Cómo hacer fácil lo difícil y moverse fluido y sin esfuerzo en 3 pasos

Comparto la siguiente locomoción en Instagram e Iker, un apasionado del Crossfit y las carreras de obstáculos que he tenido la suerte de conocer en mis clases de Wods (es de lo más prudente y cordial, y eso me gusta), me pregunta: “¿cómo haces para que lo difícil parezca fácil?”.

Bueno, empezaremos puntualizando un par de cosas:

  • Me gusta el matiz de Iker… “Parezca”. Porque no. No es fácil. Al menos para mí. De hecho, al contrario, una de las direcciones que marca mi brújula en esto de moverse no es hacer algo que resulte fácil, subjetivamente, y repetirlo y repetirlo y repetirlo progresando solo en intensidad o volumen o carga. You know, cultura de la cantidad. Durante mi camino, mi proceso, mi práctica no quiero dejar de lado al piloto de todo este entresijo de tejidos y fluidos, de mi cuerpo, que es mi cerebro. Avanzo en complejidad, en hacer cosas más difíciles, que no siempre implica más intensas, sino más diversas, para no dejar de estimular, de retar, de desafiar ni a mi cuerpo ni a mi cabeza –¡que al final son lo mismo! ¡¡Maldita sea!! Púdrete Descartes. ¡¡¡Me muevo, luego existo!!!
  • Que alguien me haga un comentario de este tipo me halaga, mucho. Lo agradezco, evidentemente. Y comprendo que desde fuera mi movimiento pueda verse como algo fluido y sin esfuerzo –de ahí lo pretencioso del título de este artículo. Pero recordemos algo: siempre que utilizamos un adjetivo no debemos perder de vista el aspecto comparativo, cuál es nuestra referencia. ¿Fluido, bonito, fácil comparado con qué y con quién? En términos de movimiento, me gusta compararme con los que saben, los que se mueven muy bien de verdad, los especialistas y así, como generalista, acepto, me satisface y mantengo intencionadamente –esto es MUY importante– mi mediocridad. Quiero ser mediocre toda mi vida porque es más estimulante, infinito, y porque no quiero pagar el precio de la especialización. Prefiero tener la capacidad de moverme de maneras muy diversas medio bien, mediocre, y creo que es más sostenible y saludable. Al tiempo.

En realidad, estos dos puntos anteriores resumen perfectamente una de las motivaciones de este blog y de mi trabajo… ¡Tú, mediocre, también puedes hacerlo así de fácil, así de guay, así de bien, así de sexy! Moverse no se acaba en el deporte, el fitness, el “hacer ejercicio” o las carreras populares, ni tiene por qué parecerse a nada de eso. ¡¡Puedes moverte infinitamente más diverso, más rico, más divertido y más libre de lo que haces y de lo que te han vendido!!

Quien escribe estas tonterías sacaba todo sobresalientes, todo, excepto un “sufi” en educación física. Era patoso, tímido y miedica. Volvía a casa llorando después de la “clase de gimnasia”. ¡La odiaba! Aunque le encantaba moverse fuera de ella. ¿Cómo puede ser y cómo se permite? Claro, aquello no era ni educación ni nada –y sigue sin serlo. Aquí uno alcanzó los 106 kilos a los 21, con un importante desajuste hormonal reflejado en su obesidad central. El menda no tiene ningún talento físico, ni don, ninguno. Al revés, en este sentido sus genes dan pena –síndrome de Haglund, malformación de una cadera, etc. Tampoco hay background en gimnasia, o acrobacias chinas, o danza silvestre. Tan siquiera ha viajado en busca de sabios ancianos maestros de lo oculto…

Y mira cómo puede moverse… (Ahora es cuando mi ego me aplaude, y me tira besos, y hasta me lanza bragas y sujetadores y corea mi nombre desde las gradas. ¡Rober, Rober, Rober!)

No serás mejor que nadie

Antes de nada, recalco algo sobre lo que escribí hace un tiempo. La mercadotecnia de la cultura del movimiento sigue haciéndose valer de ciertos aires de superioridad para hacer que la gente se sienta culpable –como toda mercadotecnia– por “no moverse” y ganar adeptos. Estas estrategias me dan bastante igual. Lo que quiero dejar claro es que personalmente esta manera de moverme no me hace superior o mejor que nadie. Es solo una opción. Nada más. Si es mejor o peor es algo que debe valorar cada uno.

Precisamente, en este sentido lo más importante no es esa valoración, sino el conocimiento. Conforme va pasando el tiempo y acumulo más experiencia y puedo compartir trocitos de la cultura en clases y cursos, puedo ver como la gente, en general, no se mueve más diverso y explorando más campos por simple ignorancia, por desconocimiento. Insisto. No, no y no. Moverse:

  1. No tiene por qué ser hacer deporte o ejercicio, ni tan solo el que sea más “funcional” –oh my gosh, qué daño– o esté más de moda.
  2. No necesita objetivos más allá que el propio movimiento; salud, rendimiento e incluso estética son meras consecuencias.
  3. Va mucho más allá que el Test de Cooper, hacer burpees o empollarse las reglas del bádminton.
  4. Y para nada debe suponer seguir el ritmo o las órdenes de nadie a toque de silbato o al ritmo de música taladrante.

En cambio, y de verdad de la buena, ahora que después de unos cuantos años ya puedo contar a las personas por docenas, no he conocido a nadie a quien le haya enseñado algo relacionado con el movimiento y no se haya sentido atraído, no haya querido saber más, probar más, o se haya planteado el SENTIDO de lo que está haciendo.

Sea como sea, cualquier estadio del viaje forma parte del proceso y creo que cada uno de esos puntos es necesario. Al fin y al cabo yo no habría llegado a estas conclusiones si antes no hubiera recibido una basura de educación física, hubiera estado trabajando más de diez años para la industria del fitness, me hubiera tropezado con el Método Natural y el parkour, hubiera descubierto a Katy Bowman o Frank Forencich, o me hubiera topado con Joseph Bartz o Ido Portal. Yo no he descubierto América. Por cierto, ellos tampoco.

Cómo hacer fácil lo difícil y moverse fluido y sin esfuerzo

Y así, para hacer que lo difícil parezca fácil en lo que se refiere al movimiento, el único secreto que hay es seguir estos tres pasos, más o menos como aquel que aprende a tocar un instrumento o a hablar un idioma:

1. Preparando articulación por articulación a conciencia

Dicen por ahí: “primero muévete bien, luego muévete mejor, y al final muévete mucho”. ¡Conoce tu cuerpo! Edúcate de verdad. No tiene nada que ver con nombres o fisiología o etiquetas chachipirulis. Eso es para fisios y médicos y demás, que lo necesitan para trabajar y para ayudarnos cuando la cosa se complica. Pero para nosotros, mediocres, se trata simplemente de explorar, investigar, experimentar en primera persona, tener unas nociones básicas de cómo se genera el movimiento en tu cuerpo. Le podéis preguntar a cualquiera de los alumnos de ROOTS. Es moverse de la forma más diversa posible, articulación por articulación, vivirlo en propias carnes, estar preparado para cuando el movimiento sea más grande y saber decirle al cuerpo cómo queremos que sea ese movimiento.

2. Trabajando patrón por patrón miles de veces. Miles

Da igual si es en el suelo del parque, o sobre unas anillas, o colgado de unas barras, o en una pista de baile, o en un bloque de piedra, o en un recorrido –pasad un rato con un bailarín o un traceur o un escalador, por ejemplo. Después de comprender y preparar los “átomos articulares”, toca sintetizar moléculas de movimiento, patrones, pasos en el caso de las locomociones. Conocer al detalle los apoyos, las trayectorias, los cambios de peso. No es un conocimiento al que estemos acostumbrados, de libro o de boquilla, el de los 12 años en el colegio 6 horas al día. Es un conocimiento real, experimental, basado en practicar, practicar y practicar, como decía, miles de veces.

3. Enlazando patrones y practicando la secuencia

Tal vez no miles, pero sí cientos de veces. Toca inspirarse en otros, o ser creativos, o ambas. Combinar, conectar, empalmar los patrones que ya conoces en profundidad. Y dejar el ego a un lado, fallar en incontables ocasiones, sentirse ridículo, tropezarse y hacerse un lío mental y un nudo corporal, cortocircuitarse, sudar y cansarse, y hartarse de secuenciar.

Probablemente es lo mismo que estás haciendo

Si estás haciendo algo, si te estás moviendo de alguna manera, aunque sea menos diversa, más enfocada en el rendimiento o utilizando la cantidad como vía de estímulo y progreso, en realidad el proceso no se diferencia tanto a lo que acabo de explicar. Probablemente, a grandes rasgos, es lo mismo que haces en tu box o tu gimnasio al intentar incorporar y entrenar cualquier habilidad –si es que quieres aprender. Eso sí, el enfoque tal vez es más meticuloso y profundo y, por tanto, más lento. Pero, ¿quién tiene prisa?

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Posdata

Una parte fundamental de cualquier proceso de aprendizaje, y más para un mediocre, es la experimentación y la aceptación del fallo, del error, del fracaso. Hay que pasar por ahí, sí o sí.