El humano más sedentario del planeta

*Anexo 1.1 del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda)

No hay nada más sedentario que un bebé.

Y no hay nada como observar el propio sedentarismo, a los dos meses o a los ochenta años, para darse cuenta de cuánto movimiento alberga.

Durante el momento contemplativo no-meditativo de esta mañana (lee el capítulo 1), mi conciencia se ha detenido espontáneamente en los ojos de Max.

Sentado en el suelo en una combinación entre pescador de una pierna y con la otra estirada (los alumnos de Movilidad Natural ya saben), apoyaba su pelvis en uno de mis pies mientras le sujetaba la nuca con mi mano izquierda.

Con la derecha le daba el biberón.

Él había fijado la mirada en mí.

Pero…

Aaaahhhh las apariencias.

NO ESTABA FIJA.

En sus ojos ocurrían dos cosas:

  • Microajustes del globo en sí mismo en todas las direcciones, sutiles, muy rápidos, como si estuviera haciendo fotografías de los matices más íntimos de mi cara.
  • Aperturas y cierres de sus pupilas, re-enfoques rítmicos incesantes, intuyo que para perfeccionar el calibrado de la entrada de luz (a tan corta edad creo que todavía no lo domina).

Ahora, mientras escribo, además de emocionarme, no puedo (ni quiero) evitar que emerjan tres pensamientos:

1

Espero que durante su vida siga exponiéndose a estímulos de lo más diversos y variables de luz, de color, de detalles, de intensidad, desde lo más liviano y soso a lo más exigente y exótico. De vida, vaya. Asombro y adaptación asegurados SIN INTERVENCIÓN ni INSTRUCCIÓN.

Yo haré todo lo posible porque así sea mientras dependa de mí.

2

Espero también, y esto ya no lo voy a poder «controlar» tanto, que no caiga en la trampa de creer al hipotético académico que se le ocurra intentar convencerle de que, «fuera» de su vida cotidiana, necesita «hacer ejercicio» con los ojos para que funcionen bien y disfrutar de ellos.

Si se cumple mi esperanza número 1, estaremos a salvo.

3

La cantidad de conversaciones que he tenido con cantidad de personas en los últimos 21 años de profesión…

Hay mentes que piensan que lo del movimiento no va con ellas.

Son mentes, obviamente, descorporalizadas.

O cuerpos encabezonados (lee el Capítulo 1).

No hay culpables ni les falta disciplina, ojo. Solo describo.

Y claro, como son más pensantes que movientes, razonan y conceptualizan en términos de «ejercicio».

Pero es que no es eso.

Solo hace falta observar al humano más sedentario del planeta.

Observar para ver.

Cuánto movimiento.

Rober Sánchez

(1) No-meditación, conciencia y motivación

Este es el primer capítulo del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Tienes toda la información del proyecto en su página de presentación e índice.

Puedes participar activamente en los comentarios. Consulta las bases del enlace de arriba.


NO-MEDITACIÓN

Intuyo las primeras resistencias y esos «buah, me voy a leer esto en diagonal, que todavía tengo 237 reels por ver y pódcasts del éxito que escuchar»

Incluso bajas de la lista de suscriptores —esta parte me encanta. Gran filtro sacarse de encima a superficiales e impacientes.

Capítulo 1 del proyecto CMC1BB y esto ya empieza un poco raro… y diría que arriesgado.

¿No íbamos a hablar sobre la práctica de movimiento en la vida cotidiana de una persona normal?

Y va y arrancamos con lo de «no-meditación».

¿Qué narices es esto? ¿Una broma de mal gusto?

¿Otro gurú chachipiruli sin hijos que va a ayudarte altruistamente a alcanzar tu «mejor versión»?

Nada de eso.

Especialmente lo de «altruistamente».

Soy muy mala persona yo. Quiero engañarte, engatusarte.

Todo esto lo hago, en realidad, para compartir contigo mi egoísta visión del movimiento y que te pases a mi bando, y venderte mis cursos.

Y para más inri, sin que alcances ninguna «versión» de ti mismo, especialmente nada épico o Mr.Wonderful.

Normal, mediocre, cotidiano.

Todo tiene una explicación.

Así que hablemos ya en serio…

¿Por qué arrancamos por el concepto de no-meditación?

Porque es la actitud basal con la que me gusta (y sugiero) empezar el día, la misma actitud que intento mantener despierta durante el resto de la jornada (aunque ni de broma lo consiga, que soy tan imperfecto como cualquiera). De ahí lo de basal.

Esto tiene mucho que ver, además, con cuestiones como la CONCIENCIA y la MOTIVACIÓN para el movimiento, que ahora mismo atacaremos.

Empecemos por la no-meditación, pues.

Estos días me estoy levantando entre las 4:30 y las 6:00 de la mañana.

No lo hago por pertenecer a ningún club de madrugadores hiperproductivos megalongevos.

De hecho, creo que este episodio vital (segunda paternidad a mis 44) me está quitando años de vida, ¡jaja! Aunque me compensa con creces.

Me despierto, además, sin despertador. Tengo uno natural y un tanto caótico, aunque se sincroniza bastante bien con los ciclos circadianos. Es mi hijo de dos meses, Max.

Mi mujer le habrá dado de comer entre la 1 y las 2 de la madrugada, aprox. Ahora me toca a mí. Que ya habré dormido mis 7-8 horitas (me acuesto sobre las 21:30). Y así ella puede estirar hasta que se levante Abril, alrededor de las 8:00.

Ya conoces el contexto.

Pasemos a la no-meditación.

Biberón en mano, me siento en el zafú.

Si estamos hablando de movimiento, obviamente, «la postura es importante«.

Yo suelo optar por una de estas dos.

La primera, una especie de semiloto al estilo yogui, es algo más «formal».

¿Me pongo así porque produce en mí algo exótico, esotérico, místico?

No.

Lo hago porque, si estoy fresco, me resulta bastante cómodo, sin más.

Después está la segunda…

Hay días que lo del semiloto como que no me sale de dentro, no me apetece, no fluye.

Podría forzarlo disciplinadamente.

Pero si me despierto cansado y de mal humor, con picor de ojos y las piernas entumecidas de la práctica del día anterior… Como para posturas japiflagüers.

Así que sigo usando el zafú, pero en versión «desalineada» y con algo que «no debes» hacer jamás de los jamases: un doble valgo de rodilla. ¡Me siento en W! Algo malo malísimo, incorrectísimo… (Entiéndase el sarcasmo).

Pero mira, de nuevo, en plan anti-estoico, busco la más absoluta de las comodidades. No pretendo salir de mi zona de confort. Al contrario, quiero espachurrarme en ella.

Y al poco de nacer Max descubrí que es una postura que funciona de maravilla para dar el biberón y, al mismo tiempo, balancear de lado a lado al peque mientras rechupetea la tetilla.

En cualquiera de estas dos posiciones, me dispongo a no-meditar.

¿En qué consiste esto?

CONCIENCIA (CORPORAL)

Imagino que tú y yo coincidiremos como mínimo en lo siguiente.

Como uno mismo no ponga una especie de freno de base (actitud basal, ¿recuerdas?), una vida cotidiana de alta demanda tiende a arrastrarte a tres estados:

  1. Atropello.
  2. Distracción.
  3. Encabezonamiento.

Matizo el tercero, que los dos primeros ya nos los sabemos.

Con encabezanomiento me refiero a ese TREMENDO ERROR de caer en la trampa de auto-percibirte y, por ende, vivir como si fueras una CABEZA con patas, pulmones y corazón, pero en definitiva cabeza —en lugar de cuerpo.

Claro está, a raíz de esta confusión, sumada a la indiscutible necesidad racional de movimiento (la de «es bueno para la salud y tal»), la cabeza académicamente instruida se auto-convence de que tiene que «hacer ejercicio» para lo de las patas, pulmones y corazón… como si se tratara de una cosa separada de sí misma y un deber más en la lista de obligaciones.

Fracaso y/o fricción asegurados.

En mi opinión, pues, vale la pena empezar el día generando una especie de espacio personal que invite a establecer y promueva a mantener lo opuesto:

  1. Calma.
  2. Atención.
  3. Corporalidad.

Y en este sentido no hay nada como la no-meditación.

Desde un punto de vista vamos a decir «técnico», no es algo en lo que pretenda ahondar.

Soy consciente de que lo que se suele promover es la práctica de la meditación.

A mí, con esto, me ha pasado una cosa:

Practiqué durante muchos años y de manera estricta, seria, rigurosa, formal distintos tipos de meditación, ganando por goleada la meditación tradicional del budismo zen.

Pero…

Pero hubo un punto, hará unos cinco años, en torno a mi leve ictus, que aquella disciplina dejó de tener sentido.

Empecé indagar obstinadamente (y continúo) en las compresiones no duales del taoísmo, el budismo, el advaita, el sufismo, etc., complementadas sutilmente con las visiones de neurocientíficos como Sam Harris, Anil Seth, Nazareth Castellanos, David del Rosario y otros.

Influenciado especialmente por Krishnamurti y Spira, y SOBRE TODO en base a mi propia experiencia, solté lo de la «meditación», lo dejé ir, para abrazar la no-meditación.

Total: a mi forma de observar y ver, cualquier tipo de meditación no deja de ser lo equivalente a lo de «hacer ejercicio» pero por dentro.

Y de eso ya había tenido suficiente.

No más.

No digo que no sirva, ojo. De hecho, en un momento dado pueden representar estrategias útiles y la mar de válidas.

Digo que no es necesario meditar como se suele plantear desde el materialismo occidental, por mucho que lo adornes de neuro-modas como el mindfulness —aparte de cuánto esta mirada «científica» sigue alimentando la ilusión dual de la experiencia mediante el hecho de «concentrarse» en objetos efímeros como la respiración, un mantra, el pensamiento, las emociones o el propio cuerpo.

Adivino que a todos esos expertos Krishnamurti les recordaría que «eso no es meditación; es atención». Son cosas distintas.

Y total «2»: hay una vía directa a la fuente, la conciencia en sí misma, la meta-conciencia, el ser consciente de ser consciente.

No tienes que sentarte a meditar, aunque sí, obviamente, permitir que ocurra, generar el espacio —yo he escogido el momento biberón como podría ser (y a menudo es) la cola del súper, el paseo con Lula o tender la ropa.

No hace falta «práctica», «ejercicio», «disciplina».

Tampoco centrarse, como adelantaba arriba, en la respiración, un mantra, escanear la punta de la lengua apoyada en el paladar, el coxis hacia la tierra y la coronilla hacia el cielo.

Y ni mucho menos observar los pensamientos y las emociones, «aceptarlos» y dejarlos ir.

Nada de eso.

Solo ser.

No-meditar es «solo» ser.

A su vez y paradójicamente la más pura de las meditaciones.

Por lo que agarro el biberón, intercalo mirar a mi hijo y a las musarañas, y… soy.

(Sin misticismos ni iluminaciones ni cosas raras. Es lo más soso y cotidiano que te puedas tirar a la cara. No te convertirás en ningún ser luminoso, eternamente bondadoso y sin imperfecciones. Solo tienes que ver mi estilo de escritura, a menudo tildado de vehemente, jajaja).

Evidentemente, esto tiene mucho más chicha del pobre resumen que acabo de hacer.

Aunque, en esencia, es eso.

*Si quieres que comente algo más acerca de esto o hable sobre movimiento interno en el futuro, dímelo en los comentarios.

¿»Qué» consigo?

En realidad no hay un objetivo concreto ni nada que conseguir.

Eso es otra trampa.

Pero no podemos negarle a la razón su necesidad de razonar cuando intercambiamos «conocimiento», nos comunicamos entre nosotros.

De lo contrario, se inquieta y da más caña.

Por lo que usemos los tres puntos de arriba para argumentar y aliviar al mono intracraneal. Se «consigue»:

  1. Serenidad, calma, paz «mental» (que, en realidad, es corporal).
  2. Atención, concentración, foco, quitarse de en medio lo superfluo.
  3. Conexión firme, fuerte, profunda con un hecho que, en términos de movimiento, nos lleva al último punto.

(META) MOTIVACIÓN

Si estamos hablando de meta-conciencia, bien podríamos seguir hablando de meta-motivación.

Entre las mil cosas de las que te puedes dar cuenta (ser consciente) experimentalmente (no «pensando» en ellas), se encuentra este hecho:

ERES A TRAVÉS DE TU CUERPO.

Esto es algo que no se puede discutir.

Fíjate: no he dicho eres tu cuerpo.

Eres a través de tu cuerpo. Es otra cosa.

Vale la pena darse cuenta de ello.

Es algo en lo que erré durante muchos años.

Aunque, desde hace mucho también, siempre lo termino explicando cuando alguien me pregunta en alguna entrevista, en cursos, charlas, lo que sea, y algo que incluí en Camina, salta, baila mismamente.

¿El qué?

Esto:

La industria y los convencionalismos siempre apuntan hacia tres motivaciones para «hacer ejercicio»: la estética, el rendimiento y la salud.

Yo, allá por 2011, ya lanzaba aquella pregunta de las que pueden emerger tantas…

¿No podríamos movernos por y para movernos, sin más?

Porque…

¿Acaso el cuerpo (y cualquier tipo de vida) no se expresan, no se manifiestan, no se materializan SIEMPRE a través de algún tipo de movimiento?

¿Y si nos centráramos en el movimiento per se y dejáramos que los «resultados» cristalizaran por sí mismos?

Vuelvo a lo mismo; sé que te puede parecer una chorrada.

Pero a mí, como a otros tantos, esta comprensión EXPERIMENTAL y EXPERIMENTADA en el cuerpo (insisto, no «pensada») me lleva a ese punto que tantas otras veces también he comentado.

La vida, la evolución, Dios, Alá, Odín, Zeus… es que me da igual…

…me han regalado este canal, este vehículo, este instrumento a través del cual puedo experimentar conscientemente la vida y la propia conciencia de ser consciente en movimiento.

¿Y yo voy a menospreciarlo, desagradecerlo, o incluso faltarle al respeto, a base de no moverlo, de no moverme a conciencia, con conciencia?

No es pensarlo, última insistencia.

Imagínate vivirlo.

He aquí la meta-motivación para el movimiento —experimentada cada mañana.

Luego el día continúa con más práctica.

Lo vemos dentro de unos días en el Capítulo 2.

¿Dudas, comentarios, impresiones que entren dentro de las «normas» del proyecto?

Son bienvenidas por aquí abajo.

Notificaré las respuestas mediante un correo a la lista de suscripción. Puedes unirte en este enlace.

¡A moverse!

Rober Sánchez

Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda). Presentación. Cómo participar. Índice

O sea, si te van la neuro-épica, las «mejores versiones» y los gurús de veintipocos que tienen todo el día para entrenar y hacen retiros en Bali, no sigas.
Esto te defraudaría.

Te cuento sobre este nuevo proyecto en el que PUEDES PARTICIPAR:

*Para estar al día del proyecto, si todavía no estás suscrito a mi newsletter, recibe puntualmente todos los capítulos semana a semana suscribiéndote aquí. Darse de alta es gratuito, y de baja también.

PRESENTACIÓN

Con frecuencia tengo la sensación de que una vida de alta demanda, con o sin bebé o criaturas, se percibe como un obstáculo para la práctica de movimiento…

…cuando, al menos según estoy experimentando, estas «dificultades» todavía pueden enriquecerla muuuuuucho más.

Hacerla más desafiante, estimulante, nutritiva, divertida, interesante, transformadora.

El proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda) emerge de dos inquietudes habituales que he detectado en la audiencia de este blog:

  1. Mucha (a)tracción mental, poca experimentación corporal. La cosa despierta interés y se entiende bien con la cabeza, pero con el cuerpo…. Es decir, la comprensión de la práctica de movimiento desde un punto de vista conceptual («lógico») está ahí, pero no tanto experimental (mucho jaleo con esto, incluso para aquellos que han completado los cursos del Laboratorio de Movimiento).
  2. Las fricciones que aparentemente ocasiona dicha práctica con la realidad mundana de la vida de una persona «normal» en torno a los 40-50 años, a menudo demandante, exigente, un tanto caótica, atropellada, plagada de imprevistos y mil frentes que afrontar en el día a día.

A partir del relato de la cotidianidad de una persona cualquiera que practica movimiento, en este caso mi relato, desgranaremos semana a semana a lo largo de 9 capítulos los aspectos y principios más importantes y/o interesantes a tener presentes en dicha práctica.

No habrá fórmulas, secretos, dogmas, programas, pautas, parámetros que dependen del contexto personal.

Sí ahondaremos en todos los principios universales desarrollados al detalle en el libro Camina, salta, baila. Muévete más y vive mejor, un compendio de la naturaleza del movimiento del ser humano y las posibilidades, direcciones, desafíos que se nos presentan ahora mismo y en el futuro alrededor de dichas cuestiones, en un entorno social y cultural cada vez menos favorecedor, más hostil.

Mi intención es que tú, como lector y PRACTICANTE, «simplemente» (no tiene nada de simple, como te puedes imaginar) te lo tomes como una metáfora, una serie de símbolos y «cuentos», para que extraigas tus propias conclusiones e implementes en tu propia práctica lo que quieras aplicar.

¡Y además!

Además, que tengas la oportunidad de participar activamente en el proyecto que a finales de verano se convertirá en un libro.

¿Cómo?

Verás…

CÓMO PARTICIPAR

Confieso un defecto:

Soy Rober Sánchez. Un individuo. Conozco como nadie mi contexto personal, corporal y mental. Toda mi práctica gira en torno a mis características y condicionantes.

Llevo veinte años trabajando con personas y sus cuerpos y sus cabezas. Eso, lógicamente, me da un bagaje, un conocimiento, una picardía «profesional»…

…pero…

…pero ni alcanzo a todo ni lo sé todo y hay cosas que se me escapan.

Por eso te invito a participar: para conocerte mejor en este momento vital, el de una persona normal con una vida de alta demanda, y así poder mirar y ver el movimiento desde distintos y diversos ángulos personales, cuanto más rico, mejor, y ofrecer herramientas, recursos, propuestas que se ajusten de forma más coherente a esta realidad experimental.

¿Cómo participar, entonces?

Excepcionalmente, las entradas del blog dedicadas a los 9 capítulos del proyecto van a tener los comentarios abiertos.

Al final de cada uno de ellos, podrás compartir las dudas, intereses o inquietudes que te despierte lo que haya desarrollado.

OJO: no me hagas preguntas en torno a especificidades de tal o cual cuestión de movimiento que tengas entre manos. Eso es algo reservado para el soporte que reciben mis alumnos de los cursos de pago. No sería justo para ellos.

Se trata de reflexionar, indagar, profundizar y hacerse preguntas en torno a las ideas que iré compartiendo, los principios de la práctica de movimiento enmarcados en una vida de alta demanda. El resto, las especificidades individuales, dependen demasiado del contexto personal de cada cual.

Luego, yo, iré respondiendo las dudas e inquietudes que vayan entrando (no prometo inmediatez; que nadie se impaciente).

Y lo más chulo…

Dichos anexos los publicaré como nuevas entradas, como ampliaciones del capítulo en cuestión.

Y, cómo no, se incluirán en el libro final del proyecto.

Y ya está.

Así puedes participar, he dicho.

Vienen semanas movidas.

Te espero.


**El siguiente índice se irá actualizando conforme avance el proyecto, incluyendo los anexos que vayan surgiendo. Recibe puntualmente todos los capítulos semana a semana suscribiéndote aquí a mi newsletter. Darse de alta es gratuito, y de baja también.

ÍNDICE

Capítulo 1. No-meditación, conciencia y motivación

1.1 El humano más sedentario del planeta

Capítulo 2. Primer movimiento. Caminar y correr. ¿Cardio?

2.1 Cómo despreocuparte por el cardio en zona 2

Capítulo 3. Movilizaciones formales e informales

3.1 ¿Son necesarias las movilizaciones articulares?

Capítulo 4. Fuerza integrada. Anti-rutina jubileta. Confianza

4.1 Fuerza. Práctica versus entrenamiento

Capítulo 5. Movimiento natural integrado

5.1 Alta frecuencia. No-meditar, correr, movilizarte y vigorizarte todos los días

Capítulo 6. Práctica intencionada, flexiblidad y micro-prácticas

6.1 Práctica diaria: fumarse un porrito

Capítulo 7. El ingrediente secreto indispensable

7.1 Vida normal extrema

Capítulo 8. Lo más bonito de esta práctica

Capítulo 9. Final triste… o alegre

Cómo bajar barriga

De camino al cole de Abril, me encuentro con una vieja amiga.

Yo, cuando pasa esto que te voy a contar, me dejo llevar, sin juicio ni filtro.

Quizá más cuando, como en esta ocasión, las cosas ocurren como muy de sopetón, sin rodeos…

—¡Hola, Rober! ¿Cómo estás?

—¡Ei! Pues no tan bien como tú —le guiño el ojo.

—Qué va, qué va. Ya me gustaría. Tú sí que estás bien, hasta más delgado diría. ¿Cómo lo haces?

Encojo los hombros y pongo cara de póquer.

Ella sigue con lo suyo:

—Yo… No hay manera. A ver… De cuerpo, los brazos, las piernas sí que me veo bien. Pero es que la barriga… —hace una pausa con expresión frustrada —Todo va a parar ahí. Y mira que hago ejercicio. Y comer… Yo como bien, sin porquerías. Como normal. Pero nada…

Se queda callada.

Me da la sensación de que está esperando a que yo diga algo.

Venga, de cabeza.

Que voooooy:

—A lo mejor es eso. Que comes normal… —le suelto a la ligera, acompañándolo, ojo, acompañándolo con otro encogimiento de hombros y una amable sonrisa.

Ahora es cuando un montón de gente estará a punto de llevarse las manos a la cabeza…

1

Por lo que voy a decir.

2

Porque no soy nutricionista ni tengo evidencia ni papers ni cosas raras que respalden lo que voy a decir.

Mira.

Solo te pido que hagas un ejercicio.

Un ejercicio de persona normal y, ¡cuidado!, sin pretender dejar de ser una persona normal.

No hace falta dejar de serlo.

Normal, digo.

Pero mira.

Mira a tu alrededor.

A lo mejor mira al espejo también, no lo sé.

Mira la “normalidad”.

Ya no hablo ni tan solo de barrigas o de dietas.

Eso es demasiado superficial.

Señales, consecuencias, síntomas como mucho.

Mira más allá.

Mira lo normal y mira lo que se ha normalizado, lo que se considera normal.

Trabajar lo normal, dormir lo normal, preocuparse lo normal.

Usar el móvil lo normal, comer normal, ir a toda prisa todo el santo día lo normal.

Y moverse normal.

Sobre todo moverse normal, lo normal.

Ahora, además de mirar, observa atentamente.

Los cuerpos que hacen lo normal y se mueven normal.

*(Que suele ser algo entre no moverse absolutamente nada o “hacer ejercicio” normal, tres días de gimnasio a la semana y tal…).

Y las mentes de los cuerpos que se mueven normal.

**(Exigencia, resultadismo, estética, frustración, sacrificio, culpabilidad, desmotivación, altibajos, disciplina…).

Obsérvalos.

Bien.

Ahí lo tienes.

Todo eso es normal y lo normal.

Opinión no solicitada de hoy:

No es normal, conyo.

No es normal…

Para ir un poco más allá de la norma sin tener que dejar una persona normal, lee:

Camina, salta, baila: Muévete más y vive mejor – Tercera edición

Rober

PD: jamás me atrevería a juzgar la normalidad. “En general” no tengo ni idea. De comer “un poco”. En términos de movimiento no diré que sé mucho pero sí bastante… Así que solo apunto: ¿Qué narices estamos haciendo? ¿Cómo nos movemos normalmente? Pues eso… Normal que sea lo normal.

PD2: para ser normal y a la vez un poco anormal, en el enlace.

Duro. Me enfrento a una borracha

Estoy sentado, tranquilo, escribiendo en la cafetería.

Es uno de esos momentos de flow en los que lo que menos te apetece es que te toquen lo que no suena.

Una mujer de mi quinta se pone delante de mí.

Me interrumpe.

Va hecha un asco, con la ropa sucia.

Lleva media melena, el pelo todo grasiento.

Ojos claros y piel curtida por el sol.

Y echa un pestuzo a alcohol que tumbaría a un elefante.

–Perdona, ¿me podrías dar algo de dinero?

Al abrir la boca, aparte de casi desmayarme, veo que le faltan seis i siete dientes.

–¿Para qué lo quieres? –le pregunto, serio.

Señala fuera, hacia la ventana.

–Para ir a comprarme algo. Es que verás… Vivo en la calle y…

Le levanto la mano.

Ahora la interrumpo yo.

Le pongo cara de “pero qué me estás contando”.

Y le digo literalmente:

–Vas apañada.

Me lanza una mirada encendida.

Y lo paramos aquí un instante para terminar luego.

Porque esto me lo pone en bandeja.

Verás.

Opinión no solicitada.

Creo que es algo en lo que coincidiremos.

Cuando eres una persona adulta hay una cosa fundamental para vivir una buena vida.

Y es muy sencilla.

Bueno, no es una.

Son dos:

  • Saber lo que necesitas hacer, en un momento dado.
  • Hacerlo, en ese preciso momento dado.

Porque, sin juicio alguno, no nos engañemos, yo intuyo que en frío incluso los alcohólicos, los cocainómanos, los ludópatas saben lo que necesitan hacer.

Pero no lo hacen.

Exactamente igual que yo.

Y que tú.

Quiero decir…

Tú, vamos a suponer, vas por la vida arrastrando siempre las mismas quejas y molestias y restricciones y limitaciones y sensaciones chungas en la espalda y, por extensión, en el cuerpo.

O quizá no estás tan mal, pero el «modo tocho», descoordinado, poco hábil salta a la vista.

Eso saberlo lo sabes por pura experiencia; no puedes librarte de vivir en un cuerpo.

Luego, buscas cosas por ahí, o incluso no sé si pides.

Para lo que se me escapa de mi alcance no lo sé.

Pero si me pides a mí, solo puedo ofrecerte lo que tú y yo sabemos que realmente necesitas hacer ahora mismo.

No lo que te apetece o lo que quieres.

  • Que ya puede ser quedarte tirado en el sofá y sumar más horas de sedentarismo
  • o seguir dale que te pego con el “hacer ejercicio” repetitivo y monótono con columna neutra que te está machacando por malnutrición y ya veremos qué tal tu columna a los 60.

Lo que necesitas, digo.

Todo lo demás, incluido lo que te gusta, no tiene por qué desaparecer.

Pero una persona adulta sabe lo que necesita hacer en un momento dado.

Y lo hace.

Hablando de movimiento y columna vertebral sería esto:

Curso de Movilidad de Columna. Liberación – Control – Fluidez

Rober

PD:

–Vas apañada.

Mirada encendida.

–Mira. Yo para alcohol no te voy a dar un duro. Pero si tienes hambre, te invito a un bocata –le digo con una ligera sonrisa.

Ella también cambia la cara.

–Jo der. Gracias.

Me levanto y vamos al mostrador.

–¿Cuál quieres?

–Ese de ahí.

–No sabes nada… –nos reímos juntos. –Tenía que ser el de jamón ibérico, ¿no?

–Y un Bitter Kas, porfa.

–Vale.

PD2: no te pienses que es un correo para que sepas lo buena persona que soy y que voy de buen samaritano con un final tan guay.

Es para que te apuntes a mi curso si sabes que lo necesitas hacer y quieres hacerlo.

El trabajo lo cobro. En el enlace.