Planificar tu movimiento por proyectos (y mis proyectos personales de otoño). Primera parte

Es una de las dudas más habituales.

Sí, sí, Rober. Ya lo he entendido, al menos la teoría. Moverse lo más diverso y frecuente posible, tanto en patrones como en cualidades, impregnando de movimiento lo cotidiano. Abrazar la mediocridad, experimentar, centrarse sobre todo en lo que uno no sabe hacer, que es de donde se le saca más jugo a la cosa. Picotear diferentes disciplinas. Gimnasia, yoga, Método Natural, danza, verticales, juegos, movilidad, capoeira, meditación, petanca…

Pero…

¿Cómo narices lo hago todo, con lo justo que voy de tiempo, y de energía, por no hablar de que ya no soy un chaval y no tengo tanta capacidad física ni de aprendizaje? ¡Soy un mediocre!

Planificar tu movimiento por proyectos

¿Y quién dijo que lo tuvieras que hacer todo a la vez?

Bien, para la élite, o para alguien muy joven libre de ciertas responsabilidades y otros condicionantes, o para quien se quiera dedicar, no sé, al circo o trabajar como especialista de cine, moverse diez horas al día y tener cien frentes abiertos puede tener sentido –aunque ni con esas creo que sea la mejor estrategia.

El resto de los mortales, mediocres, no tenemos otra salida que dejar el ego y la épica a un lado, ser especialmente conscientes y precavidos con cómo juega el marketing y la publicidad con nuestra motivación y supuesta necesidad (o incluso supuesto deber) de conseguir esto o aquello, y optar por dividir nuestro calendario en periodos y en cada uno de ellos centrarnos en unas pocas direcciones –cuántas dependerá de nuestras propias inquietudes, nuestro recorrido personal en la práctica de movimiento, y el tiempo y energía que estemos dispuestos a invertir en movernos.

Es decir, resumiendo, escoger. Todo un arte, y un desafío, hoy en día –sumidos en la paradójica esclavitud de la libertad, cuando hay tantas opciones que o bien lo queremos todo, o bien no sabemos por dónde tirar.

En este punto entran en juego dos conceptos clave: los proyectos y el modo mantenimiento.

Proyectos

Los proyectos son aquellas prácticas, disciplinas o patrones concretos de movimiento en los que te centras durante un tiempo, que puede variar de entre unas pocas semanas hasta meses o tal vez años –más tarde lo ejemplificaré con mis proyectos de otoño.

Durante un periodo en concreto, por poner un porcentaje, el 80% del tiempo que pasas en movimiento te enfocas y practicas aquello que has decidido que serán tus proyectos que, además, pueden definirse como objetivos o como simples direcciones a seguir. Por ejemplo, puedes entrenar para ser capaz de sostener una vertical durante un minuto o, sencillamente, practicar equilibrio sobre las manos todos los días un ratito. O puedes plantearte conseguir dar 100 toques seguidos a un balón de fútbol o jugar a dar toques al balón cada mañana mientras paseas al perro.

Qué planteamiento es mejor va a gustos –aunque en nuestra (in)cultura resultadista está muy arraigado eso de que sin objetivos no llegarás a ningún sitio. No sé cómo la humanidad ha llegado donde ha llegado, cuando la evolución… Objetivos… ¿Eso qué es?

Sea como sea, yo no soy muy amigo de los objetivos y prefiero una perspectiva ociosa, aunque a veces los utilizo, solamente para cositas a corto plazo relacionadas con un patrón muy concreto especialmente difícil para mí, y con mucho cuidado, ya que conllevan manejar dos grandes enemigos que presionan con fuerza la motivación real, intrínseca: el deseo y la expectativa (es decir, querer conseguir una cosa y esperar conseguirla; ¿y si no ocurre?). Ya sabes, uno de mis lemas… Muévete y disfruta de las consecuencias.

Cabe recalcar, además, que un proyecto no tiene por qué estar relacionado con una habilidad o una capacidad (fuerza, movilidad, equilibrio, etc.). Tal vez el mediocre se encuentra en un punto en que su mejor proyecto puede ser establecer el hábito de movilizarse un poco nada más levantarse en vez de pegarse al teléfono móvil, ir al trabajo cada día en bicicleta, asentar la sentadilla como una posición de descanso más, o estirar y relajarse antes de ir a dormir. Considero muy recomendable que en una lista de proyectos siempre aparezca como mínimo uno que tenga que ver con el movimiento integrado, más allá de nuestras elecciones de movimiento intencionado.

Mantenimiento (y sus miedos)

Por otro lado, destaca el papel del modo mantenimiento.

El modo mantenimiento es todo nuestro historial de movimiento, todo lo que ya hemos investigado, practicado, desarrollado hasta el momento, cositas que vamos a dejar en segundo plano y que practicaremos muy de vez en cuando. Esto es importante. No se trata de un destierro, sino de un cambio de mirada, más que nada en lo que se refiere a frecuencia, volumen, intensidad, profundidad de la práctica.

En el caso de los hábitos o rituales integrados, pueden mantenerse tranquilamente, aunque también prefiero ir cambiándolos, tal vez no totalmente, pero sí matizándolos.

Un “buen” hábito o ritual no es bueno per se, sino en un contexto concreto y con una intención determinada. Y como nuestra vida va evolucionando conforme pasa el tiempo, lo lógico es que nuestras costumbres y rutinas también lo hagan, si pretendemos que sirvan para algo –y no que nosotros las sirvamos a ellas, como suele ocurrir.

Si estamos hablando del movimiento intencionado –entrenamiento, deporte, actividad física, etc.–, la cosa cambia un poco, básicamente por dos motivos, que en realidad se resumen en una palabra: miedo.

El primer miedo es el de la pérdida. ¿Perderé fuerza, movilidad, agilidad, coordinación, resistencia? ¿Olvidaré cómo se hacía tal o cual?

No voy a recurrir al discurso facilón Mr. Wonderful de “no hay que tener miedo” y esas cosas. Si tu práctica te ha servido, te sientes mejor, has aprendido a expresarte con tu cuerpo de maneras que jamás habías imaginado, es absolutamente normal que tengas miedo a perderlo.

Lo curioso de todo esto es que no tienes nada que temer.

Primero, porque por encima de todo siempre debes recordar algo que a menudo olvidamos, que eres un mediocre. Vamos, amplia el marco de ombliguismo, observa a vista de pájaro. Llevas tiempo moviéndote, has conseguido esto o aquello y EN GENERAL te mueves mucho mejor. ¿No es suficiente? Tal vez es momento de aprender a celebrar, y dejar de exigirte tanto, por mucho que te intenten convencer de que siempre tienes que estar en la cresta de la ola.

Y segundo, porque si el proceso de movimiento que has seguido ha sido el adecuado y lo acompañas con un buen mantenimiento, o sea, si sigues explorando tus antiguas prácticas con cierta frecuencia, las pérdidas no van a ser ni repentinas ni exageradas. ¿Quizás pierdas algo de fuerza o movilidad en un patrón en concreto, o algo de fluidez en según que secuencias, o las primeras verticales o malabares te cuesten un poco, o a nivel de resistencia o recuperación también notes menos capacidad? Puede ser. Pero tanto por conocimiento como por experiencia puedo asegurarte que, insisto, si se ha seguido un proceso y aprendizaje adecuados, el cuerpo tiene una memoria brutal, tanto en lo más específico (fuerza, movilidad) como en lo más global (coordinación, secuenciación, técnica).

Además, está el segundo miedo, algo menos superficial, y por tanto más difícil de manejar: el miedo de tu ego a volver a ser aún más mediocre de lo que todavía eres –no lo olvides, siempre.

Porque llevarás bastante tiempo dedicándote a algunos proyectos y, lógicamente, habrás mejorado, saborearás lo que es que algo se te dé más o menos bien. Solo más o menos.

¡Ah! Y justo cuando ya no te sientes tan mediocre, ¡pam! Toca plantarte, siempre después de celebrarlo, por supuesto, observarte de nuevo y preguntarte: “Muy bien, he aprendido esto, he mejorado aquello, ya le he pillado el rollo a lo otro… Ahora, ¿qué más puedo aprender? ¿En qué terrenos no  me estoy moviendo? ¿Cómo lo puedo complicar? ¿Qué otra disciplina me llama la atención o me puede aportar capacidades, habilidades, cualidades que no venía trabajando o que pueden complementar lo que he hecho hasta ahora?”.

–¡Maldita sea! Qué difícil. Con las chuladas que he conseguido hacer en las anillas, y lo fuerte y super cachas que me siento, y tal vez ahora acabe planteándome no tocarlas más que una vez cada quince días durante medio año, y dedicarme a aprender a respirar, que no tengo ni idea.


A lo grande.

Observa a lo grande.

Como mediocre, te mueves, así, en general, ni más ni menos.

Y si sigues moviéndote, no en cuanto a fuerza o movilidad o habilidad o capacidad, sino en cuanto a movimiento, siempre seguirás creciendo, aprendiendo, progresando, a pesar de cambiar de proyectos, a pesar de los mantenimientos, a pesar de las pérdidas, a pesar de exponerte otra vez a la mediocridad.


En unos días, en modo de ejemplo, compartiré mis proyectos para estos próximos meses.