Mentes binarias, cuerpos binarios. El movimiento perfecto

“Error 4758: No se detecta ningún teclado. Pulse una tecla para continuar”

Mentes binarias

Es un hecho.

El último episodio de la Revolución Industrial, la revolución informática y digital de nuestros días, nos ha empujado a pensar como computadores.

El “sentido común”, social, nos dice que la escuela es donde los niños se preparan para la vida adulta –y curiosamente, hoy día, tal como está planteada la educación y al ritmo al que avanzan las cosas, cuando un estudiante termina su “preparación para la vida”, ésta ha quedado obsoleta.

En los primeros tiempos de la Revolución Industrial, como apunta habitualmente Seth Godin, el método que se estableció para la educación pública era sencillo: entras a las 9, te sientas, permaneces callado, atiendes al profesor, obedeces, cumples las normas, lo haces lo mejor posible y te vas a las 17.

Si repites sistemáticamente este proceso con todos los niños de un estado durante ocho o diez años, ¿qué obtienes? Eso es. Trabajadores obedientes que serán puntuales, ni se moverán ni abrirán la boca, y harán lo que se les pida, por aquel entonces en la fábrica y más recientemente en la oficina.

Conforme pasaron los años, la tecnología se fue desarrollando, transformándose en algo más complejo, y, como todos sabemos, ordenadores y otros dispositivos digitales pasaron a ser conciudadanos que conviven con nosotros a todas horas, especialmente en el trabajo, y también para “disfrutar” del peor de los tipos de entretenimiento, y el más consumido, el pasivo.

Desde un punto de vista educativo, la escuela también tuvo que evolucionar. Los futuros trabajadores y consumidores necesitan comunicarse con las máquinas, que solo entienden un lenguaje compuesto por dos únicos símbolos: 0 y 1.

Si te fijas bien, comunicarse con un ordenador o un teléfono móvil consiste en eso, dar órdenes binarias resumidas en “Aceptar” o “Cancelar”, “Abrir” o “Cerrar”, “Copiar” o “Pegar”, “Guardar” o “Eliminar”, “Me gusta” o “No me gusta”.

Así, durante los últimos cincuenta años, además de seguir promoviendo la obediencia y la estandarización, la escuela centra sus esfuerzos en prepararnos para la vida binaria y simplificar nuestra forma de interpretar y reaccionar ante la realidad en términos absolutos que se sintetizan en “Sí” o “No”, 0 ó 1.

– Bueno o malo.

– Aprobado o suspendido.

– Correcto o incorrecto.

– Blanco o negro.

– Feliz o deprimido.

– Casado o soltero.

– Ciencias o letras.

– Compañero o adversario.

– Unionista o secesionista.

– Conmigo o contra mí.

– Nosotros o ellos.

– Yo o los demás.

Cuerpos binarios

¿Qué tiene que ver todo esto con el movimiento?

Más allá de lo obvio respecto a la gran medida en que nuestra interacción incesante con las pantallas impactan en nuestro sedentarismo, dando continuidad a lo aprendido en la escuela –”estate sentado y quieto”–, esta forma de domesticar al ser humano, insisto, fruto de una gran inversión de tiempo y dinero que más tarde dará de comer a la industria médica y farmacéutica, no podía dar otro resultado: mentes y cuerpos que piensan y se mueven en binario.

¿Este ejercicio es bueno o es malo?

¿Ocho repeticiones es fuerza o resistencia?

¿Esa técnica es correcta o incorrecta?

¿Qué es más importante para la salud, pesas o cardio?

¿Cuándo tengo que estirar, al principio o al final del entrenamiento?

¿Por dónde respiro, por la boca o por la nariz?

En la sentadilla, ¿las rodillas sobrepasan o no sobrepasan la punta de los pies?

El movimiento perfecto

Si estás leyendo este blog, lo más probable es que ya seas un poco distinto a la media de los alumnos que terminan la educación básica o, como diría mi amigo Félix, un desviado social.

Seguramente eres raro, un poco friki o, como mínimo, lo que te ha traído hasta aquí… te cuestionas las cosas más allá de los dogmas y creencias culturales y sociales, y tienes una mente abierta (si algún día la inspiración se transforma en transpiración, tu mente abierta dará paso a un cuerpo abierto, que es más chulo todavía).

Aún así, esta reflexión solo pretende insistir en esparcir un mensaje:

“Ni pienses ni te muevas en binario”

Acostumbrados a hacerlo para el resto de nuestra vida, en el ámbito de la actividad física la mayoría de nosotros buscamos órdenes precisas para respuestas absolutas.

Error de sistema.

Porque los sistemas “ser humano” y “movimiento” son tan complejos, tan inciertos, tan desconocidos y tan tan tan subjetivos, que intentar moverte exactamente de la forma en que un ente externo a ti, ya sea un entrenador, un médico, un fisioterapeuta, un campeón del mundo, una academia, un instituto o un estudio científico, es lo más absurdo, inútil e incluso arriesgado que puedes hacer.

Las ciencias de la salud, el entrenamiento y el movimiento y sus conclusiones, que afortunadamente juegan un papel fundamental en nuestra salud y bienestar, se basan en estadísticas, medias, modelos computacionales, binarios, que se aproximan a la realidad de los seres humanos en lo que nos es común, el cuerpo y “sus cosas”.

¡Pero!… no son la realidad absoluta.

Por este motivo, entre otros, este blog se subtitula “laboratorio”, y no escuela. No quiero adoctrinarte en nada, sino invitarte a que experimentes.

Hace unas semanas compartía una de mis escasas pero grandes conclusiones después de casi quince años en esto: el principio de individualización es el más importante de los principios del entrenamiento/movimiento.

Ten en cuenta lo común, claro que sí.

Pero cuestiona la existencia de “el movimiento perfecto” y plantéate algunas cuestiones, por supuesto, binarias.

Yo mismo lo sigo haciendo, cada día, y todavía no tengo respuestas precisas, lo reconozco –¡maldita sea! No puedo ser tu gurú favorito.

Algunas de ellas son…

¿Buscas órdenes o principios?

¿Apalancas tu bienestar en otros o te comprometes y responsabilizas?

¿Catalogas los ejercicios como buenos o malos, correctos o incorrectos, o comprendes y, por qué no, abrazas la ambigüedad e incertidumbre de los principios de individualización y especificidad?

¿Obedeces normas, técnicas o métodos, o investigas, aprendes, experimentas?

Las respuestas a estas preguntas determinan la diferencia entre 0 y 1, un mediocre a secas o un mediocre extraordinario.

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