Moverse mejor sin mirar. Concepto y 3 ejercicios

Hay una habilidad que tienen los más peques que se ha convertido en mi obsesión de investigación personal.

Llevo como un año con ello, más o menos.

Al caminar, al correr, al invertirme, al girar, al rodar, al bailar.

Al deslizarme y equilibrarme y pivotar y saltar también.

Y ahí seguimos, “batallando”, muy mediocres.

Desde luego, los límites que nos vamos imponiendo conforme crecemos nos hacen pagar un caro peaje ya de adultos, cuando queremos recuperar una habilidad que adquirimos de pequeños —y que perdemos por falta de exposición.

Al mismo tiempo, como siempre, lo más difícil, aquello en lo que somos más malos, marca la X en el mapa del tesoro.

Es donde está la chicha, el estímulo, el margen de mejora, incluso la motivación infinita.

Al fin y al cabo, cuando utilizas la curiosidad como motor primario de tu movimiento, justo igual que hacen los niños, de lo de la motivación te puedes despreocupar. Viene sola.

Y, afortunadamente, hay una manera de aproximarse a esta habilidad tremendamente factible para un adulto que quiere recuperarla.

Primero revisemos el concepto y luego te cuento tres prácticas o ejercicios en concreto.

EMPIEZA CON LOS PEQUEÑOS

Cómo no, mi principal maestra es Abril, mi hija.

Si no tienes peques en casa, puedes aprender observando a otros.

Bueno, corrijo.

La primera lección la puedes aprender observándote a ti mismo.

Primero hazlo en lo cotidiano.

Especialmente cuando caminas por la calle.

También cuando te agachas y te incorporas, sea por el motivo que sea.

O incluso cuando te sientas y te levantas de un asiento.

Después hazlo al practicar cualquier tipo de actividad física, disciplina, deporte.

Puedes hacerlo al correr.

También al saltar, en cualquier momento en que transites hacia el suelo, al practicar yoga o Pilates.

O cuando “haces ejercicio” simplemente, ya sean algunos estiramientos, una sentadillas, levantar algunas pesas.

La pregunta clave al realizar cualquiera de estas tareas es:

¿Dónde miras? ¿En qué punto fijas tu mirada?

Si prestas atención, verás que la mayor parte del tiempo tu mirada va hacia el suelo.

De este hecho deriva otra pregunta:

¿Podrías hacer lo mismo e igual de bien sin utilizar esa referencia visual constante hacia el suelo?

Luego observa a los peques.

Yo observo a Abril.

Y desde que empezó a caminar hace eso que me intrigó tanto en su momento.

A menudo hasta me da un poco de yuyu.

Parece la niña del exorcista.

La tía, como el resto de peques, tiene una habilidad espectacular:

Es capaz de moverse por el espacio libremente, con soltura, sin tensiones ni fricciones, como relajada, esquivando todos los obstáculos.

Esta no es la habilidad.

La habilidad es que lo hace sin mirar.

Maticemos: sin utilizar el suelo como referencia visual.

Si lo hace, es solo por un nanosegundo.

Lo suficiente para mapear el entorno, resituarse en el escenario y continuar.

Confiando intuitivamente en su memoria espacial, su propiocepción y su visión periférica, se mueve “sin mirar”.

Con tal habilidad que hasta es capaz de caminar alejándose de mí, con paso firme hacia el frente, mientras retuerce la cabeza como Chucky para seguir mirándome fijamente.

Puedo asegurarte que el 99% de los adultos perderíamos la orientación, la trayectoria y tal vez el equilibrio a los pocos segundos.

Ella, que todavía no ha cumplido los dos años, puede caminar así cincuenta metros en línea recta, tranquilamente.

Yo, mientras tanto, sufro más que ella. Mi cabeza no para de bombardearme “se va a meter una hostia; se comerá ese árbol; se tropezará y se partirá los dientes; se va a matar”.

Curioso.

Desde un punto de vista evolutivo me pregunto, por ejemplo, el papel que jugó esta habilidad siendo adultos en episodios de caza o persecución por terrenos irregulares, plagados de obstáculos y desniveles.

Ahora mismo mis inquietudes giran en torno a cuánto afecta la pérdida de esta habilidad en esa tendencia que tenemos prácticamente todos de anteriorizar el cuello, la cabeza y los hombros, chepar la espalda y llevar el cuerpo inclinado hacia delante.

Con todo lo que implican estos vicios.

PRÁCTICA 1. PIVOTAR SIN MIRAR

La primera práctica para estimular de nuevo esta habilidad la harás pivotando.

¿Pivotando?

Sí. Girando sobre ti mismo apoyándote sobre un solo pie. 360 grados, concretamente.

No nos alargaremos en esto, porque parte de la gracia de explorar el movimiento y practicar es exponerte a patrones y tareas de movimiento que sean accesibles pero al mismo tiempo desafiantes.

Y un pivotaje simple de 360 grados es el más sencillo de todos —aunque puede resultar tremendamente exigente para ti.

Entonces, de lo que se trata es de practicar lo que verás en el vídeo, alternando el pie con el que pivotas, tratando de mantener bien presentes las siguientes intenciones.

*Recuerda que en esto de moverse bien, mejor, la INTENCIÓN lo es todo (no la técnica, que es una consecuencia de la intención).

  1. Pivotar sobre un pie exactamente 360 grados. Con el pie que se mueve, despegas y aterrizas justo en el mismo punto.
  2. Aprovechar tu balanceo para que el movimiento sea eficiente y cueste muuuuy poco, que no te canse. Cuando te mueves mejor buscas justo lo contrario del fitness. No quieres gastar, no quieres quemar. Quieres ahorrar. Tu eficiencia es lo que denota tu calidad de movimiento.
  3. ¡Y!… Y TODO ESTO SIN MIRAR HACIA EL SUELO. (Lo más recomendable es fijar la mirada en un punto bien lejos, lo más lejos posible, y recuperarlo cuanto antes conforme vas terminando el pivotaje).

Sobre todo… ¡Pruébalo! Que ya sabes que la información sin transpiración no sirve de nada.

PRÁCTICA 2. TRANSITAR SIN MIRAR

Transitar es algo que se puede hacer de muchísimas maneras.

Para hacerlo necesitas tres elementos: una posición de partida, un patrón de transición y una posición final.

Como lo que nos interesa es centrarnos en la habilidad de no utilizar el suelo como referencia visual, vamos a hacerlo facilito.

La posición de partida y final serán la misma: una sentadilla.

El patrón será la rueda deslizante (por si no la has practicado todavía, tienes un tutorial detallado aquí).

¡Las intenciones!

  1. Transitar de sentadilla a sentadilla utilizando una rueda deslizante, prestando especial atención a la subida y la bajada de la pelvis para que el patrón sea amplio en este sentido.
  2. Tratar de enlazar los cuatro pasos de pies y manos con fluidez y continuidad, sin esfuerzo, no como Robocop, para que el movimiento sea eficiente. Tu eficiencia es lo que denota tu calidad de movimiento. ¿Te lo había dicho?
  3. ¡Y!… Y TODO ESTO SIN MIRAR HACIA EL SUELO. (Fija la mirada en un punto y no lo pierdas de vista en ningún momento. Puedes hacer como yo: grábate y fija la mirada en el objetivo todo el tiempo. ¡Ojo! Que querrá escaparse hacia el suelo. ¡¡Persiste!!).

PRÁCTICA 3. CAMINAR SIN MIRAR

Como te decía más arriba, no hace falta que practiques esta habilidad mientras “haces ejercicio”.

También puedes (y te lo recomiendo muy muy mucho) practicar en lo cotidiano.

Te darás cuenta de que es mucho más difícil de lo que parece y, además, los beneficios que te reportará no serán nada despreciables.

La última práctica, que también podríamos considerar un desafío (insisto), es caminar por la calle sin mirar hacia el suelo durante el máximo tiempo y la máxima distancia posibles.

Esto, además de servirte para practicar la habilidad que tenemos entre manos, te obligará a mantener la atención plena en tu caminata, ya te digo yo que un gran challenge en los días que corren.

Y de paso, te servirá como chivato para darte cuenta realmente de lo “viciado y orientado” que estás hacia el suelo no solo a nivel de la mirada, sino de tu cabeza, cuello, hombros, pecho e incluso abdomen.

Todos ellos, por una serie de motivos que ahora no vienen al caso, tienen el reflejo de seguir e inclinarse hacia donde miras. Un plus que te dejo aquí, en el aire, para que le des vueltas.

Espero que disfrutes de tus prácticas.

Nos (mo)vemos en el Laboratorio.

Rober Sánchez