Lo mejor que puede hacer un profesional de la salud (y el movimiento) no es un tratamiento

No.

Pongamos apellidos: entrenador, médico, dietista, preparador, psicólogo, monitor, fisioterapeuta, etc.

Y no es un no exclusivo, querido binario. Tratar sirve y es necesario cuando realmente sirve y es necesario, y seguirá sirviendo y siendo necesario porque los mundos ideales con unicornios y nubes que huelen a no sé qué no existen. No sufras por tu existencia… o tu sueldo.

Pero no es lo mejor.

Lo mejor que puede hacer un profesional de la salud y el movimiento

Lo mejor es enseñar.

Enseñar tiene un impacto infinito. Enseñar es el mayor acto de generosidad. Enseñar manda el balón al campo contrario, donde debe estar, el del cliente o paciente, el nuevo alumno, quien debe jugar; es su cuerpo, es su salud.  Enseñar invita o incluso obliga a responsabilizarse, la única forma de solucionar, prevenir y disfrutar plenamente, en vez de poner parches que tarde o temprano caerán.

Evidentemente, la otra cara de la moneda tiene que querer aprender, cuando sabemos que la mayoría de veces de esto no se quiere ni oír hablar. “Tú trátame y punto”. Dadas las circunstancias de nuestra mala educación física, no se le puede culpar. Durante mucho tiempo se le convenció y programó para que sus prioridades fueran las ecuaciones, Las Meninas o lo que se supone que dijo Platón, para que todo ese conocimiento de lo externo algún día diera paso a otras cosas tan importantes como la final de la Champions, la hipoteca, la última serie de moda y el sábado en el centro comercial. Es lo que hay. Aún así, el deber profesional es ofrecer lo mejor: influir, insistir, cambiar, ofrecer recursos y herramientas, educar para que el paciente deje de tener paciencia y, por fin, empiece a vivir.

Claro, esto cuesta más trabajo y seguramente genera menos ingresos. Es más fácil seguir aposentado en una zona segura y cómoda, aunque no sea la más coherente, efectiva, responsable… la mejor.

Pero ¡cuidado! ¿Crees que no lo vas a pagar? Y tanto que sí. Pagarás el precio, por ejemplo, en forma de aburrimiento al estar cuarenta años haciendo lo mismo, día tras día, tratando los mismos casos generados por falta de ¿educación y responsabilidad? Y muchos días la ansiedad te comerá por dentro, si aún te queda cierta sensibilidad, porque en el fondo sabrás que no estás haciéndolo lo mejor que sabes que puedes hacerlo.

No tengo ninguna duda.

Lo mejor que puede hacer un profesional de la salud y el movimiento es enseñar.

(Una muestra de no-tratamiento, o sea, de sesión de experimentación y aprendizaje que, en este caso y al mismo tiempo, está sanando hombros, rodillas, caderas, columnas y mentes verborreicas. Sssshhhh… Silencio. Es el cuerpo quien tiene que hablar…)

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