El sedentarismo es un problema de pura ignorancia

Según la RAE. Ignorancia: falta de conocimiento.


Eres un ignorante.

Cuando alguien te llama ignorante, lo primero que sientes es parecido a cuando alguien te llama mediocre.

Ofensa.

¿Por qué?

¿No puede ser que estés en la media? Total, es una cuestión estadística. Lo más probable es que seas mediocre en un montón de cosas toda tu vida. ¿Qué tiene de malo?

En términos de movimiento, ser o no ser mediocre no es el problema. El problema es no moverse. Un problema que se hace más gordo todavía cuando crees que para moverte tienes que tener nivel, demostrar algo a alguien o a ti mismo, hacer cosas espectaculares, épicas. Si no, claro, no vale la pena. Y me quedo quieto.

Esta es una parte de la ignorancia.

Hay más.

Por ejemplo, desde un punto de vista educativo y cultural.

Si las opciones que se te han planteado y plantean a día de hoy son pobres, limitadas, parciales, es probable que estés un poco confundido, y que no hayas encontrado tu manera de moverte.

Hay vida más allá del fútbol, el Course-Navette, el running, las pesas, los HIITS, Pilates, el spinning, el core y los burpees.

El problema es que no lo sabes.

También te han invitado a centrarte en los objetivos y los resultados. Calorías, kilos, camisetas de las carreras que has hecho, tabletas, kilómetros, bíceps, medallas, pulsaciones por minuto, culos, récords personales.

Sin embargo, en lugar de mantener el foco en lo que (tal vez) vas a conseguir, puedes hacerlo justo en lo que estás haciendo, moverte.

El problema es que no lo sabes.

Hablando de foco y conocimiento, puede que tus prioridades anden un poco distorsionadas.

Una vez más, desde la escuela, una industria al servicio de los industrialistas desde hace un par siglos, te han programado para centrarte en la obediencia y la productividad, y no en ti.

Al fin y al cabo, el modelo a seguir es obedecer las órdenes de tu jefe o el mercado, sentado ocho horas al día (o más), producir algo de dinero y quedarte con una parte, seguramente mísera, gastártelo en lo que ordene la tele o internet, y volver a empezar.

Las reglas del juego son las que son, y todo el mundo necesita un mínimo, nadie lo discute.

Pero, por otro lado, primero, ¿te has planteado si quieres jugar o si esas normas te convencen? ¿Por qué no cambiarlas?

Y segundo, aún cumpliéndolas, ¿estás seguro de que no puedes re-ordenar tus lista de prioridades?

Te han distraído y te han convencido de que no durante toda tu vida, que las cosas son así, y siguen haciéndolo a base de inversiones millonarias aunque, si prestas atención, encontrarás personas por ahí que las han cambiado, que viven de otra forma.

Tú también puedes.

El problema es que no lo sabes.

Esas distracciones no terminan ahí porque, otra vez desde niños, la preponderancia al (supuesto) intelecto muy por encima de lo corporal ha sido descarada (1-2 horas de 25-30 lectivas). Como resultado, eres una máquina de computar datos, ya sea de historia, matemáticas o lengua. La cabeza te va a dos mil por hora –bienvenidas ansiedad, depresión, neurosis. ¿Y el cuerpo? Al cuerpo, como mucho, no te pases, dedícale tres horas a la semana (de 168).

¡Gana al Trivial! Picasso, los colores de la bandera de Zimbabue, la raíz cuadrada de 346 y cuándo se reconquistó Calahorra es vital para tu vida, valga la redundancia.

Ahora, saber qué hacer cuando te duele la espalda, desarrollar tu voluntad para moverte todos los días, reconocer la ansiedad en la boca de tu estómago o haber experimentado diferentes tipos de práctica de movimiento para poder escoger TU manera de moverte y hacerla sostenible durante toda tu vida para garantizar un mínimo incierto, pero seguro, de salud y bienestar…

Te han expropiado de tu propio conocimiento, tu bienestar y tu salud, como denuncia cada vez más la propia comunidad médica, por ejemplo, a través de asociaciones como el Equipo Cesca.

Tú puedes conocerte, comprometerte, responsabilizarte, cuidar de ti sin la supervisión o el permiso de nadie, actuar.

El problema es que no lo sabes.

Y entonces, cuando te (re)educas y empiezas a conocer, de verdad, desde la experiencia del movimiento, es posible que empieces a SABER:

· Tomar el mando.

· Dejarte de tonterías de si lo haces mejor o peor, o feo o bonito, porque sabes que siempre eres suficiente (gracias, Marina).

· Descubrir que puedes jugar sin tener que contar puntos o ganar, o hacer la vertical, o ¡bailar!, o colgarte de unas anillas.

· Darle por viento al entretenimiento pasivo y el “comprar o viajar cuando no tengo nada que hacer”, y ser el protagonista de tu tiempo, incluso sin gastarte un duro.

· Priorizar según tus valores, y no los que te imponen.

· Abrazar tu ignorancia como motor para curiosear, experimentar, aprender más… una fuente inagotable de movimiento que borrará de un pispás la palabra maldita: motivación.

· Amar el movimiento y hacerlo a TU manera, y no hacer ejercicio, esa lucha diaria por cumplir con una especie de deber.

Y te mueves.


–Muy bien, Rober, bravo. Mucha crítica y tal. Pero… ¿Soluciones?

Estamos en ello, darling.

 

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