Lección de religión y tocamientos

En menudo berenjenal me puedo meter.

Hablemos públicamente de religión.

¿Te imaginas?

Qué locura.

Un mundo en el que el ser humano puede llegar a asesinar a otro ser humano en nombre de su divinidad, sea la que sea, ¿no?

Me arriesgo y voy a ello.

Cuando se puede aprender una gran lección de movimiento tan bestia, vale la pena.

Pepe ponía cara pensativa, de duda, como buscando algo en su cabeza.

Y preguntaba al público:

—¿Cómo se llamaban esos que hacen guarrerías y abusan de niños pequeños?

Intentaba recordarlo.

Pero no había manera.

Buscaba una mirada cómplice entre el público, a ver si encontraba alguien que le iluminara.

Y uno saltaba:

—¡Pederasta!

—No, no. Eso no es —respondía Rubianes.

De repente, su rostro perdido se tornaba en cara de eureka.

—¡Ya lo tengo! Co ño, no me venía. ¡Obispos! ¡¡Los obispos!!

Calma, calma.

Esto es un secreto a voces.

Uno de vamos a decir los gremios que históricamente arrastran un vastísimo antecedente de abuso y violencia sexual es la Iglesia.

Pero ojo.

Eso lo sabemos porque es lo que hay por aquí.

Si lees las noticias de otros lugares del mundo, en otras culturas con otras religiones pasa exactamente lo mismo.

También, por ejemplo, en el budismo.

No caigamos en la trampa de romantizar lo oriental por su exotismo.

Porque no es una cuestión de tal o cual religión.

He aquí el problema:

El ser humano, como organismo vivo, no se escapa de las leyes de la biología y las necesidades de la fisiología.

El secso es una de ellas.

No es una ley absoluta.

Pero cuanto más se reprime una de estas necesidades, más probabilidades hay de que la cosa pete por algún sitio.

Y a mayor represión y a más tiempo reprimido, mayores dimensiones del desastre.

De la explosión.

Explosión por represión.

Si nos fijamos en el cuerpo, tanto el del sedentario absoluto como el del activo que “hace ejercicio”,

¿qué parte dirías que (mal)vive más reprimida en términos de movimiento frecuente, diverso, complejo?

Efectivamente: la columna.

Pues si no quieres que la cosa pete, vas a tener que nutrir sus posibilidades y permitirle expresar libremente sus necesidades fisiológicas.

¿Por qué leches hablo de “la cosa”?

Eres tú, quiero decir.

Nutrirte y permitirte posibilidades, expresión, libertad.

Aquí:

Curso de Movilidad de Columna. Liberación – Control – Fluidez

Rober

PD: decía Jung que lo que se resiste, persiste.

Hay una serie de señales (rigidez, oxidación, entumecimiento, descoordinación, cuerpo tocho) que van a persistir y persistir, si sigues resistiendo, reprimiendo.

¿Hasta que pete?

Tú verás.

En el enlace.

Yoga, Gimnasia, Chi Kung, Pilates, Crossfit. Mi práctica

Estoy en el parque de calistenia.

Y Mark, un holandés que trabaja cuatro meses al año en Japón y el resto se toca las narices aquí en Barcelona, mientras practico mis primeras movilizaciones me dice:

–Oye, Rober. Tú haces Chi Kung, ¿no?

Sonrío.

–Pues no, Mark. A ver, cuando la pandemia estuve como año y medio estudiando y practicando todos los días lo más básico. Pero ya no.

–Vaya. Me parecía que lo que estabas haciendo era Chi Kung.

–Mmm… No sé. ¿Cuál de los gestos?

–Este –y hace así y asá con los brazos, como unos círculos mientras ondula el cuerpo.

–Ah, vale. Es que es uno de los recursos que aprendí entonces. Pero no sería honesto decir que practico Chi Kung, porque no es verdad. Hago un poco de todo.

–O sea, que mezclas cosas al estilo Bruce Lee y te quedas con lo mejor de cada.

–¡Jaja! Visto así… Pero vaya, tal vez sí. Va por ahí la cosa, aunque muy low level –confieso riéndome.

Y sigo:

Para mí lo importante es la versatilidad y la riqueza de movimiento, y contar con cierta cultura, MI PROPIA CULTURA.

Contar con un cuerpo que puede y sabe hacer un poco de todo.

No lo compartimento por disciplinas.

Yoga, Pilates, Chi Kung, gimnasia, artes marciales, parkour, levantar peso, bailar…

  • No me verás practicar ninguna de esas cosas muy bien, porque prefiero alejarme de la especialización y su peaje de repetición exhaustiva y a menudo sin más sentido que tener “mucho nivel”.
  • Y además, cuando alcanzas cierto grado, es muy difícil mantenerse motivado y tienes que entrar en esa dinámica de la disciplina, el sacrificio y tal.

En cambio, sí me gusta y veo factible sentirme capaz y hábil en diferentes ámbitos.

Así, incluso si un día me invitan a una clase de yoga o de Crossfit, pues la disfruto y doy el pego.

No destacaré.

Pero es que eso me da igual.

Yo lo que quiero es moverme con (cierta) libertad en el máximo de direcciones posibles.

He encontrado que es una manera rica, estimulante y probablemente mucho más tolerable y sostenible.

Aunque para ello tenga que sacrificar “mi mejor versión” en cualquiera de ellas, ¡jaja!

Cuando te enjaulas, te encapsulas, fortalecerte en un sentido hace que, sí o sí, te debilites en el resto.

Practico, pues, el generalismo.

–Ostras, qué guay. Cuéntame más.

–Vale.

Para lo conceptual, léete mi libro Camina, salta, baila: Muévete más y vive mejor.

Para iniciarte, empieza por los cursos del Laboratorio de Movimiento.

Rober

PD: empezar empezar, si andas tirando a tieso o tocho, empezaría siempre por Movilidad Natural. Arrancamos en septiembre.

PD2: si ya cuentas con esa movilidad de base, gozas de una buena conciencia corporal y estás habituado a moverte, sigue por cualquiera del resto. En el enlace.



Por qué no firmo el estado físico de mis 43

*Esto lo escribía hace cosa de un año, al cumplir 43.

​El miércoles cumplí 43 y me organicé una fiesta particular.

Entre Abril, Lula, curro, compras, hacer la comida y responder wasaps de familia y amigos, me reservé una horita.

Bajé al parque y me puse a practicar algunas acrobacias muy mediocres.

Aunque suficientemente ricas y estimulantes para mi contexto personal (lección 1).

Las grabé, como siempre hago, para después revisarlas e ir puliéndolas.

Porque hay mucha diferencia de cómo creemos que nos movemos a cómo nos movemos realmente (lección 2).

Subí concretamente 3 fragmentitos a IG.

Los dos primeros eran diversas ruedas y volteretas secuenciadas.

En el último, desde un cuervo (yoga) subía a pino por pura fuerza.

Y se me ocurrió colocar un «43…» al lado.

Y, curiosamente, dos personas más jóvenes que yo y que no se conocen de nada me contestaron:

—Jo der, vaya 43. Yo los firmaba.

Y a las dos les respondí lo mismo.

—​Pues yo no.

¿Ego? ¿Ambición? Veamos…

Hay muchísimas confusiones respecto a estas cosas de la edad y de moverse por moverse o, como mucho, en torno a la idea de la habilidad de movimiento.

Y no la cantidad o el rendimiento o la estética o incluso la salud —​el movimiento, digo (lección 3).

No da para un correo.

Matizo solo dos cosas de las que, en realidad, surgen todas las demás.

La primera:

Lo explicaba hace poquito en Youtube, en un vídeo en el que hablo acerca de la «independencia de nivel» (lección 4).

No va de eso.

Puede que como herramienta y hasta motivación se use ir tomando la orientación del aprendizaje de ciertas habilidades.

En el caso de esos vídeos, las verticales y ruedas y volteretas y deslizamientos y secuencias que se veían.

Pero, en el fondo, son lo de menos.

¿Por qué?

Porque son todo cosas efímeras; tal como vienen, se van a ir.

Lo que cuenta, en mi opinión, es la riqueza de la experiencia, las posibilidades que te ofrece la vida a través de este cuerpo y su movimiento (lección 5).

Insisto, sea cual sea tu edad y tu contexto.

Esto son principios que puedes adaptar a tu individualidad en cualquier momento, también a los 80.

No es ambición.

No es adquisición.

No es consecución.

Es ese momento presente el día de tu cumpleaños reservándote un ratito para ti que te sienta de maravilla.

Un parque, césped, sol, aire libre.

Sin programas, sin repeticiones, sin gurús, sin objetivos.

Tú y solo tú jugando y experimentando con las posibilidades actuales de tu cuerpo, sin más.

Mi nivel y mis 43 me la bufan.

Son las vivencias y sus posibilidades.

Esto es lo que firmo.

Y la segunda:

En paralelo, a partir de cierto momento, en su vertiente más «física» el cuerpo empieza a marcharse, a despedirse.

Cuándo ocurre exactamente es algo subjetivo; yo empecé a notarlo alrededor de los 35-36 años.

Incluso aunque podríamos decir que ahora esté en «mejor forma» que entonces.

Pero es inevitable e indiscutible.

Ya estamos de bajada, de regreso.

*Yo lo noto especialmente en el descanso y lo que tardo en recuperarme.

¿Quiero riqueza y frescura y energía y ¡aaaaahhhhh qué vida!?

Una vez más, sin deberes ni exigencias ni ambiciones ni nada que «luchar» o conseguir, y ni mucho menos «mejores versiones» que alcanzar.

Disfrutemos de las posibilidades del presente, que la vida ya está pasando (lección no sé cuántas).

Esto lo firmo todos los días —​con mi acción, mi iniciativa, mi movimiento.

Vale.

Mi mentoría La Práctica va justo de eso y de muchas cosas más.

Rober

PD: el salto definitivo a liberarte de «hacer ejercicio» porque sí y basar tu práctica en el movimiento y la habilidad y la vida, es arriba.

No expliqué bien lo del dolor

En la anterior entrada de este blog, no expliqué bien lo del dolor.

Sí que dije dos verdades:

1

La gran mayoría de veces (no todas), al cuerpo no le pasa nada.

Ni está dañado ni enfermo ni funciona mal ni tiene un desequilibrio ni nada.

Si lo hay, el fisio lo descubre, lo atiende y lo trata (si es necesario, también con la ayuda del médico).

Y si no, te dirá que eres una persona maravillosamente sana y normal y no hay nada en lo que intervenir.

O como mucho te propondrá algo parecido a lo que te explico yo.

Eso si es bueno y comprende lo del movimiento, claro.

Que hay quien sigue únicamente con los masajes y los crujidos y las vendas de colores y tal.

2

La gran mayoría de veces (no todas), entre otras cosas, lo que seguro que le falta al cuerpo es movimiento.

¿Qué hacer con esta información?

Otras dos cosas.

La primera:

No expliqué bien lo del dolor porque no soy quién para explicarlo bien del todo.

Para eso siempre recomiendo al mismo neurólogo del norte.

Hay otros que también lo explican. Él, para mí, el mejor.

Peeeero…

Como lo del dolor y el miedo y la exposición del cuerpo al movimiento y a la vida tienen tanto que ver, pues obviamente tengo mis conocimientos y trabajo con personas con quejas corporales.

Es inevitable.

Moverse y no moverse duele.

Vivir y no vivir duele.

Sobre todo no moverse y no vivir.

Eso duele un huevo.

Y justo por eso, la primera semana de Movilidad Natural te encuentras con 8 vídeos de unos 10’ cada uno en los que hablo de:

  • Conciencia corporal.
  • Control motor.
  • Progresión con cabeza.
  • Frecuencia en la exposición.
  • Contexto personal.
  • Logística en la vida cotidiana.
  • Y, cómo no, dolor.

Justo hasta dónde sé y considero necesario.

Y para quien quiere profundizar más, entonces, recomiendo al de arriba como ya he hecho miles de veces.

Y la segunda:

Comprender que, sea cual sea el mecanismo o la causa primaria del dolor (que no tiene ni por qué conocerse)…

…incluso si estás con lo de los traumas y la Luna y el eneagrama y la inflamación de bajo grado, cosa que me parece estupendo…

…el movimiento va a jugar un papel fundamental en el proceso.

Sin movimiento de algún tipo las probabilidades de continuar estancado y a su vez enquistando la queja corporal rozan el 100%.

Cosa bonita:

En tu día a día, integrando el movimiento, todo cambia radicalmente.

Por eso mi propuesta es aprender acerca de cómo se mueve tu cuerpo.

No el cuerpo.

Para eso con un atlas te basta.

Digo tu cuerpo – en movimiento.

Y después contar con múltiples recursos y herramientas y 4 hábitos (exactamente) para moverte cotidianamente.

Los pasos los vamos desarrollando y consolidando juntos durante 13 semanas.

Luego quedan cosas por hacer para toda la vida.

Te puedes apuntar aquí:

Movilidad Natural

Rober

PD: hay quien ha escrito libros de 300 páginas y los lees y todavía te quedan lagunas sobre el dolor. Como para explicarlo «bien» por email.

PD2: no hay mejor manera de aprender sobre dolor que indagar en tu propio dolor, en la vida y en movimiento.

PD3: este curso no es un tratamiento para el dolor, lesiones, patologías. Jamás. Es un proceso de aprendizaje experimental e instauración del hábito de la Movilidad Natural en el día a día. Lo otro acostumbra a mejorar espontáneamente, como consecuencia inevitable, porque es altamente probable que en cualquier caso lo que falte sea, de alguna u otra forma, movimiento. En el enlace.

Qué hacer cuando el cuerpo se molesta contigo mismo

El cuerpo se puede quejar de muchas maneras.

Centrémonos en una.

Esa de cuando llevas tiempo sentado y al ponerte de pie las rodillas ay.

O cuando te agachas y las lumbares uy.

O cuando trabajas y echas la mano al hombro y te tocas la chicha del trapecio y uff.

Lee esto, que luego te cuento qué hacer:

«Otra de las cosas que he notado es una mejora a nivel de molestias, sobre todo en la zona de hombros.

Ya te comenté que hago algo de calistenia suave, y que llevaba tiempo con molestias en hombros, pues en estos días han ido desapareciendo o por lo menos las molestias no son las mismas y noto que me incapacitan menos.

También comentarte que hasta ahora lo que mas duro me ha parecido es el perro con todas sus movilizaciones, es con la que mas tengo que descansar y peor me noto, aunque cuando la termino es cuando mejor me siento.

Con el gato también tenia molestias a nivel de codos, pero esas parece que van mejorando».

(Es un comentario en uno de los reportes semanales de Ricardo).

Una cosa importante:

La gran mayoría de veces, con diferencia, cuando el cuerpo se queja no le pasa nada.

Quiero decir: no hay ningún tipo de daño.

*Si lleva tiempo quejándose, lo mejor que puedes hacer es acudir a un fisioterapeuta y que descarte el daño. Si lo hay, es él mismo quien debe tratarte. Si no lo hay, no es necesario tratar nada.

Entonces, en este caso del que hablamos, el que más abunda por goleada, el problema es solo uno:

El cuerpo se queja porque no te mueves.

Te está pidiendo que te muevas.

Es así de «cutre», de simple, y de lógico, si te paras a pensar.

¡Eps!

He aquí otro problema, el problema fuente, de hecho.

No te paras.

Ni a pensar, ni mucho menos a actuar.

El cuerpo se queja y tú pasas.

Es «normal», tal como está montada esta historia.

No es culpa tuya.

Pero, por supuesto, si quieres que la cosa cambie, es tu responsabilidad.

Que te encuentres bien depende de tu habilidad de responder.

¿Qué hizo Ricardo y qué te propongo hacer?

  1. Aprender cómo funciona tu cuerpo en movimiento, sobre todo a nivel articular. ¡Ojo! Ni técnica ni académicamente, ¡¡Experimentalmente!!
  2. Contar con una caja de herramientas lo más grande posible, recursos (rutinas, ejercicios, patrones) que te sirvan en el día a día para echar mano de ellos cuando lo necesites, a la carta, según tu propia experiencia y criterio.
  3. Habituarte a parar, ser consciente, pensar y disparar.

**Esto, lo último, el punto 3 en sí mismo y el último paso, «disparar», es lo más difícil y donde más gente se encalla, sobre todo cuando lo intentan aplicar por sí mismos.

Bueno.

Pues para todo esto de aprender y ampliar los recursos y habituarte a usarlos en el momento adecuado según tu propio contexto personal

(con todo lo que implica, incluida tu propia vida, que no es solo el cuerpo)

y así, entre otras cosas y como consecuencia natural, quitarte de encima la queja corporal,

te puedes apuntar al próximo grupo de Movilidad Natural.

Rober

PD: lo del Perro y el Gato son nombres de 2 de las 8 rutinas que desarrollas e interiorizas como herramientas. Hay otras como Hombros y escápulas, Columna baja y Sentadilla y seiza. Ocurre de las semanas 1 a 6.

PD2: son 13 semanas y luego sabes qué hacer durante el resto de tu vida para estas historias. En el enlace.