Las 10 habilidades humanas, que no ejercicios, del Método Natural

Cuando pensamos en actividad física y movimiento, solemos caer en un error teórico y práctico al mismo tiempo: reducir nuestra práctica diaria a una serie de ejercicios específicos, ya sean más o menos analíticos, globales o funcionales, o estén enfocados en el desarrollo de una cualidad física en particular como la fuerza, la flexibilidad, la resistencia, etc.

Y no es solo un error en cuanto a las posibilidades reales del movimiento en sí, mucho más amplias que “ejercitarse”, sino en lo que implica a nivel de longevidad y sostenibilidad. Porque, no nos engañemos, todos tenemos el deseo de hacernos mayores con la mejor salud y autonomía posibles y, para conseguirlo, no nos queda otra que movernos toda la vida –aunque ya no lo necesitemos para sobrevivir, la paradoja de la necesidad innecesaria. Así que, tomando conciencia, deberíamos ir pensando en que nuestra práctica fuese sostenible en el tiempo, física y mentalmente.

Precisamente es la cuestión mental a la que más afecta este error reduccionista, que suele afectar a la mayoría. ¿Quién va a ser capaz de soportar décadas de movimientos ejercicios repetitivos? Porque el repertorio es el que es, le pongamos los nombres, las modas o los lacitos que le pongamos… Y lo peor es que son necesarios también a nivel físico, sobre todo para prevenir lesiones, en pro precisamente de esa sostenibilidad.

Cualquier tipo de ejercicio específico que hagamos necesita un sentido detrás, una razón de ser, o acabará por machacar nuestra sostenibilidad. Y es aquí donde aparece realmente el movimiento, la capacidad de moverse, incluso la libertad de moverse, cuando la suma de todas nuestras “micro-capacidades” se convierten en habilidades.

Georges Hébert, distanciándose de la gimnasia sueca, ya se percató de tal cuestión hace más de cien años. Por eso, fundamentó su Método Natural no en ese catálogo de ejercicios que se repiten en todas las disciplinas –insisto, el cuerpo es el que es; analíticamente no da para más–, sino en diez familias de habilidades básicas humanas que conformarían la base del hebertismo. Curiosamente, supongo que Hébert no era tan remilgado como lo somos nosotros hoy en día con la terminología y, en vez de hablar de habilidades, les puso el nombre de ejercicios utilitarios indispensables, refieriéndose paralelamente a los específicos como ejercicios educativos elementales.

Sea como sea, considero que las diez familias de habilidades del Método Natural son los mínimos que cualquier persona debería plantearse como prioridad cuando empieza a moverse y cuando piensa en mantener cierta salud móvil a lo largo de su vida. Algo tan sencillo como ser humano, es decir, moverse como un humano.

Insisto. Cualquiera que “se ejercite” debería pensar en ellas como dirección final de su práctica. Como plus de motivación y sostenibilidad puede ayudar mucho.

Es más, antes de aprender otras habilidades más modernas y también muy interesantes –el movimiento no es excluyente con nadie–, ligadas al arte, al deporte o a ciertas actividades más esotéricas, por llamarlas de algún modo, yo recomendaría asegurarse de que esta base “natural” está bien consolidada ya que, cuanto más “artificial” sea la habilidad más difícil va a ser sostenerla en el tiempo, sobre todo si lo esencial se tambalea.

He aquí las diez habilidades humanas del Método Natural que te invito a probar:

1. Caminar

Qué vamos a decir… Nuestra forma de locomoción primaria. Camina a todas partes y ya tendrás gran parte de tu salud y bienestar garantizados.

2. Correr

Muy muy muy importante, aunque no de la manera en que se suele practicar la carrera, generalmente en modo “cardio crónico”. No estamos hechos para correr en línea recta, sobre un terreno regular, sin desnivel, siempre al mismo ritmo… Uno se puede adaptar, más o menos, y pronto deja de ser estimulante o sostenible. Si se quiere mantener, lo único que se puede variar es la distancia o la velocidad. Tal vez sea más práctico, estimulante, diverso, complejo y sostenibles correr a diferentes intensidades, interválicamente, haciendo paradas, diversos gestos y longitudes de zancadas adaptándonos a la condiciones del terreno siempre cambiantes, esquivando obstáculos, etc. Eso sí es correr de una forma más “natural” –con lo ambigua que es hoy en día esta palabra…

3. Saltar

¿Hablaba de superar obstáculos? Algunos animales han desarrollado alas pero nosotros, si queremos sobrepasar un obstáculo por lo alto, no tenemos otra que saltar. Las posibilidades de salto son infinitas: con carrerilla, sin carrerilla, con una o ambas piernas, hacia arriba, hacia abajo, de lado, a lo lejos…

4. Cuadrupedias

Claro, puede ser que en vez de superar un obstáculo por lo alto prefieras hacerlo por lo bajo, en plan Rambo, o simplemente encontrarte con un terreno que, debido a su condición o desnivel, requiera que coloques tus “cuatro patas” en el suelo. Nuevamente, las posibilidades de movimiento son muchísimas.

5. Trepar

Cuidado, no es hacer dominadas, ejercitarse. Es trepar. A veces sí que estás totalmente suspendido, pero otras veces puedes ayudarte con las piernas y otras aprovechar la inercia después de un salto. Las manos deben cambiar de posición constantemente, ya que los obstáculos que trepes también pueden ser de lo más diversos. Venga, sí, sé que algunos lo esperan… Objetivo final: un árbol. Encuentra el tuyo para practicar.

6. Equilibrarte

No todo tiene que ser desplazarse a gran intensidad corriendo y dando saltos. Puede que en un momento dado necesites desplazarte por una superficie deslizante, muy poco regular o especialmente estrecha. Imagínate si además está a cierta altura. Practicar los equilibrios es fundamental para una buena salud neurológica, propioceptiva, e incluso puede hacerte mejorar en las demás habilidades, como son las recepciones de los saltos o las cuadrupedias, por no hablar de los miedos a los que tendrás que enfrentarte. Un desafío, más que complicado o intenso, bonito.

7. Cargar

Todo se resume en una palabra: fuerza. Es más, te diré que desde el mundo de las ciencia de la salud y la actividad física cada vez se le está dando más importancia al trabajo de la fuerza, y en especial al de la fuerza máxima –cargar objetos realmente pesados–, sobre todo, una vez más, pensando en la longevidad. Uno de los grandes problemas que solemos padecer con la edad es la atrofia muscular, la cual acaba derivando en problemas no sólo musculares en sí mismos, sino también circulatorios y óseos –las disfunciones metabólicas en la sedimentación cálcica que dan pie a la osteoporosis, por ejemplo, además de estar causados por malos hábitos en el estilo de vida y la alimentación, tienen mucha relación con la falta de cargas intensas e impactos.

8. Lanzar

Otra forma de desarrollar la fuerza, aunque esta vez incluso en modo de juego se le puede agregar el trabajo de la puntería, por ejemplo. Lanza objetos de todo tipo: piedras, sacos de arena, maderas, palo,… con diferentes formas, de diferente peso y de distinta manera.

9. Defenderte

La autodefensa fue probablemente una de las actividades físicas que más practicaban nuestros ancestros, tanto entre ellos mismos como en algún enfrentamiento a la hora de cazar –no contra un depredador, cuando lo mejor que puedes hacer es huir, sino contra la presa que trata de escapar o defenderse– o incluso como actividad de entretenimiento y ocio –los simulacros y los juegos siempre han sido la forma más eficaz de aprendizaje, no solo en los humanos, sino también para el resto de animales.

Sin ninguna duda, la lucha puede convertirse en el esfuerzo físico más intenso, variado e imprevisible que practiques. Pero claro, no parece que necesitemos defendernos mucho hoy día y tampoco vamos a liarnos a mamporros con el primero que se nos cruce. Practicar cualquier arte marcial es una buena idea, pero también podemos encontrar un compañero y, sencillamente, jugar. No hace falta luchar; sólo jugar a derribarse, empujarse, tratar de quitar un objeto el uno al otro, etc. Da rienda suelta a tu imaginación.

10. Nadar

Tal vez la familia de ejercicios utilitarios indispensables que me despierta más interrogantes, ya que evolutivamente no sé hasta qué punto es coherente con nuestra naturaleza y fisiología anatómica. De cualquier manera, nadar representa un ejercicio muy completo y, si aprendemos a hacerlo realmente bien –condición indispensable que precisamente me hace despertar esas dudas, ya que instintivamente no es que seamos grandes nadadores–, digamos que podemos llegar a ser unos “nadadores aceptables”. Sea como sea, la metodología de la natación también debe tenerse en cuenta, ya que una vez más lo que se suele hacer es practicarla en “modo cardio crónico”, cuando dentro del agua existen formas mucho más diversas, complejas y sostenibles de moverse.

Matices

De la misma manera que nos equivocamos al pensar solo en “ejercicios”, también lo hacemos al reducir nuestra práctica general a otra única palabra: entrenamiento. Es entonces cuando uno puede llegar a abrumarse con tantas habilidades, tantas posibilidades. ¿De dónde saco el tiempo? ¿Cómo aprendo todo esto? ¿No voy a acabar destrozado?

A ver… Si uno pretende moverse, en lugar de entrenarse, hay que cambiar todavía más el chip, abrir la mente, recuperar cierta inocencia, y tener en cuenta que:

a. Que no he hablado del cuánto, del volumen total de actividad física. Sí, recomiendo practicar las diez habilidades a menudo, pero en ningún momento he dicho durante cuánto tiempo o cuántas veces realizar un gesto determinado. Lo más seguro es que tengas una mentalidad de “series-repeticiones” –yo también la tenía–, y puede que ya estés pensando en sobreentrenamiento, descanso necesario, sobrecompensación, programación y esas cosas. Bueno, quizás entrenar de ese modo no sea la única manera de practicar actividad física y desarrollar tus cualidades. ¿Y si te recomiendo hacer una sola trepa al día? ¿Y si te digo que corras un par de veces al día pero sólo durante 10 minutos? ¿Y si te aconsejo intercalar 3 ó 4 lanzamientos de distintos tipos con alguna cuadrupedia, equilibrio y juego de defensa? Y así casi todos los días –también va bien descansar durante un día entero con cierta frecuencia. Otro día sigo con esto.

b. Que no he hablado del cómo. Y, continuando con la línea que he abierto en el cuánto, quiero insistir en una constante de la cultura del movimiento: diversidad. Diversidad en todo: intensidad, duración, volumen, gesto, etc. La clave, lo prioritario, lo primordial para poder moverse durante toda una vida.

Y una cosa más: no pienses tanto en qué partes del cuerpo estás trabajando, qué cualidad estás desarrollando, qué resultados quieres obtener, qué vendrá mañana o qué hiciste ayer.

Te mueves. Ya está. Así de simple.

(Un ejemplo de carrera nada crónica: https://youtu.be/MqMc6K67tkw)

 

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