Cuidado con las demostraciones de flexibilidad en internet y las redes sociales

En parte y entre otras cosas, desde el principio, este blog y mi actividad en la redes sociales intentan mostrar la cruda realidad del proceso de la práctica de movimiento para una persona mediocre, sin talento, condicionado por su pasado y que empezó a moverse pasados los 30, siempre bajo el paraguas de la sensatez y la transparencia.

–Rober, tú de mediocre no tienes nada.

–Cariño, yo de mediocre lo tengo todo, incluso seguramente más que tú debido a un montón de factores que desconoces y que poco a poco iré desgranando, como ya he venido haciendo. ¿Mi nivel es algo superior a la media? Sí, puede ser, pero sigue siendo mediocre respecto a lo que realmente puedo moverme. La única diferencia entre mi nivel, mediocre, y el nivel tal vez más bajo de otro mediocre, es el tiempo dedicado a moverme. El nivel es una consecuencia del tiempo dedicado a practicar, nada más. Por tanto, lo importante no es el “nivel de tu movimiento”, sino el tiempo que estás en movimiento.

Sigamos…

En la difusión de cualquier tipo de información, internet nos ha abierto una puerta de conexión casi infinita, tal vez demasiado para nuestro cerebro primitivo, todavía cableado de base para manejar comunidades de entre 50 y 150 individuos, y ahora adaptándose a cientos de millones de conexiones humanas. Sea como sea, creo que todavía no somos conscientes del cambio social y de transmisión de conocimiento que esto supone, evolutivamente hablando, y no nos podemos ni imaginar el impacto que esto tendrá en nuestras vidas en un futuro muy muy próximo.

En mi opinión, este cambio de paradigma es algo maravilloso –no voy a extenderme en los porqués.

Aún así, hablando de movimiento y en concreto de flexibilidad, como para otras tantas cosas, internet y las redes sociales tienen un gran handycap: la distancia que hay entre lo que se muestra y la experiencia real.

Cuando ves una fotografía de un estiramento como este, por ejemplo, en realidad ves muy poca cosa.

Aquí ¿qué intento?

¿Qué percibo? ¿Qué siento? ¿Cómo respondo?

¿Qué activo? ¿Qué relajo? ¿Estoy relajado?

¿Cómo respiro? Es más, ¿respiro?

¿Me estoy esforzando? ¿Me cuesta o voy sobrado?

¿En qué momento del día o de mi sesión lo practico? ¿He calentado?

¿En que momento de mi biografía, de mi trayectoria lo practico? ¿Qué trabajo hay detrás? ¿Y cuánto?

¿Por qué y para qué lo practico?

Todos estos aspectos son muy determinantes para una práctica sostenible, algo que debe tenerse en cuenta desde la más estricta individualidad.

Entonces, las demostraciones de flexibilidad –y de movimiento– en internet y las redes sociales deberían cogerse con pinzas, con muchísima precaución.

¿Inspiración? Vale. Yo mismo tomo como referencia un buen puñado de personas que comparten sus cositas por ahí, a la vez que intento hacer lo mismo.

¿Aplicación? Cuidado con esto. Detrás de cada demostración suele faltar mucha información.

Una foto como la de hoy, la de un mediocre haciendo un estiramiento súper cool y realmente interesante EN UN CONTEXTO CONCRETO, ya puede provocar cierta confusión (y riesgos) en mi escaso público, si no se enmarca EN UN CONTEXTO CONCRETO –recalco.

Imagínate una demostración de la élite, con su contexto elitista y su audiencia masiva.

 

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