Si estiras por la noche, te mueves mejor por la mañana

Menuda perogrullada.

Pero en este bloc de notas público de mi laboratorio de movimiento creo que es necesario registrarlas de vez en cuando.

De hecho, a menudo soy el primero al que se le olvidan, por muy obvias que parezcan. Cosas de mediocres…

Y es que se nota una gran diferencia en la movilidad cruda, fría, la de base, la real, según el tiempo que pasa entre accesos a una misma posición o patrones similares.

Ya sea a nivel de cadera, de hombro, de columna o cualquier otro, si a última hora del día he explorado ciertos rangos, al levantarme por la mañana no me cuesta nada alcanzarlos. En cambio, si por el motivo que sea el día anterior dejé de moverme de forma amplia y diversa temprano, digamos que alrededor de las 18 de la tarde, los primeros ejercicios de ablandamiento y estiramientos balísticos después del primer café se me hacen duros, me siento más rígido.

Cuanto más a menudo te mueves, mejor te mueves

Al fin y al cabo, por muy diversa que sea la práctica del movimiento generalista, de acuerdo a uno de nuestros mantras, “cuanto más te mueves, más te mueves”, las capacidades reales de movimiento responden proporcionalmente a la repetición de movimiento, en este sentido matizado a la frecuencia.

O sea, cuanto más a menudo te mueves, mejor te mueves.

Así, por un lado cobra más importancia la idea del movimiento integrado, incrustado en lo cotidiano. Por ejemplo, sentarse en el suelo en diferentes posiciones para trabajar en el ordenador, ver una película, jugar con mi perra, leer o cenar ya garantiza el tránsito frecuente por diversas posturas para el tren inferior. Y para el tren superior y el tronco, con tendencia cotidiana al encogimiento y la compresión, no hay nada como colgarse de la barra que todo buen ciudadano debería tener instalada en casa o, como mínimo, utilizar el marco de una puerta para abrir hombros, pecho y tórax en cada trayecto casero, cada vez que uno pasa por debajo.

Aún con esas, por otro lado he de insistir, personalmente y para la audiencia, en que estirar por la noche antes de ir a dormir, de forma estática y trabajando especialmente con la respiración en busca de relajación y no de activación o ganancia, representa un salto cualitativo en ese eco que interesa generar, algo más específico e intenso, al menos lo suficiente para que sus efectos perduren de alguna manera durante el sueño, un no-movimiento sostenido durante ocho o nueve horas en mi caso, y moverme mejor nada más levantarme.

El secreto, como siempre, es centrarse durante un tiempo en repetirlo conscientemente hasta instaurarlo como un hábito que, como mucho, no va a ocupar más que diez o quince minutos.

(Abriendo el tronco a nivel submáximo antes de ir a dormir)

SUSCRÍBETE GRATIS Y ÚNETE A NUESTRA COMUNIDAD