Por qué establecer la autonomía de movimiento como objetivo número 1

Vamos a suponer que ya eres consciente de que comer, relacionarte, descansar y moverte bien es vital.

Hablando de comida, ¿esperas que tu dietista te acompañe al mercado, te cocine y te meta la cuchara en la boca mientras te dice “Que viene un avión, que viene. Aaaahmmm…”?

Hablando de relaciones, ¿esperas que tu psicólogo te acompañe a todas partes y hable por ti cuando no sabes qué contestarle a tu jefe o cómo plantearle cierta conversación a tu pareja?

Hablando de descansar, ¿esperas que tu mamá o tu papá vengan todas las noches a casa a la hora de dormir y te arropen y te canten una nana?

Entonces, ¿por qué para moverte esperas a que un monitor, un entrenador, un preparador, un smartphone o incluso un médico (espero que no…) te diga lo que tienes que hacer o cómo te tienes que mover?

Cuidado, no te confundas.

Esto no significa que esporádicamente no puedas contar con su ayuda, su guía, sus consejos. Dadas las circunstancias, el contexto sedentario y la descorporalización de nuestra cultura es muy probable que en un principio lo necesites.

Igual que un/a (buen/a) nutricionista te dará ciertas pistas acerca de qué y cómo comer hasta que hayas adquirido unos hábitos en torno a la comida adecuados PARA TI, o un/a (buen) psicólogo/a te ayudará a descubrir realmente qué quieres y/o forjar TUS PROPIAS herramientas para afrontar ciertas situaciones, cualquier (buen) profesional del movimiento puede acompañarte en tu educación para que TE HAGAS CARGO de ese ámbito de tu vida.

(De hecho, si el proceso que estás llevando a cabo con tu nutricionista, coach, mentor, psicoloquesea, fisio, médico, chamán, experto del orden, profesor de meditación, entrenador, etc., no tiene una fecha de caducidad, un final… ¿Está cumpliendo su propósito? ¿Funciona?)


¿Por qué establecer la autonomía de movimiento como objetivo número 1?

¿Honestamente?

Porque es cosa tuya.

De nadie más.

Es tu vida, es tu cuerpo, es tu movimiento.

Es tu responsabilidad.

Porque solo tú puedes descubrir y saber qué hacer, cómo moverte, cuándo y cuánto te va mejor hacerlo, con qué propósito, y cómo adaptar todo esto a tus condicionantes en cada momento.

No estamos hablando de cómo funciona un coche, un televisor o una lavadora. Estamos hablando de ti, de tu cuerpo, de cómo funcionas tú.

Y porque si no, seguirás moviéndote a la suerte de tu motivación superficial, los “tengo que” y “debo” hacer ejercicio, con sus idas y venidas, o no moviéndote, que es peor, y siendo una marioneta de las instrucciones, las modas, los mitos, las creencias, los intereses o las tonterías que te cuente cualquier experto o gurú de turno, un servidor incluido.