Vida normal extrema

Anexo 7.1 del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Una jornada de la vida normal de una persona normal suele darse entre dos extremos:

  1. Que no pase nada de nada.
  2. Que sea un desastre total.

La mente errante de una persona normal vive en la ilusión de que hoy sea algo así como el caso 1.

Y reza para que no sea el caso 2.

Lo normal es que prácticamente todos los días sean algo intermedio entre ambos casos.

Pero…

Hoy me ha tocado el 2.

Max me ha reclamado a las 3:45, suuuuuper inquieto.

Estaba muy sudado; aquí hace bastante calor por las noches.

Lo he cambiado y le he dado el biberón, y se ha quedado dormido sobre las 4:30.

Yo, completamente desvelado, tenía algunas ideas revoloteando por la azotea.

Venga, aprovecho y las saco.

Me pongo a escribir y a los diez minutos…

¡¡¡¡Buuuuuuuaaaaaaaahhhhhhh!!!!

Max se despierta.

Se ha cagado y se le ha salido todo por arriba.

Va de mierda hasta mitad de la espalda.

Oooootra vez a cambiarlo, y cuando pasa algo así no es cosa de un par de minutos.

Termino y me pongo a calmarlo, que está más desvelado que yo.

Se duerme a las 5:20.

Las ideas ahí siguen, repicando.

Me siento a escupirlas en el teclado.

Ni cinco minutos y…

Gggggrrrrrñññññiiiii…

Una puerta.

Es Abril.

No son ni las 5:30.

—Cariño, ¿sabes qué hora es? Es muy temprano. Vuelve a la cama, anda.

—Es que no tengo sueño. Tengo hambre.

—Ahora no te voy a dar nada de comer. Aprovecha para hacer un pipi, te metes en la cama y cierras los ojitos.

—¡No! ¡¡No lo voy a hacer!! —replica en modo mocosa rebelde de cinco años.

Uff.

—Bueno, vale, pues estírate en el sofá y te quedas aquí conmigo, si quieres.

—Pero dame algo.

—No, Abril, no vas a comer nada a las 5 de la mañana. Silencio y a descansar.

—¿Y tú?

Tócate los huevos…

—Yo estoy trabajando.

—Pero es muy temprano, ¿no?

Demasiado lista me ha salido…

—Va, quédate ahí y en un ratito, si no te has dormido, te vienes conmigo y el Max a caminar y correr, ¿ok? Tú coges la bici —esto es algo que ya ha pasado más de una vez y suele funcionar.

—Vaaaaleeee.

Continúo.

Y, de nuevo, ni cinco minutos.

Tengo a Abril a mi espalda.

—¡¡Papaaaa!!

No me giro.

—Quééééé…

—La Lula se ha hecho caca.

¡Me giro!

No me jodas…

La perra nunca jamás hace nada en casa a no ser que se encuentre mal.

Debió comer algo chungo por ahí, en el parque.

Diarrea a saco en medio del comedor.

Me dispongo a recoger el merder y…

¡¡¡¡Buuuuuuuaaaaaaaahhhhhhh!!!!

¡¡¡¡Buuuuuuuuuuuuuuuuaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhh!!!!

Max se ha sobresaltado por el grito de Abril, que me avisa gritando todavía más de que Lula está vomitando espuma, mientras yo tengo las manos entre caca deshecha y mucosa intestinal de perra podrida por dentro.

Me quiero pegar un tiro.

¿Hace falta que continúe con el relato?

Porque todavía no son ni las 6 de la mañana…

Me queda por delante, como cada día, un non-stop hasta las 21 de la noche entre desayunos, preparativos, curro, mis prácticas, compras, paseos de la perra, cocinar comida y cena, y encima tengo una reunión con una empresa gorda para implementar unas historias de movimiento.

Bien.

Ya lo ves.

¿Qué tal un baño de hielo? ¿Un ayuno de 24 horas? ¿Cascarme 200 fakin burpees? ¿Que mi entreno sea un EMOM full body? ¿O un AMRAP de dominadas en 20 minutos hasta sacar el hígado por la boca?

Como si mi vida no tuviera suficiente estrés para añadirle más (por mucho que estas «prácticas» me pudieran «desestresar» momentáneamente, y cuando en realidad lo que hacen es añadir más estrés…).

No.

Gracias.

Practico movimiento.

Es otra historia.

Y mi vida ya es suficientemente demandante.

La fatiga (y el estrés) a raya.

Rober Sánchez

PD: hoy me flexibilizo al 200% (Capítulo 6) y tiene pinta de que mi práctica intencionada va a consistir en ablandamientos, sacudidas, movilizaciones, ondulaciones y poco más.

3 comentarios sobre “Vida normal extrema

  1. Hummmm, un enfoque super interesante, me gusta, el relato tiene mucha mas miga de lo que a priori parece
    Siempre me gusta leerte porque me resitua una y otra vez

Replica a Ainara Cancelar la respuesta