Práctica diaria: fumarse un porrito

Anexo 6.1 del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).
*Sobre todo para quien tenga conflictos, fricciones, problemas con practicar X todos los días

Visto lo visto hasta el momento, y sin haber visto lo que vendrá (que tiene tela), como soy perro viejo en esto y huelo a la legua las resistencias y objeciones habituales de algunas cabezas y cuerpos, no puedo (ni quiero) evitar dejar ir mis dedos…

Y pienso en Joan Junior.

Un tipo con el que me cruzo cada día en la puerta del local de al lado de mi casa.

De unos treinta años, Dockers y camisa, barbita bien cuidada, iPhone en mano y ojeras de caballo. Se nota que «tiene estudios». Y lo apunto porque lo que voy a contar suele concebirse como algo propio de «garrulos», «chonys», personas con «familias desestructuradas»… pero nada de eso. Los «pijos» también caen en estas cosas, como todo quisqui, como yo.

Entonces, Joan Junior, me cruzo con él cada día.

Cada día a la misma hora, cuando salgo con Abril hacia el cole.

Llega sobre las 7:50 en su Cupra recién estrenado. Trabaja en la oficina de una empresa pequeñita. Es de su padre, a quien conozco.

Y cada día a la misma hora haciendo lo mismo…

Fumándose un porrito.

Ni juzgo a Joan ni juzgo al porrito.

Todos tenemos nuestras vías de escape.

Quizá «tanto» movimiento (que no ejercicio) sea la mía.

La mente se me va a todas esas cabezas descorporalizadas (sin juzgar, de nuevo) que se puedan encallar en la idea de que la PRÁCTICA DIARIA y el movimiento integrado que he descrito estos días es un tanto «obsesiva».

O, vete a saber, patológica, enfermiza, «ortoréxica» -si habláramos en términos dietéticos.

Bueno…

A lo largo de los años lo que he visto es que, de alguna manera, todos nos obsesionamos con cosas.

Dependiendo de las obsesiones que practiques, especialmente las que practicas cada día y de manera inconsciente, pues tu vida es una u otra.

Y para lo que nos incumbe estos días más, teniendo en cuenta una GRAN obsesión cultural imperante:

El no-movimiento, el sedentarismo, la parálisis convencionales.

(Obviamente, no estoy hablando solamente del «movimiento mecánico» del cuerpo, la falta de «ejercicio»).

Creo que, aunque estoy abierto a mi propia equivocación, el movimiento que planteo por las mañanas de buena mañana todos los días como PRIMER movimiento, así como el movimiento integrado, tal como vimos el otro día comprendido como unos fundamentos fundamentalísimos (y muy moderados, por dios) de:

  • Auto-conciencia
  • Vitalidad
  • Reconexión
  • Vigor
  • Naturalidad

…son una buena obsesión, si quieres mirarlo así.

Al fin y al cabo, son el reconocimiento y la materialización de uno de los pocos hechos que podemos afirmar como certeza:

Somos seres vivos con la posibilidad de darnos cuenta de que nos damos cuenta, de ser conscientes de que somos conscientes, utilizando ineludiblemente como vehículo vital el propio cuerpo que, para más «tocada de narices», tiene como pilar de funcionamiento «interior» y relación con el «exterior» (como todo lo viviente) el movimiento.

**Qué «putada», ¿verdad? «Tener que» moverse… Con lo guay que sería ser un ordenador con patas…

Pues diría más:

Estoy convencidísimo de que si pillara a Joan Junior completamente sereno, después de una mini-práctica matutina conmigo, además de encontrarse de puta madre y no apetecerle el porrito de las 9, reconocería que la suya no es una buena obsesión, ni que fuera por unos instantes y a pesar de los «beneficios» a los que apuntan algunos estudios científicos.

Luego, está claro, dependiendo de mil cosas que se me escapan, se movería hacia un lado o hacia otro, quién sabe.

Y está bien así.

Siempre está bien.

Total, puedo estar completamente equivocado.

Rober Sánchez

PD: de hecho, ahora es cuando llega mi amigo el porreta y me suelta «tío, Rober, tanto ser consciente y no te das cuenta de que justo lo que pasa es que es mucho más fácil. Si te fumaras un porrito todos los días no te haría tanta parafernalia de movimiento para alcanzar según qué estados de conciencia». ¡Jaja!

(6) Práctica intencionada, flexibilidad y micro-prácticas

Este es el sexto capítulo del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Tienes toda la información del proyecto en su página de presentación e índice.

Puedes participar activamente en los comentarios. Consulta las bases del enlace de arriba.


Si recapitulamos, los fundamentos están consolidados y, al mismo tiempo, se puede disfrutar de ellos en una vida de alta demanda sin fricción.

Peeeeero…

*Siempre hay un pero…

En ese viaje que puede representar cualquier jornada de la vida de una persona normal que practica movimiento como un servidor, si nos guiamos por el hilo conductor de Camina, salta, baila, en el fondo hasta el momento nos hemos dejado llevar por el concepto de necesidad, aun comprendiéndola dentro del gran universo de la posibilidad.

A ver… Obviamente esto no es casualidad. Es prioridad.

Quiero decir: por muy chachipiruli que sea mi práctica «en general» y por mucho que me haya abierto a las meta-cuestiones (meta-conciencia, meta-motivación, etc.), soy humano y parte del movimiento interno de mi primitiva mente se alimenta de los miedos, esos mismos miedos en los que se apoyan las necesidades.

Entonces, en este sentido uno no es idiota y hay cosas a futuro que me preocupan (muy parcialmente) y de ahí que exista cierto «orden prioritario».

Con todo lo de arriba, pues, las necesidades más básicas quedan cubiertas de sobra de manera la maaaaar de viable llueva, truene o nieve, o el bebé dictador tenga diarrea.

Sobre los sólidos cimientos «necesarios», entonces, llega el momento de disfrutar, explorar, jugar, abrirse más todavía.

Sumergirse en lo desconocido, en la incompetencia, la frustración, el descubrimiento, el aprendizaje, la adaptación, el reto.

Y en ningún caso guiado por las motivaciones pobres típicas (rendimiento, estética, salud).

Todo gira en torno a un motor: la curiosidad.

Alimentado, fundamentalmente, por la gasolina de la intuición.

Y teniendo como principal GPS de progresión la inevitable complejidad (a no ser que prefieras ser un robot que se quede anclado en la repetición exhaustiva de patrones simplones al estilo burpees y demás).

En resumen: la práctica intencionada de movimiento.

PRÁCTICA INTENCIONADA

Esto es muy fácil y muy «difícil» al mismo tiempo.

Empecemos por la parte fácil.

Consiste en no pensar en objetivos, resultados, «beneficios», músculos, calorías, mitocondrias.

El centro es uno y solo uno.

Y no es ni tan solo el cuerpo en sí.

Es el Movimiento, nutrido por movimientos.

La práctica intencionada consiste en dedicarse con intención deliberada a la investigación, exploración y aprendizaje de Movimiento (o sea, en el fondo, de ti mismo), recurriendo para su desarrollo a una serie de tareas de movimiento, en movimiento.

Por eso es una práctica, no un «entrenamiento» y ni mucho menos «hacer ejercicio».

**A nivel puramente práctico, plantearlo como si, por ejemplo, quisieras aprender a tocar el piano, y asumir que el proceso no tiene fin y durará toda la vida, suele servir de mucha ayuda para comprender la idea. El «piano», el instrumento es tu propio cuerpo. Y tú eres el músico. Y puedes tocar hasta el último día.

¿Ejemplos de posibilidades?

Gatear, saltar, rodar, lanzar, cargar, resbalar, balancearse, comprimirse, equilibrarse, arrastrarse, tirar, temblar, agacharse, relajar, bailar, sujetar, nadar, escalar, reptar, propulsarse, deslizar, ondular, tensar, trepar, pivotar, voltearse, extenderse, botar, rigidificar, empujar, patear…

¡FÍJATE!

Son siempre verbos, acciones, tareas, habilidades… MOVIMIENTOS.

(No «ejercicios» como press de banca, curl de bíceps, burpees, planchas abominables, patadas de glúteos…).

Y de cada uno de ellos se puede aprender tanto.

Y con cada uno de ellos se puede explorar tanto.

Siempre de lo más simple a lo más complejo atómicamente, uno a uno.

Y, por qué no, secuenciarlos, mezclarlos, combinarlos.

Y, por supuestísimo y finalmente, como la vida misma, improvisarlos.

Esto sería explicarlo «fácil».

¿Y explicado «difícil»?

Pues imagínate…

Es tan pero tan difícil que no se puede explicar, es imposible.

Pero esto no es una tesis doctoral, sino un mediocre blog.

Si quieres rascar más, como siempre, te invito a leer Camina, salta, baila.

¡Lo importante ahora mismo!

Lo importante en este proyecto, quiero decir, que va de bebés y/o vidas de alta demanda.

¿Cómo hacerlo?

¿Cómo llevarlo a cabo y encajarlo?

FLEXIBILIDAD

No me andaré por las ramas.

El contexto es conocido y es el que es.

44 años, post infarto cerebral, trabajador autónomo con cantidad de ocupaciones y preocupaciones, las más gordas mis hijos (Abril 5 años, Max 2 meses), seguido de mi familia y amigos, y el día a día de la casa, la perra (Lula), la compra, la cocina, el estudio, el entretenimiento (necesario también), etc.

O sea, persona normal con una vida de alta demanda.

¿Cómo encajar la práctica intencionada entre toda esa maraña?

Detallar mi «agenda» sería absurdo (de hecho, ya conoces al dedillo mis mañanas, aunque a la vez te sugiriera no copiarlas).

Hay algo más interesante: lo que he tenido que aceptar y reencuadrar con el paso de los años y las nuevas circunstancias de family man que me ha llevado a este principio fundamental de mi práctica.

De hecho, es algo de lo que está teñido mi práctica matinal, por ejemplo, a la vez tan concreta y «estructurada» y tan incierta y variable.

Y, bueno, el movimiento natural integrado en lo cotidiano ya se caracteriza por ello de base.

Flexibilidad es la palabra.

De alguna manera, me he visto obligado a convertirme en una persona tremendamente flexible, así, en general.

Inevitablemente, también he tenido que aplicar dicha flexibilidad a mi práctica intencionada.

¿Proyectos, sistemática, progresiones, método? Siguen ahí, tal como expuse en Camina, salta, baila.

Ahora… dedicación fija, «programada» en grandes bloques de tiempo ineludibles, con energía infinita para afrontar la exigencia…

¡Ja!

Pero mira, te diré algo.

Lo considero uno de los mayores aprendizajes de mi vida en cuestiones de movimiento interno.

Probablemente, de conocerme hace unos años, te habrías topado con un tipo cuadriculado, rígido, anticipativo, controlador (de su propia vida, no la de los demás, ojo), planificador al detalle (sigo siendo muy meticuloso, aunque ¿planes?… si no sé ni a qué hora le daré el próximo biberón a Max…).

Todo eso, abrazando la flexibilidad vital (nunca hablo solo de «movimiento» físico), se ha ido disolviendo por sí solo.

No he tenido ni que hacer un esfuerzo por «cambiar», así que tampoco hay mérito personal en esto.

Ha sido más una cuestión de rendición (no resignación).

Dejar de forzar o luchar y, por ende, rozar o sufrir.

Darme cuenta de que esa adaptabilidad de la que tanto pregonaba, en realidad, brillaba por su ausencia.

En términos de Taleb, ser consciente de que mi práctica pre-paternidad podía ser consistente, robusta, resiliente, firme y, al mismo tiempo, taaaaaaan FRÁGIL.

En cambio hoy, al haber soltado definitivamente (por rendición, insisto, jaja) la expectativa, el «progreso», la enorme disciplina con la que me había movido durante tantos años.

Uff.

Alivio es poco.

Paz absoluta lo resumiría todo.

Y más cuando he adoptado una nueva forma de abordarlo que, curiosamente, es la mar de efectiva y a partir de la cual también se puede seguir aprendiendo, profundizando, refinando, incluso mejorando y progresando…

MICRO-PRÁCTICAS

***El prefijo micro, en este caso, no debe confundirse con lo corporal (pequeño/analítico versus grande/global), como cuando hablamos de micro y macromovimiento unos capítulos atrás.

Cuando uno tiene una vida de alta demanda hay tres aspectos a mimar, en mi opinión:

  1. El tiempo.
  2. La energía.
  3. El foco.

Centrémonos en el punto 1, que es el que acostumbra a implicar mayor fricción. Aunque los otros dos también se ven positivamente influenciados por lo que voy a explicar.

Más allá de la comentada flexibilidad a la hora de plantear la práctica intencionada en general para no tener que pelearse con la vida (que ya bastante «batalla» conlleva), en el momento de reservar tiempo para practicar y aprender «en serio», no al tuntún, el concepto de micro-práctica, que he desarrollado y adaptado durante los últimos meses (empecé mucho antes de que naciera Max, fruto de mi tendencia a la anticipación), me ha salvado la vida.

¿Cómo funciona?

Sencillo.

Absolutamente todos los proyectos que tengo abiertos y que seguramente ocuparán lo que queda de año (escribo esto en junio de 2024, así que me queda más de medio año de desarrollo), ahora mismo relacionados con…

  • Acrobacias.
  • Rodados.
  • Espirales.
  • Manipulación de objetos.
  • Elasticidad (no movilidad).
  • Fuerza unilateral.
  • Mirada apreciativa (movimiento interno).

…pues absolutamente todos ellos están planteados de una manera tan pequeña, progresiva y específica que puedo abordarlos en breves sesiones de no más de 15-20 minutos (o incluso menos algunos de ellos).

A no ser que la vida me lo ponga muy a huevo como para disfrutar de sesiones más largas (y lo hago encantado, pasarme dos o tres horas seguidas en movimiento, oh my god), la gran mayoría de mis prácticas son micro-prácticas.

Micro-prácticas que se traducen en micro-tiempo, micro-energía, micro-foco. Maravilloso.

Como decía, la mar de factible, viable, eficaz, sostenible, tolerable para una vida como la mía y la de, creo, cualquier persona normal.

Esto, para mí, hace unos años era inimaginable.

Tenía instalada la creencia de que si no practicaba en sesiones de mínimo (¡mínimo!) dos horas, no valía la pena ni ponerse. Esto, a menudo, y está claro que gracias a vivir bajo otras circunstancias, me llevaba a practicar tres o cuatro horas seguidas, incluso doblando sesiones algunos días. Bendita juventud egocéntrica…

E insisto en algo: no es tanto una cuestión de tener el tiempo disponible o no tenerlo. Si fuera multimillonario y no tuviera criaturas, podría dedicarle toda mi vida al «movimiento» aunque tuviera 57 años… y sabiendo lo que sé ahora NO LO HARÍA.

Porque no va por ahí la cosa…

Hablo más del cerramiento de mente, la rigidez con uno mismo, la obsesión por la habilidad (y no la vida).

Pero vaya, que no me quiero ir del tema…

El tiempo.

Micro-prácticas.

15-20 minutos, no más.

Una, dos, tres, ocho veces al día según el «destino», con absoluta flexibilidad, sin obligación.

Y así, como una hormiguita, seguir caminando el camino.

Gran alternativa (de verdad que nunca me lo habría pensado ni creído) para una vida de alta demanda.

Así es mi práctica ahora…

…e intuyo que por muchos años…

…al menos hasta que Abril y Max se marchen de casa, al paso que vamos como sociedad… ¿a sus 45?… ¡jajaja!

****Hay que tomárselo con humor, leches…

Si la flexibilidad, sobre todo mental, y las micro-prácticas son las responsables de que pueda seguir aprendiendo y disfrutando del proceso, lo que veremos en el próximo capítulo ya ni te cuento.

De momento, si tienes cualquier duda que quieras que responda, déjala en los comentarios (según las bases del proyecto).

Notificaré mis respuestas en público y por correo —si quieres estar al tanto, suscríbete a mi lista de correo aquí.

Rober Sánchez

Alta frecuencia. No-meditar, correr, movilizarte y vigorizarte TODOS LOS DÍAS

Anexo 5.1 del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Después de cinco capítulos, cinco de nueve (fíjate en la proporción), ya puedes imaginarte el peso que tiene en mi práctica de movimiento el planteamiento de base de no-meditar, correr, movilizarme y vigorizarme de buena mañana, compatibilizándolo perfectamente con la vida familiar matutina (dejando a un lado lo de integrar movimiento durante el resto del día, que todavía suma más exposición, riqueza y complejidad).

Claro, cuidado, este planteamiento matinal tiene un fallo.

Un fallo que, precisamente, soluciona la ALTA FRECUENCIA, la intención (palabra clave en la práctica de movimiento) de completar esta primera práctica TODOS LOS DÍAS.

Antes de nada, fíjate en esta curiosidad…:

Sé y reconozco que desde un punto de vista puramente mecánico, «físico» vamos a decir, incluso por y para los motivos racionales expuestos hasta ahora, la PRÁCTICA DIARIA de todas estas historias no es necesaria.

O sea, podría plantearlo… yo qué sé… tres o cuatro días a la semana, y para lo «fisiológico» serviría igual, prácticamente no cambiaría nada.

Entonces…

¿Por qué?

¿Por qué tanta dedicación y «obsesión»? (Ojo al anexo 6.1 del capítulo 6, próximamente).

¿Por qué es algo que tengo en mente a practicar TODOS LOS DÍAS a ser posible nada más me levanto?

Por dos motivos, el primero más conceptual/profundo y el segundo más práctico/sencillote:

LA PRÁCTICA MÁS ALLÁ DE LA PRÁCTICA

Si insisto en esto, y recalco que no tiene nada de «espiritual», y que en el fondo es algo muy de estar por casa y terrenal, dadas las circunstancias sociales y culturales del momento, será por algo…

No es la salud del «cuerpo» —ni tampoco la «mental».

No es lo «físico».

No son los músculos, las articulaciones, las calorías, las hormonas.

Evolutivamente ya toca dar un «salto consciente» sapiens en estas cuestiones…

Hay dos hechos descritos con todo lujo de detalle en el Capítulo 1 que se resumen así:

Vives y experimentas a través de un vehículo, un instrumento.

Su principal vía, estrategia, manera de vivir y experimentar es el movimiento.

Lo tienes a tu disposición siempre y es gratuito.

Pero tú, como yo todavía en algunas ocasiones, te pierdes en el encabezonamiento (cabeza con corazón, pulmones y extremidades) del día a día.

Cosa que no solo tiene consecuencias «corporales» personales, sino sociales, culturales, comunitarias. No sé si esto se ve lo suficiente…

Así que… ¿Por qué no moverse a conciencia y con conciencia TODOS LOS DÍAS y con la mayor frecuencia posible?

A partir de ahí, no como «cuerpos que se mueven», sino como personas… pasan cosas.

Y es algo que sí considero NECESARIO, MUY NECESARIO.

Pues eso.

NO LO CONSIGO CADA DÍA

Este es el segundo motivo y, a su vez, el FALLO de la práctica diaria.

Fallo que, paradójicamente, acaba haciendo de la práctica diaria una gran ventaja…

¿Paradoja?

En la cotidianidad de una persona normal con un bebé a su cargo (o una vida laboral, académica, familiar de alta demanda), cumplir TODOS LOS DÍAS con una disciplina férrea es un imposible.

No va a pasar.

Van a ocurrir imprevistos.

Y no lo voy a conseguir.

Esto… O lo ves y bailas con ello, o no lo ves y te fustigas y te frustras y te culpas y lo luchas y vete a saber qué otros sufrimientos.

Recuerdo como un amigo, Víctor Reyes (quizá lo conozcas), en un acto de sinceridad explicaba en público cómo llego a desear (por un breve instante) que su hija recién nacida no estuviera en su vida porque le entorpecía en todas las cosas que «tenía que» hacer.

Y cómo al darse cuenta, al ser consciente, tuvo que encerrarse un buen rato en una habitación de su casa a llorar desconsoladamente.

Intención, compromiso, responsabilidad sí.

Consecución, «éxito» 100% no.

¡Ahora!

Fíjate en esto de la intención de ALTA FRECUENCIA.

La magia (que te saca del «todo o nada» enfermizo imperante):

Tú planteas la historia para practicarla TODOS LOS DÍAS.

De forma coherente, viable, sostenible, tolerable y conciliable.

Oh, vaya… Hoy no ha podido ser, ya sea total o parcialmente.

(Cuidado, que lo siguiente es simbólico… Llévatelo a tu terreno)

El bebé de 2 meses no para de berrear y no hay manera de que se calme, la peque de 5 años se ha despertado antes de lo habitual y de mal humor, tu mujer está destrozada y necesita más cama, tu cuerpo está poco predispuesto porque ayer te pasaste un pelín, está lloviendo a cántaros, etc.

Vale. Bien por hoy. No ha podido ser. No pasa nada. Mañana otra vez: intención de ALTA FRECUENCIA.

Pasa un año.

365 días.

Y has completado la práctica DIARIA, no sé, 337 días.

Ahora multiplícalo por 5, 10, 20 años así.

Ostras…

Yo diría que podemos decir tranquilamente que te has movido CADA DÍA.

Cada día has sido consciente de que eres consciente y has corrido y te has movilizado y te has vigorizado.

En tu casa y viable y sostenible y tolerable y con tu familia y/o tu vida de alta demanda.

Uff.

Y si lo comparas con «frecuencia esporádica» (lunes, miércoles y viernes, por ejemplo), pues más uff.

Sobre todo si el lunes y el miércoles, por decir algo, surge algún imprevisto que no te permite «cumplir». Muy uff y oh oh y ayyyy y uyyyy, una semana sin moverte…

Demasiado riesgo. Demasiado inmovilismo. Demasiada culpa, fricción, re-motivación, vuelta a empezar.

Y ya está.

Rober Sánchez

(5) Movimiento natural integrado

Este es el quinto capítulo del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Tienes toda la información del proyecto en su página de presentación e índice.

Puedes participar activamente en los comentarios. Consulta las bases del enlace de arriba.


Este tipo de movimiento, el integrado, es, seguramente, una de las propuestas que más han contribuido a mi «fama».

De hecho, ocupa gran parte del curso estrella del Laboratorio, Movilidad Natural.

Y también juega un importante papel en otro curso gordote de esta escuela en colaboración con Goigroup, el equipo del neurólogo Arturo Goicoechea, Movimiento Libre.

Todo parte de un hecho indiscutible: el ser humano, hasta hace muy poquito tiempo, nunca ha tenido que «hacer ejercicio», básicamente por la imposición natural de la vida de la necesidad de moverse para sobrevivir, en un principio (caza-recolección) de manera extremadamente rica, diversa, impredecible, y más tarde igualmente exigente, aunque ya empobrecida, monótona, previsible y abusiva según la estación del año (ganadería y agricultura).

En cualquier caso, a pesar de no «hacer ejercicio» (y sin entrar en los perjuicios físicos de la vida «moderna» repetitiva del campo), físicamente todo marchaba bien hasta hace relativamente poco tiempo, ya que todo el movimiento del ser humano ocurría de forma integrada en su día a día.

El ejercicio, la práctica deliberada de actividad física, el reservar bloques de tiempo y planificarlos, programarlos y encajarlos en lo cotidiano como si el movimiento fuera una cosa separada de uno mismo (concepto de encabezonamiento del Capítulo 1), es algo reciente, moderno que llamo movimiento intencionado.

Entré en mucho más detalle en la diferenciación entre ambos movimientos en el segundo capítulo de Camina, salta, baila. Muévete más y vive mejor.

De tal hecho, entonces, hace unos años se instaló en mí una pregunta que me hago a mí mismo y me respondo ACTUANDO cada día:

¿Cómo lo podría hacer para que gran parte de mi movimiento, o al menos los mínimos «necesarios», estén integrados en mi día a día?

Porque otro hecho indiscutible es que a mayor porción de tiempo pretenda dedicar a mi «ejercicio» intencionado, más fricción y conflicto, porque más probabilidad hay de que los cien mil imprevistos diarios de un persona normal con un bebé y/o una vida de alta demanda releguen lo de moverse intencionadamente a último término o incluso a su omisión (que es lo que le termina pasando a la mayoría).

De ahí que conciba el movimiento integrado como indispensable.

Mi práctica intencionada (la tengo y la explicaré muy pronto) está muy bien y tiene su miga. Peeeero… a veces se ve afectada por mi vida de persona normal y me veo obligado a modificarla o incluso (excepcionalmente) a dejarla ir.

Así mismo, cuando esto ocurre, como mi día a día está plagado de movimiento natural integrado, no me preocupo ni lo más mínimo por si «hoy no he podido hacer ejercicio». Tampoco hay culpa, frustración, autoflagelación o algún otro tipo de roce vital.

Los mínimos están más que cubiertos gracias al movimiento integrado (sumado a mi práctica matinal detallada en los capítulos 1 a 4 de este proyecto).

MACROMOVIMIENTO INTEGRADO RÁPIDO

Como un servidor es un humano moderno más, industrializado, metódico, cuadriculado, matematizado, al plantear el movimiento integrado en mi cabeza no puedo evitar caer en una especie de clasificación, dividiendo dicho movimiento en lo macro y lo micro.

Con lo macro se termina rápido. De hecho, más allá de si tal o cual persona es más o menos sedentaria, creo que es algo que todos tenemos en la cabeza.

Son los tópicos que, por supuesto, forman parte de mi día a día. Fíjate en que ya en el Capítulo 2 explicaba por qué caminar y correr son mis primeros movimientos tangibles.

Con los tópicos me refiero a lo de siempre, no soy nada original…: ir de aquí para allá gracias al motor de las piernas (caminar, bici, etc.), subir y bajar escaleras, cargar con la compra, etc.

*Si tienes peques, ya conoces el gran extra de «papaaaaa… ¿me coges en brazos?». En mi caso, Abril acaba de cumplir 5 años y ya pesa algo más de 23 «kilos no diseñados para ser cogidos», si los comparas con una barra, una mancuerna o una kettlebell, digo, lo que todavía hace más rica e interesante la experiencia.

Como esto es tan obvio y en gran parte está cubierto ya de buena mañana y entre los mil trayectos a pie que hago (entre ir y volver del colegio, pasear a mi perra, comprar en los comercios de mi barrio, etc., mi media diaria ronda los 15.000 pasos), esto ya lo hemos resuelto rápido y prefiero centrarme en lo micro..

¿Por qué?

Te cuento…

LO MICRO: DE LA MÁXIMA COMPRESIÓN A LA MÁXIMA EXPANSIÓN

La puesta en práctica del (micro)movimiento integrado en el día a día es algo tan complejo como la vida misma de una persona normal.

Aunque hay una simplificación (que nos hace correr el riesgo de caer en cierto reduccionismo, ojo con esto) que resulta muy útil.

Si miramos la vida actual, más allá de los perjuicios globales y sistémicos del sedentarismo en sí mismo, al menos mi experiencia me dice que la restricción más frecuente (y sufrida) con la que la mayoría de las personas normales tienen que lidiar, incluso las que «hacen ejercicio», rondan cuestiones de amplitud, conciencia, control y coordinación articular, algo que podríamos englobar en el término movilidad.

Para quien «hace ejercicio», el sedentarismo así, «a lo grande», puede parecer estar resuelto.

A la vez, rigidez, tensión, entumecimiento, acartonamiento, cortocircuito motriz, tanto a nivel global como analítico, son señales la mar de prevalentes.

Insisto, incluso para los que van tres días a la semana al gimnasio y cumplen con sus «rutinas».

Ya no te digo para los que salen con la bici, a correr, juegan sus pachanguitas.

Todo eso está muy bien, cuidado.

Dejando a un lado lo evidente de quien no hace nada de nada, cuando uno practica lo que sea, un deporte o vete a saber qué, la pregunta clave siempre es la misma.

Y no es qué estimula aquello que practico (generalmente gimnasio, cardio, «deporte X»).

¿Qué es lo que falta?

¿Qué es lo que, por insistir en una dirección, estoy dejando abandonado?

En el 99% de personas activas, ejercitadas, «deportistas», la movilidad es la respuesta.

Cuando la simplificación de la que hablaba esconde la solución.

Olvídate de las palabrejas que soltaba.

Y de las articulaciones también.

Hacerlo así tiene muchísima utilidad para el desarrollo y el aprendizaje, tratar la cosa por sus partes (articulaciones).

Pero, en el fondo, va mucho más allá y, de hecho, no funciona así.

El cuerpo no funciona así. Solo es una forma de analizar y «manipular» la cuestión.

Obsérvalo globalmente en términos de sinergia y amplitud.

Y simplifícalo en torno a dos posibilidades (que, en realidad, esconden muchísimas más posibilidades, tendiendo a infinitas):

  1. La compresión.
  2. La expansión.
**En los enlaces verás un ejemplo rápido de cada en forma de Test, para que puedas probar a ver qué tal.

Todas las posibilidades de movimiento (no de movilidad) del ser humano ocurren entre estos dos extremos: la sentadilla profunda y la suspensión pasiva, en términos diremos que «técnicos».

Gestos/posturas que han sido protagonistas durante gran parte de nuestra evolución.

Y, encima, integradas de manera natural.

MICROMOVIMIENTO NATURAL INTEGRADO

Así pues, cuando planteo mi movimiento integrado, más allá de lo locomotivo que ya he mencionado como «tópico», me centro en qué le ocurre a mi cuerpo desde un punto de vista articular, ya sea bajo una mirada global o analítica.

A lo largo del día, no solo cuánto sino… ¿de qué maneras y en qué amplitud se mueven mis articulaciones?

Y no en plan gimnasta o artista del Cirque du Soleil, sino bajo un prisma vamos a decir «natural».

¿Exploro posibilidades de movimiento variadas y amplias, tanto en lo compresivo como en la expansivo, que estimulen y nutran mis articulaciones en todos sus «rincones funcionales» de manera diversa, rica, incluso compleja?

De alguna manera, a pesar de que uno pueda considerarse una persona físicamente activa (no sedentaria) y camine y corra y cargue con la compra y juegue con los peques y se mueva «bastante» en lo cotidiano en base a movimientos tan factibles como los mencionados, lo «regular» (no irregular), previsible y monótono de tal escenario hace que igualmente se pueda estar cayendo en algo que denomino sedentarismo articular.

Sí, las articulaciones participan en esas acciones físicas cotidianas como caminar, hacer la casa o cargar la compra, pero siempre de la misma manera, reiterando los mismos patrones, mientras se dejan de lado otras posibilidades y, por lo tanto, perdiéndolas y promoviendo la rigidez, tensión, acartonamiento que todos conocemos, formas que tiene el cuerpo de protegerse por falta de exposición y, definitivamente, miedo a lo desconocido.

Recalco: lo que no usas, lo pierdes.

Nuestras articulaciones son las protagonistas de todos los movimientos que realizamos (no tanto los músculos, que están a su servicio). Pueden rotar, inclinarse, hasta deslizarse entre ellas. No es solo una cuestión de tratar al cuerpo como si fuera una composición de bisagras (visión clásica y pobre a la que se recurre incluso en entornos académicos).

De ahí que mi micromovimiento natural integrado (alto y bajo) que practico y promuevo, ya sin más dilación, es algo que podríamos resumir como:

  1. Pasar tiempo «por ahí abajo», entre distintos tipos de sentadillas, simétricas y asimétricas, y otras posturas, así como transiciones entre ellas (el movimiento «de verdad»), recurriendo a ellas para tareas como comer, charlar, mirar el móvil, trabajar, lavarme los dientes y, bueno, esto me lo ponen a huevo… ¡Estar con los peques!
  2. Pasar tiempo «por ahí arriba», colgándome, balanceándome y transitando de las más diversas maneras en cualquier soporte que tenga a mi alcance (no tiene por qué ser solamente una barra fabricada para que los humanos nos colguemos). En este sentido, la actitud buscavidas que conocen bien mis alumnos de Movilidad Natural es una gran aliada. Dado el escenario en el que vivimos, no es «fácil» encontrar lugares de los que colgarse a simple vista, aunque con un cuerpo curioso y una mirada apreciativa las posibilidades son numerosas.

De esta manera, aunque haya hablado primordialmente de las articulaciones debido a lo empobrecido de nuestro estilo de vida físico, en realidad me paso el día moviéndome continuamente entre lo más compresivo y lo más expansivo sin «hacer (ni un maldito) ejercicio».

Qué vida.

Cuánto movimiento.

Y, fíjate tú, en el fondo del fondo del fondo, nada de lo relacionado con lo que he dicho (sedentarismo articular, salud, restricciones, molestias, etc.) son el motivo primordial para incluir cantidad de movimiento integrado en mi día a día.

LA META-MOTIVACIÓN DEL MOVIMIENTO INTEGRADO

Una vez más, a costa del riesgo de parecer pesado, no puedo dejar pasar la oportunidad de «machacar» con lo siguiente:

Cuando planteamos cualquier tipo de movimiento, de actividad física, de «ejercicio», pecamos de pensar demasiado en todos esos motivos y motivaciones racionales que acabo de repasar, cuando no es necesario y el propio cuerpo y la propia vida se ocupan de ello si hay movimiento rico y diverso en todas sus formas y posibilidades.

Fíjate en esto:

Cada vez que integras el movimiento en tu vida, ya sea a lo marco o a lo micro, y ya sea a lo compresivo o lo expansivo, por abajo o por arriba, hay un momento de reconexión consciente con el cuerpo.

Un movimiento hacia el aquí y el ahora, en el aquí y el ahora (sin espiritualidad ni cosas raras, si no son de tu gusto).

Un «¡Eh! ¡¡Chaval!! Sal de tu cabeza. No es por ahí. Vives en movimiento a través de tu cuerpo. ¿Te das cuenta? No lo olvides, anda…».

(Y, por dios, no caigas en la trampa de reducir el Movimiento al «movimiento» del cuerpo. No es un culto al cuerpo en plan sofisticado, ni mucho menos.

Es una autoconciencia y un reconocimiento de lo que es para retornar a ello, y no ser una presa autómata de una cabeza robotizada.)

Esta es la meta-motivación.

Esta es la continuidad del estado basal pro-movido desde buena mañana.

Este es el «poder» (ni esotérico ni illuminati) de la práctica de movimiento.

Y todavía hay mucho más, que quedan cuatro capítulos…

De momento, si tienes cualquier duda que quieras que responda, déjala en los comentarios (según las bases del proyecto).

Notificaré mis respuestas en público y por correo —si quieres estar al tanto, suscríbete a mi lista de correo aquí.

Rober Sánchez

Fuerza. Práctica versus entrenamiento

Anexo 4.1 del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Soy consciente de que lo expuesto en el Capítulo 4 parece un «entrenamiento» de fuerza.

Lo parece, de apariencia, de lo que se ve en la superficie.

Pero no lo es.

¿Qué es, pues?

Fíjate en el punto de partida y las maneras, el “estilo”.

No es un entrenamiento de fuerza, aunque lo parezca.

Es una expresión de la posibilidad del vigor, dentro de la nebulosa del movimiento.

Y un estímulo simple, factible, esporádico, sutil, muy comedido de dicha posibilidad en un contexto determinado:

“Necesito” (fisiológicamente) encajarlo en una vida de alta demanda para cubrir lo justo y, al mismo tiempo, tengo fuerza de sobra como para perderme en la madriguera del “conejo”, la obsesión en ganar, exprimir, forzar, cuando «no necesito» más fuerza de la que ya poseo para moverme como quiero moverme.

Por eso, además…

Mira las repeticiones cómo son.

La forma y la intención.

La calidad y la cualidad.

No la cantidad.

(Probablemente llevas demasiado tiempo fijándote en la cantidad, los números, el “rendimiento”. Basura de enfoque que no es culpa tuya… Yo tardé más de diez años en darme cuenta, y dedicándome profesionalmente a ello).

Y, por otro lado, algo que no puedes ver.

Pero lo he descrito desde las primeras líneas de este proyecto.

Date cuenta de la dinámica corporal CONSTANTE que hay de trasfondo, de la meta-conciencia, del movimiento interno, que no tiene nada de “iluminado” o sofisticado, pero sí mucho de ser consciente en el momento presente.

Por no hablar de la GRAN premisa, del mandamiento que lo autorregula todo:

Mantenerse lejos, muy lejos del cansancio y de los máximos.

Es que podría pasar como un entrenamiento de fuerza más.

Y no tiene nada que ver.

No es “hacer ejercicio”.

Forma parte de una práctica de movimiento.

Rober Sánchez