Tres nuevos sentidos en los que moverse mucho más

Cuando hablaba hace unos días sobre las habilidades humanas básicas de movimiento, ya dejaba entrever que al plantearnos introducir en nuestras vidas el movimiento complejo y diverso vamos a tener que cambiar el chip y dejar de pensar únicamente en términos de ejercicio, series, repeticiones… entrenamiento.

De hecho, cuando explicas que “te mueves” cuatro o cinco horas al día es habitual que quien tienes delante haga alguna mueca rara y te pregunte si “no te estarás obsesionando”, te suelte algo como “vaya forma de machacarse” o incluso se preocupe por ti en plan “¿pero de verdad que entrenar tanto es bueno?”.

La distancia entre moverse y nuestra cultura de “hacer ejercicio o deporte” es tan grande que hay algunos aspectos relacionados con el movimiento que llevan a confusión, sobre todo cuando insistes en una práctica asidua, prestándole atención y dedicación constantes.

De ahí que recomiende, primero, comprender qué quiere decir “moverse mucho más”, y después, evidentemente, hacerlo en los siguientes sentidos:

1. La frecuencia

No es la primera vez que hablo de la frecuencia en el movimiento. Nuestra vida es físicamente cómoda, muy cómoda, tanto que podríamos vivir sobrevivir sin movernos. En cambio, nuestro cuerpo ha evolucionado para moverse con mucha más frecuencia de lo que solemos hacer. Esto no tiene nada que ver con el tiempo que dedicamos especialmente a practicar tal o cual actividad física –gimnasio, deporte, etc.–, sino al esfuerzo físico global acumulado que realizamos durante toda la jornada.

La vida, nuestro cuerpo, necesita movimiento frecuente. Es parte de su alimento a muchos niveles –locomotor, circulatorio, neurológico, endocrino, inmunológico. Eso sí, la mayor parte del tiempo a intensidades significativamente bajas, como puede ser caminar, agacharse, transportar algo de peso, etc.

De nuevo, no se trata de machacarse a entrenar.

Se trata de moverse. Con frecuencia.

2. La movilidad

Otro aspecto del movimiento en el que nuestra vida física presenta muchísimas carencias es la movilidad. Nuestro cuerpo es una estructura con una posibilidad casi infinita de movimientos, especialmente debido al rango de movimiento tan amplio que tienen nuestras articulaciones, en principio. Lamentablemente, añadido a la comodidad de nuestras vidas de la que hablaba antes, la amplitud del mínimo movimiento que requiere nuestra vida diaria es realmente pobre y, además, nos invade cierto miedo cuando pensamos en realizar según qué gestos, creyendo que pueden resultar contraproducentes para nuestra salud futura o incluso provocarnos una lesión –pasar de los 90º de flexión de la rodilla al agacharnos, flexionar la columna lumbar, extender el cuello…

“¿Acaso no se suponía que podríamos mirar los pájaros, el cielo y las estrellas?” – Ido Portal

Si nuestras articulaciones poseen la capacidad innata de alcanzar ciertos límites fisiológicos –determinada especialmente por la forma de nuestros huesos y topes óseos, más que por nuestros músculos o ligamentos– y nos permiten hacer según qué movimientos, será porque han evolucionado para poder realizarlos, es decir, los habremos hecho muchísimas veces como especie y, de hecho, esa capacidad nos habrá dado alguna ventaja para superar el cribado de la selección natural. Otra cosa es el modo, la carga, la frecuencia y otros factores a tener en cuenta, pero como mínimo deberíamos conservar la capacidad de movimiento, de alcanzar con comodidad y fluidez esos límites, de mover nuestras articulaciones en todo su recorrido, en todo su rango de movimiento.

3. La diversidad

De forma ya redundante, me veo obligado a insistir una vez más en la diversidad, en la variedad de movimientos, desde los gestos más pequeños –cómo agarrar un objeto o cómo pisar al caminar o correr– hasta los movimientos más complejos –practicando diferentes tipos de actividad física: correr, saltar, gatear, cargar, escalar, etc.

Los patrones de movimiento estrictamente repetitivos son la mejor forma de dinamitar nuestras capacidades reales de movimiento, así como de predisponernos a la lesión crónica –generalmente debida a procesos acumulativos y a la repetición de dichos patrones– y a la pérdida de movilidad.

La especialización nos mata mecánicamente.

Lo más coherente es cambiar constantemente agarres, gestos, zancadas, pesos, formas, intensidades, texturas del terreno, posturas, desniveles, estimulando incesantemente a nuestro cuerpo para que se adapte a nuevas, diversas e inciertas situaciones.

Moverse mucho más quiere decir…

…moverse con mucha más frecuencia, en unos rangos mucho más amplios y diversificando al máximo los patrones de movimiento.

Es lo que ha ocurrido durante cientos de miles de años hasta hace bien poco.

La consecuencia no puede ser otra que libertad de movimiento, salud y bienestar.

(Aquí unos cuantos amiguetes, machacándonos durante nuestro entrenamiento)

 

SUSCRÍBETE GRATIS Y ÚNETE A NUESTRA COMUNIDAD