Este es el primer capítulo del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).
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NO-MEDITACIÓN
Intuyo las primeras resistencias y esos «buah, me voy a leer esto en diagonal, que todavía tengo 237 reels por ver y pódcasts del éxito que escuchar»…
Incluso bajas de la lista de suscriptores —esta parte me encanta. Gran filtro sacarse de encima a superficiales e impacientes.
Capítulo 1 del proyecto CMC1BB y esto ya empieza un poco raro… y diría que arriesgado.
¿No íbamos a hablar sobre la práctica de movimiento en la vida cotidiana de una persona normal?
Y va y arrancamos con lo de «no-meditación».
¿Qué narices es esto? ¿Una broma de mal gusto?
¿Otro gurú chachipiruli sin hijos que va a ayudarte altruistamente a alcanzar tu «mejor versión»?
Nada de eso.
Especialmente lo de «altruistamente».
Soy muy mala persona yo. Quiero engañarte, engatusarte.
Todo esto lo hago, en realidad, para compartir contigo mi egoísta visión del movimiento y que te pases a mi bando, y venderte mis cursos.
Y para más inri, sin que alcances ninguna «versión» de ti mismo, especialmente nada épico o Mr.Wonderful.
Normal, mediocre, cotidiano.
Todo tiene una explicación.
Así que hablemos ya en serio…
¿Por qué arrancamos por el concepto de no-meditación?
Porque es la actitud basal con la que me gusta (y sugiero) empezar el día, la misma actitud que intento mantener despierta durante el resto de la jornada (aunque ni de broma lo consiga, que soy tan imperfecto como cualquiera). De ahí lo de basal.
Esto tiene mucho que ver, además, con cuestiones como la CONCIENCIA y la MOTIVACIÓN para el movimiento, que ahora mismo atacaremos.
Empecemos por la no-meditación, pues.
Estos días me estoy levantando entre las 4:30 y las 6:00 de la mañana.
No lo hago por pertenecer a ningún club de madrugadores hiperproductivos megalongevos.
De hecho, creo que este episodio vital (segunda paternidad a mis 44) me está quitando años de vida, ¡jaja! Aunque me compensa con creces.
Me despierto, además, sin despertador. Tengo uno natural y un tanto caótico, aunque se sincroniza bastante bien con los ciclos circadianos. Es mi hijo de dos meses, Max.
Mi mujer le habrá dado de comer entre la 1 y las 2 de la madrugada, aprox. Ahora me toca a mí. Que ya habré dormido mis 7-8 horitas (me acuesto sobre las 21:30). Y así ella puede estirar hasta que se levante Abril, alrededor de las 8:00.
Ya conoces el contexto.
Pasemos a la no-meditación.
Biberón en mano, me siento en el zafú.
Si estamos hablando de movimiento, obviamente, «la postura es importante«.
Yo suelo optar por una de estas dos.
La primera, una especie de semiloto al estilo yogui, es algo más «formal».
¿Me pongo así porque produce en mí algo exótico, esotérico, místico?
No.
Lo hago porque, si estoy fresco, me resulta bastante cómodo, sin más.
Después está la segunda…
Hay días que lo del semiloto como que no me sale de dentro, no me apetece, no fluye.
Podría forzarlo disciplinadamente.
Pero si me despierto cansado y de mal humor, con picor de ojos y las piernas entumecidas de la práctica del día anterior… Como para posturas japiflagüers.
Así que sigo usando el zafú, pero en versión «desalineada» y con algo que «no debes» hacer jamás de los jamases: un doble valgo de rodilla. ¡Me siento en W! Algo malo malísimo, incorrectísimo… (Entiéndase el sarcasmo).
Pero mira, de nuevo, en plan anti-estoico, busco la más absoluta de las comodidades. No pretendo salir de mi zona de confort. Al contrario, quiero espachurrarme en ella.
Y al poco de nacer Max descubrí que es una postura que funciona de maravilla para dar el biberón y, al mismo tiempo, balancear de lado a lado al peque mientras rechupetea la tetilla.
En cualquiera de estas dos posiciones, me dispongo a no-meditar.
¿En qué consiste esto?
CONCIENCIA (CORPORAL)
Imagino que tú y yo coincidiremos como mínimo en lo siguiente.
Como uno mismo no ponga una especie de freno de base (actitud basal, ¿recuerdas?), una vida cotidiana de alta demanda tiende a arrastrarte a tres estados:
- Atropello.
- Distracción.
- Encabezonamiento.
Matizo el tercero, que los dos primeros ya nos los sabemos.
Con encabezanomiento me refiero a ese TREMENDO ERROR de caer en la trampa de auto-percibirte y, por ende, vivir como si fueras una CABEZA con patas, pulmones y corazón, pero en definitiva cabeza —en lugar de cuerpo.
Claro está, a raíz de esta confusión, sumada a la indiscutible necesidad racional de movimiento (la de «es bueno para la salud y tal»), la cabeza académicamente instruida se auto-convence de que tiene que «hacer ejercicio» para lo de las patas, pulmones y corazón… como si se tratara de una cosa separada de sí misma y un deber más en la lista de obligaciones.
Fracaso y/o fricción asegurados.
En mi opinión, pues, vale la pena empezar el día generando una especie de espacio personal que invite a establecer y promueva a mantener lo opuesto:
- Calma.
- Atención.
- Corporalidad.
Y en este sentido no hay nada como la no-meditación.
Desde un punto de vista vamos a decir «técnico», no es algo en lo que pretenda ahondar.
Soy consciente de que lo que se suele promover es la práctica de la meditación.
A mí, con esto, me ha pasado una cosa:
Practiqué durante muchos años y de manera estricta, seria, rigurosa, formal distintos tipos de meditación, ganando por goleada la meditación tradicional del budismo zen.
Pero…
Pero hubo un punto, hará unos cinco años, en torno a mi leve ictus, que aquella disciplina dejó de tener sentido.
Empecé indagar obstinadamente (y continúo) en las compresiones no duales del taoísmo, el budismo, el advaita, el sufismo, etc., complementadas sutilmente con las visiones de neurocientíficos como Sam Harris, Anil Seth, Nazareth Castellanos, David del Rosario y otros.
Influenciado especialmente por Krishnamurti y Spira, y SOBRE TODO en base a mi propia experiencia, solté lo de la «meditación», lo dejé ir, para abrazar la no-meditación.
Total: a mi forma de observar y ver, cualquier tipo de meditación no deja de ser lo equivalente a lo de «hacer ejercicio» pero por dentro.
Y de eso ya había tenido suficiente.
No más.
No digo que no sirva, ojo. De hecho, en un momento dado pueden representar estrategias útiles y la mar de válidas.
Digo que no es necesario meditar como se suele plantear desde el materialismo occidental, por mucho que lo adornes de neuro-modas como el mindfulness —aparte de cuánto esta mirada «científica» sigue alimentando la ilusión dual de la experiencia mediante el hecho de «concentrarse» en objetos efímeros como la respiración, un mantra, el pensamiento, las emociones o el propio cuerpo.
Adivino que a todos esos expertos Krishnamurti les recordaría que «eso no es meditación; es atención». Son cosas distintas.
Y total «2»: hay una vía directa a la fuente, la conciencia en sí misma, la meta-conciencia, el ser consciente de ser consciente.
No tienes que sentarte a meditar, aunque sí, obviamente, permitir que ocurra, generar el espacio —yo he escogido el momento biberón como podría ser (y a menudo es) la cola del súper, el paseo con Lula o tender la ropa.
No hace falta «práctica», «ejercicio», «disciplina».
Tampoco centrarse, como adelantaba arriba, en la respiración, un mantra, escanear la punta de la lengua apoyada en el paladar, el coxis hacia la tierra y la coronilla hacia el cielo.
Y ni mucho menos observar los pensamientos y las emociones, «aceptarlos» y dejarlos ir.
Nada de eso.
Solo ser.
No-meditar es «solo» ser.
A su vez y paradójicamente la más pura de las meditaciones.
Por lo que agarro el biberón, intercalo mirar a mi hijo y a las musarañas, y… soy.
(Sin misticismos ni iluminaciones ni cosas raras. Es lo más soso y cotidiano que te puedas tirar a la cara. No te convertirás en ningún ser luminoso, eternamente bondadoso y sin imperfecciones. Solo tienes que ver mi estilo de escritura, a menudo tildado de vehemente, jajaja).
Evidentemente, esto tiene mucho más chicha del pobre resumen que acabo de hacer.
Aunque, en esencia, es eso.
*Si quieres que comente algo más acerca de esto o hable sobre movimiento interno en el futuro, dímelo en los comentarios.
¿»Qué» consigo?
En realidad no hay un objetivo concreto ni nada que conseguir.
Eso es otra trampa.
Pero no podemos negarle a la razón su necesidad de razonar cuando intercambiamos «conocimiento», nos comunicamos entre nosotros.
De lo contrario, se inquieta y da más caña.
Por lo que usemos los tres puntos de arriba para argumentar y aliviar al mono intracraneal. Se «consigue»:
- Serenidad, calma, paz «mental» (que, en realidad, es corporal).
- Atención, concentración, foco, quitarse de en medio lo superfluo.
- Conexión firme, fuerte, profunda con un hecho que, en términos de movimiento, nos lleva al último punto.
(META) MOTIVACIÓN
Si estamos hablando de meta-conciencia, bien podríamos seguir hablando de meta-motivación.
Entre las mil cosas de las que te puedes dar cuenta (ser consciente) experimentalmente (no «pensando» en ellas), se encuentra este hecho:
ERES A TRAVÉS DE TU CUERPO.
Esto es algo que no se puede discutir.
Fíjate: no he dicho eres tu cuerpo.
Eres a través de tu cuerpo. Es otra cosa.
Vale la pena darse cuenta de ello.
Es algo en lo que erré durante muchos años.
Aunque, desde hace mucho también, siempre lo termino explicando cuando alguien me pregunta en alguna entrevista, en cursos, charlas, lo que sea, y algo que incluí en Camina, salta, baila mismamente.
¿El qué?
Esto:
La industria y los convencionalismos siempre apuntan hacia tres motivaciones para «hacer ejercicio»: la estética, el rendimiento y la salud.
Yo, allá por 2011, ya lanzaba aquella pregunta de las que pueden emerger tantas…
¿No podríamos movernos por y para movernos, sin más?
Porque…
¿Acaso el cuerpo (y cualquier tipo de vida) no se expresan, no se manifiestan, no se materializan SIEMPRE a través de algún tipo de movimiento?
¿Y si nos centráramos en el movimiento per se y dejáramos que los «resultados» cristalizaran por sí mismos?
Vuelvo a lo mismo; sé que te puede parecer una chorrada.
Pero a mí, como a otros tantos, esta comprensión EXPERIMENTAL y EXPERIMENTADA en el cuerpo (insisto, no «pensada») me lleva a ese punto que tantas otras veces también he comentado.
La vida, la evolución, Dios, Alá, Odín, Zeus… es que me da igual…
…me han regalado este canal, este vehículo, este instrumento a través del cual puedo experimentar conscientemente la vida y la propia conciencia de ser consciente en movimiento.
¿Y yo voy a menospreciarlo, desagradecerlo, o incluso faltarle al respeto, a base de no moverlo, de no moverme a conciencia, con conciencia?
No es pensarlo, última insistencia.
Imagínate vivirlo.
He aquí la meta-motivación para el movimiento —experimentada cada mañana.
Luego el día continúa con más práctica.
Lo vemos dentro de unos días en el Capítulo 2.
¿Dudas, comentarios, impresiones que entren dentro de las «normas» del proyecto?
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¡A moverse!
Rober Sánchez