Tutorial: Rutina matinal de meditación en movimiento (en tiempo real). Segunda parte

Vayamos al grano.

Hace unos días compartía contigo la primera parte de mi rutina matinal de movimiento, consistente en una serie de movilizaciones de las articulaciones más importantes de todo el cuerpo, nada exigente desde un punto de vista físico, la mar de factible tanto para el cuerpo, todavía medio dormido, como para la mente, perezosa por naturaleza.

En mi opinión, la combinación de su sencillez y globalidad multiplica sus beneficios y su sostenibilidad en el tiempo (que es donde residen dichos beneficios, en practicarla consistenemente a lo largo del tiempo; o, dicho de otro modo, si crees que por hacerla un par de días va a cambiar algo… milagritos a Lourdes).

En definitiva, para mí, el mejor ritual para empezar el día en movimiento.

Pero la dejamos incompleta.

La rutina no termina con esas movilizaciones.

¿Quieres elevar exponencialmente sus beneficios?

Te falta su segunda parte.


EMPIEZA EL DÍA MEDITANDO… ¡EN MOVIMIENTO!


En realidad, los beneficios de esta rutina son más mentales que físicos, por así decirlo (algo se retuerce en mis entrañas cuando recurro a estas divisiones…).

De hecho, al sobrevolar la primera parte ya te conté que lo que te va a reportar esta rutina iba mucho más allá de lo que pasara en tus articulaciones y el bienestar físico que sintieras, algo evidente.

La potenciación de tu voluntad y habilidad de comprometerte contigo mismo y ser responsable y dueño de tu vida, el hackeo de tu estado de ánimo, la conexión profunda entre tu cuerpo y tu mente son los verdaderos regalos que puedes hacerte a ti mismo cada mañana.

Empezar el día en movimiento, si lo haces de forma consciente y pausada como en la primera parte de la rutina, ya va a reportarte una buena dosis de esta “pócima mágica”.

Ahora, si quieres redondearla, ponerle la guinda al pastel, además de empezar el día en movimiento, te propongo empezar el día con un poco de meditación.


EL PROBLEMA DE EMPEZAR EL DÍA MEDITANDO


Lo que pasa es que meditar sentado o estirado nada más levantarte puede ser, por un lado, tremendamente duro y, por otro lado, algo arriesgado (más que nada porque es fácil fácil fácil que, según a qué hora te levantes y cuál sea tu ritmo de vida, te vuelvas a quedar dormido). Te lo dice alguien que meditó “al estilo zen” durante un par de años todos los días a las 6 de la mañana, entre treinta y cuarenta y cinco minutos cada día… hasta que no lo soporté más y desistí.

(Cuidado, eso no quiere decir que no lo siga haciendo, sino que ya no medito sentado por la mañana recién levantado. Ya hablaremos de eso otro día).

La formalidad de algunos tipos de meditación a menudo son incompatibles con nuestra realidad. Ojo, no digo la realidad, si no la propia realidad, personal de cada uno.

Y como puede que la forma de meditación con la que hayas topado o por la que hayas optado sea extremadamente rígida o, por qué no, como también puede ser que te hayas encabezonado en practicar la meditación exactamente como lo hace el gurú o la estrella de turno, también es posible que te hayas saltado la parte más importante de todo este juego, como en el movimiento: desarrollar tu propia forma de meditar.

En fin, justo por eso mi meditación de la mañana recién levantado es en movimiento, una rutina extremadamente simple, a la vez que suficientemente entretenida para mantenerme despierto, nada exigente para no alejarme del propósito de la meditación: mantener la atención y ser consciente del ser (el cuerpo, no “la mente”) sin tener que recurrir a demasiados adornos.

Entonces, como este jaleo del desarrollo individual en realidad va más de actuar y experimentar que de informarse, mi verborrea meditativa se acaba aquí.

Tienes libros y más libros, y webs, y podcasts, y cursos, y filosofías para empaparte de la teoría aunque, en mi opinión, y a base de bastantes años de experiencia conmigo y con otros, incluso sin conocerte, es lo que menos te hace falta.

Por eso me lo salto y, como para la primera parte, te invito a experimentar directamente mi segunda parte.

De ahí que el método siga siendo el mismo, y te proponga:

  1. Copiarla. Hacerla exactamente igual. Puedes, seguro, porque no requiere de ningún tipo de “nivel mínimo” o requisito.
  2. Inspirarte para investigar más sobre el tema y, con el tiempo, ir desarrollando tu propia rutina.

De nuevo, la comparto contigo en tiempo real, para que no tengas ni que pensar, sino solo hacer.

Una última advertencia, relacionada con lo que te decía más arriba sobre la conciencia y los adornos: si observas esta parte de la rutina como una “práctica física” o un “ejercicio”, la encontrarás aburridísima y lo más probable es que tu mente empiece a lanzarte mensajes de sabotaje para que “no pierdas el tiempo con estas tonterías”.

Pista:

Cuanto más insista tu mente en sabotearte,

más necesitas este tipo de práctica


FAQS SOBRE LAS RESPIRACIONES


Como verás, lo más importante durante esta rutina es atender principalmente a la respiración.

Y como suele ser habitual, incluso simplemente para el hecho de respirar corren por ahí creencias, mitos, metodologías, normas estrictas respecto a cómo hacerlo.

En M de Movimiento no somos binarios. Cuando se establece una “norma”, siempre se acompaña de una intención. Es el para qué lo que determina el cómo.

Podríamos hablar largo y tendido sobre cómo respirar, pero para esta rutina matinal de meditación solo voy a puntualizar dos cuestiones:

  1. La velocidad de respiración y ejecución paralela de los movimientos que la acompaña puede ser la que quieras. Claro que esa velocidad tiene influencias y matices, pero ya bastante faena tienes como para meterte es tal jaleo de primeras. Mi experiencia, solo mía: por la mañana prefiero respirar y moverme algo más rápido que por la noche, porque mi intención es conectarme y espabilarme. Si esta fuera una rutina vespertina (que también la tengo), la velocidad de respiración y movimiento sería menor. Pero esto es cosa mía. Respira como sientas que quieres o necesitas respirar.
  2. Principalmente, respira y atiende a tu respiración. ¿Quieres visualizar una bola azul de energía entre tus manos, unas llamas emanando de tus dedos o una aureola en tu cabeza en plan San Francisco de Asís? Me parece estupendo, de verdad. Usa cualquier truco o recurre a cualquier fantasía que potencie la intención de tu práctica, si quieres, por supuesto. Pero no es lo más importante. Principalmente, respira y atiende a tu respiración.

UNA RUTINA DE MEDITACIÓN EN MOVIMIENTO


Abre tu mente y tu cuerpo, sin prejuicios.

No le busques tres pies al gato. No se trata de nada místico. Es solo movimiento. Y respirar. Y atender.

Yo también era un escéptico y, después de resistirme muchísimo tiempo, le dí una oportunidad a este tipo de práctica. Ahora no la dejo pasar ni un día. De hecho es la única “rutina” realmente consistente en mi práctica. ¿Por qué? Porque por sí misma como experiencia y lo que te da después es espectacular.

Así que, antes de extraer conclusiones, complétala durante unos cuantos días, cuatro o cinco, de forma consecutiva.

Y finalmente, si esta segunda parte no te va, puedes dejarla estar, y quedarte solo con la primera.

Hazla conmigo.

¡Muévete conmigo!

Yo te guío.


Rober Sánchez – M de MovimientoSoy Rober Sánchez, director del Laboratorio de Movimiento, nuestra plataforma de entrenamiento online. Desde 2003 enseño a las personas a entrenar para construir cuerpos móviles, fuertes y hábiles, y poder moverse de verdad.

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