Cuando chulearle a tu mujer es buena señal. Yogui linchamiento directamente

(Advertencia1: Vuelvo a usar el yoga como ejemplo. No se enfade. Intente extrapolar la metáfora a cualquier actividad física).

(Advertencia 2: Este correo es más largo de lo habitual, muy poco. Tiene muchos detalles. Y muy valiosos. Lea con calma. Dos veces si hace falta. Sobre todo las 3 lecciones del final. Es casi casi como un post, más que un correo. Y es viernes).

A veces poder chulear, como yo le hago a mi mujer, por ejemplo, es buena señal y otras…

Otras, bueno, no es ni señal, ni buena ni mala, creo.

Pero hay una posibilidad de chuleo de movimiento que es buena señal.

Muy buena señal. Moviéndote.

Tanto que creo de verdad de la buena que puede ser muy bueno para ti poder chulear así.

Puede ser algo muy bestia, en serio.

Quiero decir, cuando Cristiano Ronaldo sale diciendo aquello de “Me envidian porque soy bueno, guapo y rico”…

Pues vale. Hay a quien le gustará más o menos. Qué más da.

Es chulear por chulear… pfff.

Yo a veces le chuleo a mi mujer.

Y nos reímos juntos, los dos.

Y me siento orgulloso de ese momento de chulería.

Es justo esta manera de chulear la… ¿chula?

¿Te estoy chuleando con tanta chulería?

Es broma. Te prometo que chulear así vale mucho la pena.

Porque es muy buena señal.

Lo más importante, además, es por qué le puedo chulear a mi mujer.

Y cómo lo puedes usar en tu beneficio para moverte mejor, mucho mejor.

Ahora sí. Verás:

Meli va a clases de yoga entre semana. Le va muy guay. Le encanta. Me encanta. Nos encantamos.

Y el sábado bajamos a un parque tocando a la playa para movernos un rato.

Lo que ocurre es algo totalmente improvisado.

No hay programas ni estructuras ni planes ni numeritos.

Vamos al parque y nos movemos.

Brutal.

Entonces, entre movimiento, ella dice entusiasmada:

-Pues esta semana en yoga nos han enseñado este equilibrio.

Me lo demuestra.

Pone las manos en el suelo.

Me sigue hablando mientras tanto:

-Se llama cuchipandamrwonderfulasana. Bueno, concretamente la versión C. ¿Te suena?

-Ni idea, cariño. Ya sabes que yo los nombres me los invento en cachondeo y de yoga no tengo ni papa.

Un pie por aquí.

Una pierna por allá, esta segunda pierna ya con algunas dificultades.

Los entrelaza medio raro. Me estoy haciendo un lío. Yo. Ella no.

Ui. Ai. Se pone un poco roja.

Y… tacháááán. Consigue mantener el equilibrio durante un par de segundos.

Coge aire y me mira.

-¿A ti te sale? -me pregunta con un toquecito picón, un poquito chula, muy poquito porque no va con su carácter.

-Tal vez. A nivel práctico no lo sé. No lo he probado nunca, la verdad. ¿Cómo era?

Yo en este momento soy muy prudente y no me hago el chulo para nada, no vaya a ser que luego…

A ver, sí, las manos así, el pie aquí, la pierna acá, lo anudo todo.

Anda.

Ya está.

Ahí lo tienes.

Y respirando con normalidad, por cierto.

Namasté (guiño chulo).

Y es justo cuando aparece la chulería sin ningún tipo de mala intención y con toda la guasa del mundo entre una pareja que tiene como propósito principal uno y solo uno: divertirse.

Lo enfatizo con un tono en plan Matías Prats cuando cuenta el chiste malo del final del telediario:

-No sé para qué vas a clases de yoga, baby. Ya ves que no hace falta. Nunca lo había hecho y hala… No es tan difícil, pichoncita.

Y nos reímos un rato.

Y, por supuesto, le explico lo que ha pasado y trabajamos en ello.

Y lo entiende y puede hacerlo con mucha más conciencia y, por tanto, facilidad.

Lo que ha pasado y lo que denota esa chulería como buena señal es esto:

Ella, con toda su buena fe porque, además, no tiene mucha alternativa, en clase de yoga intenta copiar lo que hace la pautadora.

No es que esto esté mal.

Se puede aprender así.

Lo que pasa es que hay una forma mejor, más rápida, más sólida, incluso diría que más segura según el nivel de exigencia de la habilidad:

COMPRENDER LOS PRINCIPIOS DE LO QUE ESTÁS HACIENDO.

O sea:

Yo, en ese momento, me puedo hacer el chulo en plan cachondeo porque aunque no haya probado ni practicado ni olido ni pensado esa invertida en concreto en mi vida, comprendo en profundidad los principios de las invertidas.

No es una cuestión de nivel ni de poder hacer una invertida Xasana.

Hay invertidas que a mí no me salen ni para atrás.

Pero lo sé de primeras, solo de verla, la gran mayoría de las veces.

Me pones una delante e instantáneamente sé si puedo hacerla o no.

Si puedo porque sé que puedo, la hago.

¿Por qué?

Porque comprendo los principios de lo que estoy haciendo.

Si no puedo porque sé que no puedo, lo intento por hacer el cabra un rato, aunque se escape de mi nivel, y no me sale y me descojono, claro.

¿Por qué?

Porque comprendo los principios de lo que estoy haciendo.

Bien.

De todas maneras, esto no va de lo que yo sé y/o puedo hacer y/o de lo chulo que soy.

Sino de lo que tú podrías.

Saber, hacer y chulear.

Triple moraleja para cualquier habilidad:

1 Comprender los principios te permite saber con antelación si algo está a tu alcance.

2 Comprender los principios te abre las puertas a aprender cualquier habilidad que está a tu alcance al instante sin haberla probado antes.

3 Comprender los principios te sirve para saber qué falta, qué dirección tomar, qué hacer cuando la habilidad no está a tu alcance y lo planteas como un propósito por los motivos que sea.

Y de eso, de comprender los principios de una habilidad (aunque no esté a tu alcance o no te salga o no la hayas probado jamás), es muy buena señal el poder chulear.

Si quieres chulear alrededor de cualquier invertida, de cualquiera, hasta de las más difíciles y (aparentemente) imposibles para ti, te interesa este curso:

Invertidas – El arte de moverte bocabajo

Rober

PD: si haces yoga y le quieres chulear a tu pautador, en cachondeo, claro, comprende los principios. Le sacarás más chicha a tus clases.

PD2: los principios. Y a partir de ahí todo lo que te dé la gana. Pa chulo mi pirulo. ¿Por qué? Porque comprendes todo lo que necesitas comprender. Arriba.