Si necesitas estar motivado para hacer ejercicio, tienes un problema

Estética. Rendimiento. Incluso salud —¿qué es estar sano?.

Da igual en qué categoría encajes esa motivación.

Si necesitas estar motivado para hacer ejercicio, o si esperas a tener ganas o que te apetezca moverte para hacerlo, tienes un problema.

Porque vas a depender de esa motivación y de la infinidad de veces que va a ir y venir, a subir y a bajar.

Y porque vas a relegar tu actividad física, tu movimiento lejos de los primeros puestos de tus prioridades. Siempre surgirá algo (aparentemente) más importante o apetecible que moverte, ni que sea algo tan urgente como estar tirado en el sofá viendo Netflix.

Esta estrategia, por mucho que la maquilles o la adornes con objetivos y música épica, o incluso la trabajes con tu coach sideral, no funciona, no dura.

Tarde o temprano falla.

Y tu práctica de actividad física se convierte en una montaña rusa, o una batalla, que es peor.

Algo mejor que estar motivado

Ser consciente.

Darte cuenta de que moverte no puede ser negociable, y mucho menos dependiente de si estás motivado o no, o de tu estado emocional.

No solo porque lo necesitas, como dormir, beber, comer, respirar o relacionarte con los demás —algo que, por cierto, siempre implica moverte. Sí, dormir incluido.

Más que nada por respeto hacia lo que te ha sido dado, hacia lo que se te ha regalado, hacia ti mismo.

Toma, un cuerpo. Pa ti.

Te guste o no, es lo que eres —o al menos una parte, si prefieres acompañarlo de un ramalazo espiritual.

Y un cuerpo puede moverse.

¿No lo mueves?

Paga el precio.

Luego, cuando no puedas moverte, cuando el dolor de espalda te deje clavado, cuando un tendón inflamado no te permita levantar el brazo, cuando te ahogues al subir cuatro peldaños, cuando tus articulaciones hayan envejecido precozmente, cuando tengas hijos o mascotas y no puedas agacharte a jugar con ellos… entonces lo echarás de menos.

Un ejercicio diario de conciencia

Cada día al levantarte, sé consciente.

Practícalo como te dé la gana.

Da lo mismo si es sentado meditando, mirándote al espejo con la postura de Superman, repitiendo mantras, tomándote un té verde con jengibre, anotándolo en tu libreta de milagros, imaginando que Louise Hay y Tony Robbins están a tu lado.

Haz el ejercicio de darte cuenta de que eres un cuerpo y que, como tal, no digo ni que “debes” o “necesitas” moverte…

¡Puedes moverte!

¿No te parece suficiente motivación?

¿Vas a esperar a no poder hacerlo para necesitar, deber, querer hacerlo?

Respétalo. Sé agradecido. Dale su sentido. Honra a tu cuerpo.

¡Muévete!

Sin necesitar estar motivado, tener ganas, apetecerte.

(Y que los adornos, los motivos, los objetivos, que nadie ha dicho que no puedan tener su lugar, estén al servicio de tu conciencia, tu compromiso, tu responsabilidad, tu autonomía y tu acción. Y no al revés).

Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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