Cómo moverte y progresar sin competir contra ti mismo ni superarte ni tan solo mejorar

Hace un tiempo, a raíz de aquel Cuando necesitas competir para hacer ejercicio. O cuando no te mueves si no hay competición, Oscar me comentaba:

–Para mejorar y superarse, y llegar a ciertos niveles, ¿no crees que es necesario ese punto de competitividad? ¿Crees que solo moviéndonos por movernos podemos alcanzar un estado físico óptimo? Ciertas habilidades necesitan mucho esfuerzo y esa competitividad a modo de juego con uno mismo, ¿no crees? Pienso que no serías capaz de hacer el handstand como lo haces sin haber “competido” contigo mismo.

Ni sí ni no ni todo lo contrario.

Tal vez sea una mera cuestión semántica. A qué te refieres con competir, qué significa eso de superarse y otras cuestiones del mismo tipo pueden tener respuestas muy diferentes para cada persona.

Aún así, desde mi punto de vista, lo más interesante no es la definición precisa de competición que, de hecho, es algo muy ambiguo incluso dentro de mi cabezota.

Lo mejor de todo son los acompañamientos y matices como “mejorar y superarse”, “estado físico óptimo”, “competitividad a modo de juego”, “haber ‘competido’ contigo mismo”, etc.

¿Mejorar y superarse? ¿Quién ha dicho que ese es el objetivo? Puede serlo, claro. Pero puede no serlo, y practicar y practicar, y que ocurra, sin más: mejorar como consecuencia.

¿Cómo mides “mejorar”? ¿Te refieres a mejorar los números concretos de lo que estás haciendo, la eficiencia y facilidad de tus gestos, la elegancia estética, los likes en Instagram? ¿Esa mejora depende de tu valoración o de un juicio externo? ¿Qué pesa más? ¿Lo que tú crees que “debe ser”, lo que tú sientes en torno a un proceso de aprendizaje, lo que dicen otros (ya sea un marcador, un crono, un juez o tus followers)?

¿Y superarse? Otra vez, ¿en función de qué? ¿De parámetros? ¿De sensaciones? ¿De compromiso? ¿De responsabilidad? A lo mejor, tal y como están las cosas, moverse todos los días sin tener en cuenta nada de eso ya es superarse, ¿no? Quizás levantarse por la mañana y hacer 10 minutos de estiramientos en lugar de empezar el día pendiente del móvil es superación, independientemente del nivel o el resultado.

¿Qué es un estado físico óptimo? ¿Cómo lo valoras? ¿Puede alcanzarse? ¿O hablamos de nuevo de sensaciones? Una valoración objetiva es imposible. Y subjetivamente, la verdad, yo me siento diez veces mejor físicamente a mis 39 que a mis 19, pero también percibo que empiezo a decaer en el sentido de que me cuesta más recuperarme, por ejemplo, o que ya no soy tan rápido (lo era según los números). Es algo muy relativo y en lo que tarde o temprano, por mucho que hagamos, vamos a empeorar. ¿Puede entonces ser la referencia de si estoy haciendo las cosas “bien” o vale la pena seguir en movimiento? Desde hace un tiempo el concepto “salud” lo cojo con pinzas.

¿Competitividad a modo de juego? ¡Claro que sí! Mi actitud siempre que juego es competitiva. En un juego de equilibrio, estoy intentando derribar a mi compañero mientras impido que él me derribe, y me dejo la piel.

¿Pero competir como tal? ¡Es un juego infinito y me importa tres pepinos el resultado! Lo único que me importa es el juego en sí mismo, el movimiento. No contamos las veces que nos hemos derribado, nadie gana y nadie pierde, y no tengo ningún número, referencia, marca que superar.

¿Qué más dará?

¿Estamos seguros de que sin todo eso el movimiento implícito en el juego no tiene exactamente los mismos efectos?

¿No está ocurriendo lo mismo?

Sí y no.

En el cuerpo sí ocurre lo mismo.

En el proceso y la experiencia no, porque el foco es el juego en sí, y no el resultado o la expectativa. No quieres conseguir nada, tampoco esperas nada, y pasan cosas igualmente.

¿Y competir conmigo mismo, contra ti mismo? Demasiado viejo para eso.

Prefiero moverme y esforzarme, esforzarme y moverme todos los días, a veces más y otras veces menos.

Moverme por moverme y esforzarme por esforzarme como modo, como estilo de vida, y sin estar tan pendiente de los objetivos, de los resultados, del nivel, de las expectativas.

En principio, todo eso son consecuencias. Van a ocurrir espontánea, naturalmente.

O no.

Porque a veces no pasa.

Porque hay cosas que no controlas, o que no vas a poder hacer, o que directamente es absurdo que te plantees como propósito, por mucho dinero que marcas, gurús y publicistas inviertan en intentar convencerte de que puedes con todo y de que debes superar tus límites.

O porque el tiempo, la edad, el deterioro, el decaimiento ocurrirán, te guste o no.

Insisto, ¿cómo va a ser el resultado, el nivel, el “estado” una referencia factible, honesta, sensata de si vale la pena o no moverte, o algo que perseguir, que superar, contra lo que competir, luchar o cualquier verborrea épica que se te ocurra?

Te levantas cualquier día.

Puedes o no concretar algunos objetivos numéricos o de habilidad, por qué no. Nadie está diciendo que no valgan para nada.

Pero lo esencial es que te mueves, entrenas, haces ejercicio, juegas con un propósito genérico, moverte, y con algunas intenciones específicas en torno a la cualidad y calidad de lo que estés desarrollando o aprendiendo.

Te esfuerzas.

Consigues o no lo que pretendías.

Si lo consigues, lo celebras.

Si no, también.

¡Te has movido y te has esforzado! ¡¡Estás vivo!!

Te vas a dormir.

Y repites.

¡Qué vida! ¡¡Qué vida!!


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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