Test 4. Controlar

En el test anterior, además del concepto “eficiencia” que ya había surgido en los dos primeros, se ha sumado uno nuevo: control.

El control motor es algo muy complejo del que se saben “cosas”, pero no todo, y que suele estar explicarse con un montón de nombres raros que ahora no vienen al caso.

Sin ser muy técnicos o rigurosos, entenderemos que el control es algo así como saber decirle al cuerpo qué quieres que haga… y que el cuerpo te haga caso –parece que es lo mismo, pero descubrirás que tal vez tú le sabes decir al cuerpo que haga algo y este no obedece tus órdenes.

El control se puede valorar desde lo más analítico, “músculo por músculo” o “articulación por articulación” –en esto un fisioterapeuta sería el que “más sabe”, en general– hasta lo más complejo, como puede ser cualquier gesto deportivo o habilidad física –lo que se suele conocer como técnica–, dadas las circunstancias subjetivas de cada cual según sus capacidades –fuerza, resistencia, movilidad, etc.

Nosotros no vamos a complicarnos la vida y, más que valorar el control motor –con lo complejo que es, la primera gran cuestión o test a resolver sería “cómo valorarlo”–, te propongo valorar cuál es TU facilidad, propia, individual, a la hora de aprender un gesto nuevo en el que se requiere de cierto control y coordinación.

Como estamos acostumbrados a ejercitarnos de manera simétrica, es decir, realizando el mismo gesto con los dos lados del cuerpo simultáneamente, el test va a consistir en desafiar tu sabiduría corporal para moverte asimétricamente y en sentidos opuestos, provocando una especie de cortocircuito.

Para este ejercicio no hay normas ni trampas.

Tómatelo como un juego, sigue las progresiones que verás enseguida y simplemente valora sobre la marcha qué está ocurriendo con/en tu cuerpo y cuánto esfuerzo te cuesta “seguir” el ritmo.

Como te decía, la valoración de lo que haya ocurrido es muy subjetiva.

¿Te ha salido a la primera, a la segunda, a la décima?

¿Te ha costado más hacia un lado o hacia el otro?

¿Qué pasaba cuando te pedía que cambiaras de sentido?

¿Serías capaz de repetirlo ahora mismo, a la primera?

Con este simple ejercicio solamente pretendía que fueras consciente de que, en general, para moverte de manera compleja es necesario un proceso de aprendizaje que a menudo pasamos por alto.

Para un patrón como el que has practicado, absolutamente en descarga, el riesgo que corres es mínimo por “muy mal” que lo hagas.

Ahora bien, cuando hablamos de, por ejemplo, ciertas secuencias de yoga, ejercicios de gimnasia o halterofilia, movimientos o gestos que implican un vuelo, una inercia o un impacto, la cosa se pone más difícil, y el riesgo aumenta si no has aprendido a decirle al cuerpo adecuada y progresivamente qué quieres que haga y, sobre todo, que te haga caso.

No es cuestión de que algo sea bueno o malo, sino de si se ha seguido un proceso de aprendizaje adecuado, a conciencia y con conciencia.

Por otro lado, en cuanto a esa “facilidad” de la que hablábamos, el trabajo de control, técnica, coordinación es de los más agradecidos ya que, en general, cuanto más lo desarrollas y más aprendes, mayor facilidad tienes en el futuro para seguir aprendiendo.

De ahí, por ejemplo, que los mejores “controladores” suelan ser bailarines o artistas de circo, expuestos continuamente a nuevos retos, gestos, secuencias, etc. Su capacidad para aprender en el sentido de la complejidad es realmente asombrosa.

 

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