Vida normal extrema

Anexo 7.1 del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Una jornada de la vida normal de una persona normal suele darse entre dos extremos:

  1. Que no pase nada de nada.
  2. Que sea un desastre total.

La mente errante de una persona normal vive en la ilusión de que hoy sea algo así como el caso 1.

Y reza para que no sea el caso 2.

Lo normal es que prácticamente todos los días sean algo intermedio entre ambos casos.

Pero…

Hoy me ha tocado el 2.

Max me ha reclamado a las 3:45, suuuuuper inquieto.

Estaba muy sudado; aquí hace bastante calor por las noches.

Lo he cambiado y le he dado el biberón, y se ha quedado dormido sobre las 4:30.

Yo, completamente desvelado, tenía algunas ideas revoloteando por la azotea.

Venga, aprovecho y las saco.

Me pongo a escribir y a los diez minutos…

¡¡¡¡Buuuuuuuaaaaaaaahhhhhhh!!!!

Max se despierta.

Se ha cagado y se le ha salido todo por arriba.

Va de mierda hasta mitad de la espalda.

Oooootra vez a cambiarlo, y cuando pasa algo así no es cosa de un par de minutos.

Termino y me pongo a calmarlo, que está más desvelado que yo.

Se duerme a las 5:20.

Las ideas ahí siguen, repicando.

Me siento a escupirlas en el teclado.

Ni cinco minutos y…

Gggggrrrrrñññññiiiii…

Una puerta.

Es Abril.

No son ni las 5:30.

—Cariño, ¿sabes qué hora es? Es muy temprano. Vuelve a la cama, anda.

—Es que no tengo sueño. Tengo hambre.

—Ahora no te voy a dar nada de comer. Aprovecha para hacer un pipi, te metes en la cama y cierras los ojitos.

—¡No! ¡¡No lo voy a hacer!! —replica en modo mocosa rebelde de cinco años.

Uff.

—Bueno, vale, pues estírate en el sofá y te quedas aquí conmigo, si quieres.

—Pero dame algo.

—No, Abril, no vas a comer nada a las 5 de la mañana. Silencio y a descansar.

—¿Y tú?

Tócate los huevos…

—Yo estoy trabajando.

—Pero es muy temprano, ¿no?

Demasiado lista me ha salido…

—Va, quédate ahí y en un ratito, si no te has dormido, te vienes conmigo y el Max a caminar y correr, ¿ok? Tú coges la bici —esto es algo que ya ha pasado más de una vez y suele funcionar.

—Vaaaaleeee.

Continúo.

Y, de nuevo, ni cinco minutos.

Tengo a Abril a mi espalda.

—¡¡Papaaaa!!

No me giro.

—Quééééé…

—La Lula se ha hecho caca.

¡Me giro!

No me jodas…

La perra nunca jamás hace nada en casa a no ser que se encuentre mal.

Debió comer algo chungo por ahí, en el parque.

Diarrea a saco en medio del comedor.

Me dispongo a recoger el merder y…

¡¡¡¡Buuuuuuuaaaaaaaahhhhhhh!!!!

¡¡¡¡Buuuuuuuuuuuuuuuuaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhh!!!!

Max se ha sobresaltado por el grito de Abril, que me avisa gritando todavía más de que Lula está vomitando espuma, mientras yo tengo las manos entre caca deshecha y mucosa intestinal de perra podrida por dentro.

Me quiero pegar un tiro.

¿Hace falta que continúe con el relato?

Porque todavía no son ni las 6 de la mañana…

Me queda por delante, como cada día, un non-stop hasta las 21 de la noche entre desayunos, preparativos, curro, mis prácticas, compras, paseos de la perra, cocinar comida y cena, y encima tengo una reunión con una empresa gorda para implementar unas historias de movimiento.

Bien.

Ya lo ves.

¿Qué tal un baño de hielo? ¿Un ayuno de 24 horas? ¿Cascarme 200 fakin burpees? ¿Que mi entreno sea un EMOM full body? ¿O un AMRAP de dominadas en 20 minutos hasta sacar el hígado por la boca?

Como si mi vida no tuviera suficiente estrés para añadirle más (por mucho que estas «prácticas» me pudieran «desestresar» momentáneamente, y cuando en realidad lo que hacen es añadir más estrés…).

No.

Gracias.

Practico movimiento.

Es otra historia.

Y mi vida ya es suficientemente demandante.

La fatiga (y el estrés) a raya.

Rober Sánchez

PD: hoy me flexibilizo al 200% (Capítulo 6) y tiene pinta de que mi práctica intencionada va a consistir en ablandamientos, sacudidas, movilizaciones, ondulaciones y poco más.

(7) El ingrediente secreto indispensable

Este es el séptimo capítulo del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Tienes toda la información del proyecto en su página de presentación e índice.

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LÍMITE AUTO-IMPUESTO

Fíjate en dos cosas.

La primera, uno de los grandes objetivos de la propuesta convencional del ejercicio físico y el fitness.

¿Cuál?

Cansarse, fatigarse, exprimirse, terminar hecho polvo (y enaltecer el sacrificio, la «superación», la épica…), «quemar» grasa, moverse (jajajajaja) cerca del fallo muscular para estimular la hipertrofia, «destruir» fibras musculares para construir nuevas y tal.

La segunda:

No sé si lo recordarás de los capítulos anteriores. Es sutil pero CRUCIAL, tanto como para dedicarle un capítulo entero.

En realidad, en mi día a día el primer movimiento de la mañana ocurre en reposo absoluto, en no-movimiento.

Seguidamente, la caminata alternada con carrera la autorregulo por sensaciones y con una barrera clara para no pasar «demasiado» tiempo corriendo y respetar la técnica que compartí en el Capítulo 2.

Las movilizaciones articulares al llegar a casa jamás tienen la pretensión de «ganar» nada a base de demandar un esfuerzo extra.

Y para finalizar la mañana, incluso mi «rutina» de fuerza para mi jubilación diariamente transcurre limitada por una línea roja que nunca sobrepaso. De hecho, describía que me quedo muuuuuy lejos de alcanzarla.

Durante el día a día, el mantenimiento de mi movilidad natural se basa en la integración de movimiento en mis actividades cotidianas, sin «hacer ejercicio» ni tener que sufrir o sudar.

Y, para más inri, mi práctica intencionada, ejecutada mayoritariamente en forma de micro-prácticas de 15-20 minutos incrustadas aquí y allá… Es que en tan poco tiempo es imposible alcanzar el LÍMITE AUTO-IMPUESTO del que hablo.

La barrera, la línea roja, el no «ganar», el no sufrir ni sudar que comentaba.

Pues fíjate en esas dos cosas:

  1. Lo que se suele buscar en la propuesta convencional de «hacer ejercicio»…
  2. …es justo lo que intento evitar a toda costa en mi riquísima y complejísima práctica de movimiento.

Porque es…

EL INGREDIENTE SECRETO INDISPENSABLE

No cansarme.

La fatiga, el cansancio, el ir con la lengua fuera.

En amplísima proporción

  • Caminar y correr sin cansarme.
  • Movilizarme sin cansarme.
  • Generar vigor, «fuerza», siempre y cuando me sienta fresco.
  • Integrar el movimiento en el día a día como si nada, sin provocar un ápice de fatiga.
  • Micro-practicar para nutrir mi Movimiento a base de explorar posibilidades, aprender, desarrollar, explorar, profundizar, refinar movimientos… No «acelerar mi metabolismo», «depletar el glucógeno», «quemar calorías» o «destruir mis glúteos».

Todo eso lejos, muy lejos.

¿Por qué?

Por dos motivos.

MOTIVO 1:

A ver, a ver, a ver…

El contexto, siempre el contexto.

¿Cómo se llama este proyecto?

Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

O sea, es que esta vida de incertidumbre, biberones, pañales, y además compaginada con una cría de 5 años y las pilas que no se le acaban nunca, el curro y tal, pues es una vida que ya cansa bastante, diría yo.

Como para añadir cansancio.

Mira, no te voy a contar nada nuevo pero sí algo que se pasa demasiado por alto (y que, además, tiene un impacto BRUTAL en el motivo 2).

Si hay algo de lo que peca la mayoría de la gente así a lo grande es de ir todo el día estresada, crónicamente estresada quiero decir.

¿El estrés es «malo»?

Ni bueno ni malo.

El estrés es estrés y, como estímulo, es necesario.

Siempre estrés elevado: chungo (y mucho más cuando no tiene una «salida» física, una expresión de movimiento, aunque esto es más complejo y no lo voy a desarrollar…).

Entonces…

No sabes la cantidad de personas (y quizá seas una de ellas) que se exigen tanto, pero tanto tanto tanto que, además de llevar una vida con bebés y/o de alta demanda, añaden todavía más y más exigencia a base de machacarse, de exprimirse con lo de «hacer ejercicio».

Y como tiene buena fama y es muy necesario y hasta un «deber», se autoconvencen de que es lo que les conviene, que les va muy bien, que les está salvando…

…cuando internamente, corporalmente, les está drenando más y más.

Esto es algo importante a tener en cuenta.

Un buen motivo para replantearse ciertas cuestiones.

Yo, al menos en este momento de mi vida, lo que menos necesito es sumar y multiplicar la exigencia que ya me viene dada de base.

Y no solo eso…

MOTIVO 2

Vida con bebé + cría de 5 + todo lo demás = estrés por un tubo. Absurdo añadir más estrés. Partimos de aquí.

Bien.

En líneas generales, ya sabes desde el primer capítulo que la propuesta de practicar movimiento (en lugar de «hacer ejercicio»), más allá de lo que implica para el cuerpo moderno empobrecido mecánicamente hablando, lo que más estimula es la cabeza.

Pero no la cabeza como cabeza, ojo.

La cabeza como parte integrada en el cuerpo.

Es decir, practicar movimiento (esto está sobre todo detallado en el capítulo 6) representa estar en constante contacto y recontacto con el cuerpo (el vehículo de la conciencia) y explorarlo, investigarlo, alimentarlo, estimularlo.

Si te paras a meditarlo un momento, en definitiva: vivir consciente e intensamente.

Pero no intensamente de la intensidad a la que estamos acostumbrados, la de la cantidad y los números.

Intenso de profundo, de que te lo estás tomando en serio y, para más inri, dadas las circunstancias de nuestra (in)cultura de movimiento, totalmente en contra de la corriente generalizada, en un escenario absolutamente hostil. De momento, si practicas movimiento, te mueves a contracorriente.

Así pues…

…si no lo mimas, si no lo atiendes, si no lo mantienes a raya…

…esto puede cansarte mucho más de lo cansado que quizás, y solo quizás, puedas vivir de base.

Al final, toda esta historia gira en torno a aprender más sobre uno mismo y la vida, adaptarse y transformarse, evolucionar como persona, algo que requiere de una demanda energética diremos que notable.

¡Pero!

¡¡Es que, además…!!

El cuerpo, si te pones en plan «académico», y te diría que el ser, si te mola el rollo místico, APRENDEN, SE ADAPTAN y SE TRANSFORMAN mejor cuando se encuentran DESCANSADOS, en plenas facultades.

*De hecho, si queremos ser más precisos, estos procesos ocurren DURANTE EL DESCANSO, cuando dormimos, y no en el momento preciso del estímulo «que cansa».

Sé que estas últimas líneas han podido quedar algo espesas. Insisto en que esto es un blog, no un proyecto de final de carrera. Se puede releer para seguir auto-indagando. Yo lo hago a menudo.

Así que para no liar la madeja, cerraré con un consejo de «experto» que nadie me ha pedido, un principio que me acompaña todos los días en mi práctica de movimiento por todo lo que he explicado, y tú con él haces lo que quieras:

NO TE CANSES (DE MÁS)

MANTENTE LO MÁS FRESCO POSIBLE

Le sacarás más jugo a tu práctica de movimiento y, además, podrás seguir disfrutando de ella de una manera tolerable y sostenible en el tiempo.

…CON UNA EXCEPCIÓN…

¿Qué excepción?

La excepción de cansarte consciente y deliberadamente… de vez en cuando, esporádicamente.

El cuerpo como cuerpo, como carne, como fisiología tiene sus necesidades.

La necesidad de pasar por ahí, de fatigarse, de estresarse de manera extrema TAMBIÉN.

¿O acaso no hablábamos de movimiento rico, diverso, variable, caótico?

Esta posibilidad también debe cubrirse.

Ahora, dadas las circunstancias que hemos visto, pues eso:

De manera consciente, calculada, moderada (no de moderación, sino de que tú la estás moderando como moderador de tu práctica, y no un dictamen externo de «tienes que hacer un HIIT dos veces por semanas para movilizar tu grasa parda…» y otras bobadas).

¿En mi práctica?, preguntas.

Me canso deliberadamente.

Una vez a la semana, hacia el fin de semana, asegurándome de descansar muy pero que muy bien en las 24 horas posteriores.

Y nada de hiits, hoots, huuts.

¿Cómo lo hago?

Haciendo lo de siempre: practicando movimiento, aunque esta vez más exigente, extenuante, aumentando la intensidad, el volumen, la carga de lo que practique.

Ni que hubiera que estudiar ciencias de la actividad física para saber esto…

Y comparado con toooooooda mi práctica semanal, pues eso… excepcionalmente.

—Rober, pero es que a mí precisamente machacarme me va bien para desconectar del trabajo, desestresarme y eso…

Ya lo sé. Te creo. Y lo entiendo.

No estoy hablando de eso, de «parchear» el estrés solamente mental para ir tirando, para sobrellevarlo.

No es solo el estrés de la cabeza. Es el del cuerpo que, por cierto, arrastra implícito al de la cabeza.

Es decir, puede que te esté funcionando como estrategia para salir de tu cabeza y «desestresarte» temporalmente en este sentido.

También te funcionaría practicar movimiento sin buscar (ni necesitar) la fatiga, la extenuación, el exprimir el cuerpo.

Fíjate, entonces, en que lo más probable es que hayas alcanzado un punto de dependencia en que no sea el movimiento lo que te desestrese, sino que sea la intensidad lo que consiga disimularlo.

Y cuanto más se adapta tu mente a una dosis X, más dosis necesitas… de intensidad.

Cada vez más intensidad y necesidad de machaque para desestresarte mentalmente.

Claro, el cuerpo, por su lado, no tiene una capacidad de adaptación infinita.

Puede estar sirviéndote para la cabeza pero… Dos preguntas:

  1. ¿Cuańto tiempo resistirá el cuerpo?
  2. ¿Qué círculo aparentemente virtuoso pero definitivamente vicioso estás pro-moviendo?

El próximo capítulo, el penúltimo, estará dedicado a la parte más bonita de mi práctica.

Intuyo que también podría serlo de la tuya.

De momento, si tienes cualquier duda que quieras que responda, déjala en los comentarios (según las bases del proyecto).

Notificaré mis respuestas en público y por correo —si quieres estar al tanto, suscríbete a mi lista de correo aquí.

Rober Sánchez

Práctica diaria: fumarse un porrito

Anexo 6.1 del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).
*Sobre todo para quien tenga conflictos, fricciones, problemas con practicar X todos los días

Visto lo visto hasta el momento, y sin haber visto lo que vendrá (que tiene tela), como soy perro viejo en esto y huelo a la legua las resistencias y objeciones habituales de algunas cabezas y cuerpos, no puedo (ni quiero) evitar dejar ir mis dedos…

Y pienso en Joan Junior.

Un tipo con el que me cruzo cada día en la puerta del local de al lado de mi casa.

De unos treinta años, Dockers y camisa, barbita bien cuidada, iPhone en mano y ojeras de caballo. Se nota que «tiene estudios». Y lo apunto porque lo que voy a contar suele concebirse como algo propio de «garrulos», «chonys», personas con «familias desestructuradas»… pero nada de eso. Los «pijos» también caen en estas cosas, como todo quisqui, como yo.

Entonces, Joan Junior, me cruzo con él cada día.

Cada día a la misma hora, cuando salgo con Abril hacia el cole.

Llega sobre las 7:50 en su Cupra recién estrenado. Trabaja en la oficina de una empresa pequeñita. Es de su padre, a quien conozco.

Y cada día a la misma hora haciendo lo mismo…

Fumándose un porrito.

Ni juzgo a Joan ni juzgo al porrito.

Todos tenemos nuestras vías de escape.

Quizá «tanto» movimiento (que no ejercicio) sea la mía.

La mente se me va a todas esas cabezas descorporalizadas (sin juzgar, de nuevo) que se puedan encallar en la idea de que la PRÁCTICA DIARIA y el movimiento integrado que he descrito estos días es un tanto «obsesiva».

O, vete a saber, patológica, enfermiza, «ortoréxica» -si habláramos en términos dietéticos.

Bueno…

A lo largo de los años lo que he visto es que, de alguna manera, todos nos obsesionamos con cosas.

Dependiendo de las obsesiones que practiques, especialmente las que practicas cada día y de manera inconsciente, pues tu vida es una u otra.

Y para lo que nos incumbe estos días más, teniendo en cuenta una GRAN obsesión cultural imperante:

El no-movimiento, el sedentarismo, la parálisis convencionales.

(Obviamente, no estoy hablando solamente del «movimiento mecánico» del cuerpo, la falta de «ejercicio»).

Creo que, aunque estoy abierto a mi propia equivocación, el movimiento que planteo por las mañanas de buena mañana todos los días como PRIMER movimiento, así como el movimiento integrado, tal como vimos el otro día comprendido como unos fundamentos fundamentalísimos (y muy moderados, por dios) de:

  • Auto-conciencia
  • Vitalidad
  • Reconexión
  • Vigor
  • Naturalidad

…son una buena obsesión, si quieres mirarlo así.

Al fin y al cabo, son el reconocimiento y la materialización de uno de los pocos hechos que podemos afirmar como certeza:

Somos seres vivos con la posibilidad de darnos cuenta de que nos damos cuenta, de ser conscientes de que somos conscientes, utilizando ineludiblemente como vehículo vital el propio cuerpo que, para más «tocada de narices», tiene como pilar de funcionamiento «interior» y relación con el «exterior» (como todo lo viviente) el movimiento.

**Qué «putada», ¿verdad? «Tener que» moverse… Con lo guay que sería ser un ordenador con patas…

Pues diría más:

Estoy convencidísimo de que si pillara a Joan Junior completamente sereno, después de una mini-práctica matutina conmigo, además de encontrarse de puta madre y no apetecerle el porrito de las 9, reconocería que la suya no es una buena obsesión, ni que fuera por unos instantes y a pesar de los «beneficios» a los que apuntan algunos estudios científicos.

Luego, está claro, dependiendo de mil cosas que se me escapan, se movería hacia un lado o hacia otro, quién sabe.

Y está bien así.

Siempre está bien.

Total, puedo estar completamente equivocado.

Rober Sánchez

PD: de hecho, ahora es cuando llega mi amigo el porreta y me suelta «tío, Rober, tanto ser consciente y no te das cuenta de que justo lo que pasa es que es mucho más fácil. Si te fumaras un porrito todos los días no te haría tanta parafernalia de movimiento para alcanzar según qué estados de conciencia». ¡Jaja!

(6) Práctica intencionada, flexibilidad y micro-prácticas

Este es el sexto capítulo del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Tienes toda la información del proyecto en su página de presentación e índice.

Puedes participar activamente en los comentarios. Consulta las bases del enlace de arriba.


Si recapitulamos, los fundamentos están consolidados y, al mismo tiempo, se puede disfrutar de ellos en una vida de alta demanda sin fricción.

Peeeeero…

*Siempre hay un pero…

En ese viaje que puede representar cualquier jornada de la vida de una persona normal que practica movimiento como un servidor, si nos guiamos por el hilo conductor de Camina, salta, baila, en el fondo hasta el momento nos hemos dejado llevar por el concepto de necesidad, aun comprendiéndola dentro del gran universo de la posibilidad.

A ver… Obviamente esto no es casualidad. Es prioridad.

Quiero decir: por muy chachipiruli que sea mi práctica «en general» y por mucho que me haya abierto a las meta-cuestiones (meta-conciencia, meta-motivación, etc.), soy humano y parte del movimiento interno de mi primitiva mente se alimenta de los miedos, esos mismos miedos en los que se apoyan las necesidades.

Entonces, en este sentido uno no es idiota y hay cosas a futuro que me preocupan (muy parcialmente) y de ahí que exista cierto «orden prioritario».

Con todo lo de arriba, pues, las necesidades más básicas quedan cubiertas de sobra de manera la maaaaar de viable llueva, truene o nieve, o el bebé dictador tenga diarrea.

Sobre los sólidos cimientos «necesarios», entonces, llega el momento de disfrutar, explorar, jugar, abrirse más todavía.

Sumergirse en lo desconocido, en la incompetencia, la frustración, el descubrimiento, el aprendizaje, la adaptación, el reto.

Y en ningún caso guiado por las motivaciones pobres típicas (rendimiento, estética, salud).

Todo gira en torno a un motor: la curiosidad.

Alimentado, fundamentalmente, por la gasolina de la intuición.

Y teniendo como principal GPS de progresión la inevitable complejidad (a no ser que prefieras ser un robot que se quede anclado en la repetición exhaustiva de patrones simplones al estilo burpees y demás).

En resumen: la práctica intencionada de movimiento.

PRÁCTICA INTENCIONADA

Esto es muy fácil y muy «difícil» al mismo tiempo.

Empecemos por la parte fácil.

Consiste en no pensar en objetivos, resultados, «beneficios», músculos, calorías, mitocondrias.

El centro es uno y solo uno.

Y no es ni tan solo el cuerpo en sí.

Es el Movimiento, nutrido por movimientos.

La práctica intencionada consiste en dedicarse con intención deliberada a la investigación, exploración y aprendizaje de Movimiento (o sea, en el fondo, de ti mismo), recurriendo para su desarrollo a una serie de tareas de movimiento, en movimiento.

Por eso es una práctica, no un «entrenamiento» y ni mucho menos «hacer ejercicio».

**A nivel puramente práctico, plantearlo como si, por ejemplo, quisieras aprender a tocar el piano, y asumir que el proceso no tiene fin y durará toda la vida, suele servir de mucha ayuda para comprender la idea. El «piano», el instrumento es tu propio cuerpo. Y tú eres el músico. Y puedes tocar hasta el último día.

¿Ejemplos de posibilidades?

Gatear, saltar, rodar, lanzar, cargar, resbalar, balancearse, comprimirse, equilibrarse, arrastrarse, tirar, temblar, agacharse, relajar, bailar, sujetar, nadar, escalar, reptar, propulsarse, deslizar, ondular, tensar, trepar, pivotar, voltearse, extenderse, botar, rigidificar, empujar, patear…

¡FÍJATE!

Son siempre verbos, acciones, tareas, habilidades… MOVIMIENTOS.

(No «ejercicios» como press de banca, curl de bíceps, burpees, planchas abominables, patadas de glúteos…).

Y de cada uno de ellos se puede aprender tanto.

Y con cada uno de ellos se puede explorar tanto.

Siempre de lo más simple a lo más complejo atómicamente, uno a uno.

Y, por qué no, secuenciarlos, mezclarlos, combinarlos.

Y, por supuestísimo y finalmente, como la vida misma, improvisarlos.

Esto sería explicarlo «fácil».

¿Y explicado «difícil»?

Pues imagínate…

Es tan pero tan difícil que no se puede explicar, es imposible.

Pero esto no es una tesis doctoral, sino un mediocre blog.

Si quieres rascar más, como siempre, te invito a leer Camina, salta, baila.

¡Lo importante ahora mismo!

Lo importante en este proyecto, quiero decir, que va de bebés y/o vidas de alta demanda.

¿Cómo hacerlo?

¿Cómo llevarlo a cabo y encajarlo?

FLEXIBILIDAD

No me andaré por las ramas.

El contexto es conocido y es el que es.

44 años, post infarto cerebral, trabajador autónomo con cantidad de ocupaciones y preocupaciones, las más gordas mis hijos (Abril 5 años, Max 2 meses), seguido de mi familia y amigos, y el día a día de la casa, la perra (Lula), la compra, la cocina, el estudio, el entretenimiento (necesario también), etc.

O sea, persona normal con una vida de alta demanda.

¿Cómo encajar la práctica intencionada entre toda esa maraña?

Detallar mi «agenda» sería absurdo (de hecho, ya conoces al dedillo mis mañanas, aunque a la vez te sugiriera no copiarlas).

Hay algo más interesante: lo que he tenido que aceptar y reencuadrar con el paso de los años y las nuevas circunstancias de family man que me ha llevado a este principio fundamental de mi práctica.

De hecho, es algo de lo que está teñido mi práctica matinal, por ejemplo, a la vez tan concreta y «estructurada» y tan incierta y variable.

Y, bueno, el movimiento natural integrado en lo cotidiano ya se caracteriza por ello de base.

Flexibilidad es la palabra.

De alguna manera, me he visto obligado a convertirme en una persona tremendamente flexible, así, en general.

Inevitablemente, también he tenido que aplicar dicha flexibilidad a mi práctica intencionada.

¿Proyectos, sistemática, progresiones, método? Siguen ahí, tal como expuse en Camina, salta, baila.

Ahora… dedicación fija, «programada» en grandes bloques de tiempo ineludibles, con energía infinita para afrontar la exigencia…

¡Ja!

Pero mira, te diré algo.

Lo considero uno de los mayores aprendizajes de mi vida en cuestiones de movimiento interno.

Probablemente, de conocerme hace unos años, te habrías topado con un tipo cuadriculado, rígido, anticipativo, controlador (de su propia vida, no la de los demás, ojo), planificador al detalle (sigo siendo muy meticuloso, aunque ¿planes?… si no sé ni a qué hora le daré el próximo biberón a Max…).

Todo eso, abrazando la flexibilidad vital (nunca hablo solo de «movimiento» físico), se ha ido disolviendo por sí solo.

No he tenido ni que hacer un esfuerzo por «cambiar», así que tampoco hay mérito personal en esto.

Ha sido más una cuestión de rendición (no resignación).

Dejar de forzar o luchar y, por ende, rozar o sufrir.

Darme cuenta de que esa adaptabilidad de la que tanto pregonaba, en realidad, brillaba por su ausencia.

En términos de Taleb, ser consciente de que mi práctica pre-paternidad podía ser consistente, robusta, resiliente, firme y, al mismo tiempo, taaaaaaan FRÁGIL.

En cambio hoy, al haber soltado definitivamente (por rendición, insisto, jaja) la expectativa, el «progreso», la enorme disciplina con la que me había movido durante tantos años.

Uff.

Alivio es poco.

Paz absoluta lo resumiría todo.

Y más cuando he adoptado una nueva forma de abordarlo que, curiosamente, es la mar de efectiva y a partir de la cual también se puede seguir aprendiendo, profundizando, refinando, incluso mejorando y progresando…

MICRO-PRÁCTICAS

***El prefijo micro, en este caso, no debe confundirse con lo corporal (pequeño/analítico versus grande/global), como cuando hablamos de micro y macromovimiento unos capítulos atrás.

Cuando uno tiene una vida de alta demanda hay tres aspectos a mimar, en mi opinión:

  1. El tiempo.
  2. La energía.
  3. El foco.

Centrémonos en el punto 1, que es el que acostumbra a implicar mayor fricción. Aunque los otros dos también se ven positivamente influenciados por lo que voy a explicar.

Más allá de la comentada flexibilidad a la hora de plantear la práctica intencionada en general para no tener que pelearse con la vida (que ya bastante «batalla» conlleva), en el momento de reservar tiempo para practicar y aprender «en serio», no al tuntún, el concepto de micro-práctica, que he desarrollado y adaptado durante los últimos meses (empecé mucho antes de que naciera Max, fruto de mi tendencia a la anticipación), me ha salvado la vida.

¿Cómo funciona?

Sencillo.

Absolutamente todos los proyectos que tengo abiertos y que seguramente ocuparán lo que queda de año (escribo esto en junio de 2024, así que me queda más de medio año de desarrollo), ahora mismo relacionados con…

  • Acrobacias.
  • Rodados.
  • Espirales.
  • Manipulación de objetos.
  • Elasticidad (no movilidad).
  • Fuerza unilateral.
  • Mirada apreciativa (movimiento interno).

…pues absolutamente todos ellos están planteados de una manera tan pequeña, progresiva y específica que puedo abordarlos en breves sesiones de no más de 15-20 minutos (o incluso menos algunos de ellos).

A no ser que la vida me lo ponga muy a huevo como para disfrutar de sesiones más largas (y lo hago encantado, pasarme dos o tres horas seguidas en movimiento, oh my god), la gran mayoría de mis prácticas son micro-prácticas.

Micro-prácticas que se traducen en micro-tiempo, micro-energía, micro-foco. Maravilloso.

Como decía, la mar de factible, viable, eficaz, sostenible, tolerable para una vida como la mía y la de, creo, cualquier persona normal.

Esto, para mí, hace unos años era inimaginable.

Tenía instalada la creencia de que si no practicaba en sesiones de mínimo (¡mínimo!) dos horas, no valía la pena ni ponerse. Esto, a menudo, y está claro que gracias a vivir bajo otras circunstancias, me llevaba a practicar tres o cuatro horas seguidas, incluso doblando sesiones algunos días. Bendita juventud egocéntrica…

E insisto en algo: no es tanto una cuestión de tener el tiempo disponible o no tenerlo. Si fuera multimillonario y no tuviera criaturas, podría dedicarle toda mi vida al «movimiento» aunque tuviera 57 años… y sabiendo lo que sé ahora NO LO HARÍA.

Porque no va por ahí la cosa…

Hablo más del cerramiento de mente, la rigidez con uno mismo, la obsesión por la habilidad (y no la vida).

Pero vaya, que no me quiero ir del tema…

El tiempo.

Micro-prácticas.

15-20 minutos, no más.

Una, dos, tres, ocho veces al día según el «destino», con absoluta flexibilidad, sin obligación.

Y así, como una hormiguita, seguir caminando el camino.

Gran alternativa (de verdad que nunca me lo habría pensado ni creído) para una vida de alta demanda.

Así es mi práctica ahora…

…e intuyo que por muchos años…

…al menos hasta que Abril y Max se marchen de casa, al paso que vamos como sociedad… ¿a sus 45?… ¡jajaja!

****Hay que tomárselo con humor, leches…

Si la flexibilidad, sobre todo mental, y las micro-prácticas son las responsables de que pueda seguir aprendiendo y disfrutando del proceso, lo que veremos en el próximo capítulo ya ni te cuento.

De momento, si tienes cualquier duda que quieras que responda, déjala en los comentarios (según las bases del proyecto).

Notificaré mis respuestas en público y por correo —si quieres estar al tanto, suscríbete a mi lista de correo aquí.

Rober Sánchez

Alta frecuencia. No-meditar, correr, movilizarte y vigorizarte TODOS LOS DÍAS

Anexo 5.1 del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Después de cinco capítulos, cinco de nueve (fíjate en la proporción), ya puedes imaginarte el peso que tiene en mi práctica de movimiento el planteamiento de base de no-meditar, correr, movilizarme y vigorizarme de buena mañana, compatibilizándolo perfectamente con la vida familiar matutina (dejando a un lado lo de integrar movimiento durante el resto del día, que todavía suma más exposición, riqueza y complejidad).

Claro, cuidado, este planteamiento matinal tiene un fallo.

Un fallo que, precisamente, soluciona la ALTA FRECUENCIA, la intención (palabra clave en la práctica de movimiento) de completar esta primera práctica TODOS LOS DÍAS.

Antes de nada, fíjate en esta curiosidad…:

Sé y reconozco que desde un punto de vista puramente mecánico, «físico» vamos a decir, incluso por y para los motivos racionales expuestos hasta ahora, la PRÁCTICA DIARIA de todas estas historias no es necesaria.

O sea, podría plantearlo… yo qué sé… tres o cuatro días a la semana, y para lo «fisiológico» serviría igual, prácticamente no cambiaría nada.

Entonces…

¿Por qué?

¿Por qué tanta dedicación y «obsesión»? (Ojo al anexo 6.1 del capítulo 6, próximamente).

¿Por qué es algo que tengo en mente a practicar TODOS LOS DÍAS a ser posible nada más me levanto?

Por dos motivos, el primero más conceptual/profundo y el segundo más práctico/sencillote:

LA PRÁCTICA MÁS ALLÁ DE LA PRÁCTICA

Si insisto en esto, y recalco que no tiene nada de «espiritual», y que en el fondo es algo muy de estar por casa y terrenal, dadas las circunstancias sociales y culturales del momento, será por algo…

No es la salud del «cuerpo» —ni tampoco la «mental».

No es lo «físico».

No son los músculos, las articulaciones, las calorías, las hormonas.

Evolutivamente ya toca dar un «salto consciente» sapiens en estas cuestiones…

Hay dos hechos descritos con todo lujo de detalle en el Capítulo 1 que se resumen así:

Vives y experimentas a través de un vehículo, un instrumento.

Su principal vía, estrategia, manera de vivir y experimentar es el movimiento.

Lo tienes a tu disposición siempre y es gratuito.

Pero tú, como yo todavía en algunas ocasiones, te pierdes en el encabezonamiento (cabeza con corazón, pulmones y extremidades) del día a día.

Cosa que no solo tiene consecuencias «corporales» personales, sino sociales, culturales, comunitarias. No sé si esto se ve lo suficiente…

Así que… ¿Por qué no moverse a conciencia y con conciencia TODOS LOS DÍAS y con la mayor frecuencia posible?

A partir de ahí, no como «cuerpos que se mueven», sino como personas… pasan cosas.

Y es algo que sí considero NECESARIO, MUY NECESARIO.

Pues eso.

NO LO CONSIGO CADA DÍA

Este es el segundo motivo y, a su vez, el FALLO de la práctica diaria.

Fallo que, paradójicamente, acaba haciendo de la práctica diaria una gran ventaja…

¿Paradoja?

En la cotidianidad de una persona normal con un bebé a su cargo (o una vida laboral, académica, familiar de alta demanda), cumplir TODOS LOS DÍAS con una disciplina férrea es un imposible.

No va a pasar.

Van a ocurrir imprevistos.

Y no lo voy a conseguir.

Esto… O lo ves y bailas con ello, o no lo ves y te fustigas y te frustras y te culpas y lo luchas y vete a saber qué otros sufrimientos.

Recuerdo como un amigo, Víctor Reyes (quizá lo conozcas), en un acto de sinceridad explicaba en público cómo llego a desear (por un breve instante) que su hija recién nacida no estuviera en su vida porque le entorpecía en todas las cosas que «tenía que» hacer.

Y cómo al darse cuenta, al ser consciente, tuvo que encerrarse un buen rato en una habitación de su casa a llorar desconsoladamente.

Intención, compromiso, responsabilidad sí.

Consecución, «éxito» 100% no.

¡Ahora!

Fíjate en esto de la intención de ALTA FRECUENCIA.

La magia (que te saca del «todo o nada» enfermizo imperante):

Tú planteas la historia para practicarla TODOS LOS DÍAS.

De forma coherente, viable, sostenible, tolerable y conciliable.

Oh, vaya… Hoy no ha podido ser, ya sea total o parcialmente.

(Cuidado, que lo siguiente es simbólico… Llévatelo a tu terreno)

El bebé de 2 meses no para de berrear y no hay manera de que se calme, la peque de 5 años se ha despertado antes de lo habitual y de mal humor, tu mujer está destrozada y necesita más cama, tu cuerpo está poco predispuesto porque ayer te pasaste un pelín, está lloviendo a cántaros, etc.

Vale. Bien por hoy. No ha podido ser. No pasa nada. Mañana otra vez: intención de ALTA FRECUENCIA.

Pasa un año.

365 días.

Y has completado la práctica DIARIA, no sé, 337 días.

Ahora multiplícalo por 5, 10, 20 años así.

Ostras…

Yo diría que podemos decir tranquilamente que te has movido CADA DÍA.

Cada día has sido consciente de que eres consciente y has corrido y te has movilizado y te has vigorizado.

En tu casa y viable y sostenible y tolerable y con tu familia y/o tu vida de alta demanda.

Uff.

Y si lo comparas con «frecuencia esporádica» (lunes, miércoles y viernes, por ejemplo), pues más uff.

Sobre todo si el lunes y el miércoles, por decir algo, surge algún imprevisto que no te permite «cumplir». Muy uff y oh oh y ayyyy y uyyyy, una semana sin moverte…

Demasiado riesgo. Demasiado inmovilismo. Demasiada culpa, fricción, re-motivación, vuelta a empezar.

Y ya está.

Rober Sánchez