(5) Movimiento natural integrado

Este es el quinto capítulo del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Tienes toda la información del proyecto en su página de presentación e índice.

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Este tipo de movimiento, el integrado, es, seguramente, una de las propuestas que más han contribuido a mi «fama».

De hecho, ocupa gran parte del curso estrella del Laboratorio, Movilidad Natural.

Y también juega un importante papel en otro curso gordote de esta escuela en colaboración con Goigroup, el equipo del neurólogo Arturo Goicoechea, Movimiento Libre.

Todo parte de un hecho indiscutible: el ser humano, hasta hace muy poquito tiempo, nunca ha tenido que «hacer ejercicio», básicamente por la imposición natural de la vida de la necesidad de moverse para sobrevivir, en un principio (caza-recolección) de manera extremadamente rica, diversa, impredecible, y más tarde igualmente exigente, aunque ya empobrecida, monótona, previsible y abusiva según la estación del año (ganadería y agricultura).

En cualquier caso, a pesar de no «hacer ejercicio» (y sin entrar en los perjuicios físicos de la vida «moderna» repetitiva del campo), físicamente todo marchaba bien hasta hace relativamente poco tiempo, ya que todo el movimiento del ser humano ocurría de forma integrada en su día a día.

El ejercicio, la práctica deliberada de actividad física, el reservar bloques de tiempo y planificarlos, programarlos y encajarlos en lo cotidiano como si el movimiento fuera una cosa separada de uno mismo (concepto de encabezonamiento del Capítulo 1), es algo reciente, moderno que llamo movimiento intencionado.

Entré en mucho más detalle en la diferenciación entre ambos movimientos en el segundo capítulo de Camina, salta, baila. Muévete más y vive mejor.

De tal hecho, entonces, hace unos años se instaló en mí una pregunta que me hago a mí mismo y me respondo ACTUANDO cada día:

¿Cómo lo podría hacer para que gran parte de mi movimiento, o al menos los mínimos «necesarios», estén integrados en mi día a día?

Porque otro hecho indiscutible es que a mayor porción de tiempo pretenda dedicar a mi «ejercicio» intencionado, más fricción y conflicto, porque más probabilidad hay de que los cien mil imprevistos diarios de un persona normal con un bebé y/o una vida de alta demanda releguen lo de moverse intencionadamente a último término o incluso a su omisión (que es lo que le termina pasando a la mayoría).

De ahí que conciba el movimiento integrado como indispensable.

Mi práctica intencionada (la tengo y la explicaré muy pronto) está muy bien y tiene su miga. Peeeero… a veces se ve afectada por mi vida de persona normal y me veo obligado a modificarla o incluso (excepcionalmente) a dejarla ir.

Así mismo, cuando esto ocurre, como mi día a día está plagado de movimiento natural integrado, no me preocupo ni lo más mínimo por si «hoy no he podido hacer ejercicio». Tampoco hay culpa, frustración, autoflagelación o algún otro tipo de roce vital.

Los mínimos están más que cubiertos gracias al movimiento integrado (sumado a mi práctica matinal detallada en los capítulos 1 a 4 de este proyecto).

MACROMOVIMIENTO INTEGRADO RÁPIDO

Como un servidor es un humano moderno más, industrializado, metódico, cuadriculado, matematizado, al plantear el movimiento integrado en mi cabeza no puedo evitar caer en una especie de clasificación, dividiendo dicho movimiento en lo macro y lo micro.

Con lo macro se termina rápido. De hecho, más allá de si tal o cual persona es más o menos sedentaria, creo que es algo que todos tenemos en la cabeza.

Son los tópicos que, por supuesto, forman parte de mi día a día. Fíjate en que ya en el Capítulo 2 explicaba por qué caminar y correr son mis primeros movimientos tangibles.

Con los tópicos me refiero a lo de siempre, no soy nada original…: ir de aquí para allá gracias al motor de las piernas (caminar, bici, etc.), subir y bajar escaleras, cargar con la compra, etc.

*Si tienes peques, ya conoces el gran extra de «papaaaaa… ¿me coges en brazos?». En mi caso, Abril acaba de cumplir 5 años y ya pesa algo más de 23 «kilos no diseñados para ser cogidos», si los comparas con una barra, una mancuerna o una kettlebell, digo, lo que todavía hace más rica e interesante la experiencia.

Como esto es tan obvio y en gran parte está cubierto ya de buena mañana y entre los mil trayectos a pie que hago (entre ir y volver del colegio, pasear a mi perra, comprar en los comercios de mi barrio, etc., mi media diaria ronda los 15.000 pasos), esto ya lo hemos resuelto rápido y prefiero centrarme en lo micro..

¿Por qué?

Te cuento…

LO MICRO: DE LA MÁXIMA COMPRESIÓN A LA MÁXIMA EXPANSIÓN

La puesta en práctica del (micro)movimiento integrado en el día a día es algo tan complejo como la vida misma de una persona normal.

Aunque hay una simplificación (que nos hace correr el riesgo de caer en cierto reduccionismo, ojo con esto) que resulta muy útil.

Si miramos la vida actual, más allá de los perjuicios globales y sistémicos del sedentarismo en sí mismo, al menos mi experiencia me dice que la restricción más frecuente (y sufrida) con la que la mayoría de las personas normales tienen que lidiar, incluso las que «hacen ejercicio», rondan cuestiones de amplitud, conciencia, control y coordinación articular, algo que podríamos englobar en el término movilidad.

Para quien «hace ejercicio», el sedentarismo así, «a lo grande», puede parecer estar resuelto.

A la vez, rigidez, tensión, entumecimiento, acartonamiento, cortocircuito motriz, tanto a nivel global como analítico, son señales la mar de prevalentes.

Insisto, incluso para los que van tres días a la semana al gimnasio y cumplen con sus «rutinas».

Ya no te digo para los que salen con la bici, a correr, juegan sus pachanguitas.

Todo eso está muy bien, cuidado.

Dejando a un lado lo evidente de quien no hace nada de nada, cuando uno practica lo que sea, un deporte o vete a saber qué, la pregunta clave siempre es la misma.

Y no es qué estimula aquello que practico (generalmente gimnasio, cardio, «deporte X»).

¿Qué es lo que falta?

¿Qué es lo que, por insistir en una dirección, estoy dejando abandonado?

En el 99% de personas activas, ejercitadas, «deportistas», la movilidad es la respuesta.

Cuando la simplificación de la que hablaba esconde la solución.

Olvídate de las palabrejas que soltaba.

Y de las articulaciones también.

Hacerlo así tiene muchísima utilidad para el desarrollo y el aprendizaje, tratar la cosa por sus partes (articulaciones).

Pero, en el fondo, va mucho más allá y, de hecho, no funciona así.

El cuerpo no funciona así. Solo es una forma de analizar y «manipular» la cuestión.

Obsérvalo globalmente en términos de sinergia y amplitud.

Y simplifícalo en torno a dos posibilidades (que, en realidad, esconden muchísimas más posibilidades, tendiendo a infinitas):

  1. La compresión.
  2. La expansión.
**En los enlaces verás un ejemplo rápido de cada en forma de Test, para que puedas probar a ver qué tal.

Todas las posibilidades de movimiento (no de movilidad) del ser humano ocurren entre estos dos extremos: la sentadilla profunda y la suspensión pasiva, en términos diremos que «técnicos».

Gestos/posturas que han sido protagonistas durante gran parte de nuestra evolución.

Y, encima, integradas de manera natural.

MICROMOVIMIENTO NATURAL INTEGRADO

Así pues, cuando planteo mi movimiento integrado, más allá de lo locomotivo que ya he mencionado como «tópico», me centro en qué le ocurre a mi cuerpo desde un punto de vista articular, ya sea bajo una mirada global o analítica.

A lo largo del día, no solo cuánto sino… ¿de qué maneras y en qué amplitud se mueven mis articulaciones?

Y no en plan gimnasta o artista del Cirque du Soleil, sino bajo un prisma vamos a decir «natural».

¿Exploro posibilidades de movimiento variadas y amplias, tanto en lo compresivo como en la expansivo, que estimulen y nutran mis articulaciones en todos sus «rincones funcionales» de manera diversa, rica, incluso compleja?

De alguna manera, a pesar de que uno pueda considerarse una persona físicamente activa (no sedentaria) y camine y corra y cargue con la compra y juegue con los peques y se mueva «bastante» en lo cotidiano en base a movimientos tan factibles como los mencionados, lo «regular» (no irregular), previsible y monótono de tal escenario hace que igualmente se pueda estar cayendo en algo que denomino sedentarismo articular.

Sí, las articulaciones participan en esas acciones físicas cotidianas como caminar, hacer la casa o cargar la compra, pero siempre de la misma manera, reiterando los mismos patrones, mientras se dejan de lado otras posibilidades y, por lo tanto, perdiéndolas y promoviendo la rigidez, tensión, acartonamiento que todos conocemos, formas que tiene el cuerpo de protegerse por falta de exposición y, definitivamente, miedo a lo desconocido.

Recalco: lo que no usas, lo pierdes.

Nuestras articulaciones son las protagonistas de todos los movimientos que realizamos (no tanto los músculos, que están a su servicio). Pueden rotar, inclinarse, hasta deslizarse entre ellas. No es solo una cuestión de tratar al cuerpo como si fuera una composición de bisagras (visión clásica y pobre a la que se recurre incluso en entornos académicos).

De ahí que mi micromovimiento natural integrado (alto y bajo) que practico y promuevo, ya sin más dilación, es algo que podríamos resumir como:

  1. Pasar tiempo «por ahí abajo», entre distintos tipos de sentadillas, simétricas y asimétricas, y otras posturas, así como transiciones entre ellas (el movimiento «de verdad»), recurriendo a ellas para tareas como comer, charlar, mirar el móvil, trabajar, lavarme los dientes y, bueno, esto me lo ponen a huevo… ¡Estar con los peques!
  2. Pasar tiempo «por ahí arriba», colgándome, balanceándome y transitando de las más diversas maneras en cualquier soporte que tenga a mi alcance (no tiene por qué ser solamente una barra fabricada para que los humanos nos colguemos). En este sentido, la actitud buscavidas que conocen bien mis alumnos de Movilidad Natural es una gran aliada. Dado el escenario en el que vivimos, no es «fácil» encontrar lugares de los que colgarse a simple vista, aunque con un cuerpo curioso y una mirada apreciativa las posibilidades son numerosas.

De esta manera, aunque haya hablado primordialmente de las articulaciones debido a lo empobrecido de nuestro estilo de vida físico, en realidad me paso el día moviéndome continuamente entre lo más compresivo y lo más expansivo sin «hacer (ni un maldito) ejercicio».

Qué vida.

Cuánto movimiento.

Y, fíjate tú, en el fondo del fondo del fondo, nada de lo relacionado con lo que he dicho (sedentarismo articular, salud, restricciones, molestias, etc.) son el motivo primordial para incluir cantidad de movimiento integrado en mi día a día.

LA META-MOTIVACIÓN DEL MOVIMIENTO INTEGRADO

Una vez más, a costa del riesgo de parecer pesado, no puedo dejar pasar la oportunidad de «machacar» con lo siguiente:

Cuando planteamos cualquier tipo de movimiento, de actividad física, de «ejercicio», pecamos de pensar demasiado en todos esos motivos y motivaciones racionales que acabo de repasar, cuando no es necesario y el propio cuerpo y la propia vida se ocupan de ello si hay movimiento rico y diverso en todas sus formas y posibilidades.

Fíjate en esto:

Cada vez que integras el movimiento en tu vida, ya sea a lo marco o a lo micro, y ya sea a lo compresivo o lo expansivo, por abajo o por arriba, hay un momento de reconexión consciente con el cuerpo.

Un movimiento hacia el aquí y el ahora, en el aquí y el ahora (sin espiritualidad ni cosas raras, si no son de tu gusto).

Un «¡Eh! ¡¡Chaval!! Sal de tu cabeza. No es por ahí. Vives en movimiento a través de tu cuerpo. ¿Te das cuenta? No lo olvides, anda…».

(Y, por dios, no caigas en la trampa de reducir el Movimiento al «movimiento» del cuerpo. No es un culto al cuerpo en plan sofisticado, ni mucho menos.

Es una autoconciencia y un reconocimiento de lo que es para retornar a ello, y no ser una presa autómata de una cabeza robotizada.)

Esta es la meta-motivación.

Esta es la continuidad del estado basal pro-movido desde buena mañana.

Este es el «poder» (ni esotérico ni illuminati) de la práctica de movimiento.

Y todavía hay mucho más, que quedan cuatro capítulos…

De momento, si tienes cualquier duda que quieras que responda, déjala en los comentarios (según las bases del proyecto).

Notificaré mis respuestas en público y por correo —si quieres estar al tanto, suscríbete a mi lista de correo aquí.

Rober Sánchez

Fuerza. Práctica versus entrenamiento

Anexo 4.1 del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Soy consciente de que lo expuesto en el Capítulo 4 parece un «entrenamiento» de fuerza.

Lo parece, de apariencia, de lo que se ve en la superficie.

Pero no lo es.

¿Qué es, pues?

Fíjate en el punto de partida y las maneras, el “estilo”.

No es un entrenamiento de fuerza, aunque lo parezca.

Es una expresión de la posibilidad del vigor, dentro de la nebulosa del movimiento.

Y un estímulo simple, factible, esporádico, sutil, muy comedido de dicha posibilidad en un contexto determinado:

“Necesito” (fisiológicamente) encajarlo en una vida de alta demanda para cubrir lo justo y, al mismo tiempo, tengo fuerza de sobra como para perderme en la madriguera del “conejo”, la obsesión en ganar, exprimir, forzar, cuando «no necesito» más fuerza de la que ya poseo para moverme como quiero moverme.

Por eso, además…

Mira las repeticiones cómo son.

La forma y la intención.

La calidad y la cualidad.

No la cantidad.

(Probablemente llevas demasiado tiempo fijándote en la cantidad, los números, el “rendimiento”. Basura de enfoque que no es culpa tuya… Yo tardé más de diez años en darme cuenta, y dedicándome profesionalmente a ello).

Y, por otro lado, algo que no puedes ver.

Pero lo he descrito desde las primeras líneas de este proyecto.

Date cuenta de la dinámica corporal CONSTANTE que hay de trasfondo, de la meta-conciencia, del movimiento interno, que no tiene nada de “iluminado” o sofisticado, pero sí mucho de ser consciente en el momento presente.

Por no hablar de la GRAN premisa, del mandamiento que lo autorregula todo:

Mantenerse lejos, muy lejos del cansancio y de los máximos.

Es que podría pasar como un entrenamiento de fuerza más.

Y no tiene nada que ver.

No es “hacer ejercicio”.

Forma parte de una práctica de movimiento.

Rober Sánchez

(4) Fuerza integrada. Anti-Rutina jubileta. Confianza

Este es el cuarto capítulo del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Tienes toda la información del proyecto en su página de presentación e índice.

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CONFIANZA

Último capítulo dedicado a mi práctica matutina.

Dependiendo de los caprichos del bebé dictador, y obviando el primerísimo movimiento intangible (ser consciente de ser consciente – Cap.1), que dura lo que tarda Max en zamparse un biberón, llevo entre 10 y 30 minutos en movimiento «visible», aproximadamente:

  1. Entre 5 y 25 minutos de marcha alternada con carrera – Cap.2.
  2. 5 minutos de movilizaciones articulares, ya sea formales o informales – Cap.3

O sea, por un lado he despertado mi vitalidad inherentemente humana gracias a la práctica de las MACROhabilidades más primitivas.

Y por el otro he profundizado en mi estado corporal actual (el de HOY y de ningún otro día) y he conectado con él mediante los MICROmovimientos más sofisticados.

¿Cómo sigue la cosa?

Lo dice el título: con FUERZA.

¡PEEEEEEEEEROOOOOOOO!

Pero de una manera que poco tiene que ver con la propuesta convencional, por supuesto.

Y que, además, implica un fuerte vínculo con una cuestión que tenemos pendiente desde hace un par de capítulos: la ALTA FRECUENCIA.

Porque, como todo lo demás que ocurre por la mañana, esto es algo que practico todos los días.

TODOS.

(Este, querido lector, quizá es un buen momento para cuando lees, ves, escuchas que un «referente» cumple a rajatabla con algo todos los días y tú no, sea lo que sea, no solo una «rutina chachipiruli de mañanas». ¿Cómo te sienta? ¿Cómo te sientes? ¿Obligado, carente, insuficiente? ¿Te falta disciplina? ¿Eres un incompetente? ¿Estás fallando? Podría ser. A mí me pasa. Mucho que rascar, si es así. Solo quería aprovechar este momento para lanzar la reflexión. Sigo…).

Antes de nada, explico lo del título de esta sección: la CONFIANZA.

Es algo en lo que me explayo un poco más al presentar el curso Calistenia Minimalista – Antiprograma de Fuerza de Brazos y Piernas.

Hace poco más de cinco años, a raíz de un accidente con mi cuello (que nada tuvo que ver con ningún «movimiento», aclaro), sufrí un leve infarto cerebral, lo que los médicos denominan AIT (ataque isquémico transitorio).

Es decir, no por mucho tiempo se interrumpió el riego sanguíneo en una zona de mi cerebro que, en consecuencia, murió.

Por suerte, a día de hoy no arrastro más secuela que una ligera parálisis en la lengua, aparte de esa zona cerebral necrosada que se ve en las resonancias (gracias, reserva cognitiva), aunque tal evento me dejó en el dique seco, de baja, casi medio año, con una serie de síntomas vamos a decir que bastante «desagradables» y en cierto grado incapacitantes.

Entre ellos, durante las primeras semanas de mi baja, una notable carencia de fuerza en mi brazo izquierdo.

No hurgaré más en aquello, es solo por contextualizar lo que ahora explicaré.

El caso es que desde entonces, y más conforme he ido cumpliendo años (ahora tengo 44), como para tantos otros aspectos del movimiento, le he dado muuuuuchas vueltas a la cuestión de la fuerza.

Y más con lo machacones que están los académicos con lo de «debes hacer ejercicio de fuerza», «levanta hierros 3-4 días a la semana», «tienes que comer más proteína e hipertrofiar tus músculos para ser más longevo», etc.

En mi opinión, tanta insistencia induce en una confusión de base de la que pronto hablaremos por aquí y que, en resumidas cuentas, se soluciona soltando toda esa porquería «oficial» y comprendiendo que TODO MOVIMIENTO implica una generación y aplicación de FUERZA.

Pero hoy no entraré en eso.

Porque solo quiero detenerme en la cuestión que mencionaba.

Que nada tiene que ver con los músculos, las mitocondrias, las mioquinas o la longevidad.

¿Por qué?

Porque de estas cuestiones se ocupa el cuerpo solito SIEMPRE que te mueves.

En mayor medida cuando el estímulo es vigoroso (de ahí que deje pendiente una explicación).

Pero todo lo que guarda relación con la fisiología muscular y sus «beneficios» para la salud y tal es algo de lo que puedes pasar olímpicamente mientras te muevas a menudo y de manera diversa y, dentro de tu práctica, en parte tu cuerpo reciba de vez en cuando estímulos VIGOROSOS que no tienen por qué ser «ejercicios de fuerza».

O sea, para rematarlo visualmente, puedes estar tranquilo, que no tienes que ir al gimnasio y pasarte una hora haciendo sentadillas con una barra en la espalda, press de banca, curl de bíceps, planchas abominables, etc. para moverte y funcionar bien y vivir muchos años. Es una hipótesis de locos.

Entonces, volviendo de nuevo a mi leve ictus y el paso de los años y, como «experto», darle muchísimas vueltas al coco y mi práctica diaria actual…

¿Por qué TODOS los días dedico unos minutos (ahora comparto mi «rutina») a estimular a mi cuerpo con los patrones que enseguida verás?

1

Porque es una posibilidad más con una peculiaridad que no tienen otras opciones: el propio VIGOR y la transferencia que tiene, ya sea directa o indirecta, a TODOS los movimientos del cuerpo.

2

Porque saberme y sentirme FUERTE, sólido, robusto, seguro, capaz, además de habilitarme y capacitarme (punto 1), me da CONFIANZA en cualquiera de las prácticas más complejas que practico.

#Inciso:

No sabes la cantidad de alumnos y alumnas que he tenido que, ante según qué exposiciones y propuestas «de movimiento», se bloqueaban por, vamos a decir, «falta de fuerza».

No es que les faltara fuerza para practicar X o Y.

Pero el hecho de dar un paso atrás y desarrollar un poco más su fuerza «básica» multiplicó su CONFIANZA CORPORAL.

Y con dicha confianza, al abordar de nuevo asuntos más complejos y «arriesgados», la cosa cambiaba radicalmente.

Más allá de que, ojo, hay un hecho impepinable: contar con unos mínimos de fuerza como los que propongo en Calistenia Minimalista para empujar, traccionar y propulsarte te abre tantas puertas meramente por un tema de capacidad (no habilidad) que… bueno, lo dejo ahí.

ANTI-RUTINA JUBILETA

La «rutina de jubilación» es un idea original de Jon Yuen, profesor de movimiento y entrenador muy reconocido dentro del mundillo con el que, por circunstancias de la vida, tuve la ocasión de compartir algunos días en Barcelona fuera de cualquier tipo de curso, workshop o cosas de esas «oficiales», a un nivel más personal.

Una tarde, dando un paseo por la zona de Santa Caterina y el Palau de la Música Catalana, me describió su «rutina de jubilación». Creo que aquella conversación le inspiró para una de sus maravillosas newsletters, porque pocas semanas después la compartió también con todo su público.

La idea es muy simple.

Todo parte de hacerse una pregunta.

A nivel personal (esto es importante, no es una fórmula «para todo el mundo»), en un momento dado (o sea, puede ir variando, moviéndose), ¿cuál es el mínimo de fuerza con el que te gustaría contar cuando te jubiles con 65-70 años y que te permita realizar la actividad física y el movimiento actual con solvencia, seguridad, confianza…?

Bien.

Pues a partir de dicha pregunta, diseñas una rutina de fuerza a practicar cada día que te permita estimularla A DIARIO y mantenerla de por vida sin tener que «entrenar la fuerza», si no quieres o no tienes tiempo para hacerlo o te das cuenta de que no necesitas más fuerza para moverte como te quieres mover.

(Esto último, darte cuenta de que tú y solo tú ya no necesitas más fuerza para moverte como quieres, en mi opinión es un puntazo…).

Suena bien, ¿no?

Y más si le sumas las MANERAS, las formas en que aplicarlas, que detallaré en la próxima sección.

Podría alargarme, pero con lo que acabo de explicar creo que es suficiente.

Hacer lo que sigue cada mañana estimula de sobra mi fuerza para seguir moviéndome como me muevo YO Y SOLO YO y, a su vez, cubre de sobra mis expectativas para cuando me jubile.

Y encima me libera de tener que dedicar grandes bloques de tiempo para «hacer ejercicio de fuerza».

**Sin contar con todo lo que me muevo, que falta por explicar en próximos capítulos y que, como verás, estimula mucho más mi fuerza sin «hacer ejercicio de fuerza».

De esta manera, con muuuuy poquito nutro y mantengo mi fuerza de base.

No necesito más que esto, siempre auto-regulando la variabilidad de repeticiones según una METODOLOGÍA y LÍMITE muy claros que comparto después.

Primero la «rutina» (ojo a las comillas; también lo explico después), que es esta:

***Luego te enseño los ejercicios en vídeo, por si quieres echarles un vistazo.
  • 1 serie de entre 8 y 12 repeticiones de:
    • Remos con rodillas flexionadas
    • Flexiones con rodillas apoyadas
    • Sentadillas a kiza
  • 1 serie de entre 6 y 8 repeticiones de:
    • Remos con rodillas extendidas
    • Flexiones
    • Zancadas profundas
    • Buenos días a una pierna en equilibrio
  • 1 serie de 4-6 de:
    • Dominadas
    • Flexiones adelantadas
    • Sentadillas cosacas
    • Sentadillas de tobillo a una pierna
  • 1 serie de 2-3 repeticiones de:
    • Dominadas a una mano con asistencia en muñeca
    • Flexiones agrupadas en suelo
    • Sentadillas a una pierna con apoyo en suelo

* LOS EJERCICIOS (SECCIÓN QUE PUEDE SALTAR)

Quería mostrarte los ejercicios, por si te interesan, pero no sabía cómo encarar esta sección, ya que si te enlazaba a cada uno de ellos, tendrías que estar yendo y viniendo de Youtube, y tampoco quería meterlos todos en un solo vídeo y que te lo tuvieras que chupar entero.

Entonces, por si te interesa alguno, te los pongo aquí todos uno por uno y tú le das al play del que quieras ver.

Si no te interesa ninguno, puedes ir directamente a la sección ANTI, METODOLOGÍA Y LÍMITE, justo después.

¡Ah! No esperes vídeos chachipirulis. Pasa cada día tal como verás (a falta de explicarte TODA LA VERDAD después, con un par de cosas que quedan).

¡¡Son las 7 y pico de la mañana y ESTO ES LA VIDA REAL (no Instagram)!!

ANTI, METODOLOGÍA Y LÍMITE

En realidad, acabo de mentirte. A la rutina le faltan «ejercicios».

Lo de «rutina» constantemente entre comillas lo explica el prefijo ANTI.

Ya que, aunque esta práctica sea diaria, de rutinaria no tiene nada, al igual que tampoco la comprendo como «hacer ejercicio» al tuntún porque un profesor chachipiruli (Yuen) la compartió conmigo y yo se la copiara (esta no es su «rutina», es la mía; si te atrae la idea te sugiero desarrollar la tuya propia).

¿Por qué es una anti-rutina?

Porque no estoy obligado (deber) ni a hacerla ni a completarla de manera fija como tal.

¿Y por qué?

Porque, por encima de todo, es una práctica CONSCIENTE y deliberada que se ajusta a mi estado actual (capítulo 2 + sensaciones del propio momento de practicarla).

Y porque, en el momento preciso y actual de practicarla, me voy autorregulando según mis sensaciones (lo sé, la redundancia es a propósito) y un claro LÍMITE que no quiero alcanzar.

Exactamente el mismo que cuando salía a correr unos minutos atrás (¿lo recuerdas?).

Y que mis movilizaciones articulares previas se aseguran de calibrar (no «exprimo» el cuerpo con «trabajo de movilidad»; las movilizaciones son otra cosa).

¿Cuál es el LÍMITE?

La FATIGA.

Lo que me «exijo» está muuuuy lejos de mis máximos.

Por lo que igualmente me mantengo muuuuuuy lejos de cansarme.

Ni es un «entrenamiento» ni quiero cansarme.

Evito, prevengo, me escaqueo de cansarme.

Porque, más allá de la posibilidad (fuerza por fuerza, sin más), lo que pretendo es explorar, estimular y nutrir mi fuerza básica o, visto de otro modo, mi confianza mecánica simplona.

Y de ahí que la METODOLOGÍA REAL sea una especie de DIÁLOGO CORPORAL.

Algo así:

  1. Vamos a por la primera serie. No fijo repeticiones. Hago entre 8 y 12 según sensaciones.
  2. ¿Cómo me siento? Si cuerpo guay, segunda serie entre 6 y 8. Si no, paso y se acabó.
  3. ¿Cómo me siento? Si cuerpo guay, tercera serie entre 4 y 6. Si no, paso y se acabó.
  4. ¿Cómo me siento? Si cuerpo guay, última serie de 2-3. Si no, paso y se acabó.

(Falta un GRAN matiz en esta lista, que ya te he dicho que te había mentido… Enseguida lo descubro)

Y así, pues ya ves, de base alimento a diario mi cuerpo con cierto vigor.

Cierto según lo que el propio cuerpo dictamina en el presente.

No una app, no un gurú, no un programa con el que debo cumplir.

Suficiente para lo que mi práctica de movimiento requiere.

De manera extremadamente simple.

Y, para más inri…

FUERZA INTEGRADA

Para más inri, mira, estoy convencido de que ahora mismo habrá quien se haya puesto en plan mimimimimimi con lo de «una cosa más para la mañana, como si no tuviera bastante con todo lo que tengo que hacer», más tiempo necesario, etc.

Dos cosas al respecto (la segunda es la guinda del pastel):

1

Recuerda que esta es una forma de abordar estas cuestiones, no la forma.

No tiene que ser por la mañana, además.

De hecho, hay días en que Max no me deja plantearlo así.

Y otros días es Abril.

Es MUY raro que no pueda, ojo, dado el punto 2 que describo aquí abajo.

Pero vaya, que a veces ocurre.

En fin… Lo de ser papi o mami o persona normal con una vida de alta demanda…

Pues ese día lo hago en otro momento y ya está.

Porque…

Y 2

Porque mi anti-rutina está integrada en las responsabilidades cotidianas de mi mañana antes de llevar al cole (o casal en verano) a Abril y mientras mi mujer ya me ha hecho el relevo con Max.

No necesito y ni mucho menos tengo que reservarme un bloque de tiempo X (en realidad el total efectivo de trabajo es muy poco, pero bueno) para completar la «rutina».

Y aquí se verá cómo es REALMENTE mi anti-rutina, con los «ejercicios» que faltaban.

Es decir, sumado a todos los condicionales alrededor de la autorregulación que hemos visto, la verdadera METODOLOGÍA va así (más o menos según el día; esto es solo un ejemplo), como describo:

  • Hago la primera serie.
  • Despierto a Abril y a mi mujer, y abro todo para ventilar la casa.
  • (Si el cuerpo guay) Hago la segunda serie.
  • Preparo los desayunos de todos y el almuerzo del cole de Abril, y recojo ropa, juguetes y «mierdas» desperdigadas por la casa.
  • (Si el cuerpo guay) Hago la tercera serie.
  • Pongo la mesa, preparo la ropa de Abril para el día, hago las camas y preparo mi mochila (ordenador, libretas, juguetes para mi práctica de mediodía).
  • (Si el cuerpo guay) Hago la cuarta serie.
  • Me siento a desayunar con el resto de la familia. Recojo la mesa. Nos aseamos y vestimos. Y salgo con Abril hacia el cole.

Y con esto acaba mi práctica matutina.

Y, según los 4 capítulos que llevamos, consciente y vital y engrasado y confiado para el día.

Y sin haber interferido en la vida familiar.

Y, sobre todo, en PAZ con cualquier imprevisto de persona normal que haya podido surgir que no le haya dejado a mi ego «cumplir con el plan» dada la absoluta FLEXIBILIDAD de toda esta historia.

Sobre todo si tienes en cuenta la última variable que tenemos pendiente.

¿Cuál?

En breve, en breve.

Algo que le da todavía más juego a esta manera de abordar la cosa cuando tienes un bebé (o una vida de alta demanda).

De momento, si tienes cualquier duda que quieras que responda, déjala en los comentarios (según las bases del proyecto).

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Rober Sánchez

¿Son necesarias las movilizaciones articulares?

Anexo 3.1 del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda)

Allá por 2010, para ser exactos el 3 de julio, cuando todavía éramos libres (sin hijos), Meli y yo fuimos a una boda de unos buenos amigos.

Tanto tanto que hicimos una cosa que por nuestra naturaleza tirando a introvertida y prudente siempre evitamos:

Llamar la atención.

Habíamos estado ensayando durante semanas.

Yo con mi instrumento.

Meli tarareando todo el santo día.

Y llegó el momento.

La wedding planner nos echa una mirada para avisarnos de que nos toca.

Nos levantamos.

Agarro la guitarra que tenía escondida debajo de la mesa.

Y nos acercamos a la mesa de los novios.

Collons, lo paso muy mal yo con estas cosas.

Soy extremadamente vergonzoso y, aunque en ocasiones forme parte de mi trabajo, no disfruto especialmente con lo de hacer cosas en público, ni siquiera hablar.

Por suerte, al menos esta vez no tenía que abrir la boca.

Solo tocar.

Nos colocamos al lado de los novios, sorprendidos, expectantes.

No sabían nada.

Yo sentado, Meli de pie a mi lado.

Unas doscientas personas mirando.

Y…

Deslizo la púa por las cuerdas de mi guitarra acústica chachipiruli.

¡¡¡Ggggrrrrrññññññjjjjjj…!!!

Mi—er—da.

¿Se puede hacer más el ridículo?

Camisa, 3 de julio, calor importante, colorado como un tomate a punto de implosionar.

La guitarra había estado parte de la mañana en el coche, al sol.

Y estaba completamente desafinada.

Y yo no lo había comprobado.

Error de principiante.

Músicos del mundo, os suplico piedad.

¿Son necesarias las movilizaciones articulares?

Por lo general, la mayoría de las personas, como piensan (y no las culpo) en términos de “ejercicio”, “salud” y esas cosas raras que en el fondo poco tienen que ver con la práctica de movimiento, incluyendo las que están actualizadas en “evidencia científica”, al preguntarse historias alrededor de la palabra necesidad o de lo necesario que es tal o cual propuesta física, pues eso, como la cosas se observan desde la superficie, incluso se puede llegar a la conclusión de que, por ejemplo, las movilizaciones articulares no son necesarias, sino un invento más de la industria.

Y claro, como es algo que está “demostrado científicamente”, se ríen y todo de los que hacemos círculos con el cuello o meneamos las caderas antes de movernos.

Vale…

Es una analogía que he utilizado muchísimas veces y creo que de esta manera se entiende muy bien.

De hecho, es super curioso porque, por ejemplo, hay muchísimos músicos que, dada la naturaleza sedentaria de su trabajo pero, al mismo tiempo, la demanda específica que requiere su arte desde un punto de vista articular (“abusar” de gestos repetitivos, tener que mantener tal o cual postura durante mucho tiempo, incluso sujetar un instrumento, etc.), se apuntan sobre todo a mi curso de Movilidad Natural.

Música, instrumentos, rídiculo en una boda…

¿Qué tiene esto que ver con las movilizaciones articulares?

¿Y cómo responde a la NECESIDAD?

Se puede intuir, si se sigue el hilo conductor del Capítulo 3.

El cuerpo es el instrumento, para mí la guitarra.

Antes de tocarla, ¿por qué no dedicar cinco minutos cada mañana a afinarla y explorar algunas escalas?

Nada, poca cosa.

A veces de forma más “formal”, y otras más improvisada.

Y que los dedos se despierten junto a ella, para pillarle un poco el tacto.

**(Cualquiera que toque un instrumento sabe que cada día tiene un “estado” distinto, así como uno mismo).

Y comprobar qué tal nos vamos a llevar la guitarra y yo ese día.

Bueno…

¿”Necesario”?

No lo sé.

¿Una posibilidad interesante, tremendamente útil?

En mi opinión, sí.

De hecho, el día de la boda me habría ahorrado un buen sofocón.

Y qué bonito es, en realidad, con una cosita tan simple como la afinación, ese momento de simbiosis entre el instrumento y el músico.

O entre el cuerpo y uno mismo, según lo mires.

Rober Sánchez

(3) Movilizaciones formales e informales

Este es el tercer capítulo del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Tienes toda la información del proyecto en su página de presentación e índice.

Puedes participar activamente en los comentarios. Consulta las bases del enlace de arriba.


DE LO MACRO A LO MICRO

Directos a por la práctica:

Venimos de haber alternado marcha con carrera durante unos 20-25 minutos.

Aunque Max, el bebé dictador, puede que haya decidido que hoy fueran 5 o 10 o 17 minutos y 27 segundos…

*Malditos números y cuánto nos hemos enganchado a ellos…

…y yo no haya tenido más remedio que agachar la cabeza y obedecer.

Está todo explicado al detalle en el Capítulo 2 – ¿Cardio?.

Y podríamos comprender las habilidades de caminar y correr como las principales familias de movimiento desde una óptica MACRO.

Ahora bien…

La práctica de movimiento consciente, deliberado, intencionado abarca un espectro tan bestia de movimiento, pero tanto tanto, que, si Max me deja, no se me ocurre una mejor manera de proseguir mi práctica DIARIA…

(recuerda: muy pronto hablaremos de la cuestión de la frecuencia, la ALTA frecuencia, esa que genera tanta resistencia y las típicas objeciones de «es que yo no tengo tiempo para hacer esto TODOS LOS DÍAS»)

…que con unos pocos minutos de MICROmovimiento.

PRÁCTICA DE MOVILIZACIONES ARTICULARES

No voy a entretenerme con dar demasiadas explicaciones porque ya las he dado. He aquí un artículo-resumen de 2018.

Mi primera práctica de MICROMOVIMIENTO consiste en realizar unas pocas movilizaciones articulares.

¿Para qué movilizar mis articulaciones así, una por una, aunque a veces de dos en dos o de tres en tres?

**Enseguida se entiende esto con los vídeos.

Primero y por encima de todo, ¡para moverlas, sin más! (meta-motivación del Capítulo 1).

Peeeero, como la razón necesita sus razones para no inquietarse…

1

Compruebo que los cables con la centralita están conectados.

La información de entrada (qué siento) llega bien.

La información de salida (cómo me muevo) también alcanza (¿control motor?).

Si algo «falla», lo calibro.

2

Que todo fluya.

Estimulo la circulación dentro y alrededor de las articulaciones, específicamente.

Engraso, lubrifico las poleas y bisagras y cojinetes.

3

Como combinación de ambos puntos, alimento A DIARIO todo el recorrido disponible.

Ganar recorrido no. Eso es «movilidad».

Disponer de TODO lo disponible, sin más.

Así, como mínimo en esta ocasión durante la jornada, me aseguro de haber recorrido todos los rincones articulares.

Lo que no usas, lo pierdes.

Barro la casa entera, todas las esquinas, también debajo de la alfombra, quito la pelusilla que se pega debajo de las patas de la mesa y las sillas.

¿ES UN CALENTAMIENTO?

En definitiva, podría considerarse un «calentamiento articular».

Pero no.

Punto importante para detenerse.

Voy a soltar una bomba intermedia dentro de este diario…

Porque con esto del «calentamiento articular» hay mucha controversia todavía, ya que si se rasca un poco en la «evidencia científica» no está del todo claro que sea algo tan «beneficioso» y ni mucho menos «necesario».

¿Te imaginas a Pedro Picapiedra listo para la caza con el resto de la tribu (o al ser sorprendidos por un depredador) y soltando…

«¡Eh! ¡¡Muchachos!! Antes de exigirnos nada físicamente debemos calentar un poquito, no vaya a ser que nos lesionemos»?

Mucha tela con esto, pero es algo en lo que no voy a entrar (todavía).

Desde luego, la práctica de movilizaciones articulares son una gran estrategia para calentar el cuerpo localmente.

Pero no nos quedemos en la superficie.

Que, además, yo ya vengo calentito de caminar y correr…

…y está claro que no movilizo mis articulaciones «por necesidad», porque calentar en este sentido para una vida de persona normal (no entro en «rendimiento deportivo») probablemente NO sea necesario.

SI ES UNA PRÁCTICA, SI NO ES «HACER EJERCICIO», VE MÁS ALLÁ

Fíjate en esto, que es importante:

No es una necesidad.

Es una POSIBILIDAD.

Hará unos 3.000 años, allá por el Lejano Oriente, empezamos a darnos cuenta de que por muy «físicas» que fueran nuestras vidas (las del ganadero y el agricultor realmente ricas y exigentes, a la vez que repetitivas según las temporadas, y empobrecidas si las comparamos con las del cazador-recolector; lee el primer capítulo de Camina, salta, baila), nuestro cuerpo y articulaciones necesitaban nutrirse de otra manera, más diversa y sutil, que equilibrara la balanza «energética» de la realidad corporal.

De hecho, no pudimos evitar vincular tal necesidad mecánica con otra necesidad intrínseca e inherente a la evolución de la conciencia del ser humano: armonizar el movimiento del cuerpo con el movimiento del universo.

**Entiéndase, por favor, el uso de simbología y metáforas del momento histórico; no contaban con el «conocimiento» que tenemos hoy pero, al mismo tiempo, ya sabían lo que se hacían. Además, que nadie se ponga tiquismiquis, que estoy haciendo un mega-resumen y obviando muchísimos matices.

Se originaron, entonces, las primeras artes marciales internas y, con ellas, la práctica de movilizaciones articulares estructuradas, rítmicas, «pautadas».

Con el tiempo se fueron ampliando, diversificando, transformando, sofisticando.

Y hasta día de hoy, que han sobrevivido como tal (cualquier practicante de Qi Gong o Taichi lo sabe) o en forma de varias metodologías de «calentamiento articular» en el mundo sanitario, deportivo y artístico, incluidos esos «sistemas» tan chachipirulis con siglas en inglés y marcas registradas y certificados de 1.500 petrodólares por un fin de semana (el ser humano a veces me da un asco…).

En cualquier caso, desde un punto de vista vamos a decir fisiológico (dejamos energías y universos a un lado…), las podemos englobar como eso: movilizaciones articulares.

Claro, cuando hablas con «deportistas» y «artistas» físicos, empiezas a comprobar y comprender ciertas diferencias.

En la mayoría (habrá alguna excepción) de entornos deportivos, con tendencia a observar estas cosas bajo el paraguas de «hacer ejercicio», cualquier movilización articular se queda en la superficie que ya he descrito, un «calentamiento» y sus resultados.

Pero…

¿Y si hubiera algo más en lo profundo?

A lo largo de estos años he compartido movimiento con cantidad de practicantes de otras disciplinas (bailarines, artistas de circo y marciales, acróbatas, yogis, etc.) y todos coinciden en lo mismo.

Efectivamente, hay algo más.

Y más teniendo en cuenta, precisamente, lo «superficial» de la vida imperante, la de las prisas, los objetivos, los resultados, las fórmulas y secretos y «métricas de salud».

PARAR.

Parar todo lo superficial, lo grande, incluso lo MACRO por muy «consciente» que lo envolvamos.

Reservar tiempo (5 minutos, no 45 como se ve en algunas «sesiones de movilidad» de Youtube) para uno mismo y el cuerpo.

***Si tienes dudas sobre esto, puedes leer el artículo de 2020 Qué es una píldora de movimiento y cuánto tiempo necesitas para sentirte y funcionar bien. Hay una rutina en vídeo como ejemplo.

Y, por qué no, como una posibilidad más, percibir el cuerpo, escanearlo, reconectarlo, engrasarlo, nutrirlo, movilizarlo articulación por articulación como un acto de RECONOCIMIENTO CONSCIENTE EN MOVIMIENTO.

Con un plus que te comento enseguida.

Antes, más posibilidades con ejemplos…

FORMALES VS. INFORMALES

Porque sería injusto no ser transparente con esto.

Así que te lo voy a mostrar.

Llevo ya no sé cuánto tiempo promoviendo la «libertad» de movimiento.

Lanzo una pregunta:

¿Seríamos realmente libres si nos engancháramos y dependiésemos de «rutinas pautadas» de movilización articular?

Está claro que no.

Sin embargo, la estructura, el orden, el «control», el rigor tienen su utilidad (sobre todo cuando estás aprendiendo; luego comento más sobre esto).

Por eso, y sin entrar en tecnicismos (no es el propósito de este proyecto), yo practico los dos tipos de «rutina»:

  1. Las rutinas formales. Estructuradas, ordenadas, «controladas».
  2. Las (anti)rutinas informales. Aleatorias, caóticas, espontáneas.

Y te diré más: no tengo favoritismos.

A día de hoy y con el conocimiento del que dispongo (no es el «mejor» ni definitivo ni mucho menos absoluto), encuentro que cada opción tiene su qué.

¿Y cómo decido por cuál optar?

Mmm… Mejor primero te muestro un par de ejemplos y luego finiquitamos el capítulo con esta cuestión.

Justo cuando llego de alternar marcha y carrera con Max, he aquí un ejemplo de movilización formal (tiempo real 3m40s, para los de «no tengo tiempo»…):

Y aquí uno de movilización informal (en este caso centrada en al columna, como propongo en el curso de Movilidad de Columna Nivel 1, aunque podría ser también centrada en cualquier otra parte del cuerpo o en todo su conjunto; tiempo real 5m):

EL PLUS

Mis alumnos de Movilidad Natural lo saben.

Para estas cuestiones siempre siempre siempre empezamos con algo estructurado, ordenado, «lógico», pautado… para comprender, aprehender e interiorizar.

Luego, el tiempo va diciendo si quizás, y solo quizás, vale la pena ir «desmontando» la cosa, así como dictando las maneras.

Es algo que emerge de uno mismo.

Y al final es algo que te ofrece posibilidades, ya sean más formales o más informales (es que al final esto es lo de menos).

Fíjate en esto, para mí lo más importante.

El hilo conductor de toda esta historia es una constante: moverte y AL MISMO TIEMPO ser consciente de ti mismo en movimiento.

Sin misticisimos ni espiritualidades, aquí y ahora, en el presente.

Eso, entre otras cosas, te lleva a una dinámica (no es un lugar ni una meta; hablo de dinámica, movimiento) de AUTOCONOCIMIENTO.

Aquí y ahora me conozco así y asá, como esté, como me muevo, podríamos decir.

Y, a partir de ese estado, me muevo y me sigo moviendo.

Esto, a lo grande, en lo MACRO… es muy DIFÍCIL. Yo todavía estoy aprendiendo. Y las personas que he conocido que son capaces de hacerlo son bailarines y artistas de la élite. Siendo adulto es muuuuuy complicado y requiere de muchísima experiencia, de años de práctica.

En cambio, en lo pequeñito, gracias a la práctica de micromovimiento, de movilizaciones articulares, más allá de todo lo «mecánico» que hemos repasado, es algo mucho más viable.

Al menos es así como las concibo yo:

Una PODEROSA HERRAMIENTA de autoconocimiento.

¿Cómo estoy y cómo me muevo hoy (en el fondo es quién soy hoy…), corporalmente hablando, articulación por articulación?

Todos los días de buena mañana…

si Max me deja.

Y, si no, en otro momento del día SEGURO.

Y después, por supuesto, ya que me he conocido y reconocido, continúo.

¿Cómo? ¿Con qué?

Lo veremos en el Capítulo 4.

La cosa se va a poner más INTENSA.

Ahora mismo ya sabes: si tienes cualquier duda que quieras que responda, déjala en los comentarios (según las bases del proyecto).

Notificaré mis respuestas en público y por correo —si quieres estar al tanto, suscríbete a mi lista de correo aquí.

Rober Sánchez