Cómo despreocuparte por el cardio en zona 2

Anexo 2.1 del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Hay quien, con esta historia de la práctica de movimiento diverso, complejo, rico, no especializado, anda preocupado por la zona 2 del cardio, y más después de «ridiculizar» la cuestión durante el Capítulo 2, con aquel sonido de grillos.

La idea, cuidado, no es despreciarlo porque sí, sino cuestionar el concepto de «ejercicio cardiovascular» como tal, superficial, reduccionista y arcaico, y trascenderlo, abrirse a otras posibilidades, mirar (e ir, orientarse, moverse) un poco más allá.

Y traigo hasta tres ejemplos prácticos para esto, para que empieces ya mismo a soltarlo, si quieres.

A ver… Tanta confusión y preocupación no es de extrañar.

Dependiendo de las fuentes de información a las que nos exponemos, pues luego pasa lo que pasa.

Es como si ves el telediario todos los días.

Si lo haces por la mañana, al mediodía y por la noche, tres veces peor.

Las preocupaciones se repiten, se repiten, se repiten como quien acumula fakin burpees y planchas abominables sin sentido.

Y la cosa se queda ahí en la cabeza revoloteando.

Como la “prima de riesgo”.

¿Te acuerdas de esto?

Te lo enchufaban, allá por 2008, ya fijo en una esquinita de la tele.

Hoy está a 236. Hoy ha subido a 374. Hoy se ha quedado en 195.

En el fondo, ninguna “persona normal” (al menos yo no) acababa de comprender qué era eso de la prima de riesgo.

Pero los expertos apretaban, los medios les daban bola y todos los mediocres mortales estábamos preocupados con ella, por ella.

*¿Te suena el patrón?

Cuando en el fondo ni fu ni fa.

Y mira, han pasado los años, la prima de riesgo se ha esfumado (aunque sigue ahí, entre los economistas), y nosotros hemos sobrevivido.

Entonces…

Con la frecuencia cardiaca en zona 2 pasa lo mismo.

¿Es importante y los datos, las métricas que comparten los “académicos” son fiables?

Seguramente sí.

Algo tendrá que ver con nuestra fisiología.

Y está clarísimo que el corazón que no explore esos números (dicen que entre 2-2.5 horas a la semana de actividad física moderada que implique mantenerse alrededor del 60% de la frecuencia cardíaca máxima) más que probablemente tendrá problemas.

Ahora…

¿”Debes” estar preocupado?

¿Queda cubierta?

¿Cómo se estimula en una práctica de movimiento?

Con la de tiempo “necesario” a la semana, ¡es que no me da para aprender más habilidades, la fuerza, la movilidad…!

Una vez más, como en tantas otras ocasiones, la atención se desvía hacia lo menos importante.

No digo que no sea importante, insisto.

Digo lo menos importante, comparado con lo más importante.

¿Y qué es lo más importante?

El movimiento en sí mismo.

Acompañado de los apellidos frecuente, diverso, complejo, incierto, rico.

Fíjate en esto:

Practiques lo que practiques, si va acompañado de dichos apellidos, sí o sí pasarás momentos en zona 2.

Y en zona 1.

Y en zona 4 y en zona 785.

Como hicieron Pedro, Vilma, Pablo y el resto de nuestros antepasados Picapiedra, por cierto, sin tener ni idea de estas historias.

Es que… Cuánto la hemos liado…

¿Quieres más “intención” para estos asuntos en concreto?

Dentro de toda esa variabilidad de movimiento, por supuesto, asegúrate de explorar tareas, propuestas, proyectos que impliquen mantener cierto “estímulo cardiovascular moderado constante”.

¿Para el cardio en zona 2?

No.

No te preocupes por la zona X.

Ocúpate en MOVERTE, en este caso de manera más o menos consistente durante cierto tiempo de forma que se te agite el cuerpo, pero sin llegar a perder el aliento.

Y permite que la zona 2 sea una mera consecuencia y el cuerpo se ocupe de sí mismo.

¿Ejemplos?

Aparte de la práctica matutina que expuse en el Capítulo 2 y que, aunque lo aparente «desde fuera», en absoluto tiene la intención de «hacer cardio», aquí tienes tres ejemplos más la mar de viables para incluir en tu día a día:

1

Cuando salgas a caminar en tu día a día, camina rápido.

2

Sal al monte un día a la semana.

O ve a bailar salsa o la jota aragonesa un par de horas.

O  juega una pachanguita de baloncesto con tus amigos, manteniendo a raya la épica para no salirte de los «parámetros» de la zona 2.

3

¡Venga, un ejemplo chachipiruli!

No te voy a enseñar cómo hacerlo ni decir que tienes que hacerlo así.

He aquí un mero ejemplo de cómo me ocupo yo de la zona 2 (sin preocuparme por ella).

¿Quieres usar los números sin que ellos te usen a ti?

10 series de 2 minutos con descansos de 30 segundos (para no perder el aliento y salirte de la zona 2…).

Moraleja:

Centrados en el cardio, el corazón y los pulmones…

Cuando te expones con cierta frecuencia a una práctica de movimiento suficientemente diversa, rica, estimulante…

…el corazón y los pulmones se OCUPAN de sí mismos sin que tú tengas que preocuparte.

Rober Sánchez

(2) Primer movimiento. Caminar y correr. ¿Cardio?

Este es el segundo capítulo del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Tienes toda la información del proyecto en su página de presentación e índice.

Puedes participar activamente en los comentarios. Consulta las bases del enlace de arriba.


PRIMER MOVIMIENTO

*Más de uno se va a llevar una sorpresa con lo que voy a explicar con esto de «caminar y correr». Sobre todo con la TÉCNICA y los OBJETIVOS que voy a desgranar.

Empiezo mintiendo, ¡cáspita!

Como expliqué en el primer capítulo, el primerísimo movimiento es ser consciente de ser consciente (sin misticismos ni esoterismos).

Corporalmente, materialmente quiero decir. En la tierra, no en el cielo.

Si no comprendes esto en tus carnes, no en tus pensamientos, no hay más movimiento que «hacer ejercicio», como mucho.

Así que, y a partir de esta premisa, para ser más precisos, hoy hablemos del primer movimiento visible, tangible.

Desde el relato de mi día a día parental con bebé de dos meses y una peque de cinco años, ahondemos un poquito en torno al cardio, la frecuencia, la técnica de carrera, los objetivos de esta práctica

Cuando termino de darle el biberón a Max, generalmente con cambio de pañal y moquitos de por medio, me preparo para salir para mi primera práctica de movimiento, entre las 6 y las 7 (todo tan aproximado porque es él quien lleva el reloj de las cosas…).

Desde unos meses antes de que naciera, me había vuelto a acostumbrar (lo tenía abandonado, caminar y correr de esta manera), porque sobre todo lo de correr era algo que enfocaba de otra forma, un tanto errónea, creo (sí, yo, que «sé tanto de movimiento», también me equivoco).

¿Y qué hago ahora mismo?

Caminar y correr en modo «cardio crónico», sin estridencias ni protocolos con siglas en inglés.

Y empezar el día por aquí, y no por otro sitio.

¿Por qué?

Porque es el principio de todo.

«Fuerza» no.

«Movilidad» tampoco.

Eso son inventos (con cierta utilidad, como veremos más adelante).

**—Madre mía, Rober. ¿Dónde estás? ¿Qué te ha pasado? Se te ha ido la olla… ¡Vuelve, vuelve!

En fin… Lo primero es esto:

CAMINAR Y CORRER

Muchos por aquí conocerán ya la historia, así que no me alargaré. Si no es así y quieres más detalle, lee Camina, salta, baila.

Allá por 1895, un sabio de sabiduría impuesta por experiencia, y no a base de conocimiento académico, se topó con una dura realidad.

De hecho, su conocimiento académico quedó en entredicho y representó para él una carga de la que necesitaría librarse.

Sus «profesionales», soldados entrenados, quedaron en ridículo al comparar su desempeño físico con los nativos (que no tenían ni idea de «hacer ejercicio») de las zonas en las que tenían que intervenir.

Se llamaba Georges Hébert, oficial de la Marina Francesa, encargado de la preparación física de sus hombres, y, a raíz de aquellos eventos, ideador y fundador del Método Natural (aquí un resumen filosófico publicado en 2016), precursor de las pistas americanas, el entrenamiento militar moderno, las carreras de obstáculos y el parkour.

***Lo que suelo soltar de «No me enseñes tus músculos; enséñame qué sabes hacer con ellos», viene de cuando estudié el Método Natural.

Como parte principal de su conceptualización y metodología, clasificó y describió los movimientos naturales humanos en 10 familias.

¿Y cuáles eran las dos primeras?

Efectivamente, la marcha y la carrera.

Algo así como afirmar que si como ser humano no puedes caminar y echarte una carrerita… Uff… (Ojo a la sección de «objetivos» de más abajo).

Para mí, dadas las circunstancias y después de haber estudiado el Método Natural obsesivamente en su momento (alrededor de 2012), esto es suficiente motivo para considerar el arrancar el día de esta manera.

Aunque, obviamente, cualquier momento del día es un buen momento para practicar lo que ahora explicaré.

No «tienes que» salir a caminar y correr a las 6:30 como hago yo o el experto de turno, si no te encaja en tu mañana.

En cualquier caso, como lo de caminar 10.000 pasos (u 8.000, o 13.000, o 14.783) creo que todos por aquí lo tenemos muy por la mano, resobado, en esta especie de diario personal se me ocurre detenerme en lo de correr.

Porque hay tres puntos muy importantes, en mi opinión:

  1. La técnica
  2. Los objetivos
  3. La frecuencia

TÉCNICA

La técnica de carrera es algo FUNDAMENTAL para correr bien.

Más si lo haces a primera hora, medio dormido y sin calentar, toda una imprudencia.

Así que, como mínimo, asegúrate de que tu técnica de carrera sea correcta.

Contrata a un entrenador que te paute, algo muy necesario.

Cuerpo erguido para mantener una buena postura, cadencia continua, vigila no entrar de talón por aquello de la artrosis…

Vale, vale.

Paro ya. Todo coña fragilizadora.

Correr como corro por las mañanas es mucho más sencillo.

Fíjate detalladamente en mi técnica de este breve tutorial y simplemente cópiame, si quieres.

Eres competente para hacerlo.

Con esto será suficiente.

Y, si acaso, me preguntas en los comentarios.

OBJETIVOS

Del tutorial yo diría que podrías intuir mis objetivos. Ya no haré broma. Seré directo.

¿Calorías, mitocondrias, VO2max, frecuencia cardiaca en zona 2, kilómetros?

No, collons, no.

Demasiada disciplina, demasiado rendimiento, demasiada estética, demasiada salud.

En el Capítulo 1 ya vimos que las motivaciones guays tienen poco que ver con todo eso.

Partíamos del ser consciente y el movimiento por el movimiento.

Entonces, si tengo que narrarlo, porque en realidad yo mismo no le pongo ni palabras, pero para que nos entendamos tú y yo, salgo a caminar y a correr así (técnica) durante unos 20 o 25 minutos.

Pero como si fueran 5 o 10, da igual.

****De hecho, hay días que son solo 5 o 10 minutos. Un bebé me condiciona, leches. Y yo me adapto ¿O te pensabas que iba a compartir contigo una «fórmula» de lo mínimo que debes correr son 20-25 para quemar grasas y activar tus mitocondrias?

Así pues, alterno marcha y carrera por sensaciones según un límite (enseguida lo describo).

Lo hago por y para caminar y correr, sin más.

Si me tiras un poco de la lengua, como mucho para despertar la vitalidad de mi cuerpo y sentirme enérgico y vivo.

¿Me preguntas por el rendimiento? Me conformo con, a la larga, poder correr… yo qué sé… 200 o 300 metros sin sacar el hígado por la boca. «Objetivo» muy mediocre, lo sé. Ya hablaremos cuando yo pueda seguir haciéndolo a mis 80 y otros no (al tanto al momento en que hablemos de frecuencia).

Y disfrutar del aire libre y las calles tranquilas, algo que sí considero una necesidad.

¡Ahora! Ojo…

De manera consciente, dándole continuidad a la actitud no-meditativa que he instalado antes de salir.

Una práctica de movimiento es una práctica deliberada, no al tuntún.

Hay una intención interna que se alinea congruentemente con lo que ocurre en el exterior: mantenerme PRESENTE.

De ahí que los «objetivos» sean tan «simplones» (según la industria), para no perder de vista lo que está ocurriendo aquí y ahora también «por dentro».

Y con un límite claro:

¡NO CANSARME!

O sea, alterno marcha y carrera autorregulándome según mis sensaciones para no cansarme.

No quiero fatigarme, no quiero quemar nada, no quiero exprimirme, no quiero mejorar mis marcas.

*****Ya bastante tengo con el madrugón para el biberón y no parar, literalmente, desde las 5 hasta las 21 entre peques, curro y otras responsabilidades.

Quiero disfrutar de empezar el día moviéndome en base a las dos posibilidades (nunca más concebidas como necesidades) de movimiento más primitivas que tenemos: caminar y correr.

Y ya está.

De lo que se destila un gran principio de movimiento que, como «experto», te recomiendo aplicar aunque no me lo hayas pedido:

CUANDO TE MUEVAS INTENCIONADAMENTE, ASEGÚRATE DE QUE TU PRÁCTICA TE NUTRE, Y NO TE VACÍA.

¿CARDIO EN ZONA 2?

Cri, cri, cri… Sin comentarios… (Echa un ojo a este vídeo y su descripción, si te preocupa el tema).

Después de la dosis matutina de vitalidad primitiva humana, a veces con Max todavía despierto y otras veces KO gracias al traqueteo del carrito, en casa continúo con mi práctica.

Porque mi mañana en movimiento no ha terminado aquí.

¿Qué vendrá ahora?

¿Seguirá siendo tan soso, tan cutre?

¿Nada épico, chachipiruli, Mr.Wonderful?

Quién sabe, quién sabe…

Al tanto al Capítulo 3, que pasaremos de lo macro (caminar y correr) a lo micro (XXX).

Y si tienes cualquier duda que quieras que responda, déjala en los comentarios (según las bases del proyecto, ya sabes).

Notificaré mis respuestas en público y por correo —si quieres estar al tanto, suscríbete a mi lista de correo aquí.

Rober Sánchez

El humano más sedentario del planeta

*Anexo 1.1 del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda)

No hay nada más sedentario que un bebé.

Y no hay nada como observar el propio sedentarismo, a los dos meses o a los ochenta años, para darse cuenta de cuánto movimiento alberga.

Durante el momento contemplativo no-meditativo de esta mañana (lee el capítulo 1), mi conciencia se ha detenido espontáneamente en los ojos de Max.

Sentado en el suelo en una combinación entre pescador de una pierna y con la otra estirada (los alumnos de Movilidad Natural ya saben), apoyaba su pelvis en uno de mis pies mientras le sujetaba la nuca con mi mano izquierda.

Con la derecha le daba el biberón.

Él había fijado la mirada en mí.

Pero…

Aaaahhhh las apariencias.

NO ESTABA FIJA.

En sus ojos ocurrían dos cosas:

  • Microajustes del globo en sí mismo en todas las direcciones, sutiles, muy rápidos, como si estuviera haciendo fotografías de los matices más íntimos de mi cara.
  • Aperturas y cierres de sus pupilas, re-enfoques rítmicos incesantes, intuyo que para perfeccionar el calibrado de la entrada de luz (a tan corta edad creo que todavía no lo domina).

Ahora, mientras escribo, además de emocionarme, no puedo (ni quiero) evitar que emerjan tres pensamientos:

1

Espero que durante su vida siga exponiéndose a estímulos de lo más diversos y variables de luz, de color, de detalles, de intensidad, desde lo más liviano y soso a lo más exigente y exótico. De vida, vaya. Asombro y adaptación asegurados SIN INTERVENCIÓN ni INSTRUCCIÓN.

Yo haré todo lo posible porque así sea mientras dependa de mí.

2

Espero también, y esto ya no lo voy a poder «controlar» tanto, que no caiga en la trampa de creer al hipotético académico que se le ocurra intentar convencerle de que, «fuera» de su vida cotidiana, necesita «hacer ejercicio» con los ojos para que funcionen bien y disfrutar de ellos.

Si se cumple mi esperanza número 1, estaremos a salvo.

3

La cantidad de conversaciones que he tenido con cantidad de personas en los últimos 21 años de profesión…

Hay mentes que piensan que lo del movimiento no va con ellas.

Son mentes, obviamente, descorporalizadas.

O cuerpos encabezonados (lee el Capítulo 1).

No hay culpables ni les falta disciplina, ojo. Solo describo.

Y claro, como son más pensantes que movientes, razonan y conceptualizan en términos de «ejercicio».

Pero es que no es eso.

Solo hace falta observar al humano más sedentario del planeta.

Observar para ver.

Cuánto movimiento.

Rober Sánchez

(1) No-meditación, conciencia y motivación

Este es el primer capítulo del proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda).

Tienes toda la información del proyecto en su página de presentación e índice.

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NO-MEDITACIÓN

Intuyo las primeras resistencias y esos «buah, me voy a leer esto en diagonal, que todavía tengo 237 reels por ver y pódcasts del éxito que escuchar»

Incluso bajas de la lista de suscriptores —esta parte me encanta. Gran filtro sacarse de encima a superficiales e impacientes.

Capítulo 1 del proyecto CMC1BB y esto ya empieza un poco raro… y diría que arriesgado.

¿No íbamos a hablar sobre la práctica de movimiento en la vida cotidiana de una persona normal?

Y va y arrancamos con lo de «no-meditación».

¿Qué narices es esto? ¿Una broma de mal gusto?

¿Otro gurú chachipiruli sin hijos que va a ayudarte altruistamente a alcanzar tu «mejor versión»?

Nada de eso.

Especialmente lo de «altruistamente».

Soy muy mala persona yo. Quiero engañarte, engatusarte.

Todo esto lo hago, en realidad, para compartir contigo mi egoísta visión del movimiento y que te pases a mi bando, y venderte mis cursos.

Y para más inri, sin que alcances ninguna «versión» de ti mismo, especialmente nada épico o Mr.Wonderful.

Normal, mediocre, cotidiano.

Todo tiene una explicación.

Así que hablemos ya en serio…

¿Por qué arrancamos por el concepto de no-meditación?

Porque es la actitud basal con la que me gusta (y sugiero) empezar el día, la misma actitud que intento mantener despierta durante el resto de la jornada (aunque ni de broma lo consiga, que soy tan imperfecto como cualquiera). De ahí lo de basal.

Esto tiene mucho que ver, además, con cuestiones como la CONCIENCIA y la MOTIVACIÓN para el movimiento, que ahora mismo atacaremos.

Empecemos por la no-meditación, pues.

Estos días me estoy levantando entre las 4:30 y las 6:00 de la mañana.

No lo hago por pertenecer a ningún club de madrugadores hiperproductivos megalongevos.

De hecho, creo que este episodio vital (segunda paternidad a mis 44) me está quitando años de vida, ¡jaja! Aunque me compensa con creces.

Me despierto, además, sin despertador. Tengo uno natural y un tanto caótico, aunque se sincroniza bastante bien con los ciclos circadianos. Es mi hijo de dos meses, Max.

Mi mujer le habrá dado de comer entre la 1 y las 2 de la madrugada, aprox. Ahora me toca a mí. Que ya habré dormido mis 7-8 horitas (me acuesto sobre las 21:30). Y así ella puede estirar hasta que se levante Abril, alrededor de las 8:00.

Ya conoces el contexto.

Pasemos a la no-meditación.

Biberón en mano, me siento en el zafú.

Si estamos hablando de movimiento, obviamente, «la postura es importante«.

Yo suelo optar por una de estas dos.

La primera, una especie de semiloto al estilo yogui, es algo más «formal».

¿Me pongo así porque produce en mí algo exótico, esotérico, místico?

No.

Lo hago porque, si estoy fresco, me resulta bastante cómodo, sin más.

Después está la segunda…

Hay días que lo del semiloto como que no me sale de dentro, no me apetece, no fluye.

Podría forzarlo disciplinadamente.

Pero si me despierto cansado y de mal humor, con picor de ojos y las piernas entumecidas de la práctica del día anterior… Como para posturas japiflagüers.

Así que sigo usando el zafú, pero en versión «desalineada» y con algo que «no debes» hacer jamás de los jamases: un doble valgo de rodilla. ¡Me siento en W! Algo malo malísimo, incorrectísimo… (Entiéndase el sarcasmo).

Pero mira, de nuevo, en plan anti-estoico, busco la más absoluta de las comodidades. No pretendo salir de mi zona de confort. Al contrario, quiero espachurrarme en ella.

Y al poco de nacer Max descubrí que es una postura que funciona de maravilla para dar el biberón y, al mismo tiempo, balancear de lado a lado al peque mientras rechupetea la tetilla.

En cualquiera de estas dos posiciones, me dispongo a no-meditar.

¿En qué consiste esto?

CONCIENCIA (CORPORAL)

Imagino que tú y yo coincidiremos como mínimo en lo siguiente.

Como uno mismo no ponga una especie de freno de base (actitud basal, ¿recuerdas?), una vida cotidiana de alta demanda tiende a arrastrarte a tres estados:

  1. Atropello.
  2. Distracción.
  3. Encabezonamiento.

Matizo el tercero, que los dos primeros ya nos los sabemos.

Con encabezanomiento me refiero a ese TREMENDO ERROR de caer en la trampa de auto-percibirte y, por ende, vivir como si fueras una CABEZA con patas, pulmones y corazón, pero en definitiva cabeza —en lugar de cuerpo.

Claro está, a raíz de esta confusión, sumada a la indiscutible necesidad racional de movimiento (la de «es bueno para la salud y tal»), la cabeza académicamente instruida se auto-convence de que tiene que «hacer ejercicio» para lo de las patas, pulmones y corazón… como si se tratara de una cosa separada de sí misma y un deber más en la lista de obligaciones.

Fracaso y/o fricción asegurados.

En mi opinión, pues, vale la pena empezar el día generando una especie de espacio personal que invite a establecer y promueva a mantener lo opuesto:

  1. Calma.
  2. Atención.
  3. Corporalidad.

Y en este sentido no hay nada como la no-meditación.

Desde un punto de vista vamos a decir «técnico», no es algo en lo que pretenda ahondar.

Soy consciente de que lo que se suele promover es la práctica de la meditación.

A mí, con esto, me ha pasado una cosa:

Practiqué durante muchos años y de manera estricta, seria, rigurosa, formal distintos tipos de meditación, ganando por goleada la meditación tradicional del budismo zen.

Pero…

Pero hubo un punto, hará unos cinco años, en torno a mi leve ictus, que aquella disciplina dejó de tener sentido.

Empecé indagar obstinadamente (y continúo) en las compresiones no duales del taoísmo, el budismo, el advaita, el sufismo, etc., complementadas sutilmente con las visiones de neurocientíficos como Sam Harris, Anil Seth, Nazareth Castellanos, David del Rosario y otros.

Influenciado especialmente por Krishnamurti y Spira, y SOBRE TODO en base a mi propia experiencia, solté lo de la «meditación», lo dejé ir, para abrazar la no-meditación.

Total: a mi forma de observar y ver, cualquier tipo de meditación no deja de ser lo equivalente a lo de «hacer ejercicio» pero por dentro.

Y de eso ya había tenido suficiente.

No más.

No digo que no sirva, ojo. De hecho, en un momento dado pueden representar estrategias útiles y la mar de válidas.

Digo que no es necesario meditar como se suele plantear desde el materialismo occidental, por mucho que lo adornes de neuro-modas como el mindfulness —aparte de cuánto esta mirada «científica» sigue alimentando la ilusión dual de la experiencia mediante el hecho de «concentrarse» en objetos efímeros como la respiración, un mantra, el pensamiento, las emociones o el propio cuerpo.

Adivino que a todos esos expertos Krishnamurti les recordaría que «eso no es meditación; es atención». Son cosas distintas.

Y total «2»: hay una vía directa a la fuente, la conciencia en sí misma, la meta-conciencia, el ser consciente de ser consciente.

No tienes que sentarte a meditar, aunque sí, obviamente, permitir que ocurra, generar el espacio —yo he escogido el momento biberón como podría ser (y a menudo es) la cola del súper, el paseo con Lula o tender la ropa.

No hace falta «práctica», «ejercicio», «disciplina».

Tampoco centrarse, como adelantaba arriba, en la respiración, un mantra, escanear la punta de la lengua apoyada en el paladar, el coxis hacia la tierra y la coronilla hacia el cielo.

Y ni mucho menos observar los pensamientos y las emociones, «aceptarlos» y dejarlos ir.

Nada de eso.

Solo ser.

No-meditar es «solo» ser.

A su vez y paradójicamente la más pura de las meditaciones.

Por lo que agarro el biberón, intercalo mirar a mi hijo y a las musarañas, y… soy.

(Sin misticismos ni iluminaciones ni cosas raras. Es lo más soso y cotidiano que te puedas tirar a la cara. No te convertirás en ningún ser luminoso, eternamente bondadoso y sin imperfecciones. Solo tienes que ver mi estilo de escritura, a menudo tildado de vehemente, jajaja).

Evidentemente, esto tiene mucho más chicha del pobre resumen que acabo de hacer.

Aunque, en esencia, es eso.

*Si quieres que comente algo más acerca de esto o hable sobre movimiento interno en el futuro, dímelo en los comentarios.

¿»Qué» consigo?

En realidad no hay un objetivo concreto ni nada que conseguir.

Eso es otra trampa.

Pero no podemos negarle a la razón su necesidad de razonar cuando intercambiamos «conocimiento», nos comunicamos entre nosotros.

De lo contrario, se inquieta y da más caña.

Por lo que usemos los tres puntos de arriba para argumentar y aliviar al mono intracraneal. Se «consigue»:

  1. Serenidad, calma, paz «mental» (que, en realidad, es corporal).
  2. Atención, concentración, foco, quitarse de en medio lo superfluo.
  3. Conexión firme, fuerte, profunda con un hecho que, en términos de movimiento, nos lleva al último punto.

(META) MOTIVACIÓN

Si estamos hablando de meta-conciencia, bien podríamos seguir hablando de meta-motivación.

Entre las mil cosas de las que te puedes dar cuenta (ser consciente) experimentalmente (no «pensando» en ellas), se encuentra este hecho:

ERES A TRAVÉS DE TU CUERPO.

Esto es algo que no se puede discutir.

Fíjate: no he dicho eres tu cuerpo.

Eres a través de tu cuerpo. Es otra cosa.

Vale la pena darse cuenta de ello.

Es algo en lo que erré durante muchos años.

Aunque, desde hace mucho también, siempre lo termino explicando cuando alguien me pregunta en alguna entrevista, en cursos, charlas, lo que sea, y algo que incluí en Camina, salta, baila mismamente.

¿El qué?

Esto:

La industria y los convencionalismos siempre apuntan hacia tres motivaciones para «hacer ejercicio»: la estética, el rendimiento y la salud.

Yo, allá por 2011, ya lanzaba aquella pregunta de las que pueden emerger tantas…

¿No podríamos movernos por y para movernos, sin más?

Porque…

¿Acaso el cuerpo (y cualquier tipo de vida) no se expresan, no se manifiestan, no se materializan SIEMPRE a través de algún tipo de movimiento?

¿Y si nos centráramos en el movimiento per se y dejáramos que los «resultados» cristalizaran por sí mismos?

Vuelvo a lo mismo; sé que te puede parecer una chorrada.

Pero a mí, como a otros tantos, esta comprensión EXPERIMENTAL y EXPERIMENTADA en el cuerpo (insisto, no «pensada») me lleva a ese punto que tantas otras veces también he comentado.

La vida, la evolución, Dios, Alá, Odín, Zeus… es que me da igual…

…me han regalado este canal, este vehículo, este instrumento a través del cual puedo experimentar conscientemente la vida y la propia conciencia de ser consciente en movimiento.

¿Y yo voy a menospreciarlo, desagradecerlo, o incluso faltarle al respeto, a base de no moverlo, de no moverme a conciencia, con conciencia?

No es pensarlo, última insistencia.

Imagínate vivirlo.

He aquí la meta-motivación para el movimiento —experimentada cada mañana.

Luego el día continúa con más práctica.

Lo vemos dentro de unos días en el Capítulo 2.

¿Dudas, comentarios, impresiones que entren dentro de las «normas» del proyecto?

Son bienvenidas por aquí abajo.

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¡A moverse!

Rober Sánchez

Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda). Presentación. Cómo participar. Índice

O sea, si te van la neuro-épica, las «mejores versiones» y los gurús de veintipocos que tienen todo el día para entrenar y hacen retiros en Bali, no sigas.
Esto te defraudaría.

Te cuento sobre este nuevo proyecto en el que PUEDES PARTICIPAR:

*Para estar al día del proyecto, si todavía no estás suscrito a mi newsletter, recibe puntualmente todos los capítulos semana a semana suscribiéndote aquí. Darse de alta es gratuito, y de baja también.

PRESENTACIÓN

Con frecuencia tengo la sensación de que una vida de alta demanda, con o sin bebé o criaturas, se percibe como un obstáculo para la práctica de movimiento…

…cuando, al menos según estoy experimentando, estas «dificultades» todavía pueden enriquecerla muuuuuucho más.

Hacerla más desafiante, estimulante, nutritiva, divertida, interesante, transformadora.

El proyecto Cómo moverte con un bebé (o una vida de alta demanda) emerge de dos inquietudes habituales que he detectado en la audiencia de este blog:

  1. Mucha (a)tracción mental, poca experimentación corporal. La cosa despierta interés y se entiende bien con la cabeza, pero con el cuerpo…. Es decir, la comprensión de la práctica de movimiento desde un punto de vista conceptual («lógico») está ahí, pero no tanto experimental (mucho jaleo con esto, incluso para aquellos que han completado los cursos del Laboratorio de Movimiento).
  2. Las fricciones que aparentemente ocasiona dicha práctica con la realidad mundana de la vida de una persona «normal» en torno a los 40-50 años, a menudo demandante, exigente, un tanto caótica, atropellada, plagada de imprevistos y mil frentes que afrontar en el día a día.

A partir del relato de la cotidianidad de una persona cualquiera que practica movimiento, en este caso mi relato, desgranaremos semana a semana a lo largo de 9 capítulos los aspectos y principios más importantes y/o interesantes a tener presentes en dicha práctica.

No habrá fórmulas, secretos, dogmas, programas, pautas, parámetros que dependen del contexto personal.

Sí ahondaremos en todos los principios universales desarrollados al detalle en el libro Camina, salta, baila. Muévete más y vive mejor, un compendio de la naturaleza del movimiento del ser humano y las posibilidades, direcciones, desafíos que se nos presentan ahora mismo y en el futuro alrededor de dichas cuestiones, en un entorno social y cultural cada vez menos favorecedor, más hostil.

Mi intención es que tú, como lector y PRACTICANTE, «simplemente» (no tiene nada de simple, como te puedes imaginar) te lo tomes como una metáfora, una serie de símbolos y «cuentos», para que extraigas tus propias conclusiones e implementes en tu propia práctica lo que quieras aplicar.

¡Y además!

Además, que tengas la oportunidad de participar activamente en el proyecto que a finales de verano se convertirá en un libro.

¿Cómo?

Verás…

CÓMO PARTICIPAR

Confieso un defecto:

Soy Rober Sánchez. Un individuo. Conozco como nadie mi contexto personal, corporal y mental. Toda mi práctica gira en torno a mis características y condicionantes.

Llevo veinte años trabajando con personas y sus cuerpos y sus cabezas. Eso, lógicamente, me da un bagaje, un conocimiento, una picardía «profesional»…

…pero…

…pero ni alcanzo a todo ni lo sé todo y hay cosas que se me escapan.

Por eso te invito a participar: para conocerte mejor en este momento vital, el de una persona normal con una vida de alta demanda, y así poder mirar y ver el movimiento desde distintos y diversos ángulos personales, cuanto más rico, mejor, y ofrecer herramientas, recursos, propuestas que se ajusten de forma más coherente a esta realidad experimental.

¿Cómo participar, entonces?

Excepcionalmente, las entradas del blog dedicadas a los 9 capítulos del proyecto van a tener los comentarios abiertos.

Al final de cada uno de ellos, podrás compartir las dudas, intereses o inquietudes que te despierte lo que haya desarrollado.

OJO: no me hagas preguntas en torno a especificidades de tal o cual cuestión de movimiento que tengas entre manos. Eso es algo reservado para el soporte que reciben mis alumnos de los cursos de pago. No sería justo para ellos.

Se trata de reflexionar, indagar, profundizar y hacerse preguntas en torno a las ideas que iré compartiendo, los principios de la práctica de movimiento enmarcados en una vida de alta demanda. El resto, las especificidades individuales, dependen demasiado del contexto personal de cada cual.

Luego, yo, iré respondiendo las dudas e inquietudes que vayan entrando (no prometo inmediatez; que nadie se impaciente).

Y lo más chulo…

Dichos anexos los publicaré como nuevas entradas, como ampliaciones del capítulo en cuestión.

Y, cómo no, se incluirán en el libro final del proyecto.

Y ya está.

Así puedes participar, he dicho.

Vienen semanas movidas.

Te espero.


**El siguiente índice se irá actualizando conforme avance el proyecto, incluyendo los anexos que vayan surgiendo. Recibe puntualmente todos los capítulos semana a semana suscribiéndote aquí a mi newsletter. Darse de alta es gratuito, y de baja también.

ÍNDICE

Capítulo 1. No-meditación, conciencia y motivación

1.1 El humano más sedentario del planeta

Capítulo 2. Primer movimiento. Caminar y correr. ¿Cardio?

2.1 Cómo despreocuparte por el cardio en zona 2

Capítulo 3. Movilizaciones formales e informales

3.1 ¿Son necesarias las movilizaciones articulares?

Capítulo 4. Fuerza integrada. Anti-rutina jubileta. Confianza

4.1 Fuerza. Práctica versus entrenamiento

Capítulo 5. Movimiento natural integrado

5.1 Alta frecuencia. No-meditar, correr, movilizarte y vigorizarte todos los días

Capítulo 6. Práctica intencionada, flexiblidad y micro-prácticas

6.1 Práctica diaria: fumarse un porrito

Capítulo 7. El ingrediente secreto indispensable

7.1 Vida normal extrema

Capítulo 8. Lo más bonito de esta práctica

Capítulo 9. Final triste… o alegre