Los 4 desafíos colaterales del sedentario que intenta ser más activo (y que pueden sabotearte)

Como tantas otras veces, el sentido común parece no ser tan común.

Eres sedentario.

Quieres cambiarlo, empezar a hacer ejercicio con frecuencia y tener un estilo de vida más activo.

Las archiconocidas propuestas que, aunque a corto plazo parecen funcionar, a largo plazo en la mayoría de casos se convierten en una montaña rusa de “lo hago un tiempo y lo dejo y vuelvo y lo dejo”, un bucle de intentos fallidos que lo único que provocan es desmotivación, frustración o incluso culpabilidad.

· Sal a correr por las mañanas.

· Ve al trabajo en bicicleta.

· Haz algunos estiramientos entre horas.

· Apúntate a un gimnasio por las tardes. O a Pilates, yoga, Crossfit, baile.

Fácil, ¿no?

Cuando se plantea un cambio de hábitos, y más uno como moverse más y ser una persona más activa, que va a requerir de una inversión de tiempo y energía importante, los mensajes y las propuestas acostumbran a ser demasiado reduccionistas.

Muévete más. Haz más ejercicio. Ya está.

Pues no.

Tendemos a olvidar que, dada la (o)presión horaria –agendas hasta los topes– y lo justitos que vamos de energía –hiperexigencia patológica–, por no hablar de la ignorancia y la falta de conciencia, y teniendo en cuenta el condicionamiento social de la (in)cultura del movimiento, tratar de simplemente añadir algo más no funciona.

Vale la pena tomar conciencia y comprender que apostar por un estilo de vida más activo no consiste en sumar, sino en cambiar.

Y cuando (re)tocas algo de tu vida, cambia toda tu vida.


LOS 4 DESAFÍOS COLATERALES


Muy a menudo lo que cuesta no es únicamente moverse más, sino gestionar ese cambio sistémico, los efectos colaterales que va a conllevar moverse más:

· Dejar de hacer otras tantas cosas, sea lo que sea que hicieras hasta ahora y que va a ser sustituido por movimiento, aunque ahora puedas considerarlas pérdidas de tiempo. Durante semanas, meses, años, esas cosas han formado parte de tu vida, y el ser humano tiende a identificarse con lo que hace. Dejar de hacerlas supone algo así como un cambio de identidad, dejar de ser tú para ser otra persona, y eso no es sencillo.

· Modificar tus horarios, reajustar tu agenda no para encontrar tiempo para moverte –siempre ha estado ahí y siempre es el mismo tiempo, 24 horas–, sino para generar tiempo donde de momento no lo había –”no tengo tiempo”.

· Redirigir tu atención, estar pendiente de tu cuerpo y tu movimiento, cuando antes tu foco se centraba en otros aspectos –trabajar la conciencia corporal en paralelo también supone un gasto de energía más que notable.

· Afectar a tus relaciones personales, tal vez la parte más delicada. Porque vas a pasar de ser una persona que no se movía a una que se mueve, o sea, tú vas a cambiar, y cuando tú cambias tu entorno va a juzgar ese cambio, te guste o no, sobre todo cuando el resto de cambios colaterales, esas cosas que hacías y vas a dejar de hacer eran en compañía o “perjudican” a alguien porque tú ya no vas a estar ahí –te has pasado al lado oscuro.

Además, en este sentido, por si no fuera suficiente, lo más probable es que si eras una persona que se movía poco fuese, en parte, porque tu entorno social más cercano se mueve poco, sobre todo en casa. El cambio relacional va a ser más duro, porque el juicio de ese entorno va a ser más reactivo, contundente, por así decirlo.

“¿Qué estás haciendo? Tú no eres así. Vuelve con nosotros. Deja de moverte, que nos estás poniendo en un compromiso“.

Cuidado. Ese juicio e intento de sabotaje de los tuyos no es algo que hagan a propósito. Es totalmente inconsciente. De hecho, no tiene tanto que ver contigo. Va con ellos mismos. Porque tu cambio hace que su vida se tambalee. Inconscientemente interpretan que porque tú cambias y adoptas otra manera de hacer las cosas estás cuestionando su estilo de vida, cuando son ellos mismos quienes lo están cuestionando.

Si este es tu caso, habla con ellos con respeto y asertividad. Pide que te apoyen. Y, sobre todo, hagan lo que hagan, acéptalo. Si tú haces lo que quieres, ellos también pueden hacerlo, ¿no?

No les culpes. No intentes convencer. No te enfades. No fuerces nada. No te ofendas. Tú a lo tuyo.

Ante la magnitud de un desafío como este, no voy a ser tan simplón como para acabar diciendo aquello de “haz los cambios poco a poco y con calma”. Algunas veces funciona mejor así, aunque otras tantas los cambios radicales son tremendamente efectivos.

Hoy esto es solo un “que lo sepas”, por si no habías pensado en ello, para que seas consciente y, más que nada, no te sientas culpable si te cuesta el cambio. Es normal.

Cuidado. No eres culpable, sí responsable. Una cosa no quita la otra.

Si quieres moverte más, vas a tener que cambiar toda tu vida.

Te guste o no.

Toda tu vida se va a mover.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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