Entrena en grupo. Y no permitas que tu entrenamiento dependa del grupo

(En realidad, el título original de esta nota era “Entrena y muévete en grupo. Y no permitas que tu entrenamiento y movimiento dependan del grupo”)

El “joven” que juega conmigo en este vídeo es Álex.

Álex entrena y se mueve conmigo desde hace 13 años.

Sin Álex creo que no habría M de movimiento.

Es más, sin una comunidad no habría movimiento.

La vida es movimiento. El movimiento es vida.

La vida de una persona depende de la vida del resto –nos guste más o menos, según el momento.

No hay una vida completa si no se comparte con otras vidas.

Los humanos somos seres sociales interdependientes.

Nadie es independiente.

La independencia, ya sea individual o colectiva, es una ilusión egocéntrica.

–Si no soy independiente, ¿cómo voy a moverme sin depender del grupo?

Lo más importante de una comunidad no es la comunidad

Una comunidad puede tener diversas capas, formas, número de componentes y relaciones entre ellos.

Por ejemplo, y dadas las circunstancias, mi comunidad de movimiento es bastante compleja –y a veces difícil de gestionar, más cuando uno ha decidido expresamente vivir una vida casi monástica; eso lo explicaré otro día.

Las personas que suelen moverse conmigo casi a diario pueden contarse con los dedos de una mano, y es mejor así –más tarde se entenderá. Pero mis alumnos privados y los que participan en mis clases con regularidad también forman parte de mi comunidad habitual.

Alrededor de estas capas más cercanas al núcleo, también hay otras, no menos importantes, sino diferentes, compuesta por todas aquellas personas que han compartido parte de su movimiento en algún momento conmigo y de las que ha surgido, por afinidad o los motivos que sean, cierta relación de amistad, a pesar de que la distancia no nos permita movernos juntos tan a menudo –algo muy bonito que me ha ocurrido estos últimos años gracias a este movimiento es hacer amigos de otras partes del país y del extranjero.

Y, cómo no, las personas que han asistido puntualmente a alguno de mis cursos o los lectores de este blog también forman parte de mi comunidad de movimiento.

Cualquiera que en mayor o menor medida comparta algo de mi vida en movimiento, incluso virtualmente, es parte de mi comunidad.

Sea como sea, lo más importante no es el tamaño o la complejidad de una comunidad, en este caso de movimiento, sino:

  1. Que haya una comunidad. Dos personas ya forman una comunidad.
  2. Que el núcleo sepa moverse dentro de la comunidad, con la comunidad y sin la comunidad.

Porque cuando pensamos en un grupo humano, un colectivo, con demasiada frecuencia nos olvidamos de que siempre está formado por la unión de diferentes núcleos, átomos, unidades personales, individuos, y que el funcionamiento del grupo no se basa principalmente en las relaciones que co-existen dentro del grupo.

La relación más importante que ocurre en un grupo es la relación que cada individuo que lo forma tiene consigo mismo.

El resto deriva de esta relación primaria.

Entrenamiento en grupo vs entrenamiento en solitario

Tal vez todo parte de esa distinción que surgía intuitivamente en el título original. “Entrena y muévete en grupo”.

Nos gusta catalogar. Me gusta catalogar. Le da orden a las cosas y ayuda a comprenderlas. Aunque sea una ilusión. Como la independencia.

Pero sí, para mí entrenar y moverme son cosas distintas, a pesar de que la primera esté incluida en la segunda.

Cuando entreno lo hago con un propósito muy concreto, específico, analítico. De hecho, ahora que lo pienso, el entrenamiento es ese momento en el que me preparo para algo mayor, o sea, son todos esos ejercicios que practico de forma especialmente intencionada para mejorar –o mantener– alguna cualidad en concreto, como la fuerza, la movilidad o un patrón determinado a nivel de habilidad que requiere de mucha concentración.

Concreción, concentración…

No. No es eso. Porque también hay veces que entreno la fuerza, la movilidad o una habilidad en concreto, y en grupo, y si pretendo hacer las cosas bien, debo concentrarme de todas formas.

Individualidad…

Es eso. Otra vez el gran olvidado. Porque no es lo que se hace, sino quién lo hace y todo lo que implica –cuándo, cuánto, cómo, por qué, para qué.

Hay cosas, cualquiera que sea su categoría, que requieren de individualización.

Ahora mismo mi habilidad en las verticales quizá me permite montar alguna en grupo, aunque cierta sensación de presión hace que me salgan peor. Por otro lado, cuando entreno para el olímpico necesito silencio, aislamiento, atención. Un grupo, a no ser alguien muy cercano que comprende profundamente la situación, interfiere, molesta, no me ayuda para nada. En ese momento no quiero a nadie a mi alrededor.

Lo he observado cuando he acudido a alguna clase de yoga. “Hoy toca la secuencia yogui flou japi flagüer”. Y 15 borregos (me incluyo) transitamos como podemos, a saco, entre prayamalacasana y ubicamitobrana versión número 2, a las órdenes de la “profe”, sin escuchar el cuerpo, entender realmente qué está pasando, cómo te mueves, qué sientes, ¿respiras? “Lo importante” es no perder el hilo de la serie.

Tampoco me imagino a mi compi Lorenzo dando clase de halterofilia en Wods a 20 personas a la vez. Tiene a 6 y seguro que algo se le escapa. Con lo técnica que es la halterofilia. ¿Cómo lo hacen en esos box donde 40 personas están levantando hierro a destajo todos a la vez, con la música a todo trapo? ¿Saben lo que están haciendo?

Sentir, escuchar, entender, saber… ¡Aprender!

Ahora sí. Es justo eso.

Es muy difícil aprender algo concreto, que requiera de concentración y adaptación individual. Todavía lo es más si se hace en grupo.

Pero aprender en grupo también es interesante. De hecho, si no compartes aquello para lo que has entrenado en un grupo, ¿qué sentido tiene?

Al fin y al cabo, una de las principales finalidades del movimiento es vivir bien, o mejor, y la vida es en grupo.

Es más, hay cosas que solo se pueden desarrollar, aprender en grupo.

¡Maldita sea! Menudo lío…

Moverse en grupo vs moverse en solitario

Todo se resume en una idea: moverse en grupo, interactuando con un compañero o varios al mismo tiempo, te obliga a adaptarte a situaciones inciertas, generando un estímulo que jamás podrá alcanzar el movimiento en solitario.

¿Acaso la vida no es interacción y adaptación a la incertidumbre?

Cualquier deporte colectivo es un buen ejemplo. También cuando dos deportistas individuales compiten entre sí.

De todas maneras, para mí el deporte competitivo no es el mejor ejemplo.

Lo son los juegos que no tienen por qué ser ni deportes ni competitivos, ni contra otros ni contra un mismo (eslogan motivacional facilón).

Los top en esto y los que lo explican mejor son Linda Kapitanea y Jozef Frucek, los fundadores de Fighting Monkey.

Si has visto el vídeo, no hay mucho más que añadir.

Bueno, sí.

Puedes moverte en solitario. Interactuar contigo mismo. O con un objeto. Y generar incertidumbre, y adaptarte.

No tanto como en grupo.

Pero puedes.

Y debes.

Moverse en grupo es más divertido… y débil

Seguramente esta es la mejor prueba de nuestro instinto inherente a la socialización.

Somos seres imitadores. Copiamos lo que vemos.

¿Por qué? Por miedo. Desde un punto de vista evolutivo, intuimos que quedarnos fuera del grupo es peligroso. Por eso, por lo general, actuamos en masa, como un rebaño.

Como no hay blancos ni negros, esto tiene sus pros y sus contras.

Pro más evidente. En grupo, moverse es más fácil. O divertido. La pereza parece esfumarse. No hace falta pensar, solo seguir al rebaño u obedecer al líder.

Contras consecuentes:

  1. El individuo es muy influenciable, manipulable por el grupo. Cuanto mayor es el grupo, más difícil resistirse a no seguirlo, a pesar de no tener ni idea de cuál es el propósito de la actividad o conducta grupal, o la intención del líder. De ahí el caso de las clases grupales, al tuntún, sin conciencia, sin sentido. O los eventos deportivos multitudinarios. El grupo tiene su tirada, te contagia su empuje, aunque no tengas ni idea de lo que estás haciendo, por qué, para qué.
  2. Si no hay grupo, ¿te mueves? Porque no solo se trata de comprender qué estás haciendo o si eso encaja con tus valores o propósitos, sino de tener la suficiente fortaleza individual para seguirlos, respetarlos, actuar a pesar de la soledad, incluso pasando por desobedecer las órdenes intrínsecas del comportamiento grupal.

Este vídeo experimental de 3′ lo resume exquisítamente. Es triste y divertido al mismo tiempo.

No podemos ni imaginarnos el nivel de condicionamiento social que impregna nuestras vidas –y tampoco cómo le llegan a sacar partido las marcas y las industrias, incluidas la del fitness y el bienestar.

Most people are sheep. La mayoría somos ovejas.

 

La (in)dependencia de tu movimiento

Si has tenido la santa paciencia de llegar hoy hasta aquí, habrás comprobado que este es un tema muy complejo y las conclusiones siempre terminan siendo difusas, matizables, relativas.

¡Aaaahhhh! Un enfoque binario en este tema lo tiene crudo.

Después de tanto lío, de estos pensamientos aleatorios en voz alta, solo tengo claras tres cosillas.

Primero, cada persona, cada momento, cada entrenamiento y cada movimiento tienen su qué, individual y colectivamente. Ambos se complementan y se enriquecen el uno del otro, el uno al otro.

Segundo, la independencia del grupo es imposible, y no tiene sentido.

Te guste o no, consciente o inconscientemente, ya sea un grupo más grande o más pequeño, o tú más o menos egocéntrico, siempre estás comportándote respecto a un grupo que puedas tener como referencia.

Y tercero, y sin embargo, puntual y razonablemente no creo que sea bueno, sino muy bueno que una persona sepa moverse sola y se mueva sola.

· A veces lo que estés practicando lo requerirá, especialmente en procesos de aprendizaje técnico.

· Te ayuda a conocerte mejor, a (re)ubicarte, a tomar decisiones, etc.

· Dice mucho de tu fortaleza, determinación, voluntad, compromiso, responsabilidad, y te entrenas y te mueves en desarrollar estos aspectos.

Al final, como siempre, lo primordial, sea como sea, MUÉVETE.

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