ver…

Monge Malo planteaba una pregunta:

¿Por qué narices Bruce Springsteen sigue ofreciendo conciertos de más de tres horas?

A sus 74 años y dándolo todo, cuidado.

Y también podríamos hablar de Mick Jagger, Steven Tyler, Tom Jones…

Toda esta gente ya ha ganado todos los fans y el dinero y el reconocimiento y la fama posibles.

Y ahí siguen, al pie del cañón, dale que te pego, rozando los 80 tacos.

¿Por qué leches lo hacen si, sin ninguna duda, NO LO NECESITAN?

Pues está claro.

Bruce Springsteen sigue con sus conciertos porque le excita hacerlo.

O, en palabras de Monge Malo, porque «todo el proceso, vivir la experiencia de una gira, los viajes, actuar ante decenas de miles de personas, cantar con su banda de abuelos e invitar a los Obama, le pone cachondo, se la pone dura».

No hay necesidad.

Sí hay diversión, goce, adrenalina, disfrute, juego, cosquillas, fiesta, sudor, pasarlo bomba.

Energía, exuberancia, vitalidad, EXCITACIÓN.

Si esta lección de vida (que yo sugiero aplicar en todos los ámbitos) te la llevas al cuerpo, collons

Porque llega un punto en que la cosa no va de necesidades.

Sino de la vida que quieres vivir realmente, de las posibilidades que te ofrece, de la riqueza de experiencias, de lo bien que puedes llegar a pasártelo en movimiento —según con qué recursos cuentes, claro.

Es “solo” eso.

Dejar ya a un lado la triste y pobre mentalidad de mínimos y, sin sentirte culpable ni nada parecido, decir:

Estoy hasta los huevos de limitarme con la “mínima dosis de ejercicio necesario” tan de moda, ¡pandilla de muermos!

¡¡Quiero moverme!!

“Solo” eso…

Movilidad Avanzada de Piernas

Rober

PD: no solo te enseño a tocar… también a mantener afinado el instrumento dedicando muuuuy poco tiempo. Menudos conciertos te puedes pegar, ahora y a los 70. Ya sabes dónde.

Conocer la velocidad de mejora de la movilidad

Una cuestión muy habitual cuando alguien se aventura con algún tipo de “programación” para mejorar la movilidad (o la fuerza o cualquier otro atributo), suele ser todo lo relacionado con el tiempo y la velocidad de progreso.

Cuánto tardaré en mejorar y tal…

Enseguida respondo a la pregunta pero, antes, permíteme insistir en algo que considero básico:

Está bien y es normal fijarse en esas cosas.

Aunque, al mismo tiempo, creo que no es lo más importante.

Lo primordial es moverse a conciencia y con conciencia, en las direcciones oportunas y con las herramientas adecuadas.

Si a eso le aplicas consistencia, tu cuerpo pillará el mensaje y no podrá hacer otra cosa que progresar.

Y para eso necesitas que el abordaje sea eficaz y viable, tolerable y sostenible, más que “rápido”.

Si además lo haces centrándote en cómo responde tu cuerpo individualmente y adaptándote a él (y no según teorías o hipótesis académicas), vamos a decir EN TIEMPO REAL, podrás ir jugando con las variables y optimizando dicho progreso.

Luego, en cuanto al tiempo y la velocidad…

Verás:

Yo no sé si tienes perro o no.

En mi familia siempre ha habido perros.

Ahora vive con nosotros una chihuahua de ocho años.

Mediana edad.

Y, cómo no, la saco a la calle lo más a menudo posible.

Entre otras cosas, para que haga sus necesidades.

Entonces… No sé si sabes cómo va la cosa.

Generalmente así:

Vas caminando.

Ve un árbol.

Tira de ti.

Lo pillas, le haces caso y te acercas a la parcelita del árbol.

Se mete en la tierra.

Empieza a olfatear.

Y da vueltas y olfatea y da vueltas y olfatea.

Se parece a esos que hacen series interminables de burpees —¿por qué? ¡¿por quééé?! Oh, Dios.

Hasta que encuentra algo que yo soy incapaz de ver.

Se queda ahí, oliendo con más intensidad.

¿Meará ahora?

Puede que sí.

O puede que no (y me cague en su padre) y que siga dando vueltas.

¿Cuándo meará?

¿Hasta cuándo dará vueltas y soltará un par de gotitas?

¡Que ya ha marcado dieciocho árboles y no le queda nada de pis, conyo!

Bueno…

Pues la verdad es que nunca sabrás si justo en ese árbol meará pronto o tarde, rápido o despacio.

Lo único que sabes es que el pobre bicho lo hará cuando le dé la gana como organismo vivo e impredecible que es.

Ojo:

Si perseveras en ser paciente, no tienes de qué preocuparte: finalmente lo hará.

Para adivinaciones sobre tiempo y velocidad de progreso no es aquí.

Para aprender y desarrollar e involucrarte y mejorar consistentemente adaptándote a cómo se comporta tu propio cuerpo, cosa que nadie puede conocer mejor que tú en el día a día, sí es aquí:

Movilidad Avanzada de Piernas

Rober

PD: la movilidad articular es una habilidad corporal, y la curva de aprendizaje es la misma que en cualquier otra parte. O sea, generalmente (no tiene por qué cumplirse siempre), la cosa suele mejorar “rápido” y luego la curva se va aplanando. Esto pasa con el cuerpo, con los idiomas, con la petanca, con la música… Por lo tanto, otra vez: te sugiero no centrarte en la velocidad de progreso, y sí en la conciencia, el sentido y la dirección, el camino. Ya sabes dónde.

Cómo prevenir lesiones al entrenar la movilidad

​Cómo prevenir lesiones al entrenar movilidad.

Ojo.

No cómo prevenir lesiones por entrenar movilidad.

Eso tiene medio de cierto medio de patraña.

Quiero decir.

Por entrenar la movilidad articular NO vas a prevenir lesiones.

Para eso, para prevenirlas, entrenes o no la movilidad, hace falta otra cosa.

Entonces…

Daremos por supuesto que la entrenas, la movilidad, digo.

Porque te has dado cuenta de que es un atributo que te está limitando.

Para moverte mejor y para disfrutar más de tu cuerpo en movimiento.

Gozarlo, jugar con él, divertirte.

No machacarte haciendo ejercicio y planchas abominables y estiramientos interminables antes de irte a dormir.

*(¿Quién soporta eso?).

Bueno.

Yo prefiero poder moverme bien y divertirme mientras tanto.

Sobre todo con mi hija y haciendo burradas, si es posible.

Eso es lo mejor.

Me he ido…

¿Qué decía?

¡Ah, sí!

Cómo prevenir lesiones al entrenar la movilidad.

Eso lo consigues como consigues prevenirlas ante cualquier tipo de acondicionamiento físico.

Como si es la resistencia o la fuerza, por ejemplo.

De hecho, mira tú por dónde, entrenar la movilidad es entrenar la fuerza de las articulaciones en sus extremos de recorrido y para posiciones o situaciones de cierta desventaja mecánica.

Lección que me ha salido y te llevas de grat1s.

Qué jaleo de correo que me está quedando.

¡Ahora sí!

¿Cómo prevenir lesiones al entrenar la movilidad?

Esto es una constante que vamos resolviendo durante los próximos 10 meses en el Laboratorio.

  1. Cogemos los hitos:
    1. Carpado – doblar el cuerpo con las piernas extendidas.
    2. 90/90 – rotación guay de caderas.
    3. Espectro – rodillas compactas
    4. Espagat – ¡Uau!
    5. Mariposa – aperturas 1.0
    6. Sapo – lo flipas
    7. El reloj – tic tac para tobillos
    8. Middle split – Van Damme al poder
  2. Los desgranamos uno por uno en bloques de 5 semanas.
  3. Los practicamos y te conoces en movimiento específicamente en cada uno de ellos.​
  4. Extraes conclusiones mientras tu movilidad mejora lo que da de sí en 5 semanas.
  5. Aprendes, entre otras mil cosas, a PERIODIZAR el entrenamiento individualmente según tu experiencia, condición de partida, sensaciones, progreso personal y cantidad de cosas que ningún maldito libro o «programa de copiar y pegar» te enseñará.

Pues se hace así.

Y ocurre aquí:

Movilidad Avanzada de Piernas

Rober

PD: lo de la periodización es, en todos los ámbitos, lo que más cuesta entender y aplicar. Especialmente cuando uno está motivado. Más especialmente cuando uno hace las cosas al tuntún.

Me pongo la túnica de futurólogo metemiedos que no me mola pero uno ya es muy viejo en esto -> lesiones aseguradas.

PD2: poquito a poquito, autoconocimiento, aprendizaje para ahora y para el futuro, sin prisa pero sin pausa. 10 meses. 9 estadios. Y el curro que te quedará definido al terminar.

Ya sabes.

Envidia mal ordenada

Hablemos de lo envidiosos que somos, y de frustración y estancamiento y hasta hacerse pupita y cómo ahorrárnoslo.

Lo he explicado más de una vez.

La envidia puede ser una gran brújula.

Te indica por dónde tirar, hacia dónde moverte.

Yo la sentí hace ya más de diez años:

  • Con aquella anciana japonesa que dejó en evidencia mi (no) movilidad natural en un templo de Bangkok.
  • Con Melisa, mi amiga bailarina y trapecista, que me pidió ayuda para “entrenar” y me dejó claro (sin querer) que ella sabía moverse mucho mejor que yo, el “experto del fitness y el ejercicio”.
  • Con los chicos de DAPP, una asociación de parkour, con los que compartí algunas sesiones y me enseñaron cuánto te limita un gimnasio y que, por mucho “entrenamiento funcional” y tal, si no te mueves de verdad… ¿dónde queda tu habilidad?

Y la sigo sintiendo, ojo.

Y escuchando y siguiendo.

Al fin y al cabo, de este tipo de envidia emerge un gran motor.

Sin ninguna duda, el más potente de todos.

Fíjate tú si es bestia, que todos nosotros lo llevamos de serie, en los genes.

Y cuando somos peques lo exprimimos.

Vemos una cosa y se nos abren los ojos.

Una idea se instala en la cabeza instintivamente:

«¿Y si lo pruebo? ¿Podría hacerlo yo?».

Y nos lanzamos.

Luego, dependiendo del resultado, la cosa se autorregula.

Pero funciona así.

De adultos ya no.

Lo vemos, sentimos curiosidad, admiración, cierta envidia, incluso quizá aparece la idea…

Y nada.

Nos quedamos parados disciplinadamente, con lo de siempre, pumpum, pumpum.

¡O sí, qué conyo!

A estoy voy:

A veces sí que nos lanzamos.

Porque estamos hasta el gorro de la mamonada de “hacer ejercicio”.

Y porque sabemos que parte del juego consiste en esto.

Volver a tirar de curiosidad, de valentía, de «¡yo también quiero moverme así!», de «¿y por qué no?».

Y es entonces cuando la envidia necesita cierto ORDEN.

Me explico:

Al menos es lo que yo he experimentado durante la última década metido en estas cosas.

Si nos comparamos con los más peques, es evidente.

Sus cuerpos son una tabula rasa.

No hay restricciones.

Si hay algo, es carencia -de fuerza, de control motor, de estabilidad.

Pero limitación en cuanto a accesibilidad, cero.

Con los adultos que nos inspiran (gimnastas, bailarines, artistas marciales, acróbatas, gurús), es un poco más difícil verlo.

Somos cortos de miras.

No tenemos capacidad para comprender en ese instante todo el proceso que ha habido detrás para conseguir hacer lo que hacen.

Y es fácil caer en probar y experimentar y eso (que está muy guay, cuidado), y no darte cuenta.

No darte cuenta de que el background y el contexto son totalmente distintos.

Y tú dale que te pego, pasándolo mal siempre por el mismo motivo: que tu cuerpo, en ciertos sentidos, no da de sí.

E incluso apretando más de la cuenta y, bueno… ya sabes lo que pasa.

*Por ejemplo, mis caderas, mis rodillas y mis lumbares lo han sufrido en más de una ocasión, aunque por suerte (o no) ya van a cumplirse cinco años desde mi última lesión, JUSTO por lo que estoy explicando.

En fin:

La envidia requiere orden.

Un orden distinto a la de los peques y la épica adulta que nos inspiran.

No es que no sea compatible con jugar, explorar, probar, trastear…

Pero si tu limitación siempre es la misma cuando vas al gimnasio, haces Crossfit, yoga, danza, escalada o simplemente te da por moverte y jugar, esto puede interesarte:

Movilidad Avanzada de Piernas

Rober

PD: cuando tienes el armario ordenado, encuentras tu camiseta preferida de un vistazo. Ya sabes dónde.

Padres cortos en el cole

​Ojo, que vengo con un truco de movimiento espectacular para moverte mejor.

Dentro de exactamente 18 líneas.

Gracias a los papis cortos y mamis cortas del cole de mi hija.

Sonrojante como mínimo.

El otro día fue el primer día.

Desde hace tres años, todos los primeros días son iguales para mí… y para el resto.

Cosa preocupante, ya que me chiva que el panorama sigue igual.

Un año y otro año y otro año igual, quiero decir.

Una locura en plan “el día de la marmota” lo de algunos papis y mamis.

No sé si te habrá pasado alguna vez esto de estar anclado en el tiempo.

Pero sin dejar de envejecer.

Uff.

Es día de adaptación.

Los peques no van a tener problema.

Los padres y las madres pasan apuros, lo cual les pone en evidencia.

Abril está la mar de adaptada ya porque llevo pre-adaptándola hace días.

—Cariño… Cinco minutos y me voy a casa.

Los cinco minutos que me bastan para ver lo cortos que son padres y madres.

*Matizo, más padres que madres.

El truco:

No hay nada como mirar.

Miras y lo ves enseguida.

  • Las muecas.
  • Los ays y uys
  • Los gestos raros.
  • La gotita de sudor en la frente.
  • La cara como un tomate.
  • La mano en la rodilla o en las lumbares después de un par de minutos agachados o sentados en el suelo.

Porque es lo que hay cuando estás con peques de tres, cuatro, cinco años…

Te mueves por ahí abajo.

Y hay cuerpos que no lo toleran.

Que se quejan, se molestan, se incomodan.

O, lo peor, incluso algunos que no pueden ni planteárselo.

No es yoga, circo, Pilates, Crossfit, una maratón…

Es la vida y gestos normales, naturales para el ser humano, cuidado.

Y cuerpos que…

Mejor lo dejo aquí, ¿no?

Mi opinión que nadie me ha pedido es que es una pena en el presente.

No la molestia, la imposibilidad o la queja.

Eso también.

Pero sobre todo el no poder disfrutar plenamente, espontáneamente, naturalmente, cómodamente con tus crías o, en su defecto, las que tengas alrededor.

Eso en el presente, decía.

¿Y en el futuro?

Porque está muy guay esta vena mística del aquí y el ahora y tal.

¿Pero mañana qué?

En este sentido, solo veo personas cortas de miras.

Si entre los 30 y los 40 te mueves así…

Mejor lo vuelvo a dejar aquí, ¿no?

Para ponerse las pilas y que no te vuelva a pasar ni el año que viene ni nunca más, tal vez esto te interesa:

Movilidad Natural

Rober

PD: no hay juicio alguno. No ver el presente o el futuro desde un punto de vista corporal significa que la mente está muy lejos, desconectada, en sus cosas. Y vete a saber lo que a cada cual le ha llevado a ese punto. A mí también me pasa en otros sentidos. ¿Cómo atreverme a juzgar? Así que solo observo y apunto en la dirección del movimiento, el bienestar y la vitalidad cotidiana. Si no te das cuenta, nada que hacer. Si te das cuenta, eres consciente. Si eres consciente, puedes actuar (moverte) en consecuencia. En el enlace.