Sentarse en el suelo es incómodo y tan beneficioso

“Sentarse en el suelo es incómodo”, se quejan.

¡De eso se trata!

Después de un rato sentado en el suelo, sea como sea, sin respaldo, empiezas a sentirte incómodo.

¿Dónde está el problema?

Porque, siendo honesto, estar sentado no tiene nada de malo ni es perjudicial para la salud per se.

Lo que es nefasto es pasarse horas y horas EN LA MISMA POSICIÓN, sea de pie, sea sentado. También en el suelo.

Pero… ah… magia. Sentarse en el suelo es incómodo.

Y justo por eso, sentarte en el suelo te obliga a cambiar de postura cada cierto tiempo, sin contar el esfuerzo extra que tienes que hacer cada vez que te sientas o te levantas del suelo.

¡Moverse sin moverse!

Y encima, en rangos de movimiento mucho más amplios y diversos de los que suelen verse en sillas y sofás.

A menudo confundimos la épica con lo utilitario y longevo. Por ejemplo, y sin caer en guerras de bandos absurdas, maratones frente a sentarse en el suelo. Me pregunto cuál de las dos opciones me ofrecerá más autonomía y libertad de movimiento a mis ochenta años, sin contar con la sostenibilidad de la práctica, física y mental, durante los cuarenta que me quedan. Mi abuela dejó de caminar por miedo a caerse al suelo y no poder levantarse estando sola en casa, y una antigua clienta de algo más de sesenta me confesaba que no jugaba con su nieta porque le dolían la espalda y las piernas al agacharse. Úsalo o piérdelo, dicen.

¿Cuándo comprenderemos que es la incomodidad lo que estimula a la vida? Acomódate y muere. Incomódate y evoluciona.

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